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Agora' Agora - 18 marzo 1992
EL PROHIBICIONISMO ES LA FORMA DIABOLICA DE LA LIBERALIZACION

de Marco Taradash

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Marco Taradash, periodista de profesión, inscrito al Partido radical desde hace casi veinte años. Entre los miembros fundadores de Liga Internacional Antiprohibicionista, es actualmente diputado del Parlamento europeo y secretario del CoRA, la coordinadora radical antiprohibicionista.

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A río revuelto ganancia de pescadores. En medio del jaleo de la guerra contra la droga, sale ganando el prohibicionismo en materia de droga. El crecimiento de los negocios criminales está acompañado del crecimiento del negocio político. Hemos de ser conscientes de que el sistema prohibicionista no caerá por su ineficacia, o por su perversidad, o por sus elevadísimos costes sociales. El único determinismo, por aberrante que pueda ser, que en estos momentos actúa es el siguiente: el fracaso práctico de la política prohibicionista en materia de droga nutre el éxito burocrático de esta política. El prohibicionismo es, como las centrales nucleares de plutonio, autofertilizante. Por consiguiente, sólo un fuerte impulso político, una presión constante en los gobiernos, en los parlamentos, en las opiniones públicas podrá darle la vuelta a la tendencia actual de concentrar los poderes de la represión, disminuir las garantías individuales y agravar las condenas.

El prohibicionismo es la forma diabólica de la liberación

En juego se hallan la democracia y las libertades civiles, y no otras cosas. Tal y como ha escrito Jean Baudrillar (a propósito de la "información drogada" en tiempo de guerra): "Pero en el fondo, qué tienen ustedes contra la droga?. Nada. Salvo la desilusión colectiva terrible cuando se rompe el embrujo - como cuando se desenmascaran los cadáveres de Timisoara, o cuando se toma conciencia de la estratagema de la guerra. El escándalo actualmente no es el del ataque perpetrado contra los valores morales, sino el del ataque perpetrado al principio de realidad". El prohibicionismo crea alucinaciones visuales y falsos silogismos que engañan a la sociedad. Un ejemplo clásico: la criminalidad amenaza a la seguridad de los ciudadanos, es necesario acabar con los criminales, los narcotraficantes son los peores criminales, y por lo tanto de ahí surge la necesidad del prohibicionismo. La lógica se opone a los hechos, pero una sociedad que pierde la memoria, que no conoce el desarrollo de los eventos acepta sin objeci

ones las versiones oficiales. La realidad es distinta, opuesta. El prohibicionismo genera un mercado, y el mercado prohibicionista es libre, incontrolado y monopolizado por los criminales, aliados de los delincuentes esporádicos que gestionan la venta al por menor. "El prohibicionismo es la forma diabólica de la liberalización" ha escrito Albert Hofman, el científico inventor del LSD.

Todas las relaciones internacionales concuerdan al describir el triunfo de la criminalidad en la represión. El reciente informe de la ONU (publicado el pasado 15 de agosto) denuncia - al igual que todos los informes anteriores - el poder de las organizaciones criminales en la vida pública de gran número de países, y una influencia de los mismos cada ve más alarmante en la vida económica y financiera de las capitales del hemisferio norte. Sin embargo, las novedades no faltan, con respecto a 1990. 1992 se presenta como un año de gran desarrollo para la industria internacional de la droga prohibida.

Reconversión de los cultivos: desde la coca hasta las papaveráceas

Qué es lo que está cambiando en la industria del narcotráfico?. Las redes de narcotraficantes se han extendido en el seno del continente africano, y por primera vez, muchos países de Africa se encuentran con que tienen que hacer frente a los problemas de toxicomanía. Los carteles centro-americanos de la cocaína se han distribuido el poder: acabado el liderazgo violento del cartel de Medellín ha iniciado otra más sofisticada, tecnológicamente avanzada, poco sangrienta del cartel de Cali. Finalmente, gracias a la laboriosidad de los ejecutivos colombianos, se produce el milagro que años de trabajo y millones de dólares de inversión de la ONU no han llevado a cabo: la reconversión de los cultivos. De hecho, el cultivo de coca es sustituido (o tal vez simplemente añadido) al de las papaveráceas. Esta reconversión se produce fruto de un simple cálculo económico: un Kg. de cocaína en los USA costa aproximadamente 20.000 $, un Kg. de heroína rinde 6 veces más. El campesino está contento, por un Kg de patatas en el

mercado legal obtiene 4000 pesos, por un Kg de opio, en el mercado prohibido, 500.000.

