Radicali.it - sito ufficiale di Radicali Italiani
Notizie Radicali, il giornale telematico di Radicali Italiani
cerca [dal 1999]


i testi dal 1955 al 1998

  RSS
dom 26 apr. 2026
[ cerca in archivio ] ARCHIVIO STORICO RADICALE
Archivio Partito radicale
Il Partito Nuovo - 30 marzo 1992
El »buen derecho

SUMARIO: Henri Laborit, francés, uno de los más ilustres biólogos vivientes, adheriéndose al llamamiento lanzado por el Partido Radical en pro de la abolición de la pena de muerte, ha querido escribir para este periódico un artículo que publicamos con mucho gusto.

(EL PARTIDO NUEVO - Nº 6 - MARZO 1992)

Han observado que las personas partidarias de la pena de muerte a menudo están en contra del aborto? »«Déjenlos vivir! , dicen. Asimismo, en todo el planeta, miles de hombres, no »potenciales sino en plena madurez, son ajusticiados, enterrados vivos por los »bulldozers , mientras que la muerte de un condenado por la justicia de los hombres no le interesa a nadie porque éste ha obtenido sólo lo que se »merece .

En realidad, el criminal o el delincuente debe ser punido. Personalmente creo que no podemos estar lo suficientemente

seguros de lo que se debe entender como »buen derecho o responsabilidad, para poder decidir si un hombre debe ser punido o no. Yo sé que la noción misma de preso es intrínseca a la concepción de punición, y que la biología del comportamiento puede explicar los mecanismos tanto del carcelero como del preso. Por otra parte, el »derecho consiste en un mecanismo establecido por los hombres con relación a una área geoclimática dada o a una época precisa que cambia según las variaciones de las mismas. De esta manera, no se puede considerar el encarcelamiento como una punición. Una sociedad tiene el »derecho de protegerse contra los individuos que no quieren cumplir con sus prohibiciones y leyes.

Este derecho no es otro que el de los más numerosos y de los más fuertes. Existe más gente que cumple con con las reglas sociales que gente no lo hace. La mayoría, que ha decidido actuar basándose en el conformismo, puede decidir descartar del grupo a los que no quieren ser conformistas. Ya no se trata de un castigo sino de una marginación.

Nada impide imaginar que una sociedad determinada, en un determinado lugar y en una determinada época, pueda confinar en una isla desierta a los individuos de los cuales quiere desembarazarse y dejarlos allí para crear una nueva sociedad. No se trataría de una punición porque sería necesario ser inconscientes y triviales para creer que existan personas depositarias de la verdad respecto de los mecanismos de los comportamientos humanos. Hace poco tiempo se han separado las prisiones de los hospitales psiquiátricos, de las leproserías y de los »vagos . Hasta hace poco tiempo, los mismos lugares acogían a los pobres, a los leprosos, a los »locos y a los asesinos puesto que la sociedad ya no podía soportarlos. En las prisiones han quedado, por lo tanto, los delincuentes y los criminales, aislados, con el objetivo de proteger una sociedad que los considera inconformistas.

En vez de discutir de los pro y de los contra de la pena de muerte, sería tal vez preferible explicar los mecanismos que inducen a una mente humana a expresarse a favor o en contra de esta medida. Entonces, nos daríamos cuenta que el razonamiento es producido por una lógica que no es la de la bioquímica cerebral, de la neurofisiología, de la memoria y del aprendizaje, de los comportamientos y de los juicios, a menudo presumidos, siempre afectivos y sin otro valor que el que nuestra historia personal, inconsciente, ha escrito en nuestro sistema nervioso. La Biblia no dá este sabio consejo: »No matar . Pero Cristo fue condenado a muerte y su ejecución produjo algunas sublevaciones en la Historia. Ustedes podrían contestar que no todos los criminales son pequeños santos. Pero qué saben ustedes de esto? Si las estadísticas muestran por doquiera que la pena de muerte no ha originado nunca una disminución de los crímenes de sangre, sería también necesario, superando las estadísticas y las palabras, explicar el po

r qué.

Los criminales no son siempre lo que nosotros pensamos que son: »Y Semblancay fue un anciano tan noble que todos consideraron como verdadera su amenaza de ahorcar en Monfaucon al teniente Maillard (Francois Villon).

Henri Laborit

 
Argomenti correlati:
stampa questo documento invia questa pagina per mail