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Ponzone Lorenza - 1 gennaio 1993
(4) El Partido Radical en la política italiana: 1962-1989
Lorenza Ponzone

CAPITULO I

LOS PRIMEROS PASOS

SUMARIO: El presente capítulo se subdivide en párrafos.

1. Cómo muere el primer partido radical: historia del primer partido radical fundado en 1955. La autora describe las peripecias del partido examinando en particular el "caso Piccardi", tomado como motivo de la disolución. El Consejo nacional el 20 de enero de 1962;

2. Los jóvenes aguafiestas: examina los avatares de los radicales procedentes de la experiencia universitaria, en donde habían madurado convicciones y métodos bastante distintos a los del resto de la clase dirigente radical; analiza la propuesta de Pannella de "unidad de las izquierdas" presentada con el artículo publicado en "Paese Sera" de marzo de 1959; delinea las posturas adoptadas por el grupo de la izquierda en el Consejo nacional celebrado el 19 y 20 de noviembre de 1960 y en el segundo Congreso (mayo de 1961); recuerda el nacimiento del periódico "Izquierda radical".

3. Partido nuevo, política nueva: el "nuevo" partido a partir de marzo de 1963, con las primeras iniciativas adoptadas (elecciones de abril de 1963, "Agencia radical", Proyecto Thirring, Comité para el Desarme atómico y convencional de la zona europea, Comité para la Unidad de la Izquierda Italiana, etc.), los artículos de Pannella en "Nuova Repubblica" y "Corrispondenza Socialista".

4. Primeros núcleos para un "partido no partido": siguen los intentos de realización de núcleos radicales en distintas ciudades.

5. Hacia el congreso de refundación: avatares de la Comisión preliminar del III Congreso; el Convenio de Faenza, 29-30 de octubre de 1966.

6. El tercer Congreso y el Estatuto. En pro de una alternativa laica: analiza los resultados del Congreso y en particular las características del nuevo Estatuto aprobado. Siguen Notas y Bibliografía, amplias y útiles.

(Lorenza Ponzone, EL PARTIDO RADICAL EN LA POLITICA ITALIANA, 1962-1989, Schena editor, enero de 1993)

1. Cómo muere el primer partido radical

La crisis del primer partido radical se ubica entre finales del 61 y principios del 62. Fue fundado a penas seis años antes, en 1955, por la corriente de izquierda que se escindió del partido liberal.

El factor que desencadenó la crisis fue la polémica que se desencadenó ante la acusación de antisemitismo contra Leopoldo Piccardi por aquel entonces secretario conjunto del partido (los otros dos secretarios eran Arrigo Olivetti y Francesco Libonati). La acusación contra Piccardi surgió con motivo tras la publicación en 1961 de la »Historia de los judíos italianos bajo el fascismo de Renzo De Felice. En el libro, se notificaba la participación de Piccardi, como ponente, en el tema "raza y derecho" en el segundo convenio organizado por el "Comité de colaboración jurídica ítalo-germana", que se celebró en Viena en marzo de 1939 (1).

En realidad, el alcance de la contribución de Piccardi a los dos convenios es controvertida: por ejemplo, no está demostrado que apoyase la ponencia de Costamagna sobre el tema de la raza. En cualquier caso, Piccardi, en 1946, se sometió voluntariamente a una comisión de depuración, que le había salvado de toda sospecha de colaboración con el régimen fascista (2).

El "caso" Piccardi fue abierto por uno de los dos grupos, en cuyo seno se articulaba la mayoría que gobernaba el partido radical. La primera alineación se remitía a la revista semanal "Il Mondo"(1 bis) de Mario Pannunzio (2bis)(de la que formaban parte, entre otros, Niccoló Carandini, Leone Cattani y Francesco Libonati); el segundo se remitía a Piccardi, a Bruno Villabruna y a Eugenio Scalfari(3 bis).

Ambos grupos se hallaban en perenne e irremediable contraste entre ellos. La polémica política degeneró muy pronto en odio personal. Ernesto Rossi(4 bis), uno de los más acreditados colaboradores de "Il Mondo", antifascista de toda la vida, se alineó, sin vacilar, de parte de Piccardi, al que creía habían acusado injustamente: por protesta, dejó de colaborar con la revista semanal de Pannunzio, tras diez años de presencia (3). Las consecuencias de las acusaciones y contra-acusaciones entre los mayores exponentes, fueron desastrosas para el partido radical. Se descompaginó en pocos meses; entre enero y octubre de 1962 se salieron del partido radical muchos de sus fundadores. En enero, Mario Pannunzio y Arrigo Benedetti(5 bis), director de la revista "L'Espresso". En marzo les siguieron Eugenio Scalfari y todos los "amigos de Il Mondo"; por último, en octubre, se retiró el grupo más consistente que quedaba, es decir los piccardianos y Ernesto Rossi (4). Los motivos de esta diáspora general, en realidad, no se

debían a un simple caso personal. El caso sirvió como pretexto para hundir a un partido que, en esos momentos, tal y como estaba estructurado, había perdido su razón de existir. En su seno habían surgido profundas e irreconciliables divergencias sobre la línea política hacia el centro-izquierda que empezaba a brotar. Las incertidumbres surgían con respecto al tipo de relación que se debía mantener con el partido socialista. »No podían estar juntos intelectuales, celosos de su propia condición, y felices de la independencia que de ella se deriva , escribió Arrigo Benedetti en "L'Espresso", en marzo de 1962 (5). La observación era plausible si se tiene en cuenta que el partido radical había sido fundado por hombres del mundo de la cultura cada cual procedente de horizontes muy distantes entre sí, unidos por un proyecto un tanto utópico de crear una no muy bien definida "tercera fuerza", para ubicarla en un punto equidistante entre el partido católico dominante y el partido comunista hegemónico de la izquierda.

Fantaseaban sobre una Italia distinta, menos beata no sujeta a los dogmas de las "iglesias" de izquierdas y de derechas, ajena a las clientelas y a los poderosos en la sombra (6).

Mientras el partido radical iba a la deriva, el panorama político general estaba cambiando: el nuevo protagonista de esta fase era el partido socialista que tras el congreso de Turín del 55 puso en entredicho la mismísima relación con el partido comunista. Estaba dispuesto a gobernar con los católicos, abandonando el extremismo marxista y clasista, con la convicción de que, si el P.S.I. hubiese logrado adueñarse de aquella que Nenni dio en llamar "la habitación de los botones", las líneas de desarrollo del Estado y de la sociedad hubiesen sido más progresistas; y que, en cualquier caso, era el único camino posible.

Esta nueva política socialista contribuyó a poner en entredicho las relaciones internas en los partidos del ala centro-izquierdista, pero también a exasperar y prácticamente a forjar el carácter irreversible de las divisiones latentes en un partido ideológica y organizativamente todavía "por hacer" como el radical de los últimos años cincuenta.

Cabe recordar que los distintos elementos del partido radical estaban constituidos por ex-miembros del Partido de Acción(6 bis), como Leo Valiani y Guido Calogero, por ex miembros de Unidad Popular, por intelectuales de "Il Mondo" y de "L'Espresso", y un poco más aislado el núcleo que se remitía a Ernesto Rossi (7). Formaban un grupo de por sí los jóvenes universitarios procedentes del UGI (Unión Goliarda Italiana), cuyos exponentes más destacados eran Paolo Ungari, Giovanni Ferrara, Stefano Rodotà (7 bis), Marco Pannella (8 bis), Franco Roccella, Massimo Teodori (9 bis), Fabio Fabbri, Giuliano Rendi y Gianfranco Spadaccia. En el grupo universitario, además, se agitaban dos tendencias, una que se oponía de forma altisonante al proyecto de colaboración gubernamental de los socialistas con la Democracia Cristiana (D.C.) (Pannella, Roccella, Teodori, Spadaccia, Rendi y otros), y una pro-republicana (Ferrara, Rodotá, Ungari), a partir de posturas lamalfianas(10 bis), favorables al centro-izquierda (8).

De acuerdo con el nuevo devenir socialista, la mayoría del partido radical se había convertido - pasando del proyecto inicial de intransigente alternativa a la D.C. - a la aceptación crítica del centro-izquierda. Lo que pasó fue que en la mayoría seguía existiendo un gran contraste con respecto al papel que hubiese podido desempeñar el partido en el seno de la nueva alineación. En la reunión de la dirección central que se celebró en noviembre de 1961 (9), dedicada en especial al análisis de las perspectivas de alianza a las que se podía apuntar en las elecciones generales de 1963, se delinearon dos tesis contrapuestas. Para Leopoldo Piccardi, portador de la tesis más posibilista, el acuerdo electoral con el partido socialista era un paso que inevitable para los radicales. La otra tesis, de tendencias netamente más autónomas, defendida fundamentalmente por Leone Cattani, mantenía firme como perspectiva a largo plazo la alianza de todas las fuerzas de la izquierda democrática, y por consiguiente el partido rad

ical debía quedar libre de toda alianza de carácter permanente que pudiese vincularlo de forma indisoluble a la política del centro-izquierda. El contraste se extendía a la política exterior. El partido andaba dividido entre el neutralismo de Ernesto Rossi, la adhesión a las tesis pro-socialistas de Piccardi, que aceptaba el pacto atlántico como instrumento de distensión entre los bloques y el pro-americano de "Il Mondo". En diciembre, Piccardi presentaba su dimisión a la secretaría debido a las polémicas suscitadas sobre su persona. Esta dimisión provocó una discordia en el seno de la dirección central entre los favorables y los no favorables a que Piccardi se alejase, discordia de la que el partido ya no se recuperaría. No fue posible llegar a ningún acuerdo, por lo que la dirección y la secretaría presentaron su dimisión en bloque. Entonces, los distintos elementos que formaban la mayoría decidieron abandonar, por el momento, el "caso Piccardi", y convocar para el 20 de enero un consejo nacional que se en

cargase de la crisis del liderazgo con respecto al debate sobre el papel del partido en el centro-izquierda (10). Fue una de las últimas reuniones del consejo nacional, el encontronazo entre los distintos bandos fue duro; Eugenio Scalfari, para salvar al partido de la disgregación total, se presentó como mediador entre las dos líneas en controversia, la de los "amigos de Il Mondo" y la de Piccardi y de Rossi (quiénes no asistieron al debate) (11). La propuesta de Scalfari tenía por objeto renovar la dirección nacional, de la que debían quedar al margen los hombres mayormente implicados en la controversia. Sin embargo, Scalfari mantenía firme el objetivo de una alianza, en un principio solo electoral, con el partido socialista. Pero el grupo de Il Mondo rechazó la mediación de Scalfari. Junto al grupo juvenil "de derechas" (Ferrara, Rodotá y Jannuzzi), confluyó en una moción unificada, en la que se pedía que se dejase de lado el "caso Piccardi" y que se convocase antes de finales de junio un congreso de carác

ter extraordinario (12). La estrategia de esta última agregación tenía por objeto mantener la autonomía del partido radical, y el rechazo de toda federación con los socialistas. Se movía más bien en dirección hacia un alianza con los pequeños partidos laicos, de los que el partido radical debía ser el punto de unión, bajo la insignia de "frente republicano" (13). La moción unificada, promovida por los amigos de Il Mondo, obtuvo la mayoría gracias a la abstención de la corriente de izquierdas del partido. La abstención de este sector juvenil tenía por objeto una función táctica: la izquierda radical, en efecto, no compartía la política en favor del centro-izquierda que pretendían los dos sectores en lucha entre ellos, sino que apoyaba al grupo de Il Mondo con el limitado objeto de obtener la convocatoria del congreso extraordinario, a lo largo del que hubiese podido intentar dar un viraje a las líneas que hasta ese momento imperaban en el partido a favor de la alianza entre la D.C. y el P.S.I.

Del consejo del 20 de enero de 1962 salió secretario Leone Cattani, expresión del grupo que se remitía a los amigos de Il Mondo; y fueron excluidos de la dirección los "piccardianos". La polémica sobre el caso Piccardi no se aplacó; por consiguiente, el nuevo secretario Cattani convocó el consejo nacional para el 24 y 25 de marzo de 1962 precisamente con el objeto de poner punto final a la diatriba que había envenenado el clima interno del partido. Eugenio Scalfari se fue inmediatamente, pues no compartía la línea política de la mayoría. Quedó claro al instante que para el secretario del partido y el grupo de los amigos de Il Mondo, que lo apoyaban, el caso Piccardi era una cuestión político-moral, y no un simple hecho personal. El secretario en su informe pronunciado en la apertura del consejo sentó un aut-aut: la presencia de Leopoldo Piccardi era incompatible con los ideales y la historia del partido radical, por lo que Piccardi tenía que irse (14). Tras estas afirmaciones, la escisión entre el grupo de I

l Mondo y los que sostenían a Piccardi (sobre todo Ernesto Rossi) se hizo inevitable. Tras el informe del secretario se produjo la autodefensa de Piccardi, que inauguró el debate, a decir verdad más bien áspero.

Se presentó una moción de desconfianza contra el secretario Leone Cattani, y él, antes de la votación, anunció la decisión de dejar el partido seguido de los consejeros pertenecientes al grupo de Il Mondo (15). El consejo, a pesar de hallarse tan mermado, eligió una nueva dirección nacional, que a su vez confió la secretaría al diputado Bruno Villabruna.

En el mes de octubre, tras la firme derrota sufrida en las elecciones regionales y municipales, incluso el núcleo más importante que quedaba, capitaneado por Piccardi, Rossi y Villabruna, abandonó el partido, invitando a los inscritos a seguir la batalla radical en el partido socialista.

Pero el partido radical seguía igualmente vivo gracias a un restringido grupo de la izquierda, ex militantes de la U.G.I. y de la U.N.U.R.I. (Unión Nacional Universitaria Representativa Italiana): Pannella, Teodori, Rendi, Spadaccia, Roccella y Stanzani (16). Este grupo se proponía recoger las cenizas de lo que había sido el partido radical en sus inicios y, remitiéndose al espíritu y a los métodos de las muchas batallas universitarias libradas con rabia y determinación en los años Cincuenta, quería encargarse de política saliéndose de los cánones tradicionales.

2. Los jóvenes aguafiestas

Para contar la historia política e ideal de la exigua izquierda que refundará el partido, cabe echar la vista atrás.

Los jóvenes radicales pretendían alejarse de lo abstracto y de las (?) de los fundadores del partido. Marco Pannella, de hecho, veinte años después de estos acontecimientos, recordando aquellos tiempos, dirá: »El error de "Il Mondo" y del P.R. de por aquel entonces, consistió en la autosatisfacción involuntaria, que se derivaba del camino emprendido hacia una comunicación interior con una comunidad de no más de cuarenta-cincuenta mil lectores... el error de una cultura elitista, aristocrática del partido radical de aquellos días . Pannella considera intelectuales a los amigos de Il Mondo por mucho que les pesase, prestados a la política, quiénes »no se daban cuenta de que lo que vivían como compromiso político para restaurar algo del pasado (no digo ya de su pasado sino del de otros) prefascista, era por el contrario la persistencia de una utopía a la que nunca la historia de nuestro país había dado espacio: la utopía de una sociedad más justa, más humana, más laica (17).

