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Baget Bozzo Gianni - 11 aprile 1993
Un crucifijo que no resucita
Gianni Baget Bozzo

SUMARIO: Dura disertación reprobatoria contra la Europa de la indiferencia y de los egoísmos que no sabe oponerse a la barbarie del nazismo y del comunismo actualmente en el poder en Serbia. Si con respecto a Croacia el silencio europeo fue comparado por Pannella a la claudicación de Munich, con respecto a Bosnia se claudica como ante Auschwitz. Proclamando que no iba a intervenir nunca, Europa ha otorgado a los serbios de Bosnia el derecho de matar, violar y degollar. Con el plan Vance-Owen, Occidente deberá garantizar el dominio serbio: »iremos contra nuestros principios, nos presentaremos como una fuerza forastera, enemiga de todos y amiga de nadie . Recordando que Europa surgió como unidad moral con el desafío al nazismo y al comunismo, el autor denuncia que hoy por hoy en Bosnia y en Serbia, en donde el comunismo y el nazismo conjuntamente detentan el poder, Europa responde con ayudas humanitarias: »este es el fin de la Europa motivada como civilización y cultura, de una Europa como cristiandad seculari

zada, pero todavía cristiandad. Ha resurgido la vieja Europa de las naciones... . »La cristiandad resurgida en la Europa de la lucha contra el nazismo y de la resistencia al comunismo muere una vez más en Sarajevo .

(LA REPUBBLICA; 11 de abril de 1993)

Celebramos la liturgia pascual como evento sin tiempo, en el que nada nuevo sucede y todo es memoria. Y medimos cuanto en estos días en ella, en la Pascua, la narración fundadora de la cultura occidental, yace en nuestro más profundo impensable. Y sin embargo, es eso lo que ha nos ha proporcionado la idea del futuro, lo que realiza los deseos profundos: ella nos ha enseñado que la historia humana puede tener un sentido, un final y un fin. A los hombres de la Iglesia les da miedo pensar y por ello repiten lo insignificante. Los hombres del mundo de la cultura y de la ciencia ya no creen que se pueda pensar el destino. Como mucho consienten que se pueda sufrir como un acontecimiento banal, como una crónica secundaria, que entra cuando la historia ha perdido su faz. Y sin embargo, la historia está llamando a la puerta con urgencia en estos días, con tanta fuerza cuanta poca disponibilidad tenemos para escucharla.

Un crucifijo no resurgirá en la Pascua de 1993: el pueblo de Bosnia. Hace un año que asistimos al azote implacable cernirse sobre este pueblo, sentimos las espinas penetrar en la carne, oímos el desgarro de la violencia y la violación.

Marco Pannella comparó acertadamente el silencio europeo en el caso de Croacia con la claudicación de Munich ante el nazismo. Pero en Bosnia es mucho peor: hemos claudicado ante el nazismo no ante la anexión de los Sudetes, sino ante Auschwitz. Proclamando en voz alta que Europa no iba a intervenir nunca, les hemos entregado a los serbios de Bosnia el derecho de disparar con seguridad sobre la multitud, disparar por la calle, violar, degollar. Ahora hemos llegado al colmo: organizamos por motivos humanitarios el desalojo de los musulmanes de los territorios que los serbios pretenden para ellos y que los mediadores de la CE y de la Onu han asignado a los musulmanes. En nombre del motivo humanitario, realizamos nosotros mismos la »limpieza étnica .

Europa huye de la realidad pero permanece cartesiana en la razón. El plan de mediadores prevé la división de Bosnia en diez zonas que ninguna de las partes reconoce como legítimas. El proyecto cuenta con una figura comunitaria, sabe a Bruselas. Si los Serbios de Bosnia lo aceptan, la CE, la OTAN y la Onu, deberán garantizar el dominio serbio sobre las nuevas conquistas y contrarrestar la resistencia partisana de los musulmanes. Una situación paradójica: iremos contra nuestros principios, nos presentaremos como una fuerza forastera, enemiga de todos y amiga de nadie. Las dos soluciones propuestas desde el comienzo (la reacción aérea y naval cuando los francotiradores empezaron a disparar en Sarajevo, la abolición del embargo de armas para los musulmanes de Bosnia agredidos) debían ser claras en los principios y limitadas en la intervención. Intervenir en estos momentos para defender el plan Vance-Owen moralmente es absurdo, políticamente irrazonable y militarmente imposible. Pero no debemos olvidar que, no mu

y lejos de Bosnia, se encuentra Kosovo, militarmente dominado por los serbios. Este país es un campo de concentración: gulags y lagers, las dos culturas aquí comunican entre ellas. Antes o después estallará Kosovo y serán los serbios los que desencadenen la operación, con la que desde hace tiempo vienen amenazando.

Europa ha surgido como unidad moral con el desafío al nazismo y al comunismo. Actualmente en Bosnia y en Serbia, nazismo y comunismo conjuntamente detentan el poder: Europa responde con ayudas humanitarias. Este es el final de una Europa motivada como civilización y como cultura, de Europa como cristiandad secularizada, pero todavía cristiandad. Ha resurgido la vieja Europa de las naciones: franceses e ingleses contra alemanes, protestantes contra católicos, etc. Los Estados Unidos nos salvaron de los viejos demonios, actualmente estos han vuelto entre nosotros. Y los Estados Unidos ya no pueden ser los defensores universales de la democracia: Milosevic puede darle las gracias a Clinton, por su moderación, Hitler no pudo hacerlo con Roosevelt.

Confiábamos en una Europa resurgida como medida ideal, vuelve la Europa de la indiferencia y de los egoísmos colectivos. De nuevo, al igual que en el 39, esta es la Europa del pacifismo y de la bellaquería, que no sabe oponer la valentía a la desesperación, la fuerza a la violencia. La nuestra no es la Europa de Churchill y de De Gaulle, sino la de Major y Mitterrand, que salva las apariencias y de hecho permite que la potencia del mal y la violencia sinfín se desahoguen. La cristiandad resurgida en Europa de la lucha contra el nazismo y de la resistencia al comunismo muere por segunda vez en Sarajevo: 1993 responde a 1914, quién lo hubiese dicho hace dos años?. Providencia o destino, la historia revela su lado secreto en los particulares imprevistos, en las correspondencias aparentemente insensatas. »El diablo se halla en los detalles, pero los detalles son asimismo el índice de una misteriosa justicia.

»Cristo, por qué nos has abandonado? , escribía Unamuno, ante la España de Primo de Rivera. actualmente, ante un genocidio proyectado, programado y realizado, cómo no decir que Cristo sigue estando en la cruz? Pascua es una palabra vacía si se vive como un inocente mito de primavera, si pierde el sentido de la relevancia y de la dramaticidad de la historia. El lugar en el que tiene lugar la resurrección es el mismo en el que se produce la cruz. La resurrección se produce sólo en este lugar. Y si en este lugar no se produce la resurrección, la resurrección no se habrá producido. La Bosnia de 1993 es este lugar. El espacio de la violencia infinita se halla entre el límite de la fuerza y al abismo del miedo.

GIANNI BAGET BOZZO

 
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