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Vigevano Paolo - 1 aprile 1989
La fuerza de la Trasparencia
Paolo Vigevano

SUMARIO: En la Urss se proclama la Glasnost. La cultura política liberal sostiene que la democracia debe ser una casa de cristal. Para el Partido radical la transparencia, la financiera antes que nada, no es una esperanza para el futuro o una proclamación vacía, sino que se trata de un compromiso constante, la condición misma de su existencia. No hubiera sido posible en ningún momento concebir y practicar la diversidad radical con las presiones de los lobbies económicos y políticos. La autofinanciación estricta de las actividades radicales por parte de los inscritos es pues una necesidad política, más que un imperativo moral. El carnet radical cuesta, cuesta mucho, porque la política radical vale, vale mucho. Pero no es suficiente. El proyecto transnacional parece tener costes prohibitivos. Sólo para hablar, escribir y comunicar en ocho lenguas distintas se necesitan recursos con los que hoy por hoy no contamos. Debemos medirnos con una alternativa precisa que no permite vías más breves. Hemos de encontrar a

los miles de inscritos-accionistas necesarios para financiar la empresa o de lo contrario volvernos impotentes y resignarnos.

("Número único" para el XXXV Congreso del Partido radical - Budapest 22-26 abril 1989)

En agosto de 1986, en las playas italianas, bajo las sombrillas, en los campings, los transistores de los veraneantes no emitían las típicas canciones relajantes de verano, sino que de ellos salía un humo violento de insultos, de declaraciones de odio y de amor, de poesía y de blasfemias.

Una radio privada transmitía ininterrumpidamente y en directo los pensamientos, a menudo rebosantes de obscenidades que emitían miles de personas a las que se les había dado la posibilidad de hablar con absoluta libertad. Día y noche este increible espectáculo desconcertó a millones de italianos que hallaron en ese río de palabras una de las caras de Italia que hubiesen querido borrar pero al mismo tiempo se sentían totalmente cautivados pues revelaba el nivel real de violencia de nuestra sociedad de la que somos todos partícipes.

Se trataba de la Radio Radical, la radio del Partido radical, la radio más austera, más especializada y escuchada por los trabajadores de la política y del mundo del periodismo. La radio que transmite en directo y en versión integral las sesiones del Parlamento italiano, los congresos de todos los partidos políticos, los más grandes procesos. Ante las dificultades económicas en las que se hallaba, antes de verse obligada a un irrevocable cierre, había de hecho interrumpido su programación y había invitado a los oyentes a intervenir y a opinar sobre la crisis financiera.

Con el mismo criterio de integralidad de la información que hasta ese momento había aplicado a la vida política italiana, recogió y emitió sin cortes y sin censuras las voces de los que llamaban por teléfono. En un "crescendo" imprevisto, miles de desconocidos aprovecharon esta oportunidad para liberarse de sus propias quimeras, para desahogar sus propias frustraciones.

La policía interrumpió la transmisión, pero la Radio Radical se salvó. Los más altos exponentes de la cultura y de la política se movilizaron para impedir que se cerrase una radio capaz de sacar a relucir, de la manera más desconcertante e inquietante, el profundo desasosiego de una sociedad. Una radio que informaba de verdad, que no manipulaba la realidad.

Este acontecimiento, que llenó las primeras páginas de los periódicos italianos y del que se ocuparon todos los principales medios de información europeos y extra-europeos, es uno de los muchos episodios de los abatares cotidianos del Partido radical que, a diferencia de los demás partidos, no ha querido nunca que su existencia, sus opciones estuviesen condicionadas por las financiaciones públicas y por los beneficios derivados de posiciones de poder o de subpoder. Al contrario, ha querido siempre apostar por la inteligencia y la generosidad de la gente corriente, y que siempre ha hallado la convinción necesaria para pedir, incluso al jubilado más pobre, que se privase de lo necesario, no de lo supérfluo.

Un partido que ha sabido defender con orgullo su pobreza y su mendicidad. Un partido que a lo largo de su existencia no se ha visto nunca implicado en la práctica de la corrupción y que nunca se ha vendido tal y como sucede en la contaminada vida política en todo el mundo.

Este ha sido el elemento de fuerza y de libertad que ha permitido al Partido radical denunciar los más graves escándalos de la vida política. En los momentos más difíciles de su existencia, nunca ha tomado el camino más fácil, ni ha aceptado compromisos sino que ha puesto en juego su propia existencia: o lo eliges o lo disuelves.

Con esta dramática alternativa se dirigió a la opinión pública en 1987 confiando a la gente la responsabilidad de elegir la disolución o el nuevo impulso de las esperanzas y de las batallas del Partido radical. Con sólo tres mil inscritos, predominantemente italianos, no podía llamarse a engaños pretendiendo afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo, tales como la guerra contra el exterminio causado por el hambre, los totalitarismos políticos, el tráfico clandestino de droga. Superando la censura de los medios de información de masa consiguió comunicárselo a mucha gente y, una vez más, se produjo el milagro, pues en cinco meses se recogieron más de 19 mil inscripciones.