Los jóvenes procedentes de luchas universitarias querían liberar de intelectualismos, vicio de origen de este grupo de heterogénea procedencia ideológica, al partido que se estaba muriendo. La joven izquierda reprochaba la concepción elitista del partido de Pannunzio, Benedetti y Carandini, una suerte de laboratorio político para los partidos de masas, a los que hubiesen confiado la tarea de intervenir concretamente en política, que no hubiese podido incidir nunca en la realidad del país. En efecto, dicha manera de concebir el partido representaba una especie de renuncia, y en cualquier caso una delegación para confiar a otros la realización de las propias ideas. La militancia universitaria, por el contrario, había acostumbrado a la joven izquierda radical al enfrentamiento no sólo ideológico, sino a la concreción de los problemas por debatir y afrontar día a día, a confrontarse con otras instancias, un enfoque de la política diametralmente opuesto al de los intelectuales que "por la noche iban a Vía Véneto"

(13 bis). La idea de la joven izquierda se basaba en la autonomía del asociacionismo con respecto a cualquier matriz ideológica y partídica. Teorizaban un tipo de organización entre personas que se agrupan para trabajar en común y hallar solución a problemas inmediatos y concretos, prescindiendo de todo confesionalismo preconcebido. Habían superado toda obstrucción para con los partidos de matriz ideológica adversa, como el comunista, con respecto al que los intelectuales de formación crociana (14 bis) presentes entre los primeros fundadores del Partido radical - y viceversa -, sentían prejuicios difíciles de eliminar. Franco Roccella, por aquel entonces presidente del U.G.I., sintetizaba las nuevas concepciones en una fórmula: »no unidad de las fuerzas laicas, sino unidad laica de las fuerzas como cimiento de la democracia (18). Y un ejemplo en este sentido es la convergencia en la U.G.I. de las organizaciones socialistas y las comunistas (19).

La izquierda radical, llegados a este punto, luchó por ampliar a los ciudadanos el método político experimentado con éxito en la U.G.I. De esta manera nace el proyecto político a partir del que se desarrollará la acción de los nuevos radicales. En un artículo publicado por un periódico de tendencias comunistas, "Il Paese", publicó en marzo de 1959 un artículo de Marco Pannella en el que expone con gran claridad dicho proyecto.

El punto central de la tesis pannelliana consistía en invitar a toda la izquierda demócrata y comunista a aliarse para constituir esa alternativa a la D.C., de lo contrario imposible. Pannella escribía: »proponer en este trabajo (de preparación a la alternativa) una corresponsabilidad del P.C.I.: actuar sin hipocresías y sin miedos en este sentido, tarea seria de la izquierda democrática, consciente de su autonomía irreductible, así como su propio derecho de plantearse como fuerza que se presenta candidata al poder. Si para edificar en Italia un estado democrático moderno - aclara Pannella - por lo menos en la medida prevista por la Constitución, es necesario que exista una nueva mayoría en el país y en el parlamento, por qué - entre otras cosas - no comprobar si cabría llevar a cabo una acción conjunta por parte de la izquierda democrática de un sector de los católicos y por otra de los comunistas? (20)

Pannella no pretendía proponer sin más una política frentista (15 bis), lo cual hubiese supuesto un paso hacia atrás, y la inevitable subordinación de las fuerzas laicas al P.C.I.., sino un acuerdo basado en la confrontación política continua con los comunistas, con el objeto de construir un Estado democrático.

Por lo tanto, según Pannella, cabía anclar el P.C.I. a un programa democrático, muy por encima del compromiso (16 bis) con los reaccionarios de 1943-46 contra la izquierda laica y democrática.

El artículo publicado por "Il Paese" se hizo eco, y provocó en especial, las reacciones de desdén de los radicales reunidos alrededor de "Il Mondo, y además tampoco recibió la aprobación de los comunistas. Estas reacciones se explican con el hecho de que precisamente en aquel año - corría el 1959 - la clase dirigente del partido radical se estaba orientando hacia un intento de diálogo con la izquierda católica, y por lo tanto avalaba al incipiente centro-izquierda, abandonando de esta manera la intransigencia inicial con respecto a la democracia cristiana (21).

Paralelamente, Aldo Moro (17 bis), por aquel entonces a la cabeza de la corriente dorotea (18 bis) y sucesor de Fanfani (19 bis) en la secretaría de la D.C., se diferenciaba de su antecesor no en la perspectiva de apertura a los socialistas sino en el gradualismo y en la necesidad de lanzar el partido unido.

La hipótesis política planteada por Pannella, así pues, estaba destinada a caer en el vacío. Además, los radicales de "Il Mondo" eran, desde siempre, sin vacilaciones, anticomunistas y por lo tanto contrarios a cualquier tipo de hatajo por el que pudiese pasar un acuerdo con el partido de Togliatti (20 bis).

La revista semanal de Pannunzio contestó sin demora a Pannella con un rechazo neto y sin apelarse a una perspectiva política que implicase a los comunistas (22). La dirección del partido radical se apresuró a detallar que: »las posturas adoptadas recientemente por exponentes radicales, convencidos de la posibilidad y la conveniencia en el momento político actual de establecer un coloquio entre las fuerzas de la izquierda democrática y los comunistas, no son compartidas por la mayoría del partido (23).

Por último, los mismísimos destinatarios de la política con la que se identificaba Pannella, los comunistas, replicaban duramente, con una carta de Palmiro Togliatti a "Il Paese" en la que el secretario del P.C.I indicaba, entre otras cosas, que: »la renovación democrática social de nuestro país no puede ser obra de un solo partido, sino que requiere acuerdos y colaboraciones entre fuerzas políticas distintas, que se basaba en el acuerdo con núcleos católicos de izquierdas, pero con la expresión organizada del mundo católico, es decir la D.C. Así pues, una política contraria a una colaboración con las únicas fuerzas laicas, que eran de ascendencia y práctica anticlerical.

El rechazo general de las fuerzas políticas interesadas y el procedente del fuero interno del partido radical, no frenaron a la izquierda radical.

Con motivo del Consejo Nacional del partido que se celebró el 19-20 de noviembre de 1960, Marco Pannella y Giuliano Rendi presentaron cuatro "esquemas de declaración", en los que expusieron las tesis que venían defendiendo desde hacía tiempo (25) y que, según ellos, no hacían más que llevar al extremo los intentos iniciales del partido.

La primera tesis exponía la postura de los radicales sobre el problema de las relaciones entre el Estado y la Iglesia; la segunda se ocupaba de la ubicación del partido en el marco del incipiente centro-izquierda prestando especial atención a la relación con el partido socialista; las últimas dos tesis afrontaban la política exterior.

La primera tocaba el nudo político más delicado y controvertido, tanto para el partido radical como para toda la izquierda italiana, desde el mismísimo momento de la fundación del Estado unitario: las relaciones entre Estado e Iglesia. Pannella y Rendi partían de la consideración de que la izquierda italiana había abdicado siempre de su función de dirección del país, delegándosela a los católicos, impidiendo de esta manera todo progreso. La izquierda había optado por una línea de compromiso, una suerte de asociación con el antagonista, lo cual revelaba su complejo de inferioridad ante el partido de la conservación; he ahí por qué, hasta ese momento, había recogido sólo las migajas del poder.

Precisamente, esta política renunciataria (era la tesis de Pannella) condujo a la aprobación del art. 7 (21 bis) de la Constitución, que, elevando los Pactos de Letrán (22 bis) casi al rango de normas constitucionales, convertía en legítimo el atropello clerical y clasista: para ambos exponentes de la izquierda radical, el partido católico era una "gran izquierda" que se enmascaraba bajo apariencias populares. Por lo tanto, un partido conservador orgánico a la clase capitalista y reaccionaria que por consiguiente no podía apuntar a la renovación en el sentido democrático de las instituciones. He ahí el error, o tal vez la falacia de los partidos de izquierdas: pensar que podían cambiar el curso de la política italiana estableciendo acuerdos con quiénes necesariamente tenían intereses opuestos. De esta manera, en vistas al compromiso con un partido católico se aarrinconaban las batallas anticlericales, abandonando de esta manera el carácter laico, elemento irrenunciable para una verdadera izquierda.

La crítica estaba dirigida en particular al partido socialista que se disponía a aliarse con la D.C. con la convicción de que »en el seno del mundo católico en el poder pudiese predominar el surgimiento de una clase dirigente capaz de aplicar un viraje hacia la izquierda serio y consistente (26); mientras, en efecto, por las consideraciones anteriormente expuestas, la D.C. no podía más que concebir el acuerdo con los socialistas como movimiento táctico y contingente para consolidar su propio poder en detrimento de las masas populares. Por consiguiente, según Pannella, la postura socialista, aún disfrazándose de realismo político pecaba de abstracción y era además rudo, pues descuidaba el aspecto "ideal" de las batallas políticas. Y para los radicales dichas conmistiones que en los años posteriores tacharon de "aglomeración" sin más, atrancaban el funcionamiento de nuestro sistema y chocaban con la concepción liberal de matriz anglosajona de la tradición radical. El conflicto para el liberal es saludable, fi

siológico: por una lado los que gobiernan, por otro los que se oponen, sin confusiones o acuerdos incluso simplemente tácticos entre ambas alineaciones.

Todo ello está representado incluso plásticamente por la distinta ubicación de los escaños en las aulas parlamentarias inglesas e italianas. En nuestro país, los escaños forman un círculo que simboliza una suerte de continuidad perenne, en Westminster los escaños de la oposición se hallan frente a los del gobierno como símbolo de un desapego neto y concreto. El único camino democráticamente correcto para los radicales es el parlamentario, pero con una lucha, en el seno de las instituciones, sin compromisos, entre gran derecha y una gran izquierda.

El realismo socialista, la "política de las cosas" de Nenni, rompía el hilo ideal del socialismo porque perdía de vista aquella grandes reformas institucionales para las que incluso sólo por aplicarlas valía la pena colaborar con los católicos. Por el contrario, la postura de los radicales se oponía diametralmente al compromiso. Los radicales postulaban una vasta agregación de los elementos de la izquierda, sin impedimentos para ninguna fuerza (como por ejemplo el P.C.I.) para constituir la alternativa progresista, dejando de lado toda perplejidad y miedo a vencer y a presentarse candidato a la dirección política del país. El instrumento creativo que los radicales indicaban para el logro de las operaciones era la constitución inmediata de un Comité Nacional Unitario para la abolición del art. 7 de la Constitución. En definitiva, para crear una alineación en la que confluyesen todas las instancias laicas, dispuestas a enfrentarse costase lo que costase, con aquellos grupos que impedían la modernización del pa

ís. La izquierda radical, sin embargo, en su furor laicista, no consideraba la complejidad de las fuerzas de inspiración católica, contra las que era táctica y estratégicamente erróneo llevar a cabo una enfrentamiento frontal. He ahí por qué dichas tomas de posición no eran compartidas por los partidos de la izquierda en cuyo seno para más inri estaban presentes también los católicos (cato-comunistas (24 bis), socialistas católicos, etc..).

El segundo "esquema de declaración" presentado por la izquierda radical concernía a la actitud de las relaciones entre los radicales y socialistas, tras la alianza que se había establecido entre ambos partidos en las elecciones municipales del 6 de noviembre de 1960. La alianza verbal había sido interpretada por la clase dirigente del P.R. como encuentro de las clases intelectuales y burguesas con las fuerzas democráticas y populares; es decir, los radicales hubiesen debido desempeñar el papel de filósofos inspiradores y guía de las masas populares democráticas y socialistas. El espíritu de semejante interpretación era rechazado por Pannella y Rendi, quiénes eran de la opinión de que el partido radical tenía raíces populares. El remitirse tal vez un poco arbitrariamente a una matriz popular del P.R. tenía obviamente carácter instrumental: una postura polémica hacia la mayoría de los fundadores del partido que lo concebía como un sinedrio de filósofos de la política situando, de esta manera, a los radicales e

n una posición áurea, pero marginal. Para Pannella, el encuentro entre la burguesía intelectual y las masas populares no podía realizarse a través de los acuerdos de las altas cúpulas que representaban el residuo de una concepción corporativa de la representación política, el partido de los intelectuales por una parte y el partido de los obreros por otra, como portadores exclusivos cada uno de ellos de los intereses de su propia clase.

La izquierda radical se había ocupado, en el mismo Consejo, de problemas internacionales de estrecha actualidad. El tercer esquema, de hecho, recuerda la insurrección del pueblo húngaro, en octubre-noviembre de 1956, para enviar un aviso a los demócratas de todo el mundo para que no olvidasen las aspiraciones de libertad de los individuos y de los pueblos.

La cuarta y última tesis proponía una idea distinta a la política exterior de potencia, es decir abogaba por un internacionalismo pacifista nuevo. Es decir, potenciar la ONU, la constitución de una federación europea a través de elecciones directas, el desarme no sólo atómico sino también convencional de toda la zona continental europea; la paz con las dos Alemanias y la consiguiente denuncia del pacto militar OTAN y de la UEO; el reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia, y la federación de todos los movimientos socialistas y libertarios con objeto de instaurar una plena democracia en la Europa Occidental (27).

Las cuatro mociones presentadas por Pannella y Rendi aceleraron el resquebrajamiento del grupo juvenil del partido que se dividió en una corriente de izquierda, cuyos exponentes más destacados eran a parte de Pannella y Rendi, Spadaccia, Stanzani, Roccella, Mellini, Bandinelli(11 bis), Teodori, S. Pergameno y L. Strik-Leavers, y en una de derecha, de la que formaban parte, entre otros, Ferrara, Rodotà, Jannuzzi, que deseaba la aproximación del P. R. a los republicanos y a los socialdemócratas.

En el segundo congreso del partido (mayo de 1961) la izquierda radical profundizó su desapego de la línea de la secretaría del partido, que se había convertido en la única estrategia política que a los dirigentes radicales parecía factible para un futuro inmediato: el acuerdo entre la democracia cristiana y los socialistas, en la esperanza de imponer al partido de mayoría relativa una política de reformas en sentido liberal. Pannella, por el contrario, proponía una línea de alternativa neta y rígida, a la derecha conservadora y clerical, insistiendo en la importancia de la alianza de los laicos con el partido comunista, esencial, según él, para la ruptura del equilibrio conservador y para la victoria de las instancias laicas propias de los radicales, tales como la abolición del Concordato y la introducción del divorcio. Una línea, ésta, desde luego irreconciliable con los propósitos declarados por la clase dirigente del partido radical de remodelar a través del centro izquierda la engorrosa presencia comunis

ta. Las tesis de la izquierda juvenil se liquidan como señal de impaciencia y de vanguardia típico de una juventud soñadora y enfadada. Nicoló Carandini, como comentario del Congreso, escribió lo siguiente en Il Mondo: »el único cambio destacable ha sido circunscrito a una minoría del grupo juvenil, impulsado por un sentimiento violento pero al mismo tiempo conmovedor de inquietud pero también de poco aguante, fenómeno de impaciencia, de búsqueda angustiosa de verdades huidizas y de novedades aventureras, que se salen de la pulcra línea del partido y de la que los sectores juveniles de otros partidos no están exentos . (28).

Las consecuencias del disenso fueron para la izquierda mucho más concretas que un rapapolvo irónico y paternalista: el grupo de mayoría hizo confluir parte de sus votos al grupo juvenil de derechas, de manera que la izquierda logró elegir sólo a tres de sus exponentes al Consejo Nacional (Roccella, Teodori y Gardi), a pesar de que su fuerza efectiva fuese superior (29).