La Europa Central, depósito de droga para la Europa comunitaria

Los países ex-comunistas de Europa y las repúblicas de la ex-Unión soviética han sido asaltados por los capitales mafiosos. Se va desarrollando, en la indiferencia o impotencia de los gobiernos europeos, ese proceso que podría conducir a Europa central a desempeñar ese papel de depósito de droga, corrupción y violencia que son para los EE.UU. los estados de América Central. Polonia ya ha adquirido un papel de primera categoría en el comercio mundial de anfetaminas, con el 14% de la producción global. Europa occidental, por su parte, asiste impotente a la penetración de los traficantes de cocaína: crecen a menudo el 100% de los comisos en las fronteras, pero la droga en circulación se escapa a todo control.

«Qué espantoso panorama!. En cualquier guerra tradicional, los generales y los estrategas hubiesen sido destituidos desde hace tiempo por indignidad e inaptitud. Pero la "guerra contra la droga" no respeta los códigos políticos habituales. Suceda lo que suceda, la respuesta de los gobiernos no se modifica ni un milímetro; como si la eficacia no fuese la medida que demuestra si una ley es buena y como si las leyes no tuviesen el deber de evitar que se produzcan consecuencias indeseables. El fervor moral de los guerreros antidroga cela sin embargo mecanismos no inocentes: la respuesta de los gobiernos se resuelve con la construcción de nuevos órganos de control y de represión, en una incesante acción dirigida a definir nuevos y más ricos presupuestos financieros. En todas partes los "guerreros" son aumentados de rango y pasan a ser protagonistas de la vida pública, condicionando sin escrúpulos - a través de informaciones que son cómodas y de presiones de todo tipo - a los medios de comunicación de masas. De es

ta manera, las derrotas en el campo sirven para potenciar los instrumentos de guerra.

Una especia de Ku-Kux-Klan planetario antidroga

Tenemos que afrontar la realidad tal cual. Un nuevo aparato financiero-represivo-administrativo ha nacido y consume y malgasta dinero con avidez no inferior a la de los aparatos militares-industriales que desde los años 50 hasta nuestros días han condicionado fuertemente las decisiones políticas de los grandes y medianas potencias occidentales y han colonizado gran número de gobiernos en los países en vías de desarrollo. La política prohibicionista ha logrado que en los últimos años cobrase forma una especie de Ku-Kux-Klan planetario antidroga, inspirado en una ideología que niega el humanismo liberal y democrático y propone valores e instrumentos - encarcelamientos masivos, exaltación de la pena de muerte, invasiones militares - que de lo contrario la conciencia civil rechaza. Esta ideología así como los poderes que ha expresado se han ido enraizando - bajo el gran paraguas de la guerra contra la droga - en el seno de los gobiernos estatales y de las organizaciones supranacionales.

En muchos países esta política ciega y autoritaria está acompañada por una instrumentalización ciega del dolor de los toxicómanos y sus familias. Por el bien de ellos - dicen los jefes de gobierno - prohibimos, por su bien construimos nuevas cárceles, o nuevas leproserías para los enfermos de SIDA. En prueba de lo bueno que es el prohibicionismo los supervivientes, los toxicómanos redimidos, son exhibidos en la televisión, en los programas de mayor audiencia. Mientras los muertos por sobredosis, las víctimas de las agresiones o de los tiroteos entre las bandas de traficantes, o los enfermos de SIDA, parece que no son hijos de nadie. El balance oficial del prohibicionismo solo refleja las voces activas. Las pasivas corren por cuenta de la sociedad: la culpa es de la permisividad, o del consumo, o de la droga a secas. Quienes afirman que el problema no es la criminalidad sino las leyes en materia de drogas, que el problema no es el SIDA sino las leyes sobre droga es expulsado del debate público, aunque se llam

e Milton Friedman, o George Schultz, o William Buckley, o "The Economist", es decir hombres y periódicos del establishment, no de la revolución hippie.

