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Agora' Agora - 15 luglio 1992
Editorial: No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy

Obtener antes del año 2000, y faltan menos de ocho años, la abolición de la pena de muerte en el mundo, al menos a nivel del derecho, comporta grandísimas dificultades, actividades legislativas, jurídicas, políticas, organizativas, acciones masivas y de lobbies sin precedente alguno. Supone una campaña, confrontaciones y luchas que, de por sí, producirán o producen otros resultados de inmenso valor práctico y moral. Se unirían y se organizarían hombres y mujeres, poderosos y humildes, de lo contrario separados y ajenos.

Por el momento, la única manera de apoyar este objetivo es inscribirse al Partido Radical.

Inscripción que deja a cada cual la libertad de asociarse, comportarse, actuar o no actuar como mejor le parezca.

Inscripción que es al mismo tiempo un sistema de "accionistas populares", póliza de seguros de nuestra propia vida y de la de los demás. Una manera de atesorar nuestra existencia, la de los demás, enriquecer la política otorgándole fuerza, nuevas razones, su nobleza teórica inicial, devolverles el sentido a las instituciones nacionales y a las internacionales.

Es como si la humanidad se hubiese vuelto impotente, el individuo hubiese perdido el sentido de la responsabilidad, los grandes ideales causa de ausencia de una moralidad concreta. En la sociedad de la opulencia y en la de la miseria (a menudo especuladora), parece como si se hubiese extraviado el sentido del óbolo que ha conocido siempre en sus momentos religiosos y límites. Los Estados, los partidos, los ideales, las campañas en pro de los grandes objetivos humanos, la razonable asociación de aquellos que en común piensan, crean, actúan en el campo de la vida del derecho y del derecho a la vida no movilizan, no implican, no conmueven, no mueven a la gente. Salvo excepciones cada vez menos numerosas.

Se gastan, allá en donde el dinero existe y abunda, elevadas sumas de forma automática e inconsciente. La idea de destinar la suma que se dedica a las vacaciones, a los consumos superficiales para objetivos vitales ya no cobra autonomía ni fuerza.

En algunas sociedades existen un refrán que dice que el pescado empieza a apestar por la cabeza. No es verdad, o por lo menos no es totalmente cierto. Pero lo que sí es cierto es que hoy por hoy el mal ejemplo viene desde arriba, desde la capa de intelectuales, de poderosos, electos, sacerdotes de partidocracias y de movimientos. Cuando en vez de tratarse de poder se trata de política, se distraen, autosuficientes en su contemplación y su consumo; nunca partícipes, humildes y responsables, de nuevas empresas, aunque ellos sean los primeros en reconocer que son más que necesarias. En cualquier caso, su gesto y su acción revisten una cierta dificultad si no son de aquellos gestos y acciones que se pueden quemar fácilmente, al instante en los medios de comunicación, aunque sus explicaciones sean cada vez más irrisorias.

Ni tienen confianza ni la inspiran.

Estrechísima es la puerta por la que se pueden hacer pasar los objetivos, esos mismos que todos reconocen, de boca para afuera, que son necesarios para la supervivencia del mundo civil, del mundo a secas. La sabiduría, lo razonable, la humildad de las acciones concretas, logran movilizar sólo a unos pocos.

Pocos son los que parecen comprender, o recordar, el significado de expresiones como "dar forma", "echar una mano", "atesorar", ante lo que se sabe, se ama, se espera, se quiere, o se dice que se quiere.

El Partido Radical es sin lugar a dudas una de estas puertas. Nosotros sabemos que pueden existir otras, aunque no las conocemos.

Este partido existe ya. En las miles (valiosísimas, pero irrisorias con respecto a lo que es necesario) nuevas adhesiones, en los cientos de diputados y de miembros electos que en un año han llegado hasta él, existe una señal de realidad, de esperanza posible y legítima. Pero tenemos que tomar en consideración esa nueva forma límite de enajenación que es la "enajenación de la política". Las políticas, de hecho, que existen en nuestros países, países que son "nacionales", con sus "políticos nacionales", que es lo que somos, nos dictan comportamientos, estructuras para nuestro compromiso y nuestra movilización, de poder y de impotencia que se ciernen sobre nosotros por doquier.

Y que producen la nada, o peor si cabe.

Toda forma de internacionalismo es negada, y a menudo no sólo de hecho sino de derecho, a nivel teórico. Existen los que trabajan directamente a nivel internacional o multinacional, que trabajan o que son dueños de marginales y subalternas realidades sin auténtica fuerza de derecho ni de democracia.

Estos mis apuntes son un intento por restarle al llamamiento que lanzamos a aquellos que nos leen, la forma lúgubre, a estas alturas, del llamamiento en sí.

Y precisamente en estos difíciles momentos que todos nosotros estamos atravesando, viviendo dificultades no verbales sino reales que tenemos que conseguir sacar a flote y superar.

Hemos empezado recordando sencillamente un ejemplo humilde de lo que hemos empezado a hacer en el frente de la concepción y la organización de la "campaña para la abolición de la pena de muerte antes del año 2000".

Quien nos ha seguido hasta aquí, quien nos ha leído, o ayudado o despreciado, durante este largo año, sabe que otros ejemplos podríamos invocar y defender:

La lucha para acabar a tiempo con esa terrible fuente de criminalidad casi omnipotente que rezuma de la demencia prohibicionista en materia de droga;

La organización práctica, casi científica, "militar", de una fuerza política no violenta, gandhiana, organizada y alternativa a las viejas y superadas formas de defensa de la seguridad a través de las tradicionales armas militares y de guerra;

La presencia organizada federalista-democrática en el corazón de fundamentalismos nacionalistas desbocados, étnico racistas de los ex imperios totalitarios, hechos trizas que herirán que matarán por todas partes;

La búsqueda organizada de nuevas formas de lenguaje universal;

La preparación de un sujeto que sepa neutralizar las bombas ecológicas y las demográficas que estallarán sin recursos de salvación inteligibles...

Por ello seguimos pidiéndole a todo el mundo su generosidad y su prudencia para que se sumen al Partido Radical, en los márgenes compatibles con nuestros humildes recursos que van menguando día a día; en aras de este nuestro intento del que ya os hemos informado puntualmente. Para que sea posible no sobrevivir inútilmente, sino garantizar concretamente la celebración de la segunda sesión de nuestro Congreso, y para que una nueva clase dirigente pueda asumirse su responsabilidad.

Confiamos, debemos confiar, en que no se deje para mañana lo que se pueda hacer hoy. Hoy por hoy, lo que se puede hacer, lo que es necesario es inscribirse al Partido Radical.

 
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