El resultado del segundo Congreso radical sacrificó, así pues, a la izquierda en el altar de una aparente unidad del partido.

En efecto, no se logró salvar la unidad, pues acto seguido (julio de 1961) surgió toda una polémica en el seno de la secretaría con respecto a la decisión de Piccardi y de Scalfari, por aquel entonces vicesecretario - ambos forjadores de una alianza progresivamente más estrecha entre partido radical y socialistas - de que el partido se adhiriese a la liga de los ayuntamientos democráticos, consideradas por el resto de la mayoría una organización de carácter "frentista" (30).

La izquierda se mantuvo al margen de las polémicas y comenzó a organizarse: en octubre de 1961 salió el primer número de un boletín mensual de información política bajo el nombre "Izquierda Radical", que se publicó durante cerca de un año, hasta octubre de 1962. Tras dicha fecha la suerte de la corriente de izquierdas se confunde con la de todo el partido, puesto que la supervivencia del mismo queda exclusivamente en manos de dicha corriente.

El periódico estaba dirigido por Giuliano Rendi y redactado en gran parte por Gianfranco Spadaccia, Massimo Teodori e Angiolo Bandinelli (31).

"Izquierda Radical" se convirtió en el único vehículo para difundir las posturas de la izquierda radical, sobre todo la oposición al centro-izquierda. Marco Pannella, en un editorial publicado en el primer número del boletín, significativamente titulado »Una política de abdicación , sostiene que el centro-izquierda iba a »centrar en la vida política objetivos técnicos cuya solución es obligatoria para enterrar a aquellos políticos que los radicales han tenido el mérito de imponer a la atención de Italia. Se asumen para lograr determinados fines instrumentos que pueden servir a ideas y finalidades contrapuestas (32).

La programación económica, que según los socialistas era el instrumento principal para transformar la sociedad - una especie de mito de los años 60 con el que se identificaban los tecnócratas de la izquierda - era considerado por Pannella incongruente pues no tenía finalidad alguna: postergar la primacía de la política era peligroso pues las soluciones de los técnicos, por ejemplo, las decisiones fundamentales en economía, debían llegar sólo tras una clara opción política. Por lo tanto, con la dirección del país en manos de la D.C., es decir del mundo conservador, no iba a cambiar nada ni tan siquiera con la programación más estricta, pues iba a ser usada para las finalidades de quiénes detentaban el poder. Sin un cambio político sustancial como base, todo programa, incluso el más innovador, perdía valor (33).

Para realizar dicho cambio, la izquierda radical analizaba la posibilidad de una unidad crítica hacia la izquierda con el partido comunista, en resumidas cuentas, la búsqueda de convergencias prácticas con el P.C.I. a partir de problemas concretos, manteniendo de esta manera la autonomía de la izquierda democrática con respecto a los comunistas.

Las decisiones de la izquierda radical se traducían operativamente en un compromiso cotidiano, concreto, en el terreno del antimilitarismo, campo de lucha aparentemente restringido, pero el único permitido a una corriente de minoría, formado por poquísimos militantes (34).

Las iniciativas de los jóvenes radicales se desarrollaron en dos direcciones, las mismas que en un futuro caracterizarían la actividad del nuevo partido radical: las acciones directas y la creación de asociaciones y comités sobre de proyectos circunscritos para realizar a partir de los mismos aquella unidad laica de las fuerzas que los radicales habían ya experimentado en la U.G.I. Pertenecen al primer método de lucha la participación en la primera marcha por la paz organizada en Italia (Perusa-Asís, septiembre de 1961) y a la siguiente marcha pacifista, la llamada "marcha de los 100 Municipios" (Camucia-Cortona, marzo de 1962) (35).

Por lo que se refiere al asociacionismo, la izquierda radical constituyó junto con el movimiento comunista por la paz y el Grupo No Violento, de inspiración católica y vinculado a Aldo Capitini, la Consulta Italiana por la Paz.

Sin embargo, los radicales abandonan en 1964 esta última organización pues, al estar condicionada por la representación comunista, hubiese acabado por desempeñar una acción meramente propagandística y alineada a partir de posturas pro-soviéticas. Los radicales promovieron posteriormente la fundación del Comité para el desarme atómico y convencional de la zona europea, que se sumará en febrero de 1963 a la constitución de la International Confederation for Peace and Disarmament (Oxford) (36).

Mientras la izquierda promovía estas iniciativas, el viejo partido radical estaba a punto de concluir su existencia, con la diáspora progresiva del grupo dirigente, entre polémicas incluso personales. Mientras la clase dirigente estaba ocupada intercambiándose acusaciones, la izquierda conquistaba la mayoría en las secciones de Roma y Milán (37).

De manera que en las elecciones municipales romanas del 10 de junio de 1962 la izquierda presentó una lista compuesta totalmente por sus exponentes, aunque obtuvo poco más de mil votos y ningún escaño (38).

En octubre de 1962, tras la dimisión de Ernesto Rossi y Leopoldo Piccardi, y de todo el grupo vinculado a ellos, la izquierda adoptó sola la responsabilidad de la supervivencia del partido.

3. Partido nuevo, política nueva

La primera manifestación del nuevo partido radical fue la del 10 de marzo de 1963, cuando los grupos supervivientes del desmembramiento del viejo partido se reunieron en Bolonia en una especie de Consejo Nacional ampliado, convocado para decidir los nuevos contenidos políticos y la actitud a mantener en las inminentes elecciones generales (39). Y la línea trazada en la moción política aprobada por el C.N., es la misma ya adoptada por la corriente de izquierdas en el seno del partido en crisis.

La moción confirmaba la oposición neta e intransigente al centro-izquierda, motivándola con el análisis de los aspectos antidemocráticos caracterizantes del estado italiano, que se remontaban al periodo fascista, pero que persistían por responsabilidad directa de la Democracia Cristiana, o de centros de poder que de una manera u otra se remitía a la misma: el Concordato entre Estado e Iglesia, el comportamiento represivo de las fuerzas del orden, la sumisión de la administración pública a intereses creados, la crisis de la escuela pública, la pasividad de las regiones (40). La tarea planteada por los nuevos radicales en contraste con las posturas por aquel entonces dominantes entre los partidos de la izquierda no marxista, consistía en promover una vasta alineación unitaria por una alternativa al gobierno a la D.C., una alineación que no estuviese bajo la hegemonía del partido comunista, aunque con su necesaria participación. Esta postura, tímidamente esbozada, en efecto, podía aislar al partido radical tant

o de la izquierda democrática que se encaminaba hacia una política de colaboración con la D.C., como del partido comunista que seguía desde la post guerra de la segunda guerra mundial buscando un encuentro, desde una postura predominantemente de izquierdas, con las masas católicas; lo cual descompaginaba los planes de los partidos de izquierdas (41).

La unidad de la izquierda fue concebida como expresión nacional de una política general más europea: ante la alineación autoritaria a la que los radicales asistían, tanto en el extranjero como en Italia, (42) era necesario entrar en contacto con aquellas fuerzas de izquierdas europeas que se diferenciaban tanto de la socialdemocracia como del comunismo. Este análisis afectaba asimismo al bloque soviético, en el que las estructuras burocrático-militaristas representaban indiscutiblemente el pilar principal de un poder totalitario, mientras una auténtica sociedad socialista, según los radicales, no debía tener ejército.

El partido se halló inmediatamente con el problema de cómo actuar ante las inminentes elecciones generales del 28 de abril de 1963, las primeras tras el nacimiento del centro-izquierda. Se decidió no presentar ninguna lista, considerando la precaria situación del partido: simplemente se limitaron a invitar a los electores a apoyar con su voto a los cuatro partidos de la izquierda (P.R.I., P.S.D.I., P.S.I., P.C.I.).

El hecho de que aconsejasen por quién votar no cabe interpretarlo superficialmente como un echarse atrás, pues cuadra perfectamente con el proyecto político a largo plazo de los radicales: la unidad de la izquierda en vistas a su candidatura al gobierno del país. La sección romana del P.R., la más activa de todas, subrayaba la decisión del Consejo Nacional, invitando a los electores romanos a escoger en el seno de los cuatro partidos a aquellos candidatos que hubiesen impulsado a sus partidos hacia una política unitaria y de oposición a la D.C. Por ejemplo, con respecto al partido socialista se les pedía a los electores que apoyasen la corriente de izquierdas capitaneada por Tullio Vecchietti (43).

Los radicales se actuaron intensamente en la campaña electoral, y difundieron un opúsculo titulado "El voto radical", en el que se recogían algunas intenciones de voto de conocidos exponentes de la cultura italiana, entre los que cabe destacar a Pasolini (25 bis), Risi, Eco y Sciascia (26 bis). Dichos intelectuales habían acogido la invitación radical de escoger entre los cuatro partidos de izquierdas a la hora de votar. Calificaron su decisión de "voto radical" aunque éste fuese a parar a otro símbolo: el objetivo declarado era impulsar a los grupos dirigentes de dichos partidos hacia la política unitaria y de alternativa propuesta por los radicales.

Coherentemente con dicha estrategia, el P.R. rechazó una oferta del P.C.I. que consistía en presentar a exponentes radicales como candidatos por las listas comunistas, con la garantía de elegir al menos a tres en la Cámara; de la misma manera rechazó la propuesta de Pajetta (27 bis) de dar vida a agrupaciones que apoyasen la candidatura de independientes de izquierdas en las listas comunistas (44).

Tras la movilización electoral, el P.R. se halló aislado, con una estructura organizativa por inventar y escaso seguimiento, debido también a la dificultad de llegar con sus mensajes hasta la opinión pública. Para superar este impasse, el grupo dirigente del partido, tras la reunión del consejo nacional del 8 y 9 de junio de 1983 dio vida a una agencia cotidiana de prensa, "Agencia Radical", a la que confió la relación con los medios de comunicación, y a la que otorgó la tarea de desempeñar una función de coágulo de los militantes del partido, tal y como veremos detenidamente más adelante (45). Entre las campañas periodísticas de la Agencia Radical cabe destacar la dirigida contra la ENI (28 bis) y la que tocaba el tema de la asistencia pública. La primera, que inició en el año 63 y se prolongó hasta el 66 estaba dirigida tanto contra la política económica de la entidad estatal, como, sobre todo, y con denuncias documentadas, contra la política de corrupción que la ENI aplicaba con respecto a la prensa y al

poder político, tanto que provocó que la magistratura de Roma abriese una investigación al respecto. La segunda campaña, que inició en el 65, denunció los lazos existentes entre gestión de la asistencia pública y poder político, haciendo hincapié en el tema de la ONMI (29 bis) (Obra Nacional Maternidad e Infancia) de Roma, que, según los radicales, era una máquina electoral que favorecía a la D.C. A causa de estas denuncias fue incriminado el alcalde de Roma Amerigo Petrucci (30 bis) (46). La primera auténtica iniciativa del partido fue promovida en 1964, en apoyo del plan presentado por el senador socialdemócrata austríaco Hans Thirring que preveía el desarme unilateral y la desmilitarización de una zona de Europa central (47). El P.R., a través del C.D.A.C.A.E. (Comité para el desarme atómico y convencional del área europea, fundado, tal y como hemos visto, por la izquierda radical en 1962) difundió un llamamiento para invitar a los ciudadanos a apoyar el plan. A pesar de la exigüidad del partido, al inici

ativa tuvo éxito: se sumaron a la propuesta cerca de 400 consejos municipales con deliberaciones oficiales, la mayoría de ellos ayuntamientos administrados por la izquierda. Con dicha ocasión, se recogieron y enviaron al partido radical, miles de firmas de ciudadanos procedentes de horizontes políticos variopintos (48). Sin embargo, este movimiento acabó en nada. Ningún periódico de izquierdas dio noticia de la iniciativa y lo que es más importante, no se logró hallar un canal institucional para que fuese operativa. Además, el llamamiento difundido por los radicales expresaba una idea de pacifismo no aceptada por la izquierda italiana, sobre todo por el partido comunista, que no compartía la aspiración de abolir los ejércitos, entendidos como estructura autoritaria, pilar de poder que se le escapa de las manos al control democrático normal, tanto en los países de régimen comunista, como en las democracias parlamentarias.

Esta postura era considerada sectaria por los comunistas, que por aquel entonces tenían por objeto una política pro-soviética, alineados a favor del bloque del este, a pesar de disfrazarse de neutralismo manierista, pero unidireccional, es decir contra el sistema militar de occidente. Así se explica la polémica en materia de desarme, en relación con la condena por parte de los radicales del rearme nuclear de los países socialistas.

Los radicales empezaron a criticar los métodos adoptados por el P.C.I. en el seno de la "Consulta de la paz", dirigida por los comunistas en sentido estrictamente pacifista por puros motivos de propaganda. Precisamente por ello, los radicales acabaron por retirar su adhesión a la "Consulta" en 1964 (49).

En el marco del proyecto radical figura el provocar la creación de movimientos colectivos (con el objeto último de favorecer la tan anhelada unidad de las izquierdas) la invención de un "Comité promotor del sindicato nacional de la escuela pública", también en el año 64 (50). El Comité fue promovido por cerca de 200 profesores comunistas, socialistas e independientes, incluso con la participación de gran número de estudiantes, por iniciativa del P.R. El organismo estudiantil recogió varios cientos de adhesiones a nivel nacional.

Para los radicales no se trataba de un hecho aislado y esporádico, sino de la continuación de viejas batallas laicas, que se remontaban a los años 50, cuando de las páginas de "Il Mondo" se defendía la imparcialidad de la función educadora de la enseñanza estatal y la libertad de enseñanza (51). La esterilidad de los resultados anteriores había convencido al grupo dirigente radical de que la idea con perspectivas de futuro consistía en reunir en un movimiento procedente de la base, por lo tanto no de una emanación burocrática de las altas cúpulas sindicales y de los partidos, los elementos laicos y democráticos del mundo de la enseñanza, y, en una perspectiva más amplia, del país.

Sin embargo, esta iniciativa del comité para el mundo de la enseñanza tampoco fue llevada a cabo porque corrían el riesgo de producir una ruptura definitiva con la C.G.I.L. y con los partidos de izquierdas, una perspectiva contraria a los fines que los radicales deseaban obtener.

En el mismo año, el 64, se le presentó al partido una ocasión importante: las elecciones regionales parciales de noviembre. La dirección del P.R. el 16 de septiembre de 1964 dirigió un llamamiento a los electores a través de la "Agencia" con la que se invitaba a votar por las listas del P.S.I.U.P.: se subrayaba que »el objetivo fundamental de los radicales era la renovación de la izquierda italiana y la reconstitución de su unidad para crear una clara alternativa de poder a la D.C. (52).

Precisamente en este periodo, un hecho demostraba claramente el realismo político de los radicales: la elección de Giuseppe Saragat (31 bis) a la Presidencia de la República, fruto de los votos de comunistas, socialistas, socialdemócratas, y democristianos que, por revanchas de corrientes internas, optaron por el candidato laico. Imponer a la D.C. un candidato de izquierdas supuso la demostración para los dirigentes del P.R. de la posibilidad concreta de una unión de las izquierdas, al menos en objetivos delimitados, pero que podía convertirse en un acuerdo permanente sobre temáticas de carácter progresista (53).

