Lorenza PonzoneCAPITULO II
LAS BATALLAS POR EL DIVORCIO
SUMARIO: El segundo capítulo del volumen se divide en tres párrafos.
1. Todos unidos en la Liga: recorrido por los abatares de la campaña divorcista desde la presentación del proyecto de ley Fortuna, pasando por la constitución de la Liga Italiana para el Divorcio (LID) hasta las primeras iniciativas y batallas. 2. Desde las manifestaciones en calles y plazas hasta la aprobación de la ley: las batallas, sobre todo parlamentarias, a través de las cuales se llega a la aprobación de la ley Fortuna-Baslini durante la V legislatura. 3. El referéndum. Estábamos solos y desesperados, ahora somos millones ... : las batallas divorcistas hasta la victoria en el referéndum de 1974, con la situación política de fondo y los más importantes acontecimientos (por ej. crisis chilena y guerra del Kippur, etc.). Se presta especial atención a las posturas paulatinamente por el Partido Comunista Italiano (PCI).
(Lorenza Ponzone, EL PARTIDO RADICAL EN LA POLITICA ITALIANA, 1962-1989, Schena editore, enero 1993)
1. Todos unidos en la Liga
El 1 de octubre de 1965, el diputado socialista Loris Fortuna (1bis) presentó una propuesta de ley que tenía por objeto introducir, aunque en casos limitados, la disolución del matrimonio (8). En la presentación del proyecto de ley, Fortuna explicaba que la reforma era necesaria debido al gran aislamiento en el que se hallaba el derecho italiano con respecto a las ordenaciones extranjeras. Asimismo, apuntaba que por aquella época, la media de uniones ilegítimas al año ascendía a cerca de 22 mil, y la media anual de separaciones legales oscilaba entre nueve y diez mil (89). Basándose en estos datos, los radicales se dieron cuenta de que era posible transformar lo que durante muchos años había sido un hecho privado en un problema de carácter social. De hecho, sumando los seiscientos mil separados legales con el millón y medio de separados de hecho, los otros miles de personas implicadas en las separaciones, como los hijos de separados o los convivientes de los separados, globalmente se llegaba a cerca de un di
ez, quince por ciento de la población italiana que de una manera u otra se veía afectada por el aspecto patológico del matrimonio (90). De manera que todas estas personas podían representar un potencial de movilización y consenso más bien amplio.
Una situación semejante se pesentaba como el terreno ideal para experimentar el concepto que los radicales tenían de la política y del partido: llamamiento a los interesados directos en batallas concretas, individualmente, garantizándoles a través del partido o con movimientos organizados una vía de expresión política. De esta manera, pretendían obtener, uniendo una cuestión personal con una exigencia general de los ciudadanos, el máximo compromiso de todos aquellos que estaban interesados en el problema.
Una intuición esencial se basaba probablemente en la opción de los derechos civiles y en particular del divorcio como caballos de batalla: los radicales creían que, en la sociedad italiana, se había producido una seglarización de hecho, es decir que las costumbres habían evolucionado mucho más que el derecho en vigencia. Se había logrado superar en gran parte la creencia de que las leyes de la república italiana tuviesen que identificarse con criterios de moralidad social de la Iglesia.
El problema del divorcio, convertido en motivo de continuo enfrentamiento político durante casi diez años hasta llegar a convertirse en causa de las primeras elecciones anticipadas en la historia del país, era sobre todo una cuestión de soberanía: la pretensión de la Iglesia católica de ejercer plenamente jurisdicción sobre todos los efectos civiles del matrimonio concordatario entraba en conflicto con la ordenación jurídica italiana (91). Esta exclusividad jurídica de que gozaba se derivaba - según la Iglesia - del artículo 34 del Concordato del año 29, que se remitía al art. 7 de la Constitución, que, a parte de comprometer a italia a reconocer efectos civiles al matrimonio religioso, tal y como lo regula el derecho canónico, otorgaba jurisdicción a los tribunales eclesiásticos en hechos posteriores al acto de matrimonio y por lo tanto a la eventual disolución del mismo.
