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Samper Pizano Daniel - 2 ottobre 1989
(4) LOS ESPAÑOLES QUE QUIEREN LEGALIZAR LAS DROGAS

EL MOVIMIENTO PARA LEGALIZAR LA DROGA CRECE EN ESPAÑA

Daniel Samper Pizano

SUMARIO: Los partidarios de despenalizar la droga irán en España con listas propias a las elecciones. El éxito conseguido por los contrarios a la prohibición en Italia es el ejemplo a seguir. Cada vez hay más europeos que denuncian el fracaso de la fórmula represiva para combatir los estupefacientes y proponen a cambio legalizar, controlar y convencer

(Daniel Samper Pizano, CAMBIO 16, 2 de octubre 1989)

El próximo 29 de octubre participará por primera vez en una elecciones españolas una agrupación política cuyo propósito es buscar el reconocimiento legal y el control sanitario de las drogas que hoy se expenden de manera ilícita. Su emblema trae ecos de tentación y castigo: una manzana dentro de un círculo. La bíblica fruta prohibida ha sido reemplazada en los últimos años por un catálogo de sustancias alucinógenos, excitantes o estupefacientes cuyo comercio y ventase ha convertido en el más lucrativo del planeta, con beneficios que llegan a 500.000 millones de dólares (unos 60 billones de pesetas) anuales. La serpiente en este paraíso son los narcotraficantes: unos cuantos capos, cientos de capitos, y miles de camellos que se lucran de la ilegalidad del producto y Adán y Eva que están representados por 47 millones de consumidores habituales de droga en el mundo.

Desde hace más de 80 años la política universal de lucha contra la droga, iniciada e impulsada por Estados Unidos, ha sido prohibirla, castigar a quienes con ella comercien y muchas veces considerar como delincuentes a quienes la utilicen. El resultado no puede ser más lamentable: el mercado de consumidores es cada vez más vasto, las autoridades se muestran cada vez más impotentes para controlarlo y las mafias son cada vez más ricas, corruptoras y violentas.

Mientras Colombia se convierte hoy en laboratorio para experimentar los límites de resistencia del modelo de represión del tráfico de droga, en Europa se abre paso una tendencia que habla en voz cada vez más alta en favor de legalizar parte o todo el esquema de comercio y consumo de los productos tóxicos clandestinos.

UN POLICIA DIFERENTE. La propuesta de los que están contra la prohibición es despojar a la manzana de su condición de fruta prohibida para así desterrar del patio a la serpiente y menguar el apetito rebelde de Adán y Eva. "Se trata de combatir la droga y la mafia, pero con métodos distintos a los que han fracasado", afirma José Manuel Sánchez, miembro del Sindicato Unificado de Policía y cabeza de lista del movimiento despenalizador que el sábado pasado acordó presentarse a elecciones como Grupo Radical de Madrid. Sánchez, un afable policía de 38 años que confiesa no haberse fumado un porro en su vida, cree firmemente en la necesidad de legalizar los estupefacientes. También Izquierda Unida incluye la legalización de todas las drogas en su plataforma electoral.

Como él piensan miles de personas en el mundo. Manifestarlo así, sin embargo, es otro cantar. El tema de la droga es un tramado de equívocos, tabúes, histerias, vacíos informativos y prejuicios que dificulta la reflexión y estigmatiza a quienes se apartan del pensamiento establecido. Sin embargo, desde hace unos pocos años algunos opositores de la droga se han atrevido a denunciar el fracaso del esquema represivo y a proponer otras fórmulas de lucha. En Estados Unidos varios de los adalides de la legalización proceden de la derecha política y económica, como el difunto político republicano John D. Rockefeller, el periodista conservador Willian F. Buckley, un editor de la revista de negocios Fortune y el Premio Nobel de economía Milton Friedman. También el Establecimiento más entrañable: los alcaldes de Washington, Baltimore y Minneapolis son partidarios de la legalización.

No hay que extrañarse de que también en Europa el liderazgo del antiprohibicionismo corra por cuenta, entre otros, de jefes de policía que creían que "los comunistas tenían rabo y comían niños" y de un prestigioso semanario británico de indudable tendencia conservadora: The Economist. A partir de abril de 1988 la prestigiosa revista inició una campaña dedicada a sustituir la represión inútil por otra receta: "legalizar, controlar, convencer".

FIN DEL NEGOCIO. Pero qué significa exactamente legalizar la droga?. Las propuestas son diversas, pero coinciden en entregar la oferta de droga a instituciones hospitalarias que atenderán a los pacientes declarados toxicodependientes por los médicos. De este modo no sólo se eliminará la droga adulterada, sino que, al volverse insignificante su precio, dejará de ser un negocio atractivo para las mafias. El drogadicto, además ya no tendrá que robar para obtener dinero con qué pagarse el vicio.

Con el suministro en manos médicas, se podrá trabajar en la rehabilitación del drogadicto mediante la acción concertada de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales que llevarían su tarea hasta el medio familiar.