Además, la insistencia radical en la unidad de las izquierdas correspondía con fermentos análogos presentes tanto en el P.C.I., a nivel teórico, como en el P.S.I. que se disponía a dar un primer paso concreto con la próxima reunificación con el P.S.D.I. Pero cabe recordar que los radicales propugnaban una unidad de la izquierda de forma totalmente distinta con respecto a los dos mayores partidos, laicamente, como movilización, desde la base, convergente en algunos temas. Y de hecho la "Agencia radical" acogió positivamente la propuesta lanzada por Giorgio Amendola (32 bis) en "Rinascita" (33 bis) (octubre de 1964) de convergencia de las dos alas históricas del socialismo en un "partido del trabajo"; sin embargo, los radicales seguían desconfiando pues la invitación del exponente comunista hubiese podido desembocar en un acuerdo a nivel de altas cúpulas, es decir en contradicción con la "capacidad inicial creativa de la movilización" necesaria, según la concepción radical, para constituir las premisas para un

viraje hacia la izquierda (54). La constitución del C.U.S.I. (Comité para la Unidad de la Izquierda Italiana) y por lo tanto de un movimiento popular, fue la respuesta - agosto de 1965 - de los radicales a estos fermentos en la izquierda (55). El Comité tuvo como promotores a los radicales y a exponentes individuales comunistas, socialistas, republicanos e independientes. El intento de los radicales era de utilizar el organismo como grupo de presión transversal a todos los partidos, sobre todo para impulsar el debate a nivel de los militantes de base. El CUSI no fue convenientemente apreciado por las fuerzas oficiales a las que iba dirigido: según el P.R., la iniciativa fue boicoteada en todas las maneras posibles, en particular con el silencio de la prensa (56).

La dirección nacional del partido, que se reunió en Roma el 22 de septiembre de 1965, aprobó una resolución en la que se criticaban tanto la unificación entre P.S.D.I. y P.S.I., como la propuesta de los comunistas de unificación con el P.S.I.U.P. y con las minorías de izquierdas del P.S.I. (57). Los radicales detectaban el punto débil de todo este movimiento en la izquierda en el tipo de organización de los partidos interesados: estructuras de tipo burocrático, que en cuanto tales apuntaban sólo a perpetuarse, orgánicas con respecto a las relaciones políticas constituidas. Evidentemente, según los radicales, dichas organizaciones no podían por su misma naturaleza promover cambios revolucionarios ni tan siquiera progresistas en el sistema político social. De este análisis se desprendía que una cuestión a priori por afrontar era la de renovar las estructuras, de manera que las representaciones políticas organizadas pudiesen expresar una voluntad real de lucha democrática que emanase de la base. Y por lo tanto,

la acusación de las izquierdas de haber arrinconado sus objetivos iniciales y de apuntar en realidad a una gestión consociativa y por consiguiente de carácter inmovilista del gobierno, disfrazándose de pseudo-oposición. La receta del P.R. contra símiles operaciones transformistas consistía en tomar una decisión clara y explícita con respecto a todo aquello que una verdadera fuerza de izquierdas, en cuanto tal, debía proponerse, es decir ser la alternativa a la derecha, en el caso italiano ser la alternativa a la D.C. La aclaración debía tener lugar en el seno de los partidos, es decir prever la transformación o la abolición de los aparatos.

La fundación del CUSI respondía a dicha perspectiva de reforma de las estructuras. Sin embargo, planteada en dichos términos, la propuesta radical encontró un neto rechazo por parte de la izquierda.

Además, el proyecto de siempre del partido comunista, primero con Togliatti, posteriormente con Longo (34 bis) y Berlinguer (35 bis), era de llegar a una colaboración entre comunistas y católicos, convencidos de que sin dicho acuerdo era imposible consolidar una democracia progresista en Italia. Evidentemente, esta estrategia comportaba una política de "appeasement" con respecto a la Democracia Cristiana y a la Iglesia, y dejar de lado cualquier cuestión que pudiese crear conflicto, una contraposición neta (58). Así pues, los comunistas no pudieron aceptar que se aplicase la declaración de "voluntad revolucionaria" que pedía el P.R. como premisa para una seria perspectiva unitaria, ni querían, probablemente, colaborar con un partido que consideraba su autonomía irrenunciable y que precisamente en los años 65 y 66 libraba la batalla para la introducción del divorcio, argumento que el P.C.I. hubiese evitado con mucho gusto. Por el contrario, el partido socialista, por aquellos años, andaba metido en contrastad

os gobiernos de centro-izquierda y en las modalidades de colaboración con la D.C. y los demás partidos de centro. Además, en 1965, se hallaba en fase de llegada el proceso de unificación con el P.S.D.I. de la que se venía hablando ya desde 1956, con la intención no tanto de agrupar fuerzas para una posible alternativa, cuanto de incrementar el peso contractual de los socialistas en el seno de la coalición de centro-izquierda.

El partido radical, en 1966, da su opinión sobre las posturas de los dos partidos mayoritarios de izquierda a través de dos intervenciones bastante polémicas por parte de Pannella.

La primera provocación procede de una entrevista concedida en agosto de 1966 al periódico pacciardiano "Nuova Repubblica" (59). El objeto de la discusión es el partido comunista y la política seguida desde la post-guerra de la primera guerra mundial.

Según Pannella, el P.C.I. aun profesando en teoría la más dura oposición, en la práctica ha seguido el camino de la colaboración con las fuerzas moderadas en la fase de la que se ha dado en llamar de reconstrucción, adoptando progresivamente posturas de poder en la sociedad civil, sobre todo por parte de Ernesto Rossi, quién, cada vez con mayor frecuencia, era indicado por los radicales como inspirador de su partido.

La importancia de la entrevista en la revista semanal dirigida por Pacciardi estriba en la especificación por parte del líder radical de la futura estrategia del partido: poner al P.C.I. ante sus responsabilidades de partido revolucionario y de izquierda, denunciando la ambigüedad de ciertas decisiones y las connivencias con el partido de mayoría relativa (60), para obligar a los comunistas que ante su electorado y ante la opinión pública no podían permitirse complicidades moderadas declaradas, y decantarse abiertamente hacia la izquierda. Así pues, el intento de los radicales consistía en forzar las contradicciones latentes en la línea del P.C.I., intentando desbloquear la situación de estancamiento que se había creado en Italia desde la postguerra, que impedía a las izquierdas conquistar el poder.

Pannella afrontaba el nudo esencial de la "cuestión comunista", un partido que no lograba plantearse como verdadera fuerza de oposición parlamentaria - con posibilidades concretas de llegar al gobierno pues no tomaba, ni a nivel teórico ni político, una decisión clara, que lo desanclase definitivamente del bloque soviético. De esta manera, el P.C.I., por una parte participaba en el juego democrático-parlamentario, comportándose de hecho como un partido socialdemócrata, por otra no se desenganchaba de su matriz histórica: ello había generado esa duplicidad en la política del partido de Togliatti tras el viraje de Salerno, que Pannella deseaba se superase para que fuese posible una alternativa de izquierdas.

Es obvio que los comunistas liquidaron en un santiamén las críticas de Pannella con cuatro rallas llenas de hastió publicadas por "L'Unità" el 24 de agosto de 1966 (61). Además, no era realista pretender en aquellos años una autocrítica pública por parte de los comunistas, encerrados en sí mismos a nivel táctico e ideológico. En dicha ocasión, el secretario del partido radical fue tachado de anticomunismo, acusación injusta considerando que Pannella había siempre buscado entablar relaciones con el P.C.I., convencido como lo estaba de que la izquierda no hubiese podido conquistar el gobierno del país si seguía dividida, y por lo tanto no se podía prescindir de los comunistas. Asimismo, la postura de Pannella se hallaba en neto contraste con las ideas de los intelectuales de "Il Mondo", que eran más anticomunistas que antidemocristianos. A pesar de los ataques, en las elecciones municipales del mes de noviembre de 1966, el partido radical se presentó en Ravenna en listas comunes con el partido comunista, y log

ró que saliesen elegidos dos consejeros municipales radicales (62).

Por lo que se refiere a los socialistas, en diciembre de 1966, se publica un largo artículo de Pannella en "Corrispondenza Socialista", que reflejaba las deliberaciones de la dirección del partido radical sobre el problema de la unificación que había tenido lugar entre P.S.I. - P.S.D.I. (63). Pannella explicaba el motivo del rechazo de los radicales de sumarse al nuevo partido unificado.

Contestaba, en primer lugar, el método seguido en el proceso de reunificación, que ha tenido como resultado el refuerzo de la burocracia, por efecto de la proclamación de la inmovilidad de los dirigentes. Tal y como veremos más adelante, el problema de la estructura de los partidos seguía siendo para los radicales, el más importante.

Según Pannella, el partido socialista unificado había fracasado e iba a fracasar también en un futuro hasta en la realización unitaria de aquellas reformas que las socialdemocracias europeas habían aplicado desde hacía tiempo: la reforma sanitaria, la solución del problema de la casa, un derecho de familia moderno, todos los sectores en los que Italia se hallaba muy lejos de la Europa cívica. Las posibilidades del nuevo partido no van mucho más allá de la de obtener el mayor poder contractual de subgobierno de la D.C.

La invitación de los radicales, en síntesis, consistía en abandonar la deleitosa política de las cosas que no conduce ni tan siquiera a resultados limitados para tomar, por fin, decisiones ideológicas y programáticas. Según los radicales, era necesario llevar a cabo un debate profundo para aclarar qué tipo de sociedad, qué proyecto pretendían realizar los socialistas, una vez tomado el poder; la falta de un programa iba a pesar negativamente a la hora de votar.

Los nudos por desatar eran los siguientes: qué estructura económica construir, intentando superar la sociedad de consumo, inaceptable en una visión socialista, y el capitalismo de Estado, que se revelaba incapaz de garantizar la introducción de las masas populares en la gestión del poder económico; el problema de los ejércitos, pilar común de las sociedades capitalistas y las comunistas, que no se limita, para los radicales, a una mera cuestión de pacifismo, sino que tiene consecuencias en la estructura de la sociedad; y por último, el problema de la laicidad del Estado, sobre la que los socialistas se muestran reticentes. Con respecto a estas cuestiones, sugerían los radicales, se debe formar una unidad de la izquierda, comunistas incluidos. Sólo con un programa semejante podía existir una perspectiva inmediata de conquista del poder.

La tarea que el P.R. se proponía por su cuenta, era la de "liberar" al P.S.I. de la fórmula de centro-izquierda, detectando los posibles puntos de ruptura del equilibrio gubernamental para impulsar a los socialistas a trasladarlo en ventaja propia, y tal vez salir de ello.

La presión de los radicales sobre los partidos de izquierdas a corto plazo no obtuvo resultados entusiasmantes: los comunistas, los socialdemócratas y los socialistas se mostraron casi indiferentes, cuando no hostiles, a las propuestas pannellianas. La intuición de Pannella, por el contrario, demostró tener perspectivas de futuro una vez aplicada a los derechos civiles: acababa de empezar, aunque en silencio, la batalla para la introducción del divorcio, en torno a la cual se empezaba a coagular el consenso de los partidos de izquierdas.

En resumidas cuentas, una política "cartelista", es decir buscar adhesiones a partir de batallas políticas concretas y no plataformas teóricas, esta es la línea del partido radical.

4. Primeros núcleos para "un partido no partido"

Tras la disolución del viejo P.R., los radicales se preocuparon de hallar, para sí mismos, una organización que no cometiese de nuevo el error de institucionalizarse hasta tal punto de provocar la que se ha dado en llamar sustitución de los fines: el fin principal se convierte, por su estructura, en mantenerse a sí misma, sustituyendo el objetivo ideal del partido.

Los primeros documentos organizativos del nuevo partido radical datan de febrero de 1963. Se trata de comunicaciones internas, firmadas, por la secretaría central, por Marco Pannella y por Massimo Teodori, relacionadas con la reordenación de la postura de los inscritos al partido (probablemente menos de cien) y una especie de censo de simpatizantes y amigos. De estas circulares se desprende que el pilar del partido era efectivamente el grupo romano, animado por Pannella, Teodori, Spadaccia, Bandinelli, Stanzani (12 bis) y otros; había quedado un exiguo grupo milanés, capitaneado por Mario y Luca Boneschi y Umberto Emiliani; estaban todavía en el partido los consejeros municipales, quiénes "oficialmente aún no habían presentado su dimisión", Balestrieri en Génova, Salsa y Donadei en Piamonte, Fedi en Pistoia, Ponci en Como, los consejeros de L'Aquila, Pescara, Varese, Civitavecchia, y otros centros menores (64).

A finales de 1962, se había elegido una secretaría nacional provisional compuesta por Marco Pannella (Roma), Luca Boneschi (Milán) y Vincenzo Luppi (Bolonia) (65).

El problema más acuciante que tenía que afrontar la clase dirigente "constituyente" consistía en volver a organizar la escasa militancia del partido tras el suicido por voluntad de sus mismísimos fundadores, y hallar un modelo asociativo más funcional. Borrón y cuenta nueva. Con una circular, con fecha del 12 de marzo de 1963, se difunde una invitación a los simpatizantes para "volver a empezar".

Cabe añadir que el viejo partido contaba de por sí con una estructura organizativa más bien frágil, casi inexistente.

Estaba formado por secciones desordenadas pues ninguno de los hombres más significativos del partido se había dedicado con la suficiente constancia y pasión casi desdeñando los problemas de técnica organizativa y dando prioridad a la actividad periodística e intelectual (66). Los nuevos radicales, por lo tanto, heredaban en realidad bien poco de la vieja organización y sentían, por el contrario, la necesidad de crear estructuras innovadoras, de manera que se hallasen directamente presentes en la política, de forma difundida y no elitista. La actitud nueva y distinta de este partido radical que estaba naciendo, en el contexto político-social en el que da sus primeros pasos, no era provinciano, a la par que recorría su camino pasando por todas sus fases. No era provinciano pues los derechos del individuo (civiles) que el partido radical defendía, derechos que por aquel entonces no lograban suscitar el interés de los partidos masivos, se manifestaban en la sociedad de las democracias occidentales. De manera que

las estructuras del nuevo partido debían estar abiertas, ser ágiles y no burocráticas, para aplicar nuevas necesidades.

Los radicales intentaron poner en práctica enseguida su idea de partido. El primer propósito, introducido en la moción política aprobada por el C.N. de marzo de 1963, consistía en organizarse a partir de bases federativas, confiando en la autonomía de los grupos locales, un federalismo entendido como método para conciliar la autonomía de los inscritos en cuanto individuos, y la unidad del partido (67).

En cualquier caso, más que la elaboración de una forma estructural concreta, por el momento se decidió confiar en la experimentación de cada grupo, en cualquier caso rechazando siempre el modelo jerárquico.

Posteriormente, crean un primer grupo los órganos dirigentes del partido con el nombramiento de Elio Vittorini (36 bis) como presidente, y la consolidación de Marco Pannella, Luca Boneschi y Vincenzo Luppi en la secretaría; nombramientos que tuvieron lugar a lo largo del Consejo Nacional. Entonces, con el rechazo de emparentarse con las demás fuerzas políticas de inspiración común, y con el deseo de seguir manteniendo su carácter "único" en el panorama político italiano, los radicales debían hallar una solución que les permitiese estar presentes en el país con eficacia, a pesar de las limitaciones del núcleo inicial.

