Lorenza PonzonePROLOGO
Luigi Lotti
SUMARIO: Luigi Lotti es autor del prólogo de este libro. Profesor de Historia contemporánea en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia; la autora del libro, L. Ponzone redacta la introducción. El prólogo expone brevemente las líneas del volumen, y delinea someramente la trayectoria histórica del partido haciendo hincapié en la defensa de los derechos civiles, especialmente en el periodo de 1970-1980; tras esta fecha, a juicio del autor, "en el momento del éxito de sus propios valores" la eficacia del partido se va debilitando, aunque el paso a la dimensión "transnacional" es un "anticipo del futuro europeo", "conscientes de la superación de los límites nacionales". En la introducción, a su vez, L. Ponzone explica cuáles son los límites de documentación hallados en la investigación, así como el criterio de división cronológica adoptado.
Para el índice del volumen y la ubicación de los distintos capítulos en Agorà, léase el texto nº [5580] (n.d.r.)
(Lorenza Ponzone, EL PARTIDO RADICAL EN LA POLITICA ITALIANA, 1962-1989, Schena editore, enero de 1993)
En 1956 la izquierda liberal, salida del Partido Liberal Italiano (P.L.I.) con motivo del viraje moderado emprendido en el seno del partido por la secretaría de Malagodi(1), había dado vida de nuevo al Partido radical, una sigla y una organización que durante cuarenta años, hasta la primera guerra mundial había representado el ala más avanzada de los movimientos democráticos italianos contribuyendo de forma determinante a algunos virajes fundamentales, tales como la adopción del sufragio universal en 1911-12. En la postguerra, tras la primera guerra mundial, el partido radical había confluido en la Democracia Social, presto afectada, al igual que los demás partidos, por la consolidación en el poder del fascismo. Volvió a nacer tras la segunda guerra mundial.
La izquierda liberal, y en particular el núcleo alrededor de "Il Mondo"(2) de Mario Pannunzio, lo habían reconstruido precisamente para impedir que la tradición liberal italiana se identificase con el moderacionismo del P.L.I. y, es más, para reivindicar la fuerza de la tradición liberal-progresista. Había sido una experiencia importante y significativa, que había acompañado y apoyado la aproximación gradual hacia el centro-izquierda contraponiéndose a la hostilidad liberal, que había cesado bruscamente ante las desconcertantes repercusiones de las polémicas sobre el caso Piccardi.
El Partido radical se había disuelto.
Salvó y relevó la sigla el ala extrema del partido, guiada por Pannella(3), que imprimió sin embargo finalidades, espíritu y organización totalmente distintos. El anterior partido radical había sido un partido progresista pero tradicional, proyectado para introducirse en la lucha política italiana, con intentos progresistas pero efectivamente concretizables en la alineación y en las perspectivas político-parlamentarias de por aquel entonces, como la apertura al P.S.I y el viraje hacia el centro-izquierda, y el aislamiento del P.C.I, tanto que el nuevo partido radical se situó fuera de los esquemas, definiéndose "socialista, laico y libertario", apuntó a una lucha a fondo contra la Democracia Cristiana (D.C.) y por el contrario a la agrupación de toda la izquierda, Partido Comunista Italiano (P.C.I.) inclusive, a la defensa extrema de los derechos individuales, al antimilitarismo, a la lucha contra el Concordato(4), al divorcio, a la liberación del aborto; todo ello basándose en una organización abierta a la
agregación de grupos contestatarios heterogéneos.
El Partido radical que hemos visto a lo largo de las últimas décadas a partir de 1962 es eso: lo ha sido por lo menos hasta los últimos año pues al introducirse en el colapso de los regímenes comunistas de la Europa centro-oriental ha puesto en marcha un proceso transnacional; lo fue sobre todo en la década entre 1970 y 1980, en el que destaca su actuación y el papel desempeñado, muy superior a la limitada entidad numérica y electoral.
