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Martino Antonio - 18 agosto 1992
(9) Liberalizarla puede costar mucho menos
Antonio Martino

SUMARIO: A lo largo de agosto de 1992, tuvo lugar en la prensa un debate sobre la legalización de la droga. Antonio Martino, en su intervención en "Il Giornale" contesta a una intervención anterior favorable al prohibicionismo de Vittorio Mathieu, y afirma que "si tuviese que decidir si drogarme - decisión que, conviene destacar, considero deplorable - no veo por qué motivo ni por qué principio alguien se otorgaría la facultad de llamar a los carabineros para que me metieran entre rejas". La concepción paternalista de la sociedad no sólo es anti-liberal sino que, si la acogemos con plena coherencia, conduce a conclusiones grotescas. El prohibicionismo es responsable cada año de la muerte de cientos de jóvenes, de la inseguridad de nuestras ciudades, del nacimiento de poderosas organizaciones criminales que ponen en entredicho la credibilidad el Estado... " Cuántos desastres sociales tendremos que seguir soportando antes de que los prohibicionistas se decidan a replantearse su postura?"

(IL GIORNALE, 18 de agosto de 1992)

Con su consabido estilo embelesador, Vittorio Mathieu ha defendido ante los lectores de nuestro periódico las tesis favorables al prohibicionismo del consumo de sustancias estupefacientes. Aunque su postura es la que comparte Il Giornale, quisiera manifestar mi discrepancia. Las tesis propuestas por Mathieu, de hecho, me parecen inaceptables en línea de principio y peligrosas en cuanto a las consecuencias que acarrean.

Me salto el hecho de que Mathieu atribuye al consumo de drogas consecuencias que no están necesariamente relacionadas: el "volverse imbécil y el embrutecimiento" son posibles incluso sin tener que recurrir a los estupefacientes (nuestros políticos no son drogadictos). Su tesis de que el Estado tiene que impedirles a los individuos que ingieran substancias dañinas para su salud física o psíquica es propia de una concepción anti-liberal del Estado. En una sociedad libre, la ley tiene que proteger a los individuos de la violencia de los demás pero no de sí mismos. Mi vida me pertenece a mí y no a la colectividad; si tuviese que decidir drogarme - decisión que, conviene aclarar, considero deplorable - no veo por qué motivo ni por qué principio se concederían la facultad de llamar a los carabineros para meterme entre rejas.

La concepción paternalista de la sociedad no es sólo iliberal, sino que, si se acoge con plena coherencia, acaba conduciendo a conclusiones grotescas. La droga mata, dice Mathieu, por lo tanto el Estado tiene que criminalizar el consumo. Pero también la obesidad mata (y enormemente más que la droga): qué sugiere Mathieu, que se adopten dietas obligatorias e aislamiento y encarcelación de los obesos? Si el Estado tuviese que hacer obligatorio lo que considera útil para nuestra salud y prohibir lo que considera dañino, la vida se convertiría en una pesadilla y de la libertad individual no quedaría ni el recuerdo.

Esta, por desgracia, no es sólo una posibilidad abstracta: cuando tengo dolor de cabeza, el Estado me impone que me procure una receta del médico para comprar Optalidón. Y es deprimente constatar de qué manera estas medidas de demencia paternalista son aceptados sin chistar. Dejo a un ministro de Sanidad que se declara liberal la tarea de explicar qué nivel de coherencia existe al considerar a la misma persona simultáneamente incapaz de decidir si tiene que tomarse un analgésico e infalible al decidir la ordenación política más oportuna, votando.

Sin embargo, la única manera de evitar el desacuerdo sobre los principios últimos es el de no discutirlos nunca. Aunque en este caso no es necesario discutirlos: si el prohibicionismo tuviese un gran éxito, la tesis de Mathieu sería casi inatacable. La cuestión estriba en que el prohibicionismo, no sólo no ha acabado en absoluto con la droga, sino que ha causado daños enormes e injustificables. Mencionaremos algunos. En régimen prohibicionista, los drogadictos están peor no sólo por que pagan precios exorbitantes, sino sobre todo porque muchos de ellos se mueren debido a la calidad de las drogas, tratadas por criminales. Nosotros los no drogadictos somos víctimas tanto de la microcriminalidad de los drogadictos, quiénes se echan a la mala vida para poderse procurar la droga a precios astronómicos inducidos por el prohibicionismo, como de la macrocriminalidad que crece gracias a los beneficios creados por el prohibicionismo, cuanto al deterioro del orden público debido al hecho de que las fuerzas del orden es

tán ocupadas cada vez más en la lucha contra la droga. Pero, las personas más afectadas son sobre todo las familias debido a la actividad de los traficantes que, en vistas de los gigantescos útiles, se granjean a los jóvenes y adolescentes. Este es el mayor daño que se hubiese evitado con la liberalización. Nadie que yo sepa, regala botellas de whisky a los chiquillos en los colegios para encauzarlos hacia el alcoholismo.

El prohibicionismo es responsable cada año de la muerte de cientos de jóvenes, de la inseguridad de nuestras ciudades, del nacimiento de poderosas organizaciones criminales que ponen en entredicho la credibilidad del Estado, la violación sistemática de las reglas de una sociedad libre. Cuántos desastres sociales más vamos a tener que soportar antes de que los prohibicionistas se decidan a replantear su postura?

 
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