De esta manera se convocó un Consejo Nacional para los días 8 y 9 de junio de 1963 para decidir sobre la alternativa "o crece el partido o se disuelve" (68). Una vez sentado que se seguía adelante, se decidió aplicar una estructura distinta; suspendiendo totalmente las actividades de los órganos centrales, e invitando a las secciones y a los núcleos locales a desarrollar de forma autónoma sus propias iniciativas para llevar a cabo una nueva organización del partido partiendo desde la base. Los grupos locales, al federarse, debían dar origen al órgano central del partido, que debía ser entendido simplemente como momento de coordinación de asociaciones locales autónomas.

Las comunicaciones internas entre los grupos locales autónomos se confiaron a la "Agencia Radical" (julio de 1961). La Agencia fue la primera estructura de apoyo a la organización del partido en vías de constitución: debía conectar la actividad del grupo central romano con los grupos periféricos (69). Asimismo, desempeñaba la función de poner en comunicación al partido con los medios de comunicación, y por lo tanto con los ciudadanos, tal y como hemos visto anteriormente. El grupo romano optó por un instrumento de comunicación semejante entre otras cosas porque era más adecuado para quién no quería perderse en debates teóricos, sino intervenir eficazmente y a tiempo en el enfrentamiento político día a día.

La Agencia no era simplemente un laboratorio de ideas, sino una forma de estar en el mundo de la política, un modo activo y militante: las denuncias, las propuestas, las campañas periodísticas sobre los problemas de actualidad partían y se enfatizaban con esta hoja publicada a diario.

A pesar de las acaloradas campañas periodísticas promovidas por el grupo romano a través de la Agencia no aumentó el número de inscritos al partido, que no superaba las cien personas en los años 64/66. La exigüidad de las estructuras organizativas se desprenden de los datos del balance de 1965 que no alcanzaba los ocho millones de liras (70). El partido estaba activo solo en Roma con presencias esporádicas en otras ciudades.

Durante este periódico, se acercó al partido sólo un pequeño grupo milanés, capitaneado por Carlo Oliva y Lorenzo Strik-Lievers, procedente de las filas de la izquierda estudiantil, que frecuentaba el periódico "Libera Critica" y el "Centro Salvemini" (37 bis). El grupo milanés, sin embargo, tenía un concepto distinto del partido con respecto al romano: su idea consistía en crear un partido que fuese una vanguardia laica y libertaria de la nueva izquierda, parecido al P.S.I.U.P. con respecto al partido socialista (71).

La aproximación del elemento no causó, en efecto, ninguna ventaja al partido, pues la cultura, la historia, las biografías personales del nuevo grupo no eran homogéneas a las del núcleo central del partido que se agrupaba en torno a la "Agencia Radical" de Pannella. En efecto, el partido se mantenía, a pesar de las dificultades objetivas, las incomprensiones, se debía a la máxima homogeneidad cultural y a los estrechos vínculos ideales y personales entre los elementos del grupo romano, vínculos nacidos de la participación en luchas comunes en los tiempos de la U.G.I. Ello daba plena cohesión al núcleo romano pero alejaba a algunas fuerzas afines, que tenían un concepto del partido tradicional, que los romanos consideraban ahora ya superado. Se movieron para que el partido nuevo imaginado en los años universitarios según una línea general que apuntaba a la renovación de las organizaciones políticas de izquierdas en Italia, al no introducirse en las altas cúpulas de la clase política nacional, pero experimenta

ndo, en su propia piel, un nuevo modelo organizativo, cuya finalidad era favorecer la unidad de la izquierda. Un modelo que hubiese debido asumir la función de un contenedor de todos los elementos que se ubicaban en posiciones progresistas, con una configuración elástica de forma que pudiese albergar a grupos de distintas procedencias, pero con objetivos comunes.

Tanto fue así que Pannella (secretario provisional del partido) en una entrevista concedida a la revista semanal "Astrolabio", en mayo de 1967 (72), al día siguiente del congreso de refundación, daba a conocer que la secretaría nacional había decidido suspender la sección carnets a partir de 1963, a pesar de las críticas por parte de simpatizantes de varias ciudades italianas, que veían en el rechazo de recibir inscripciones por parte de la secretaría nacional la imposibilidad de constituir grupos locales.

La decisión radical de no articular la estructura del partido en el territorio estaba determinada por un motivo estrictamente político: para Pannella era esencial llegar al congreso con un partido en el que no pesase mucho el inscrito típico de todos los partidos, cuya contribución se limitaba a adquirir el carnet y a una participación pasiva en las actividades políticas. Los dirigentes radicales habían preferido agregar a aquellos que habían participado o participaban en las numerosas y trabajosas batallas radicales (divorcio, iniciativas antimilitaristas, comités para la unidad de la izquierda, sindicato nacional, escuela pública, y otras), en resumidas cuentas, los "militantes" siempre disponibles y fuertemente motivados por los temas del partido.

La estrategia adoptada por los radicales obtuvo un resultado: lograron reunir a miles de personas en torno a algunas batallas específicas y concretas, pero no lograron aumentar el número de inscritos, cuando se decidió reanudar las inscripciones. Entre el 67 y el 72, tras la primera campaña, el P.R. contó con un número de inscritos que oscilaba entre los ciento cincuenta y los doscientos (73), un número no muy superior al logrado en los años anteriores, cuando habían decidido eliminar la posibilidad de inscribirse.

En una nota de la "Agencia Radical" del 10 de enero de 1964, se comentaba a propósito de la reorganización del partido: »organizar nuestra presencia como presencia desde la base, sin pretensiones de globalidad ni de ubicuidades organizativas, actuar con método experimental de sectores piloto y zonas de prueba (74). Esta idea se traducía en el nacimiento de asociaciones y otros organismos de base inspirados en la espontaneidad. Por ejemplo, tal y como hemos visto, el C.D.A.C.A.E. para el antimilitarismo, el C.U.S.I. para la unidad de las izquierdas, o bien el comité promotor del sindicato nacional de la educación pública.

Desde los primeros años de la historia del P.R. ya se entreven las líneas de tendencia de la que será la organización estructural y el modelo de estatuto que se aprobará en el congreso de 1967. El partido radical, tal y como hemos visto, es un partido que existe, nace y se forma a partir de temas y luchas específicas: los que a él se suman no están juntos en un organismo político porque les une una ideología común, sino porque se agrupan en torno a un objetivo común. Por consiguiente, cambian en el P.R. las dinámicas internas con respecto a los partidos tradicionales, no existen corrientes, o bien coágulo de oposiciones internas con respecto a un exponente o a una táctica a seguir, movimientos que pueden forjar que una secretaría pase a ser minoría. El secretario presenta su dimisión si no ha llevado a cabo la tarea concreta que le ha encargado el Congreso. Estamos convencidos de que la falta de dialéctica interna, en el sentido anteriormente explicado, se debe al hecho de que el número de militantes ha sido

(y seguirá siéndolo a lo largo de la historia del P.R.) tan exiguo (no más de veinte personas, en estos primeros años, trabajan con dedicación exclusiva para el partido) que, en la práctica, la clase dirigente y la base se identifican en las mismas personas. Las cuales, para más inri, eran entre ellas fuertemente homogéneas por contar con matrices culturales e ideales y con experiencias de vida comunes.

Ya en estos primeros años se delinea el liderazgo de Marco Pannella, incluso en el seno del partido, pero, sobre todo, en las manifestaciones exteriores, puesto que las relaciones con los medios de comunicación (entrevistas, declaraciones y artículos) y las acciones más atractivas (los primeros ayunos) que sirvieron, sin lugar a dudas a sacar de su aislamiento al pequeño P.R., fueron promovidas por Pannella. En los momentos difíciles, cuando el partido parecía paralizado, Pannella sabía "inventarse" siempre la solución para vencer.

Las decisiones, la manera de actuar, las relaciones con los distintos partidos y con las instituciones, los medios adoptados a durante los primeros tres años se reflejarán a lo largo de toda la vida del partido. Desde un primer momento, se había excluido una organización "fuerte" y definitiva. El partido debía desarrollarse "por difusión", es decir basarse en asociaciones locales, las cuales progresivamente se federan para posteriormente constituir una federación nacional. Como red de conexión de las asociaciones se creó la Agencia Radical, de la que ya nos hemos ocupado: única estructura central e instrumento de encuentro y de intercambio a todos los niveles. Sin embargo, el grupo de los radicales romanos, fuertemente homogéneo, desempeñó, naturalmente, un papel central y en los años posteriores representaría la continuidad del proyecto político inicial.

5. Hacia el congreso de refundación.

La refundación del partido y la constitución de la Liga Italiana para la introducción del divorcio parecen caminar de la mano, y ambos procesos se entrelazan y superponen. Marco Pannella y Mauro Mellini fundaron la Liga en enero de 1966, el primero fue el gran animador de la secretaría y el segundo de la presidencia. En el consejo directivo de la liga, entre los fiduciarios locales por lo menos un tercio eran militantes radicales, por lo que, el partido se había disuelto prácticamente en la Liga (75). La reorganización del P.R., evidentemente, estuvo condicionada por las técnicas de presión y de manifestación como huelgas de hambre y acciones directas (envíos de telegramas y postales a los parlamentarios) experimentadas en la Liga. Pero esta confusión de papeles, por mucho que sirviese para atraer la atención de los medios de comunicación sobre el partido, disminuyó el ritmo de crecimiento y la organización de las estructuras centrales y periféricas.

Se puede trazar la siguiente hipótesis: tal vez el hecho de que no se convocase el congreso nacional, previsto para noviembre de 1965, se debió a los preparativos para que despegase con éxito la Liga. Toda la energía se utilizó en dicha iniciativa, considerada de vital importancia y predominante para la modernización cívica de Italia.

Durante el Consejo Nacional del 6 de julio del 66 la secretaría presentó su dimisión al no poder celebrar el congreso. Salió reelegido Marco Pannella, pero sólo para las tareas administrativas cotidianas; para las funciones políticas se nombró una comisión que tenía que preparar el tercer congreso nacional (76) y redactar un nuevo estatuto.

La Comisión estaba presidida por Sergio Stanzani y compuesta por Nina Fiore, Angiolo Bandinelli, Luigi Del Gatto, Roberto Pieraccini, Carlo Oliva, Piero Pozzoli, Claudio Lelli, Andrea Torelli y Gianfranco Spadaccia; publicó un boletín multicopiado "Información para el tercer congreso del P.R." que sirvió de tribuna del debate interno sobre el estado del partido y su organización futura (77).

Para la preparación del congreso, la comisión encargada dividió el trabajo en cuatro secciones: los derechos civiles, las instituciones del Estado, la sociedad internacional y el partido moderno. Los primeros tres temas trazan el recorrido ideal del partido y definen los contenidos de la acción que desarrollaría a lo largo de los próximos años. Estas tesis, consideradas por separado, contienen una destilación de lo que fue la ideología inicial: los derechos civiles como medio para conseguir las libertades esenciales para la felicidad individual: así pues, se reanudaba la filosofía radical decimonónica en clave contemporánea. Las propuestas sobre la reforma de la justicia, la educación, el divorcio, la familia, la mujer, la objeción de conciencia convergen todas ellas para garantizar al ciudadano su propia autonomía.

Con respecto al segundo tema, la relación del ciudadano con las instituciones, los radicales resaltaron la importancia de las necesidades pujantes del individuo en el marco institucional.

El tercer tema, la sociedad internacional, repite todas las tesis antimilitaristas, caballo de batalla de toda la vida de los radicales. La finalidad consistía en superar el nacionalismo tanto de derechas como de izquierdas a través de la conexión con las oposiciones de izquierdas que actuaban en toda la Europa occidental. La Agencia Radical, para aclarar las propuestas en materia de política internacional, escribía: "(25 de febrero de 1966) »el internacionalismo es en primer lugar una postura de lucha interna de política nacional o no es más que cómoda y artificial evasión cosmopolita;... el internacionalismo no puede ser más que la lucha contra el Estado nacional precisamente por las formas necesarias que adopta... comunes a los países occidentales y orientales: ... ejército, policía, justicia no autónoma... industria armamentista, son las formas históricamente adoptadas en común por los estados socialistas y los estados burgueses (78).

El cuarto punto, el partido moderno, era tal vez el más importante y el más nuevo. Convencidos de que el modelo típico del partido de izquierdas era viejo y obsoleto ante los problemas de la democracia en una sociedad post-industrial, y que sobre todo la organización condiciona a un partido, tanto en su relación interna con los afiliados, como en su relación exterior con los electores, los radicales se propusieron crear una fórmula asociativa totalmente nueva con respecto a la tradición. Los nuevos radicales, anticipándose a los acontecimientos, eran conscientes de la crisis de representatividad del partido de masas ante las nuevas reivindicaciones procedentes de la sociedad civil, cuyos impulsos hacia una mayor participación no lograban, precisamente, abrirse camino.

Precisamente para discutir sobre el estatuto del nuevo partido, problema prioritario para los dirigentes radicales con respecto a la definición de los contenidos, se organizó, en Faenza, un convenio el 29-30 de octubre de 1966 (79). Participaron en él cerca de cuarenta personas, inclusive comunistas, socialistas, republicanos, exponentes del movimiento socialistas autónomos, católicos disidentes y antimilitaristas. El número de participantes da la idea de la exigüidad de las fuerzas en el campo de batalla del partido radical, a cuatro años de la refundación.

Del conjunto de intervenciones en el convenio de Faenza surgió la fórmula del nuevo partido y más en general el concepto de que los radicales habían elaborado sobre la democracia participativa. El punto de partida de la reflexión radical era la convicción de que para pasar de una fase individualista y veleidosa de revuelta que acababa en donde empezaba, para pasar a formas más eficaces de incidir en la realidad política, era necesario convertirse en un auténtico partido; aunque no dejase de diferir de los que ya existían, en el sentido de que pretendía transformarse en instrumento de participación de todo ciudadano en la vida política. Un partido entendido no como cadena de transmisión, sino como instrumento de participación directa, que permitiese a cada militante luchar en primera persona y asumir todas las responsabilidades y correr con todos los riesgos.

Además, la militancia no era entendida de forma burocrática: no al partido-iglesia, a una estructura con competencias generales con respecto a cualquier problema, tanto en el "respeto de la existencialidad de la vida humana y del ciudadano", como por motivos prácticos.

Era mucho mejor que el partido, a nivel nacional, vinculase a los militantes a partir de dos o tres temas en los que todos concordasen en vez de recibir un consenso abstracto ideológico y global. He ahí porqué se propone una organización interna con bases federalistas, que se entendía como federación de asociaciones locales autónomas en el seno de la línea establecida por el congreso. El llamado "momento federativo", fuertemente subrayado por los radicales, consistía en la convergencia en torno al partido de movimientos, grupos, ligas, con acuerdos sobre todo a nivel de asociaciones locales. El flujo de ideas y de iniciativas debía ir a desde las asociaciones hacia el partido y no al contrario: precisamente, estos grupos espontáneos no debían ser colaterales, sino fuentes autónomas que se unían a partir de objetivos nacidos de sus propias exigencias.

A parte de las decisiones organizativas, el convenio de Faenza afianzó en el pacifismo, el laicismo, el anticlericalismo y el federalismo europeo como contenidos irrenunciables del partido nuevo.