El planteamiento inicial se resiente sin lugar a dudas de la procedencia de muchos de los nuevos exponentes de la experiencia de las organizaciones universitario-estudiantiles, de su exasperada vocación laica hasta la relación no conflictiva con los sectores comunistas, de manera que el rechazo del centro izquierda, en cuanto contradictorio con la finalidad prioritaria de la batalla contra la D.C., y el acercamiento al Partido Socialista Italiano Unidad Proletaria (P.S.I.U.P.) y al P.C.I. en las elecciones regionales del 66, aunque de esta manera más adelante - a principios de los años setenta - se producía el aislamiento básico a medida que la crisis del centro-izquierda conducía a la solidaridad nacional en vez de conducir a la alternativa D.C. Sin embargo, fue precisamente el planteamiento "temático" lo que indicó muy pronto al nuevo partido radical el camino a seguir. Así pues, se dejó de apostar por la gran perspectiva del imposible coágulo de toda la izquierda italiana contra la D.C., dada la insuperab
le divergencia entre republicanos y socialistas por una parte, y comunistas por otra, sobre los temas internos y más todavía sobre los internacionales, y se propuso, por el contrario, afrontar problemas específicos sobre los que los partidos de la izquierda - y también otros - se hallasen de acuerdo por encima de la contraposición entre mayoría de gobierno y oposición; o mejor dicho estuviesen acuciados - precisamente por el fuerte estímulo radical - para superar las posturas recíprocas. Se entiende que cabía tocar temas que no zarandeasen los pilares de las decisiones políticas contrapuestas: los derechos individuales, más que los demás se prestaban a este objetivo sobre todo tras el 68, que a pesar de todos sus extremismos clasistas portaba una ventolera de reivindicaciones específicas hasta ese momento mal conocidas o contenidas. El principal problema por el que apostaban los radicales, en esta línea de iniciativas transversales a los partidos, era el divorcio.
Ya en la segunda y tercera legislatura habían sido presentados los proyectos de ley para la introducción del divorcio en la ley italiana, pero no se había llegado a la votación; en la cuarta, en el pleno del centro-izquierda de Moro(5), el diputado socialista Loris Fortuna(6) había presentado un nuevo proyecto, en el que se centraba el máximo esfuerzo del nuevo partido radical, sobre todo a través de la Liga italiana para la institución del divorcio (L.I.D.)(7), especialmente creada en 1966. Tampoco llegó a buen puerto dicho proyecto durante aquella legislatura, pero la siguiente (1968-72) el nuevo proyecto unificado Baslini-Fortuna se convirtió en ley tras la aprobación en la Cámara a finales de noviembre de 1969, y en el Senado en octubre del año siguiente. Lo que siguió es del dominio público: la D.C. - aislada con el Movimiento Social Italiano (M.S.I) - había permitido que el problema no pusiese en entredicho los frágiles vínculos de la mayoría de centro-izquierda con tal de que se aplicase el dictamen c
onstitucional del referéndum abolitivo: instrumento que utilizaron los sectores católicos intransigentes, con la consecuencia de que para evitar la prueba del referéndum se llegó en 1972 a la primera disolución anticipada del Parlamento. Se produjo, asimismo, la conversión del partido radical, que si bien en un primer momento se opuso luego lo defendió para evitar que en instancias parlamentarias se llegase a un desbarajuste de la ley; y por último, dos años después, en junio de 1974, la celebración del primer referéndum de la República italiana, y la victoria de los divorcistas.
La batalla por el divorcio provoca y al mismo tiempo ejemplifica las características de fondo del partido radical: comprometerse con respecto a un tema de gran relieve en la sociedad y a partir de dicho tema forzar la adhesión de partidos contrapuestos entre ellos y tal vez reacios a afrontarla, pero imposibilitados para ignorarla si son arrastrados; y precisamente a través de este tipo de batalla transversal valorizar organismos específicos, creados en cada ocasión para agrupar a fuerzas heterogéneas de sostenedores, en detrimento de la organización partídica; por último el descubrimiento del referéndum como instrumento innovador de democracia directa, y sobre todo como instrumentos de agrupación de votos de particulares a partir de problemas concretos por encima del poderío partidocrático.