El final de un tabú

Y sin embargo existen algunos síntomas de que la acción antiprohibicionista de los últimos años empieza a dar resultado: una comisión de investigación del Parlamento europeo, encargada de llevar a cabo una encuesta sobre el tráfico de droga y la propagación de la criminalidad organizada en la Comunidad Europea, le ha dado una estocada al monopolio de la ideología prohibicionista sobre la política de la droga. El debate sobre la legalización de la droga ya no es un argumento tabú en el seno de las instituciones. El informe final de la Comisión de investigación sobre la criminalidad organizada relacionada con el tráfico de droga ha quebrado el monopolio de la ideología prohibicionista de la política de la droga. Es un primer paso, confiamos, para reducir la invasión de los poderes criminales en la vida el estado y la invasión de los poderes estatales en la vida de los ciudadanos. Durante nueve meses, a partir de principios de febrero hasta finales de noviembre de 1991, esta comisión del Parlamento europeo (de

la que fui vicepresidente, designado por el grupo de los Verdes) interrogó a los protagonistas de la 'guerra': los jefes de la policía antidroga nacional, a los responsables de las aduanas, a los más altos funcionarios de los organismos de control de los estupefacientes de la ONU, de la INTERPOL, de los distintos intergrupos europeos. Asimismo, ha escuchado a magistrados 'de primera línea'. sociólogos, economistas y criminólogos. Muchos de los entrevistados han puesto en duda la validez del sistema prohibicionista, todos han denunciado sus límites objetivos. Se ha visto que grande es la dificultad, cuando no la imposibilidad de hacer frente a organizaciones criminales que son más potentes que cualquier otra, que usan sólo en contadas ocasiones la violencia, más a menudo - y mucho más sutilmente - la corrupción, que (a diferencia de cualquier otra forma criminal) se infiltran metódicamente en el mundo político, en la administración pública y en la economía.

Al final, con una votación de 9 contra 6 (a favor el grupo socialista - ausente el representante italiano - las izquierdas, y los Verdes) que ha dado un viraje a las previsiones y que ha situado en minoría a su ponente (el democristiano irlandés Patrick Cooney) y a las derechas, los quince diputados de la comisión de investigación aprobaron un texto profundamente innovador. Ello sienta las bases para una profunda reforma de la política en materia de droga realizada hasta ahora, con una inquietante unanimidad de parlamentarios nacionales y organizaciones supranacionales. El texto contempla las recomendaciones para contrastar el reciclaje, para reducir los riesgos en vistas a la caída de las fronteras internas, para una mejor colaboración entre la policía y entre las magistraturas de los Doce. Algunas de estas propuestas son poco más de un acto debido. Pero la lectura del preámbulo - en el que se sintetizan los principios que han inspirado el informe - revela inmediatamente su carácter reformador.

Concentrarse no en los consumidores sino en el tráfico internacional

Ello plantea una alternativa dramática, y formula explícitamente una pregunta hasta ahora 'prohibida': " Es necesario evaluar si, admitiendo que sea posible, un incremento determinante de la eficacia de la represión puede afectar de forma significativa, cuando no definitiva, el tráfico o tal vez sea necesario pensar en otros caminos?". Es necesario - se especifica - comprobar los costes y los beneficios de la política realizada hasta el momento presente: la Comunidad europea debe evaluar cuánto grava sobre el bienestar de los individuos y de la sociedad el fracaso de la represión y la consiguiente propagación de la criminalidad y de la delincuencia, el abarrotamiento de los tribunales, la muerte de Sida y los riesgos de sobredosis entre los toxicómanos, la corrupción de la política y la economía. La lucha contra los estupefacientes "no debe centrarse en los consumidores ni en la base de la escala jerárquica de los traficantes, sino en el tráfico internacional organizado de droga y en los traficantes a alto n

ivel". Al mismo tiempo, para zanjar el reciclaje del dinero de la droga es necesario "estudiar los medios adecuados para impedir la acumulación de dichos beneficios a través de la reglamentación del comercio de las sustancias actualmente prohibidas".

