SUMARIO: La incorporación en la Comunidad Europea de los países liberados del régimen comunista representa la ocasión histórica para un desarrollo positivo del proceso de democratización en esa área geográfica y, a la vez, para un fortalecimiento institucional de la misma Comunidad. En efecto, los enormes recursos financieros necesarios para apoyar el desarrollo de los países de la Europa del Este y de la ex-Unión Soviética requieren un poder autónomo de imposición fiscal por parte de la Comunidad que puede desarrollarse sólo en presencia de una estructura federal y no intergubernamental. Por otra parte, la transformación de la Comunidad en una verdadera Federación es la única vía posible para que Europa pueda representar un polo de estabilidad y desarrollo para un nuevo orden internacional. El Partido Radical quiere construir una Europa donde vivan los derechos y las libertades.
(EL PARTIDO NUEVO - Nº 6 - MARZO 1992)
El primer Estado federal de la historia nació en América en 1787, a raíz de los trabajos de la Convención de Filadelfia, cuyos artífices habían sido los federalistas Alexander Hamilton, James Madison y John Jay. Ellos habían comprendido que la anterior constitución entre las 13 ex-colonias inglesas, decidida por el Congreso en 1776, había dado vida a una Confederación de Estados, cada uno de los cuales mantenía su plena soberanía e independencia, así como el derecho de veto: de esta manera, toda decisión importante era aplazada o hasta bloqueada y la Confederación amenazaba disolverse.
En cambio, la nueva constitución federal que habían elaborado ya no era un acuerdo entre Gobiernos independientes, entre Estados soberanos, sino procedía de un acto de voluntad del pueblo entero, que creaba una nueva estructura jurídica por encima de los Estados, es decir, la Federación, a la cual los Estados federados transferían algunas de sus funciones y poderes (política exterior, política mercantil y política económica y monetaria) manteniéndose completamente autónomos con relación a todas las demás atribuciones.
Desde entonces, la experiencia histórica y política han confirmado que todos los tipos de unión, que no se funden en instituciones sobrenacionales comunes (un Parlamento, un gobierno y una corte de justicia federales) son poco más que alianzas, destinadas a disolverse en el tiempo o a conseguir resultados mínimos.
No olvidemos, sin embargo que existen y han existido hasta hace poco tiempo algunas federaciones, tales como la de la Unión Soviética o de Yugoslavia, donde el derecho entre los Estados y la federación no se basaba sobre el derecho y la democracia, sino sobre un régimen político que ahogaba todos los aspectos de la vida de los Estados que formaban parte de la federación.
Caído el régimen comunista, estos Estados acuden ahora a la Comunidad Europea, que tiene el deber de crear relaciones solidarias, políticas y económicas con los mismos para desagraviar la vergonzosa política que ha caracterizado hasta hoy su acción. Sin embargo, para actuar seriamente es necesario que la misma Comunidad, al igual que los Estados Unidos de América, se convierta en una verdadera federación, en los Estados Unidos de Europa, haciendo uso del mismo instrumento empleado hace doscientos años: una nueva constitución escrita por los delegados del pueblo europeo. Cualquier otra vía, tal como la intergubernamental y diplomática, adoptada en Maastricht, está destinada al fracaso. Por esta razón, el Partido Radical entiende promover una fuerte acción en todos los Parlamentos de los doce Países de la Comunidad para confiarle al Parlamento Europeo (representante legítimo del pueblo) el mandato de redactar la nueva constitución.