6. El tercer Congreso y el Estatuto. Por una alternativa laica.

El tercer congreso fue convocado para los días 12-13-14 de mayo de 1967 (80) en Bolonia, con la tarea principal de elaborar definitivamente el nuevo estatuto del partido. De la lectura del documento de convocatoria (81), se desprende claramente el planteamiento que la comisión y por lo tanto el grupo dirigente romano del P.R. pretendían dar: el congreso, se afirma en el documento, está abierto a la participación de militantes de todos los partidos de la izquierda, no como simples observadores, sino como auténticos congresistas. Esta apertura nacía de la convicción de que los problemas por afrontar para modernizar el país, en ese momento histórico eran transversales a toda la alineación progresista. De ahí la ambición del partido radical de proponerse como punto de unión y centro propulsor de una congregación política de la izquierda, procedente de la base, de los militantes. Además, en el futuro, el que se dio en llamar carnet doble fue un factor importante en la organización del partido.

En el tercer congreso participaron cerca de doscientas cincuenta personas, de las que la mitad tenía menos de treinta años y menos del diez por ciento tenía más de cincuenta (82). Sólo un tercio había participado en los congresos anteriores. Entre los participantes, el núcleo más consistente estaba compuesto por aquellos que formaban parte de la ex corriente de izquierda del viejo partido radical, los demás procedían del movimiento divorcista, otros de movimientos para la educación demográfica, contra el militarismo y exponentes de minorías religiosas. Los auténticos militantes del P.R. eran, en efecto, sólo unos cien, entre los cuales sólo pocos con carnet.

En su informe, el secretario saliente Marco Pannella (83) recuerda que los "refundadores" del P.R. habían hallado un partido "sin sede y sin tan siquiera derecho a los archivos", pero estaban legitimados, incluso jurídicamente hablando, para continuar con la vida del partido. La continuidad, según Pannella, procedía de una indicación que la clase dirigente de por aquel entonces no tuvo la fuerza y tal vez ni tan siquiera la intención de llevar a cabo, y que se puede resumir con el eslógan "un partido nuevo para una política nueva", partido que se declare conscientemente hasta sus últimas consecuencias, anticlerical, en el sentido de elemento unificador de toda la izquierda. El otro aspecto, una suerte de recuperación de los viejos ideales libertarios, se deberá fundar a partir de las grandes tradiciones libertarias del socialismo y del laicismo italiano. De ahí la invitación a crear estructuras internas libres y democráticas no burocráticas, inspiradas en los principios de la democracia participativa. Pannel

la recuerda el carácter antimilitarista del partido, pero no en un sentido neutral; se pregunta qué hacer con el ejército y las estructuras militares, en una perspectiva socialista. Los congresos, otro elemento que caracteriza al partido, se deben de desarrollar a partir de temas concretos, en cuya construcción deben de participar todos los inscritos, para que no supongan la expresión de los dirigentes del partido. Tras el debate, la mayoría de los congresistas se decantó por la política nueva, delineada por Pannella (84). La moción política aprobada por el congreso resume los objetivos e indica los instrumentos preparados por la clase dirigente del partido en los meses anteriores del congreso (85). Se confirmaba el compromiso de los radicales para "realizar en su organización las aspiraciones libertarias de los ciudadanos y de los trabajadores que pretenden participar activamente, como protagonistas, en la lucha política y social", a través de la aprobación del estatuto de tipo federal, del que se había dis

cutido en el Convenio de octubre anterior.

El partido se decantaba por una alternativa global en la democracia cristiana sin posibilidad de compromisos y declaraba como objetivo último del partido la unidad y la renovación de la izquierda italiana en torno a algunos temas: anticlericalismo, antimilitarismo, lucha por los derechos civiles e internacionalismo.

El Congreso eligió secretario a Gianfranco Spadaccia y tesorero a Andrea Torelli. De la dirección nacional, elegida en el tercer congreso formaban parte Mauro Mellini, Giuseppe Loteta, Marcello Baraghini, Domenico Baroncelli, Aloisio Rendi, Lorenzo Strik-Lievers, Giuseppe Bombaci y Angiolo Bandinelli. Al menos eso es lo que se desprende de la entrevista citada por Luigi Ghersi a Pannella, en ausencia de datos congresales concretos (86).

Llegados a este punto es necesario examinar las líneas generales del estatuto aprobado por el Congreso, para aclarar qué partido habían teorizado los nuevos radicales (87).

La característica formal del estatuto es su flexibilidad, en el sentido de que no se prevén mayorías calificadas para modificarlo. No es una fuente primaria de las reglas fundamentales, porque no estaba prevista una postura jerárquicamente superior del estatuto con respecto a otras fuentes normativas, como por ejemplo las mociones congresales que por lo tanto, en caso necesario, pueden enmendarlo legítimamente.

El primer párrafo reza: »el partido es un organismo político, formado por los afiliados al partido, por los inscritos a las asociaciones no radicales adherentes al partido a nivel regional, las asociaciones radicales, los partidos radicales regionales, las asociaciones o grupos adherentes a nivel regional y las asociaciones o grupos adherentes a nivel federal. Los órganos del partido federal son el congreso, el consejo federativo, el secretario y la junta, el tesorero y el colegio de auditores .

Por lo que se refiere a los inscritos, cualquier persona puede afiliarse al P.R., inclusive un ciudadano que no sea italiano. Esta norma es original con respecto a los estatutos de los demás partidos políticos italianos; aunque no lo indique de forma explícita, se sobreentiende que al partido se puede inscribir una persona que ya esté afiliada a otro partido. Se establece la edad mínima de afiliación en 16 años. Los radicales rechazan aquellas organizaciones colaterales por las que tienen que pasar los jóvenes antes de poder inscribirse a un partido. De hecho, el límite, aunque bajo, de edad será eliminado al poco tiempo. Las únicas "condiciones" de inscripción exigidas son el compromiso para constituir asociaciones, y pagar las cuotas de inscripción así como aceptar el estatuto. La inscripción vale por un año.

Las asociaciones radicales constituidas para lograr los objetivos de quién se asocia deben tener como punto de referencia el territorio, en el sentido de que deberían asociarse en la medida posible a las realidades locales. Lo que no quiere decir que tengan derechos exclusivos en un marco local determinado (por ejemplo pueden existir varias asociaciones radicales en la misma ciudad). Las asociaciones son totalmente autónomas, en el respeto de las deliberaciones vinculantes del Congreso Nacional y del partido regional al que están federadas.

Por lo tanto, las asociaciones, a parte de las obligaciones que se derivan de los momentos electorales y de la moción congresal, son libres y no tienen límites territoriales para sus propias iniciativas; es más corresponde a dichos organismos que, según el proyecto original de los dirigentes radicales, deberían partir de ideas propuestas válidas para todo el partido.

Las asociaciones radicales deben federarse para constituir, posteriormente, el partido regional, formado a su vez por las asociaciones y los grupos no radicales adheridos. Se define como el "organismo político que tiene por objeto metas autónomamente establecidas y financiadas", con sus propios órganos a partir del modelo del partido federal.

Además, el Estatuto prevé - y tal vez se trata de la innovación más importante - que para constituir el partido federal, desde fuera, que existan asociaciones y grupos no radicales, que persigan las mismas finalidades políticas y culturales, sindicales etc. Estas se pueden sumar al partido con acuerdos a nivel federal y a nivel regional, sin que dicha adhesión comporte la adhesión al P.R. de sus inscritos. Tanto a nivel federal como regional, los grupos radicales tienen derecho a designar a sus propios representantes en los consejos federativos regional y federal y a enviar a sus delegados al congreso regional.

El Congreso es el órgano de deliberación del partido. Se convoca, por estatuto, cada año, la primera semana de noviembre. Está formado por los delegados de las asociaciones radicales y los grupos no radicales adherentes a los partidos regionales. Son vinculantes para las asociaciones radicales y los partidos regionales simplemente las deliberaciones adoptadas por mayoría de 3/4 de los participantes inscritos. Si se adoptan por mayoría simple, son igualmente vinculantes si el consejo federativo se expresa con respecto a las mismas por mayoría de 2/3.

El consejo federativo está compuesto por los secretarios de los partidos regionales, por los delegados de los grupos no radicales adherentes y por un número de miembros electos directamente por el congreso. El secretario nacional y el tesorero también participan en los trabajos del consejo, sin derecho al voto. Las competencias del Consejo Federativo son complejas, abarcan las deliberaciones pronunciadas en el congreso, la coordinación de la política del partido federal con la de los partidos regionales, la cuestión electoral, la federación de grupos no radicales, la celebración del congreso y la circulación de información en el ámbito del partido.

El secretario es responsable de que se aplique la política del partido federal, según las directrices establecidas por el congreso y las deliberaciones del Consejo Federativo. Tiene un amplio poder, de tipo presidencial, que cobra forma en la posibilidad de convocar congresos extraordinarios. Lo elige directamente el congreso, y responde sólo ante él.

El tesorero, elegido por el congreso, al que responde, tiene el deber de administrar los fondos del partido y de activar su autofinanciación.

La financiación del partido procede de las cuotas individuales de inscripción y de las asociaciones o de contribuciones espontáneas con respecto a actividades e iniciativas específicas: un partido, por lo tanto, por elección ideológica concreta, totalmente autofinanciado. Para evitar que se creen burocracias profesionales, se prohiben los cargos retribuidos: la organización se apoya en el voluntariado.

El tercer Congreso aprobó, posteriormente, una moción organizativa que comprendía normas transitorias para reglamentar la composición del Consejo Federativo, a la espera de la constitución de los partidos regionales. Se establecía sencillamente que: "hasta que se constituyan los partidos regionales, sus tareas las desempeñará el partido federal y las tareas del Consejo Federal la Dirección hasta que el Consejo se constituya".

La moción preveía también que: »el Consejo Federativo del partido federal se constituye con la presencia de por lo menos 10 secretarios de partidos regionales , pero, tal y como veremos mejor a continuación, los partidos regionales se constituirán tarde y sólo en algunas regiones, y serán abolidos muy pronto de hecho, y recientemente de derecho.

Durante los primeros años de la vida del partido, el Consejo federativo fue sustituido por otros órganos, con los mismos atributos, compuestos, sin embargo, por miembros electos directamente por el congreso, contrariamente a lo previsto por el estatuto.

El Consejo Federativo se constituyó, por primera vez, en noviembre de 1974 (XIV congreso), apoyado por una dirección nacional con tareas de coordinación. En los años posteriores, el Consejo estuvo compuesto de forma variopinta, ante la imposibilidad de integrarlo con todos los secretarios regionales, debido a la falta de agregación de los partidos regionales.

A lo largo del 26 congreso (nov. 1981) se decidió, por último, solicitar la competencia del Consejo Federativo a un "Consejo Federal", compuesto en su totalidad por miembros electos por el congreso, a partir de una lista abierta.

Con la sustitución del Consejo Federativo que, repetimos, no ha existido nunca, tal y como preveía inicialmente en el estatuto, los radicales tomaron nota del fracaso del federalismo como organización interna del partido. El partido radical hubiese debido de desempeñar tareas sólo residuales y de coordinación de las autonomías regionales que a su vez eran estructuras de servicio para las asociaciones locales. Los pocos partidos políticos que nacen se revelan en realidad ficciones creadas por el ejecutivo federal. De hecho, se suprimirán, incluso formalmente, a partir del 34 Congreso.

Las praxis y las costumbres no siempre, tal y como veremos, cuadrarán al pie de la letra con el Estatuto. Una de las costumbres más importantes es la de que en los Congresos Federales hayan participado siempre directamente los inscritos, y los no delegados de las asociaciones, tal y como prevé el art. 4.1.1., 2 del Estatuto.

La falta de aplicación de aquel artículo del Estatuto suscitará polémicas y malhumores en la base del partido, que consideraba alterada la representatividad del congreso: los inscritos de toda Italia, privados de la posibilidad de que les representasen delegados y al no poder entre otras cosas por motivos prácticos (gastos de viaje, compromisos de trabajo, etc.) participar directamente en el congreso, se hallaban excluidos del debate y de las decisiones congresales.

N.d.T.

(1 bis) IL MONDO . Publicación semanal de política y cultura, fundado en Roma en 1949 por Mario Pannunzio. Durante diecisiete años fue expresión y símbolo de la mejor tradición laica, liberal, radical y democrática italiana. Gran parte de sus periodistas participaron en la fundación del Partido radical. Interrumpió sus publicaciones en 1966, y las reanudó de la mano de Arrigo Benedetti en 1969. Posteriormente se transformó en una publicación semanal de carácter económico.

(2 bis) PANNUNZIO MARIO . (Lucca 1910 - Roma 1968). Periodista italiano liberal. Director del periódico "Risorgimento liberale" entre 1943 y 1947, fundó posteriormente (en 1949) la revista semanal "Il Mondo" que dirigió durante diecisiete años creando un excelente modelo de periodismo moderno europeo. Inscrito al Partido liberal italiano, fue uno de los fundadores del Partido radical. Pero a pesar de ello contribuyó a liquidarlo cuando se formó el centro-izquierda.

(3 bis) SCALFARI EUGENIO (Civitavecchia 1924) periodista, director del "Espresso" (1966-68), fundador y director del periódico "La Repubblica", desde 1976.

(4 bis) ROSSI ERNESTO . (Caserta 1987 - Roma 1967). Político y periodista italiano. Líder de "Giustizia e Libertá" (Justicia y Libertad), arrestado y condenado en 1930 por el fascismo, estuvo en la cárcel hasta que acabó la guerra. Escribió con Altiero Spinelli el "manifesto di Ventotene" y guió el Movimiento Federalista Europeo y la batalla por una Europa unida. Uno de los fundadores del Partido radical. Ensayista y periodista promovió desde las columnas de "Il Mondo" intensas campañas contra las injerencias clericales en la vida política, contra los potentados económicos, el proteccionismo industrial y agrario, las concentraciones de poder privadas y públicas, etc. Sus artículos fueron recopilados en libros ("I padroni del vapore", etc.). Tras la disolución del Partido radical en 1962, y la consiguiente ruptura con el director de "Il Mondo", M. Pannunzio, fundó "L'Astrolabio" desde cuyas columnas prosiguió con sus polémicas. A lo largo de los últimos años se acercó y se inscribió al "nuevo" Partido radical

con el que lanzó en 1967 el "Año Anticlerical".

(5 bis) BENEDETTI ARRIGO . (Lucca 1910 - Roma 1976). Periodista italiano, innovador de los modelos periodísticos desde los años del fascismo, desarrolló la técnica y la política editorial del "rotograbado" con la publicación semanal "Omnibus", cuyos aires innovadores conocieron el rigor de la censura musoliniana. En la postguerra dirigió "L'Europeo" y fundó y dirigió "L'Espresso" (1955-63).

(6 bis) PARTIDO DE ACCION . GIUSTIZIA E LIBERTA' . (Justicia y libertad) Movimiento antifascista de inspiración liberalsocialista fundado en 1929 en París por italianos en el exilio (Carlo e Nello Rosselli, Alberto Cianca, Emilio Lussu, Gaetano Salvemini etc.). En 1942 dio vida al Partito d'azione (Partido de acción), que durante la Resistencia llamó "Giustizia e libertá" a sus propias brigadas partisanas. Tuvo gran influencia en el desarrollo de las ideas de democracia laica, avanzada, de inspiración anglosajona.