No se trató simplemente de una lucha por su propia sobrevivencia sino de una acción de moralización y de propuesta dirigida a todas las fuerzas políticas. Cuando en 1974 el Parlamento italiano decidió en pocas horas, en la más absoluta clandestinidad y con el silencio y la complicidad de los medios de comunicación, regalar a los partidos cientos de miles de millones de los contribuyentes, inició una durísima campaña de denuncia que culminó, cuatro años después, en el referéndum abrogativo de la ley sobre la financiación de los partidos.

Aun siendo el único que apoyaba la abolición contra la totalidad de los demás partidos, recogió más del 45% del consenso.

Aunque la ley no se abolió, este clamoroso e imprevisto resultado, que reveló la existencia de una Italia que no toleraba la arrogancia de los partidos, produjo una gran revuelta contra la impunidad asegurada desde siempre en las cumbres más altas del Estado.

Un primer efecto fue la expulsión del Presidente de la República Giovanni Leone, fuertemente implicado en el escándalo de los aviones militares Lockheed, y la elección para el cargo del honesto Sandro Pertini.

Pero el Partido radical ha tenido que vérselas con las "tentaciones del poder" cuando entró en las instituciones, en el Parlamento, por primera vez en 1976. Ha tenido que afrontar el problema de aceptar o no la financiación estatal contra la que había combatido.

La débil estructura del partido, que no superaba las veinte personas, basada exclusivamente en los voluntarios hubiera salido desconcertada sobre todo por la capacidad característica de las organizaciones voluntarias de agregar en campañas políticas particulares a centenares de ciudadanos. Esta característica del Partido radical hizo posible la recogida de las firmas necesarias para celebrar los referéndums populares que la ley italiana, a través de leyes particularmente severas, quería reservar a las grandes organizaciones de masa: 500.000 firmas compulsadas en presencia de un notario o de un oficial de la justicia se recogieron y entregaron, junto con los certificados electorales de cada firmatario, antes de tres meses.

Gracias al trabajo militante y gratuito de varios miles de personas, el Pr ha promovido, desde 1975, 25 referéndums populares. La aceptación de la financiación hubiera cambiado la característica del Partido radical. De partido al servicio para el ejercicio de la democracia directa por parte de los ciudadanos que se asocian libremente para perseguir los objetivos políticos que financian sus propias actividades, hubiese pasado a ser el partido de funcionarios que inevitablemente tiende a la conservación del propio poder y del propio puesto de trabajo. La decisión que se tomó, así pues, fue la de no utilizar el dinero del Estado y sólo tras el éxito del referéndum, para evitar que dicho dinero se distribuyese entre los partidos adversarios, el Congreso decidió no utilizarlos para el funcionamiento del partido sino exclusivamente para destinaciones alternativas de interés público. Así nació la Radio Radical concebida como instrumento de suplencia con respecto a la desinformación de las emisiones radiotelevisivas

de Estado controladas por los partidos en el poder. Una radio de servicio para todas las fuerzas políticas y todos los movimientos que no llevase a cabo ninguna discriminación política y que a través del uso de la transmisión íntegra y directa de los trabajos de los organismos representativos, permitiese a los ciudadanos controlar los comportamientos de los miembros elegidos.

Fue una manera de devolver, al menos parcialmente, a los ciudadanos, a través del preciado bien de la información, ese dinero público que se les había quitado injustamente.

Ahora, al Partido radical le espera un desafío aún más grande, se trata de la transformación en sujeto transnacional.

Ya hemos hablado, en este opúscolo, de las razones ideales de esta decisión y de las dificultades para llevarla a cabo. Y la dificultad financiera no es de las menos importantes. Basta sólo pensar en el coste de la traducción y de la impresión en cuatro lenguas, a veces en doce, en la traducción simultánea en los congresos, en las reuniones. Las facturas del teléfono alcanzan sumas astronómicas. Pero debemos afrontar este desafío.

Las cosas importantes cuestan. Y el Partido radical no puede permitirse quedarse inmóvil, administrar todo lo obtenido. »Olvidad rápidamente los grandes triunfos - decía Passolini - y seguid impertérritos, obstinados, eternamente contrarios, en vuestro afán por pretender, querer e identificaros con lo distinto, seguid escandalizando y blasfemando .

Una vez más nos vemos "condenados" por nuestra historia y por nuesta moralidad política a seguir siendo fieles a nuestras decisiones que han garantizado el éxito del Partido radical, sobre todo la de confiarnos a los ciudadanos y a su decisión de contribuir en sus luchas con su trabajo y su dinero.

Como de costumbre, nos hemos de medir con una alternativa precisa que no permite tomar el camino más fácil, encontrar los miles de accionistas necesarios para financiar la empresa radical transnacional o si no disolvernos.

A este opúscolo, editado en doce lenguas, confiamos la esperanza de encontrar a los accionistas de esta nueva aventura radical, los pioneros que sientan la urgencia de ir más allá de los angostos confines nacionales para fundar nuevas fronteras de libertad y de derecho.

 
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