El programa, dicen sus promotores, costaría mucho menos que la actual represión y permitiría invertir grandes sumas en educación y prevención a fin de disminuir el número de personas tentadas por un fruto que perdería el morboso atractivo de la prohibición. Se discute entre la partidarios de la legalización la posibilidad de tolerar la venta de derivados del cannabis, pero disuadir su consumo por medio de campañas, y controlar sólo las drogas duras.

EL DEBATE A LA ITALIANA. El país donde la polémica se presenta más tensa y las opiniones más polarizadas es Italia. Allí hay lugar para todo. Para elegir eurodiputado a Marco Taradash, cuya plataforma contraria a la prohibición obtuvo un sorprendente y copioso respaldo electoral de 422.000 votos, y también para que el Gobierno presente al Parlamento un proyecto de ley que equipara los consumidores de droga a delincuentes y castiga hasta con seis años de cárcel a quién regale un porro.

España no ha sido impermeable al debate. Hace diez años la Unión de Juventudes Comunistas había planteado ya la legalización de la droga blanda (derivados del cannabis).

Otro pionero de la legalización fue Antonio Pedrol Ríus, presidente del Colegio de Abogados. "Esta es una postura que causó gran escándalo cuando la defendí en España hace unos años - comenta - pero ahora me encuentro con una corriente importante en este sentido que viene de Estados Unidos y aquí se la apoya".

En las últimas semanas han aparecido dos tratados con argumentos fuertemente favorables a algunas formas de legalización: Historia de las drogas, del catedrático de Derecho Antonio Escohotado y Delitos sin víctima: orden social y ambivalencia moral, del catedrático de Sociología Emilio Lamo de Espinosa.

Esta revista ha reunido las opiniones de 50 españoles partidarios de legalizar la droga. Todos ellos piensan que es hora de abandonar el modelo represivo e intentar su control social y sanitario.

La corriente en favor de la despenalización y control acarrea cada vez más caudal. Pero no hay que equivocarse. Todos los gobiernos, la mayoría de los políticos, la mayoría de los especialistas y la mayoría de la opinión pública son aún enemigos de dar tan delicado paso. Cuando el diputado Juan María Bandrés, de Euskadiko Ezkerra, presentó una proposición en el Congreso para debatir la legalización, acabó reiterándola "porque vi enseguida que me iba a quedar solo".

Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que en 1985 el 690 por ciento de los españoles eran partidarios de endurecer las leyes contra la droga. En agosto pasado el programa Tribunal popular de TVE-1 realizó un sondeo similar tras un debate sobre el tema. El resultado fue agridulce: mientras el jurado televisivo se decretaba abrumadoramente a favor de la legalización, tres de cada cuatro ciudadanos consultados se oponían a ella.

El Gobierno está en igual sintonía. "Legalizar el tráfico de ciertas drogas no implica necesariamente la eliminación del negocio económico vinculado al actual mercado ilícito", dice Miguel Soláns, delegado del Gobierno para el Plan Nacional Sobre Drogas. "Lo que existiría - agrega - es una readaptación de las redes clandestinas del tráfico a una nueva disciplina del mercado".

El psiquiatra Antonio Vallejo Nágera agrega que "la legalización de la droga ofrece aparentemente muchos beneficios, pero los riesgos son clarísimos: el tabaco es legal y no se ha podido suprimir la mafia del contrabando".

MAFIA EN CONTRA. La mafia también está en contra. "La prohibición crea una extraña simbiosis contranatura entre la justicia, por un lado, y los traficantes, de otro; unos y otros están interesados en que se persiga y prohiba el tráfico y consumo de drogas fuertes, aunque por razones opuestas", dice Lamo de Espinosa en su libro.

La historia, sin embargo, enseña que desde que la humanidad existe la droga forma parte de las comunidades y sólo en pocas ocasiones ha llegado a convertirse en un problema social, Esas ocasiones generalmente coinciden con etapas de aguda represión, como lo demuestra el libro de Escohotado y como lo evidencia el ejemplo típico de la Ley Seca en Estados Unidos. Al contrario, el consumo de tóxicos como el tabaco sólo empieza a frenarse merced a campañas educativas y control social.

El debate sobre legalización promete ocupar mucho espacio, tiempo y nervios en los próximos años. No sólo se trata de comprar modelos, sino de aclarar cuáles son los detalles de la solución sustituta.

Los promotores de la legalización creen que tarde o temprano la manzana prohibida será como las demás frutas, y la serpiente quedará frustrada y Eva encontrará otras maneras menos peligrosas de tentar a Adán. Peor pasará un tiempo antes de que ello ocurra. Se necesita, como requisito sine qua non, un acuerdo internacional, lo cual ya es bastante difícil. "Cambios radicales de política como éste toman mucho tiempo - dice Nick Harman, editorialista de "The Economist" -. Que se produjera en cinco años me dejaría perplejo; que s produjera en diez me sorprendería. Pienso que pasarán unos veinte años."

Con informaciones de Yolanda Aguilar, María Aldave, Carlos Alsina, Marcho Schwartz, Luis de Zubiaurre y corresponsales.

 
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