Se desprenden algunos puntos fundamentales: la tendencia progresiva y posteriormente consolidada a no apuntar hacia un ascenso electoral y parlamentario tal que introdujese al partido radical en un juego de costumbre de mayorías parlamentarias, ni tan siquiera regionales y locales, sino por el contrario hacer de ello sólo un instrumento de promoción de varios partidos distintos y contrapuestos, y fomentar cotidianamente la creación heterogénea y momentánea sobre temas contingentes. De ahí la carencia de una organización estable; la escasa atención para promover las inscripciones (a pesar de las reiteradas campañas para lograr un mínimo de inscritos); el menor relieve - con respecto a los demás partidos - del secretario escogido de vez en vez en los muy frecuentes congresos con el objetivo concreto de comprometerse en una batalla determinada; la característica federativa, la posibilidad de estar afiliados al mismo tiempo al partido radical y a otros partidos; la participación misma congresal abierta a todos l
os inscritos y no filtrada por designios locales; un conjunto de aspectos que hacen del Partido radical un partido distinto a los demás, en sus finalidades y en su organización que de hecho, por su aplicación diaria, precisamente por la debilidad organizativa ha valorizado el grupo inicial romano bajo el liderazgo de Pannella, que por otra parte, independientemente de los cargos desempeñados cada vez pero sin continuidad, ha sido un punto firme, sin lugar a dudas de gran importancia para la imagen misma del partido.
Mientras tanto, la conversión en el referéndum había abierto nuevas perspectivas de acción, impulsando al partido radical en 1973 a promover ocho referéndums, a partir de una interpretación amplia de dicho instrumento dirigido no solo a someter a votación popular directa una ley de reciente aprobación parlamentaria sino leyes o artículos de leyes o códigos de emanación lejana; es decir, con la intención de transformar el referéndum abolitivo en un nuevo instrumento para proyectar leyes a someter directamente al cuerpo electoral. Se atacaban los pactos de Letrán o los matrimonios concordatarios, la ordenación y el código penal militar, el gremio de los periodistas y los límites a la libertad de prensa y a la libertad de transmisión en Televisión, y a algunos aspectos particularmente represivos del código penal.
Pero el partido no logró su objetivo al no alcanzar para ninguno de los casos el mínimo de firmas indispensables; dos fueron los motivos de fondo: la dificultad de tomar una iniciativa solo, sin que los partidos estuviesen preliminarmente implicados, o espontáneamente o porque no contaban con la posibilidad de desasociarse de iniciativas de otros en instancias parlamentarias, como por ejemplo en el caso del aborto; y si bien es cierto que la situación política estaba dominada por la crisis del centro-izquierda, también por la perspectiva de la solidaridad nacional y por lo tanto de la introducción del P.C.I. en una nueva amplia mayoría con la D.C. y los demás partidos del centro-izquierda. Que era precisamente lo que el partido radical negaba totalmente y lo que le impulsó a mejorar considerablemente sus relaciones con el Partido Socialista Italiano (P.S.I.), que criticaba claramente a una nueva mayoría.
El final del centro-izquierda y el principio de la fase de solidaridad nacional coincidió con el ingreso en la Cámara de los primeros cuatro radicales (que pasarán a ser dieciocho en 1979, y se consolidarán entre once y trece en la década posterior). Pero incluso aquella pequeña patrulla inicial puso de manifiesto las intenciones institucionales del partido radical, o mejor dicho de injerto entre la defensa de los derechos civiles y la defensa del Parlamento. Entrados en la Cámara precisamente como sostenedores de los derechos individuales, se comprometieron especialmente en la defensa de las instituciones, y desempeñaron su papel de representantes de la soberanía popular contra el exceso de poder partídico. Aún aprovechando las posibilidades obstruccionistas brindadas por el nuevo reglamento de la Cámara de 1971 de tan evidente planteamiento asociativo y tan lejano del prever la desasociación de cualquier grupo, los radicales reivindicaron el papel del Parlamento contra las conmistiones entre una mayoría te
órica y una oposición de fachada, las interferencias de los poderosos de la economía y de categoría. Con mayor razón, el partido radical tomó posición contra la solidaridad nacional, por considerarlo el último erróneo puerto de llegada de una línea política que exasperaba el poder partidocrático y afectaba a la aspiración de un amplio sector del electorado progresista de una renovación basada en el papel global y concorde de toda la izquierda como alternativa a la D.C:
De esta amarga constatación, el partido se movió para reanudar las iniciativas referendarias, ya no sólo para intentar crear una coagulación de los partidos o por lo menos, del electorado de izquierdas, sino contra la nueva alianza asociativa entre D.C. y P.C.I. Así fue como se reanudaron las propuestas presentadas sin éxito en los años anteriores a la que se añadía la de la abolición de la "ley Reale"(8) de la lucha contra el terrorismo y la de la financiación pública de los partidos; en total ocho peticiones, de las cuales sólo las dos últimas fueron admitidas al referéndum popular. Ello fue negativo para ambos, pero indica claramente en el caso de la financiación pública de los partidos, con el 43,6 a favor de la propuesta radical, la amplia desconfianza en aumento del electorado con respecto a las fuerzas políticas. Tres años después, en 1981, un intento más referendario fracasó, junto al promovido por los sectores antiabortistas, acuciando al partido a reconsiderar sus perspectivas.