Elaborar una nueva política

La Comisión solicita de esta manera que se elabore una nueva política, y define los criterios. Entre las reformas concretas y directamente aplicables figura que "la posesión de estupefacientes en pequeñas cantidades para consumo personal no debería considerarse un delito penal". Es necesario "evitar transformar al toxicómano en un delincuente comprometiendo de esta manera toda posibilidad de reintegración en la sociedad". Si el simple consumidor no debe acabar en la cárcel, la asistencia a los toxicómanos no debe estar obstaculizada por las leyes penales: "es necesario adoptar una actitud pragmática de reducción de los riesgos relacionados con el consumo y el abuso de drogas (harm reduction)". Para reducir los riesgos de defunciones por sobredosis, el contagio del virus del SIDA y la criminalidad inducida se propone el suministro controlado de las sustancias estupefacientes, al distribución gratuita de jeringuillas, la utilización de fármacos sustitutivos, como metadona o temgésic.

La señal procedente del seno de la única institución democrática de la Comunidad europea es muy alentador. Al igual que es importante el crecimiento del movimiento de las Ciudades europeas en el centro del tráfico ilegal de droga". Este grupo de ciudades, tras haber firmado en Frankfurt en noviembre de 1990 un texto fundamental contra el prohibicionismo, está divulgando el conocimiento de nuevos modelos teóricos ya experimentados con éxito en el ámbito local. Pero el camino sigue siendo cuesta arriba: el Parlamento Europeo (que aún tiene que examinar el informe de la comisión de investigación en sesión plenaria) no cuenta con poderes directos, las ciudades europeas se encuentran con fuertes resistencias a nivel gubernamental. La verdad es que los gobiernos y las mafias - por motivos opuestos a menudo - convergentes siempre - empujan en dirección opuesta.

Qué hacer concretamente?

Por ello es esencial reforzar el Partido radical transnacional. A partir de la reforma antiprohibicionista de la política en materia de droga se juega - aunque poca gente tenga claro este concepto - un partido decisivo para la construcción y la defensa de las instituciones democráticas en el mundo de los años venideros. Qué hacer concretamente?. En primer lugar, dar impulso de nuevo a la colaboración entre el PR y la Liga Internacional Antiprohibicionista (LIA), el movimiento fundado en Roma, por iniciativa del mismísimo PR, en abril de 1989. La LIA tiene actualmente un gran espacio de iniciativas y, junto al PR , puede convertirse en un centro importante de propulsión y de unión para las distintas asociaciones que trabajan en el mundo para reformar la política en materia de droga. Al igual que los grupos que experimentan formas de política sanitaria inspirada en la reducción del daño (harm-reduction). Las experiencias holandesas e inglesas demuestran de qué manera una política que respeta íntegramente los

derechos y la dignidad humana de los toxicómanos pueda sustituir de forma eficaz - eliminando o reduciendo las muertes por sobredosis y la infección de SIDA - la estrategia represiva drug-free que tiene como único objetivo la abstinencia de la droga. Otras organizaciones han conducido a una gran precisión científica la crítica del prohibicionismo en sus aspectos económicos, militares y geopolíticos. Otras (como por ejemplo la Drug Policy Foundation en los EE.UU) nutren una campaña de información constante que de alguna manera contrasta con la desinformación oficial.

Es urgente unificar los conocimientos y las experiencias de todos estos movimientos y solicitar, en la medida posible, al constitución de organizaciones antiprohibicionistas regionales, capaces de traducir en iniciativa política, incluso no violenta, y en propuestas de leyes particulares la campaña antiprohibicionista.

Un programa de acción y de experimentación requiere una movilización internacional en distintos frentes. Desde luego ideas no faltan, ni objetivos intermedios tampoco: abolir toda sanción penal para quienes poseen sustancias prohibidas para consumo personal, sustituir la política sanitaria de reducción del daño a la ideología de la abstinencia, reglamentar el mercado de hachís y marihuana de manera que no siga estando en manos del mundo criminal, elaborar políticas de luchas contra el crimen y la corrupción que definan tiempos y modos de la legalización del comercio de las sustancias prohibidas, desarrollar campañas de transparencia con respecto a los organismos intergubernamentales que animan, al margen de todo control democrático, la guerra contra la droga, empezando por la ONU.

 
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