(7 bis) RODOTA' STEFANO . (Cosenza). Jurista y político. Se formó en el asociacionismo estudiantil italiano de los años 50. Uno de los fundadores del Partido radical, electo en el parlamento italiano en 1979 con el apoyo del PCI, se convirtió en presidente de la Izquierda Independiente. Posteriormente fue nombrado presidente del Partido Democrático de la Izquierda (PDS), reelegido diputado en 1992. Ensayista y colaborador del periódico italiano "La Repubblica".

(8 bis) PANNELLA MARCO . Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. A los veinte años fue representante nacional universitario del Partido liberal, a los veintidós Presidente de la UGI, la unión de los estudiantes universitarios italianos. A los 24 frecuenta, en el ámbito del movimiento estudiantil y del Partido liberal, la fundación del nuevo partido radical, que nació en 1954, en el que confluyeron prestigiosos hombres del mundo de la cultura y grupos políticos democráticos minoritarios. Activo en el partido salvo un paréntesis (1960-1963) en el que trabajó como corresponsal de "Il Giorno" en París, en donde entró en contacto con la resistencia argelina. A su regreso a Italia se compromete a reconstruir el Partido radical, liquidado por su misma clase dirigente para el adviento del centro-izquierda. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido llega a promover (y vencer) importantes batallas en pro

de los derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abre el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (FUORI), promueve la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organiza, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financiación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. A causa e estas batallas, todas ellas llevadas a cabo con métodos estrictamente no violentos de inspiración gandhiana - su Gandhi no es un místico ni u

n ideólogo sino más bien un político, riguroso y al mismo tiempo flexible - ha sufrido procesos que en la mayor parte de los casos ha vencido. Desde 1976, cuando por vez primera se presentó, ha salido elegido siempre diputado, dos veces en el Senado, dos en el Parlamento europeo. En repetidas ocasiones candidato y electo concejal municipal en Roma, Nápoles, Trieste y Catania en donde ha llevado a cabo batallas e iniciativas ejemplares y demostrativas. Cuando ha sido necesario ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y e

n el belga. En enero de 1987 se presentó candidato a la Presidencia del parlamento europeo, obteniendo 61 votos. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles en el mundo.

(9 bis) TEODORI MASSIMO . (Force 1938). Diputado y senador radical italiano. Desde muy joven activo en política, fue uno de los fundadores del Partido radical. Licenciado en arquitectura y politólogo. Profesor de historia americana en la universidad estatal, en la John Hopkins University y en la LUISS. Encargado en el Parlamento de los problemas relacionados con los más grandes escándalos políticos. Experto en técnicas electorales.

(10 bis) LAMALFIANA - de LA MALFA UGO . (Palermo 1903-Roma 1979). Político italiano. Uno de los fundadores del Partido de acción (1942), se sumó posteriormente al Partido Republicano Italiano (1948) transformando su fisionomía para intentar crear un partido liberal moderno ligado a las fuerzas productivas. Fue secretario del mismo (65-75) y presidente. Ministro en repetidas ocasiones y vicepresidente del consejo (1974-76).

(11 bis) BANDINELLI ANGIOLO . (Chianciano 1927). Escritor. Formó parte del Partido de Acción; secretario en 1969, 1971 y 1972 del Partido radical del que fue, durante cinco años, tesorero. En 1979, concejal municipal en Roma, diputado de la novena legislatura. Durante años, director de muchas de las publicaciones radicales "La Prueba Radical", "Noticias Radicales", etc.), ha escrito ensayos y artículos relacionados con la historia y la teoría del partido, muchos de ellos recopilados en el volúmen "Il radicale impunito". Colabora con periódicos y revistas, con artículos, editoriales, etc.. y con Radio Radical.

(12 bis) STANZANI SERGIO AUGUSTO GHEDINI . (Bolonia 1923). Exponente de la unión Goliarda Italiana en los años 50. Uno de los fundadores del Partido radical. Senador y diputado, actualmente secretario del Partido Radical. Fue funcionario del IRI. Es ingeniero.

(13 bis) VIA VENETO - famosa calle de Roma por sus cafeterías que solían frecuentar los protagonistas de "la dolce vita" de los años cincuenta.

(14 bis) CROCIANA - de CROCE BENEDETTO . (Pescasseroli 1866 - Nápoles 1952). Filósofo, historiador y escritor italiano. Tras un breve acercamiento en sus años mozos a Marx, junto a Giovanni Gentile tuvo el mérito del renacimiento idealista y hegeliano a finales del siglo pasado. Antifascista, sustancialmente libreral-conservador, en la post-guerra se sumó al Partido liberal y entró en uno de los primeros gobiernos de la Italia postfascista. Durante el fascismo, ejerció gran influencia en sectores importantes de la juventud. Como filósofo, a parte de su reforma de la dialéctica hegeliana, cabe recordarlo por sus estudios de estética y de lógica. Cabe señalar sus estudios históricos ("Historia de Europa en el siglo XIX", "Historia de Italia de 1871 a 1915, etc.) en los que reivindica el desarrollo liberal de la Europa de antes de la guerra, en polémica con la "crisis" de los totalitarismos postbélicos.

(15 bis) FRENTISMO . (it. frontismo). Política que tiende a realizar amplias alianzas antifascistas entre fuerzas de izquierdas, partiendo del Partido comunista. Esta tendencia se difundió en Europa sobre todo en la época de la guerra de España con el llamado Frente Popular (del que proviene la palabra).

(16 bis) COMPROMISO HISTORICO . Proyecto político, basado en una colaboración orgánica entre comunistas y católicos, forjado en particular por Enrico Berlinguer - secretario del Partido comunista italiano (PCI) - tras la crisis y el asesinato de Salvador Allende. El compromiso produjo desde 1976 hasta 1979 la llamada "mayoría de la no-desconfianza", máxima realización de la estrategia togliattiana para un acuerdo orgánico con la Democracia Cristiana.

(17 bis) MORO ALDO . (Maglie 1916 - Roma 1978). Político italiano. Secretario de la Democracia cristiana (1959-65). Artífice de la política de centro izquierda. Ministro en repetidas ocasiones, Presidente del Consejo (1963-68, 1974-76). A partir de 1976 presidente de la democracia cristiana (DC). Preconizó el acercamiento del Partido Comunista Italiano (PCI) al gobierno delineando al hipótesis de una "tercera fase" (tras la del "centrismo" y la del "centro izquierda") del sistema político. Secuestrado por las Brigadas Rojas en Roma, el 16 de marzo de 1978, fue encontrado muerto el 9 de mayo del mismo año.

(18 bis) DOROTEOS . Corriente del partido democrático cristiano italiano surgida en 1959. Recibió este nombre porque celebraban sus reuniones en el convento de Santa Dorotea en Roma. La corriente representa el "centro" del partido, moderado y gubernamental.

(19 bis) FANFANI AMINITORE . (Arezzo 1908). Político italiano, profesor de historia económica, personalidad eminente de la democracia cristiana, de la que fue secretario desde 1954 hasta 1959 y posteriormente desde 1973 gasta 1975 otorgándole un fuerte carácter corporativo con la utilización de la industria pública como punto del desarrollo económico. Jefe de gobierno (1958-59; 1960-62; 1962-63; 1982-83), en repetidas ocasiones ministro de asuntos exteriores (1964-65; 1965-68), presidente del Senado (1968-73; 76-82).

(20 bis) TOGLIATTI PALMIRO . (Génova - 1893- Yalta 1964). Colaborador en Turín de Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. Secretario del PCI desde 1927 hasta su muerte. Transcurrió largas temporadas en el extranjero, en Moscú (en la secretaría del Comintern) y en España (durante la guerra civil española). Volvió a Italia en 1944, puso en marcha una política "nacional" a partir del voto sobre los Pactos de Letrán, enfrentándose con las fuerzas laicas italianas. Estuvo en el gobierno de 1944 a 1947, incluso como ministro. Tras las elecciones de 1948 monopolizó el papel de la oposición pero favoreció igualmente la prioridad del "diálogo" con la Democracia Cristiana y el mundo católico, sin romper nunca con el Vaticano. El proyecto de "vía nacional hacia el socialismo" no logró el objetivo de fondo, es más condujo al estancamiento del sistema político e impidió a la izquierda conquistar una "alternativa" de gobierno a la Democracia Cristiana.

(21 bis) ARTICULO 7 . El artículo 7 de la constitución italiana reconoce y "constitucionaliza" el Concordato entre el Estado y la Iglesia firmado en 1929. En la Asamblea Constituyente fue votado por Togliatti y por el PCI con la oposicón de los socialistas, Partido de Acción etc. El Concordato fue renovado, bajo una nueva fórmula, en 1984 (gobierno Craxi).

(22 bis) PACTOS DE LETRAN (o también Pactos Lateranenses), firmados por Mussolini y el cardenal Gasparri en 1929.

(23 bis) NENNI PIETRO . (Faenza 1891 - Roma 1980). Político italiano. En sus comienzos fue republicano, posteriormente a partir de 1921 socialista. Director del periódico del partido, "L'Avanti", exiliado en Francia, en 1930 fue artífice de la reunificación de los sectores socialistas y, en 1934, del pacto de unidad de acción con el Partido comunista Italiano (PCI). Secretario del PSI en 1943 y desde 1949 hasta 1964, vicepresidente del Consejo (1945) y Ministro de asuntos exteriores (1946-47). Creador del acuerdo orgánico con el PCI, sufrió la derrota electoral de 1948. Premio Lenin de la paz, asumió progresivamente una postura autonomista y en los años 60 luchó por un gobierno de centro izquierda con la Democracia Cristiana (DC); con el centro izquierda fue vicepresidente del Consejo (1963-68) y ministro de asuntos exteriores (1968-69). Senador vitalicio en 1970.

(24 bis) CATO-COMUNISTAS . Del it. "Catto-comunisti". Expresión acuñada para denominar a un sector que engloba a los católicos comunistas.

(25 bis) PASOLINI PIER PAOLO . (Bolonia 1922 - Roma 1975). Escritor, cineasta italiano. Autor de las novelas: "Raggazzi di vita", 1955; "Una vita violenta", 1959, y en poesía: "Le ceneri di Gramsci", 1957, etc.. En teatro/cine : "Accattone", 1961, "El evangelio según San Mateo", 1964, etc. Pero sobre todo, fue un hombre polémico y moralista que denunció las chapuzas de la "burguesía" y criticó duramente a la izquierda italiana por su incapacidad. Simpatizante del Partido Radical, sobre el que escribió páginas de gran belleza, el día de su muerte tenía previsto trasladarse a Florencia para intervenir en el Congreso de dicho partido.

(26 bis) SCIASCIA LEONARDO . (Racalmuto 1921 - Palermo 1990). Escritor, autor de novelas famosas ("Le parrocchie di Regalpetra", 1956; "Il giorno della civetta", 1961; Todo modo, 1964), pero conocido también por su talante controvertido, partícipe de la vida civil italiana durante veinte años. Fue diputado radical en una legislatura (1979-1983) ha intervenido enérgicamente en las batallas en pro de los derechos civiles (Caso Tortora, etc.).

(27 bis) PAJETTA GIANCARLO . (Turín 1911 - Roma 1990) . Político italiano. Arrestado muy joven, durante largo tiempo en las cárceles fascistas. Exponente relevante del Partido comunista italiano (PCI), diputado de la Asamblea Constituyente en todas las legislaturas.

(28 bis) ENI . Ente nacional de hidrocarburos. Holding público nacido en 1953 para coordinar la industria energética italiana. Con las controladas la industria energética italiana. Con las controladas AGIP, SNAM, SAIPEM, ANIC en 1980 es el tercer grupo industrial europeo. Sus presidentes Enrico Mattei y Eugenio Cefis anduvieron metidos en política desempeñando cargos desorbitados para sus funciones.

(29 bis) O.N.M.I. . Siglas de la Obra Nacional de Maternidad e Infancia, la estructura estatal, fundada por el fascismo para la asistencia y la previsión de la maternidad. Tras la guerra se convirtió, hasta su disolución en feudo de la democracia cristiana implicado en escándalos por las connotaciones clientelísticas y de negocios que cobró. En particular, véase la campaña de prensa y política realizada por el Partido radical a mediados de los años 60 sobre la corrupción de la sección romana de la Entidad, en la que se vio implicado el por aquel entonces alcalde de Roma Amerigo Petrucci.

(30 bis) PETRUCCI AMERIGO . (Roma 1922) Alcalde de Roma en 1964, arrestado debido a los delitos administrativos perpetrados para crear la red asistencial pública sobre la que se basaban las fortunas clientelistas de la Democracia Cristiana. El Partido radical llevó a cabo una campaña política y periodística de denuncia, lo cual condujo a Petrucci al proceso.

(31 bis) SARAGAT GIUSEPPE . (Turín 1898- Roma 1988). Socialista, exiliado en Austria bajo el fascismo. Ministro del primer gabinete Bonomi (1944), presidente de la Asamblea Constituyente (1946). Líder de la escisión del ala derecha del Partido socialista Italiano, constituyó el PSL (Partido Socialista de los Trabajadores) Italiano en 1947 y posteriormente el PSDI (Partido Socialista democrático Italiano). Vicepresidente del Consejo (1947-50; 1954-57). Presidente de la república (1964-71).

(32 bis) AMENDOLA GIORGIO . (Roma, 1907-80). Uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano (PCI), considerado durante mucho tiempo "delfín" de Togliatti. Forjó el acuerdo con las "fuerzas productivas sanas", capitaneó el ala reformista y pragmática del partido. Fue diputado. Escribió varios libros y memorias.

(33 bis) RINASCITA . Revista semanal político-cultural del PCI, fundada en 1944 por Palmiro Togliatti para la investigación marxista a alto nivel. Con la apertura del debate sobre el cambio del nombre del partido, la dirección paso al profesor Alberto Asor Rosa, hostil a dicho cambio. Actualmente ha sido suspendida la publicación.

Asimismo es el nombre de una librería ubicada en Roma, en la calle via delle Botteghe Oscure, al lado de la sede del PDS (ex PCI).

(34 bis) LONGO PIETRO . (Roma 1935). Político italiano, secretario del Partido socialdemocrático italiano (PSDI) desde 1978, abandonó la secretaría y la política porque se vio implicado en graves escándalos.

(35 bis) BERLINGUER ENRICO . (Sassari 1922 - Padua, 1984). Político italiano. Diputado desde 1968, secretario general del Partido comunista italiano (PCI) desde 1979 hasta su muerte, tras la crisis y el asesinato de Allende forjó el "compromiso histórico", que produjo desde 1976 hasta 1979 la llamada "mayoría de la no-desconfianza", máxima realización de la estrategia togliattiana para un acuerdo orgánico con la Democracia Cristiana. Su proyecto de dar vida al que se ha dado en llamar "Eurocomunismo", es un intento de proyectar en occidente un reformismo que no renegase del todo la experiencia comunista.

(36 bis) VITTORINI ELIO . (Siracusa 1908 - Milán 1966). Escritor. Divulgó la narrativa americana de los años 30 con una famosa antología en 1942. Autor de la famosa novela "Uomini e no". Organizador cultural, fundó en la postguerra la revista "Il Politecnico". Entró en controversia con Togliatti. Abandonó el Partido Comunista Italiano (PCI) y se sumó al Partido radical del que fue presidente tras la escisión junto al grupo de la Izquierda radical de Marco Pannella.