De hecho, precisamente cuando en los años 80 el asociativismo cedió ante una primera recuperación del papel tradicional del Parlamento, y cuando en cualquier caso el problema de la salvaguardia de las instituciones y de la reforma de las mismas o de los mecanismos electorales para responder mejor a las exigencias de los electores, y cuando los derechos civiles, los derechos del hombre, se convierten en pilar indiscutible para cualquier formación política y pasan a ser el tema fundamental de cualquier reivindicación en el seno de todos los países y a nivel internacional, precisamente entonces su presencia pasa a ser menos continua e incisiva que en la década anterior. Desde luego, el sueño de coagular la izquierda pareció perderse en el futuro, así como la posibilidad de concretizar positivamente las aspiraciones de ampliación de los derechos y al mismo tiempo de consolidación de las instituciones democráticas pareció estar llena de obstáculos. Pero no cabe la menor duda de que el partido pagó el esfuerzo inm
enso de una movilización voluntaria desde la base para organizar los referéndums, que se disolvió inmediatamente tras la celebración de los mismos, sobre todo porque su resultado fue negativo, sin que la débil organización partídica pudiese suplantar dicha carencia. Tal vez el cambio de temas, desde el hambre en el mundo hasta la reciente proyección transnacional, son menos indicados para suscitar la espontaneidad de la base. Y precisamente en este último tema hallamos un presagio del futuro europeo: la concienciación de la necesidad de superar los límites nacionales y de que las fuerzas políticas no deben conducir únicamente a la unificación de los países de Europa sino que deben unificarse ellas mismas en nombre de los derechos de los individuos y de los pueblos y de las instituciones democráticas continentales que deben ser garantes de dichos derechos.
De tan complejo y singular acontecer, este volumen quiere ofrecer una primera reconstrucción global. No faltan algunos escritos sobre el partido radical, ni los mismísimos protagonistas, ni los investigadores de historia de los partidos políticos o de ciencias políticas. Pero con este estudio nacido como tesis de licenciatura en la Facultad de Ciencias Políticas "Cesare Alfieri" de Florencia, Lorenza Ponzone ha intentado recorrer el trabajoso itinerario del partido radical, su difícil plantearse como partido anti-sistema y al mismo tiempo garante de las instituciones democráticas, sostenedor denodado de los derechos civiles pero rechazando netamente la violencia, sin organización pero capaz de trazados transversales en los demás partidos de mayor consistencia; desanclado de las contingencias políticas y por ello ajeno a los aconteceres cotidianos parlamentarios pero por consiguiente capaz de afrontar batallas y sufrir derrotas sin dejarse arrastrar por ellas; capaz sobre todo de anticipar a los demás en la d
efensa de los derechos de los ciudadanos. Una fuerza política anómala que la autora reconstruye con pasión, pero con claridad y espíritu crítico a partir de una amplia y profunda investigación de las fuentes y una vasta documentación: en su vida interior, tan debatida, y en su proyección nacional, sin lugar a dudas mucho más influyente y decididamente superior a su fuerza numérica.
LUIGI LOTTI (*)
(*) Profesor de Historia Contemporánea de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia.
N.d.T.
(1) MALAGODI GIOVANNI . (Londres- 1904) Secretario del Partido liberal italiano (PLI) de 1954 a 1972. Moderado.
(2) IL MONDO . Publicación semanal de política y cultura, fundado en Roma en 1949 por Mario Pannunzio. Durante diecisiete años fue expresión y símbolo de la mejor tradición laica, liberal, radical y democrática italiana. Gran parte de sus periodistas participaron en la fundación del Partido radical. Interrumpió sus publicaciones en 1966, y las reanudó de la mano de Arrigo Benedetti en 1969. Posteriormente se transformó en una publicación semanal de carácter económico.
