SUMARIO: Este artículo ha sido escrito por Giulietto Chiesa, corresponsal del diario italiano »La Stampa y publicado por el semanal »Moskovskie Novosti : »La ex-URSS se está desmoronando inexorablemente. Y a este desmoronamiento no se opone nada que hoy pueda evitar pobreza, enfrentamientos y guerras nacionales. Frente al optimismo fatalista del mundo occidental por un lado y al caos interno por el otro, avanza el espectro ineludible del hambre y de la guerra .
(EL PARTIDO NUEVO - Nº 6 - MARZO 1992)
Existe en Occidente cierto número de personas que han fundado »el partido de los optimistas que piensa: »en resumidas cuentas, en la ex-Unión Soviética todo se arreglará, sin demasiadas tragedias. El camino hacia el capitalismo está libre. El comunismo ha muerto y jamás resurgirá. Para qué preocuparse? .
Dudo mucho que esta de opinión sea útil al futuro de los pueblos de la ex-URSS. En cambio, observo que el »partido de los optimistas cuenta con adeptos también en Rusia y en otras Repúblicas. La cuestión principal estriba en la locución »en resumidas cuentas : la crisis, tarde o temprano, será superada pero no creo que se pueda prescindir de los tiempos y de los modos de solución.
Los »entusiastas siguen pensando que el »commonwealth sin ingleses tenga un futuro próspero.
Los »realistas , en cambio, consideran la Comunidad de los Estados Independientes como nada más que un »comité de liquidación de la herencia soviética. Al terminar el proceso de repartición de los bienes, también la Comunidad dejará de existir. Ellos afirman que lo que quedará será un conjunto de Estados soberanos, listos a vivir en paz entre sí y en cooperación económica, política y militar. La primera parte de este razonamiento parece sensata, exceptuando un punto: algunos de los presidentes que »liquidaron la URSS en Minsk-1 y Alma Ata no compartían en absoluto esta opinión y más bien hicieron pensar que estaban convencidos que la Comunidad siguiera existiendo. La segunda parte de este razonamiento es extremadamente improbable. Sus autores son, por lo general, críticos feroces del sistema estatal llevado a cabo por el comunismo real. Pero ellos parecen haberse olvidado de sus críticas. Cómo se puede pensar, en efecto, que aquella estructura institucional, llena de contradicciones no solucionadas pueda
hoy sobrevivir e incluso prosperar? La eliminación del centro burocrático comunista no ha eliminado las contradicciones existentes; es una condición necesaria pero no suficiente. Por el contrario, el fin de la constricción autoritaria produce la explosión de las tendencias separatistas y autárquicas. La más clamorosa de estas ilusiones es representada por la así llamada Federación Rusa, que »copia la vieja RSFSR, que no es menos arbitraria que aquélla y que sólo sirviéndose del autoengaño puede ser llamada Rusia. Rusia no es la Federación Rusa: el fin de la URSS ha implicado la división de Rusia. Defender la entidad estatal Federación Rusa tal como es, »unida e indivisible es imposible. Sólo un milagro puede consentir a la Federación Rusa de mantener sus confines actuales, así como sólo un milagro puede solucionar las contradicciones que la Comunidad representa, por lo menos hasta que los líderes no encuentren la fuerza de decir a sí mismos y a los pueblos la verdad sobre la situación.
Que Occidente esté lleno de »optimistas puede ser comprensible. Ellos prefieren pensar que la cosa más importante y útil (para ellos) sea la liquidación definitiva de cualquier riesgo futuro de una amenaza »soviética (hoy rusa). Es poco importante el precio que deben pagar los habitantes de este infeliz país que ya no existe. Estos no consideran las repercusiones mundiales de un cataclismo que se anuncia no sólo posible sino probable: el riesgo de que Europa sea investida por los cascotes de la explosión; el trastorno de los equilibrios mundiales; el cambio de la relación entre el mundo cristiano y el musulmán.
Todo esto, por lo que sea penoso, es comprensible. En resumidas cuentas, es fácil establecer la situación general estando en Washington o en París. Menos comprensible es adoptar los mismos criterios estando en Moscú o en Kiev. Un análisis real de la situación pueden llevarla a cabo sólo los protagonistas directos de esta crisis. Un regreso al pasado es imposible y cualquier veleidad en este sentido es no menos peligrosa que las ilusiones optimistas para el futuro. Sin embargo, me parece que en la actualidad no exista una iniciativa responsable para detener las tendencias más peligrosas. Las fuerzas políticas, los Parlamentos y los Gobiernos, parecen estar muy lejos de satisfacer las necesidades, aplastados por los acontecimientos, incapaces de mirar al exterior y por encima de los nuevos confines que se levantan de prisa. Hace falta una iniciativa valiente, multilateral, de todas las fuerzas responsables; un »programa de emergencia que reúna a todos »los hombres de buena voluntad . Y esto no para limitar la
s soberanías ahora irreversibles, ni para reconstruir unidades ya disueltas, sino para reunir las »fuerzas de la paz civiles, sociales y políticas. Es una tarea que no le corresponde sólo a Rusia: es una tarea común de las fuerzas nacionales democráticas de la ex-Unión Soviética. El objetivo no debe ser (porque no puede) el regreso a una forma de »centro . Es posible y es necesario proclamar una »tregua , una transición concordada (que prevea el mínimo »indispensable de instrumentos sobrenacionales) hacia nuevas configuraciones que hoy es prematuro y hasta peligroso delinear. Hace falta un movimiento de las masas populares que ejerza una presión coordinada y democrática sobre los líderes políticos, sustrayéndose a las insinuaciones demagógicas de mistificadores irresponsables y reuniendo las fuerzas de la razón en un programa de concordia. En esta fase están actuando sólo las fuerzas ciegas de la contraposición. No es difícil prever donde éstas puedan conducir puesto que no es por casualidad que las primer
as disputas se refieren a la formación de los ejércitos nacionales. De manera más o menos consciente, se está preparando la guerra. Lo que se necesita es un movimiento consciente que luche por una tregua y el compromiso. Es una hipótesis viable? A este interrogante sólo pueden responder las fuerzas democráticas y sinceramente »nacionales , que han guíado el desmoronamiento del comunismo, en Rusia y fuera de ésta. En el caso que no respondieran satisfactoriamente a este reto la historia no podrá perdonarlas.