(37 bis) SALVEMINI GAETANO . (Molfetta 1873 - Sorrento 1957) historiador y político italiano. Socialista desde 1983, meridionalista, fundó la revista semanal "L'Unitá", en la que tuvieron lugar importantes debates. En 1925, fundó en Florencia con los hermanos Rosselli, el periódico clandestino antifascista "Non Mollare" y posteriormente se refugió en el extranjero y llevó a cabo una gran campaña contra el fascismo.

NOTAS DE LA AUTORA

(1) Cfr. RENZO DE FELICE, »Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo , Einaudi, 1961, pág. 411

(2) Cfr. MASSIMO TEODORI, »Storia del partito radicale , in AA. VV., "I nuovi radicali. Storia e sociologia di un movimento politico", Mondadori, Mi, 1977, pág. 41.

(3) »Annuario politico Italiano-1962 , elaborado por el C.l.R.D., Milán 1963, págs. 704-706.

(4) Ibídem.

(5) ARRIGO BENEDETTI, "L'Espresso", marzo 1962.

(6) PAOLO BONETTI, »"Il Mondo" 1949/66, Ragione e illusione borghese , Laterza, 1975. MANLIO DEL BOSCO »I radicali e Il Mondo , E.R.I., Turín, 1980.

(7) MASSIMO TEODORI, »Storia del Partito Radicale . in AA.VV., "I nuovi radicali. Storia e sociologia di un movimento politico", Mondadori, Milán 1977 pág. 13 y sig.

(8) »Annuario Politico Italiano a cura del C.I.R.D., Milán, Comunitá, 1963 págs. 704-706 y MANLIO DEL BOSCO, op. cit. págs. 117-150.

(9) »Annuario Politico Italiano , cit., págs. 704-706.

(10) »Annuario Politico Italiano , 1963, cit.

(11) Cfr. EUGENIO SCALFARI, »La sera andavamo in Via Veneto , Mondadori, 1986, págs. 150-161.

(12) Cfr. FAUSTO DE LUCA, »I radicali e la sinistra , "Il Punto", marzo 1962.

(13) Cfr. MANLIO DEL BOSCO, op. cit., pág. 130

(14) »Annuario Politico Italiano , cit.

(15) ARRIGO BENEDETTI, »I radicali , "L'Espresso", marzo 1962

(16) Marco Pannella fue presidente UNURI, Gianfranco Spadaccia presidente UGR Roma y vicepresidente ORUR, Massimo Teodori Consejero de la goliarda UGI, Franco Roccella presidente UGI, Sergio Stanzani, presidente UNURI. Experiencia en política universitaria: Giuliano Rendi, Giuseppe Ramadori, Giuseppe Picca, Andrea Torelli, Giuseppe Loteta. Informaciones obtenidas en Massimo TEODORI, »I nuovi radicali , op. cit., pág. 342.

(17) MARCO PANNELLA, »Superare la "paura" d'essere radicali , en "L'antagonista radicale", Roma 1978, pág. 202.

(18) Cfr. MASSIMO GUSSO, »Il PR: organizzazione e leadership , CLEUP Padua, 1982, pág. 18.

(19) MASSIMO TEODORI, »I nuovi radicali , cit. págs. 28-31.

(20) MARCO PANNELLA, »La "sinistra democratica" e il P.C I. , "Il Paese", 22 marzo 1959

(21) MANLIO DEL BOSCO, op. cit pág. 121.

(22) Anonimo, »L'alleanza dei cretini , "Il Mondo", 7 aprile 1959.

(23) Cfr. »Comunicato della Direzione del Partito Radicale , cit. por FABIO MORABITO en »La sfida radicale , SugarCo, 1977, pág. 42.

(24) Cfr. »Lettera di Palmiro Togliatti , "Il Paese", 25 marzo 1959.

(25) Las mociones han sido publicadas por la revista "Quaderni Radicali", nº 5/6, enero/junio 1979, págs. 235-245.

(26) Cfr. »Schema di dichiarazione sui rapporti con il mondo cattolico e per l'abolizione dell'art. 7 , "Quaderni radicali" cit., pág. 239.

(27) Cfr. »Schema di dichiarazione sulla politica estera, sul disarmo atomico e convenzionale, sulla politica per la pace , "Quaderni radicali", cit., pág. 245.

(28) NICOLO' CARANDINI, »La polemica Radicale , "Il Mondo".

(29) El congreso concluyó con la aprobación de una mociónb de la mayoría que obtuvo 75 votos contra los 21 de la derecha y los 35 de la izquierda. Por lo que se refiere a la elección del C.N. las fuentes no son concretas: el resultado ha sido sacado del libro de MANLIO DEL BOSCO, »I radicali e il Mondo , cuya fuente son los apuntes privados del autor, que participó en el Congreso. Según Del Bosco, salieron elegidos 75 exponentes de la mayoría, 22 de la derecha, y 3 de la izquierda.

(30) »Annuario Politico Italiano , 1963, cit.

(31) MASSIMO TEODORI, »I nuovi radicali , cit. pág. 35.

(32) MARCO PANNELLA, »Una politica di abdicazione , "Sinistra Radicale" nº 1, octubre 1961, citado por MASSIMO TEODORI, »I nuovi radicali , op. cit., pág. 43.

(33) El boletín de la izquierda radical dedicó varios artículos también a la nueva izquierda francesa, con la que los radicales se identificaban bastante, sobre todo porque por aquel entonces (1959-1962) Marco Pannella era vice-corresponsal de París de "Il Giorno" y por lo tanto estaban más informados y mejor conectados. (34) GIULIANO RENDI, »Per il disarmo europeo, eliminare gli eserciti , "S.R.", nº 6, marzo 1962, citado por TEODORI en »I nuovi radicali , op cit., pág. 36.

(35) ANGIOLO BANDINELLI, »Antimilitaristi: Cronache di 25 anni , "La Prova Radicale", nº 1, otoño 1971, págs. 125-162. La marcha Camucia-Cortona fue denominada "marcha de los 100 Ayuntamientos", pues se caracterizaba precisamente por la adhesión de representaciones de 100 administraciones municipales.

(36) ANGIOLO BANDINELLI, ult. art. cit., pág. 136.

(37) La lista que conquistó en Roma la mayoría estaba formada por Mauro Mellini, Roberto Mazzucco, Giuseppe Ramadori, Massimo Teodori, Gianfranco Spadaccia, Franco Roccella, Giuseppe Loteta y Angiolo Bandinelli. En Milán Luca Boneschi y Mario Cattaneo salieron elegidos en la dirección de la sección milanesa en representación de la izquierda. Información publicada en el libro MASSIMO TEODORI, »I nuovi radicali , cit., pág. 44.

(38) Cfr., TEODORI, Ibídem.

(39) TEODORI, »I nuovi radicali , cit. pág. 47; GIANFRANCO SPADACCIA, »Voce P.R. en »Annuario Politico Italiano , CIRD, Milán 1964, págs. 605-609.

(40) GIANFRANCO SPADACCIA, op. cit., Ibídem, pág. 606.

(41) »el acuerdo entre la izquierda y la D.C. no hubiese obtenido un resultado positivo puesto que el poder D.C. era de por sí un factor de corrupción; por ello la izquierda no hubiese logrado zarandear el sistema de poder, sino que hubiese sido absorbida y marginada en el seno de la coalición - LORENZO STRlK-LIEVERS, en una conversación mantenida en 1976 en la Asociación Radical de Milán, reprododucida en AGHINA, IACCARINO, »Storia del Partito Radicale , Gammalibri, 1977, pág. 18.

(42) Se refieren al veto de De Gaulle para que Gran Bretaña entrase en el MEC, el eje París-Bonn; los acuerdos de colaboración militar de Francia y Alemania con España y Portugal, la estrecha relación de las fuerzas militares italianas con las francesas, alemanas y españolas cfr. »Annuario Politico Italiano , 1964, cit. pág. 606.

(43) Llamamiento de la sección romana del P.R. en »Libro bianco sul Partito Radicale e le altre organizzazioni della sinistra , elaborado por BANDINELLI, PERGAMENO y TEODORI, Roma, 1967, pág. 78.

(44) Cfr. ANGIOLO BANDINELLI, »Dalle elezioni corporative all'alternativa , "La prova radicale", nº. 3, prim. 1972, pág. 41.

(45) Cfr. págs. 43-44.

(46) Cfr. »Libro bianco sul P.R. , op. cit.

(47) La propuesta preveía: 1) El consenso de los cuatro países vencedores signatarios del tratado de paz de París de 1947; 2) La garantía de las Naciones Unidas, cuyos funcionarios debían controlar las fronteras del país (Austria), sometidas a la tutela del Consejo de Seguridad; 3) El acuerdo con los seis países lindantes con Austria para que se comprometiesen a retirar sus tropas a una determinada distancia de las fronteras de la República Austriaca. »Libro bianco sul P.R. , cit.

(48) Cfr. »Libro bianco , cit. pág. 43; A. BANDINELLI, »Progetto Thirring e `nuova sinistra' , "Alternativa non violenta", suplemento de "Noticias radicales", nº. 207, 1977, pág. 12.

(49) Cfr. pág. 30.

(50) »Libro bianco , cit. págs. 4719.

(51) Cfr. PAOLO BONETTI, »Il Mondo 1949/66. Ragione ed illusione borghese , Laterza, Bari, 1975.

(52) El llamamiento de la dirección del P.R. estaba firmado por Pannella (secretaría nacional), L. Balestrieri (dirección) G. Spadaccia (dirección), M. Teodori (dirección), G. Rendi (dirección), A. Bandinelli (departamento internacionales), A. Rendi (departamento de prensa), A. Sabatini (departamento de educación) y Mancuso (departamento sindical). TEODORI op. cit. pág. 76.

(53) »Libro bianco , op. cit, pág. 86.

(54) »Annuario Politico Italiano , 1965, cit.

(55) »Libro bianco cit. págs. 51-52.

(56) »Libro bianco , Ibídem.

(57) "Risoluzione della direzione nazionale del P.R.", Roma, 22 de septiembre de 1965, en »Libro bianco sul P.R. , págs. 65-66.

(58) Al término del XI Congreso del P.C.I., que se celebró en Roma del 25 al 31 de enero de 1966, fue aprobada una moción en la que se invitaba a los católicos a buscar puntos de acuerdo y en la que se reconocía la autonomía de la Iglesia y se condenaba el ateísmo de Estado.

(59) »Il P.C.I. elemento del sistema , entrevista a Marco Pannella por GIANO ACCAME, "Nuova Repubblica", nº. 20, 31 de julio de 1966.

(60) Según Pannella no hay más que recordar el viraje de Salerno, las amnistías del ministro de justicia de Togliatti concedida a los ex-fascistas, la actitud renunciataria ante la Iglesia, desde el art. 7 hasta el rechazo a comprometerse en campañas de moralización que tocasen los centros de poder próximos al Vaticano. La mismísima organización del PCI, burocrática y funcionarial, era típica de un partido socialdemócrata paradójicamente obligado en el bloque estalinista.

(61) »Un Pannella demistificato , "L'unitá", 24 agosto 1966.

(62) »Libro bianco sul P.R. , cit., pág. 76.

(63) M. PANNELLA, »I problemi della sinistra italiana , "Corrispondenza Socialista", año VII, nº. 10 de octubre de 1966 págs. 505-512.

(64) TEODORI en »I nuovi radicali , Mondadori 1977, págs. 46 y sig.

(65) Se considera que esta elección se produjo en el Consejo Nacional del 11 de oct. de 1962. A lo largo de la misma presentaron su dimisión al Partido: Piccardi, Rossi y Villabruna (véase: »Annuario Politico Italiano , cit. 1963, CIRD, »Voce Partito Radicale ).

(66) Cfr. M. DEL BOSCO, quién acusa a la joven izquierda de perderse en Tecnicismos asamblearios, MANLIO DEL BOSCO, »I radicali e Il mondo , Turín 1980, pág. 120.

(67) »Annuario Politico Italiano , 1964, cit. P. 605.

(68) TEODORI, »I nuovi radicali , op. cit., pág. 49.

(69) Ibídem, pág. 49.

(70) TEODORI, cit., pág. 153.

(71) TEODORI, »I nuovi radicali , cit., Ibídem.

(72) LUIGI GHERSI, »Intervista a M. Pannella , "L'Astrolabio", nº 21, 21 de mayo de 1967 Año V.

(73) TEODORI, op. cit., pág. 123.

(74) »Annuario Politico Italiano , voz P.R., redactada por GIANFRANCO SPADACCIA, (C.I.R.D.), Milán, 1965.

(75) Testimonio de Massimo Teodori en »I nuovi radicali , op. cit., pág. 93.

(76) La información sobre los cambios de las secretarías a lo largo de estos años ha sido obtenida del libro de MASSIMO TEODORI »Storia del Partito Radicale, in AA.VV., "I nuovi radicali", Mondadori, Milán, 1977. Teodori afirma que, en 1964, Marco Pannella fue elegido secretario provisional. Posteriormente sostiene que "... una secretaría colegial fue sucedida en julio de 1966 por un secretario único Marco Pannella..." (p. 71 op. cit.).

La contradicción salta a la vista, considerando los documentos que obran en nuestro poder, contradicción que no hemos logrado resolver. Lo que parece ser un punto firme es la presencia de Marco Pannella en la secretaría desde finales del 62 hasta el Congreso de refundación (en mayo de 1967). En este periodo, la relevancia de dicho cargo es más exterior que interior al partido: estaba compuesta y dirigida, efectivamente, tal y como afirman los radicales en repetidas ocasiones, por diez, tal vez veinte personas, por lo que la base y la dirección del partido, en última instancia coinciden.

(77) TEODORI, op. cit., pág. 72.

(78) Citado por ANGIOLO BANDINELLI en »L'antagonista radicale , Actas impresas por el Consejo federativo del P.R., del Convenio celebrado en Roma, el 5/7 de mayo de 1978, sobre "La teoria e la pratica del partito socialista e libertario", pág. 121.

(79) Actas parcialmente publicadas en "Cuadernos radicales" nº. 7 oct.-dic. 1979 págs. 151-172 (para el día del 29 de octubre de 1960) y Q.R. nº. 8/9 enero/junio 1980 págs. 390-406 (para el día del 30 de oct. de 1966).

(80) Continuaba la numeración del viejo P.R.

(81) Documento de convocatoria del III Congreso del P.R., citado por FABIO MORABITO, »La sfida radicale , SugarCo, Milán, 1977, pág. 131.

(82) Entrevista de Luigi Ghersi a Marco Pannella, cit.

(83) Informe de M. Pannella en el III Congresso, transcripción nuestra de una grabación perteneciente a Radio Radicale.

(84) FABIO MORABITO, cit. pág. 132.

(85) cfr. Moción política aprobada por el III Congreso, en »Le lotte, le conquiste, le proposte radicali , elaborado por P.R., Roma, 1985, pág. 5.

(86) Cfr. Marco Pannella, en la citada entrevista de Luigi Ghersi.

(87) Véase Estatuto 1967, Apéndiz pág. 209 y sig.

 
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