(3) PANNELLA MARCO . Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. A los veinte años fue representante nacional universitario del Partido liberal, a los veintidós Presidente de la UGI, la unión de los estudiantes universitarios italianos. A los 24 frecuenta, en el ámbito del movimiento estudiantil y del Partido liberal, la fundación del nuevo partido radical, que nació en 1954, en el que confluyeron prestigiosos hombres del mundo de la cultura y grupos políticos democráticos minoritarios. Activo en el partido salvo un paréntesis (1960-1963) en el que trabajó como corresponsal de "Il Giorno" en París, en donde entró en contacto con la resistencia argelina. A su regreso a Italia se compromete a reconstruir el Partido radical, liquidado por su misma clase dirigente para el adviento del centro-izquierda. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido llega a promover (y vencer) importantes batallas en pro de l
os derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abre el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (FUORI), promueve la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organiza, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financiación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. A causa e estas batallas, todas ellas llevadas a cabo con métodos estrictamente no violentos de inspiración gandhiana - su Gandhi no es un místico ni un id
eólogo sino más bien un político, riguroso y al mismo tiempo flexible - ha sufrido procesos que en la mayor parte de los casos ha vencido. Desde 1976, cuando por vez primera se presentó, ha salido elegido siempre diputado, dos veces en el Senado, dos en el Parlamento europeo. En repetidas ocasiones candidato y electo concejal municipal en Roma, Nápoles, Trieste y Catania en donde ha llevado a cabo batallas e iniciativas ejemplares y demostrativas. Cuando ha sido necesario ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y en el
belga. En enero de 1987 se presentó candidato a la Presidencia del parlamento europeo, obteniendo 61 votos. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles en el mundo.
(4) CONCORDATO . El artículo 7 de la constitución italiana reconoce y "constitucionaliza" el Concordato entre el Estado y la Iglesia firmado en 1929. En la Asamblea Constituyente fue votado por Togliatti y por el PCI con la oposicón de los socialistas, Partido de Acción etc. El Concordato fue renovado, bajo una nueva fórmula, en 1984 (gobierno Craxi).
(5) MORO ALDO . (Maglie 1916 - Roma 1978). Político italiano. Secretario de la Democracia cristiana (1959-65). Artífice de la política de centro izquierda. Ministro en repetidas ocasiones, Presidente del Consejo (1963-68, 1974-76). A partir de 1976 presidente de la democracia cristiana (DC). Preconizó el acercamiento del Partido Comunista Italiano (PCI) al gobierno delineando al hipótesis de una "tercera fase" (tras la del "centrismo" y la del "centro izquierda") del sistema político. Secuestrado por las Brigadas Rojas en Roma, el 16 de marzo de 1978, fue encontrado muerto el 9 de mayo del mismo año.
(6) FORTUNA LORIS . (Breno 1924 - Udine 1985). Político italiano. Presentó en 1965 el proyecto de ley sobre el divorcio aprobado en el parlamento, tras años de iniciativas y batallas llevadas a cabo junto al Partido radical, en 1970. Presentó asimismo proyectos de ley sobre el aborto y la eutanasia pasiva (este último no fue aprobado). Ministro de Defensa civil y de asuntos comunitarios.
(7) L.I.D. Siglas de la Liga Italiana para el Divorcio. Fundada en 1965 por Marco Pannella, Mauro Mellini, Loris Fortuna (diputado socialista) y Antonio Baslini (diputado liberal) organizó a las fuerzas que apoyaban la introducción de la ley presentada por los dos parlamentarios, sobre todo basándose en las energías de los separados y de todos aquellos que necesitaban resolver sus problemas familiares. Desempeñó un papel determinante en la movilización de los divorciados y de los militantes que permitieron que se introdujese dicha ley en Italia. Fue el primer ejemplo, en Italia, de organismo nacido en torno a los temas de los derechos civiles. Federada al P. radical.
(8) LEY "REALE" . Una de las leyes excepcionales para la represión del terrorismo, toma el nombre del ministro que la propuso Oronzo Reale (1975).