Sin el divorcio la disolución del matrimonio era posible sólo mediante la anulación pronunciada por tribunales civiles para los matrimonios civiles y por tribunales eclesiásticos para los matrimonios concordatarios, según las reglas establecidas por el derecho canónico para la validez del sacramento matrimonial y con efectos civiles. Pero la anulación no disuelve un vínculo, sino que lo considera nulo desde el principio, es decir, tiene efecto retroactivo, ex tunc, en el sentido de que es como si el matrimonio no hubiese existido nunca; con la consecuencia, por ejemplo, de que no se salvaguardan los derechos de los hijos ni se prevé ayuda para el cónyugue más débil (92). Todo ello, unido a la circunstancia de lo odioso de los costes del pleito con el Tribunal de la Rota, determinaba el detrimento evidente de los derechos de las partes sociales más débiles.
Así pues, considerando que la complejidad de los juicios matrimoniales creaba un evidente estado de sufrimiento a las personas que con ellos topaban, la batalla para la introducción del divorcio en el derecho italiano no era una manifestación de principios anticlericales sino el reconocimiento de un derecho.
La idea triunfante de los radicales consiste precisamente en aprovechar la relación existente entre los motivos personales y la política, y llamar la atención de los partidos sobre los problemas estrictamente individuales que, sobre todo las fuerzas marxistas, arrinconaban por motivos ideológicos.
Para la filosofía radical, la política es principalmente el medio para resolver el problema de la felicidad del individuo, cuya obtención no estriba sólo en solucionar los problemas económicos, sino en defender la libertad del individo y conquistar los derechos civiles y humanos (93). Por lo tanto, estaban en contra de las ideas de carácter solidario o ético del sacrificio católico o comunista y consideraban a la colectividad como un conjunto de personas autónomas y no como algo que trasciende al individuo, y se sitúa por encima del mismo (94). Así es como surje una nueva forma de utilizar la política, entendida como medio de liberación de categorías marginadas, de formas de opresión social, más insoportables que las económicas pues coartan las libertades del ciudadano como hombre. He ahí por qué predomina en el partido radical la tendencia al "movimiento", sobre todo a lo largo de los años Setenta. El partido se convierte en un momento de expresión de la vida personal de cada militante. El "traît d'union" d
e todas las situaciones personales es un proyecto general de cambio de la sociedad, que se aplica mediante una nueva gestión de la cosa pública: es la consecuencia última de la introducción de las luchas por los derechos civiles que consiste en recomponer, mediante un movimiento desde la base y expontáneo, la unidad de las izquierdas, y, en última instancia, la candidatura de las mismas a fuerza de gobierno. Por lo tanto, una manera para desbloquar la situación de anquilosamiento que se había perpetuado en Italia fruto del régimen fundado por la Democracia Cristiana, con la consiguiente congelación de la Constitución, el achatamiento de los contrastes políticos que - según los radicales - tan sanos son para una auténtica democracia, y el convertir al Parlamento en mera cámara corporativa de negociación, de concesiones recíprocas entre mayoría y oposición. Así pues, el divorcio no era un problema aislado, sino que se enmarcaba en un complejo proyecto de renovación y laicización del estado italiano.
Tras la presentación del proyecto de ley Fortuna, fueron los radicales quiénes sugirieron que se organizase un bloque de apoyo por parte de la opinión pública, única manera de evitar que la cuestión se llenase de polvo y olvido. Sin lugar a dudas, les ayudó considerablemente el hecho de que la revista semanal popular "ABC" (3 bis) apoyase inmediatamente la iniciativa, garantizando de esta manera un amplio eco entre el público, precisamente lo que los radicales pretendían. El primer paso hacia la auténtica organización de la batalla se llevó a cabo con el debate promovido en Roma, el 12 de diciembre de 1965, por la sección romana del partido radical. El convenio estuvo presidido por Massimo Teodori (4 bis), con la participación de Mauro Mellini, en calidad de ponente radical, Luciana Castellina por el Partido Comunista Italiano (P.C.I.), el catálico Migliori y Loris Fortuna (95).
Se esbozó en dicha instancia la idea, nueva en el panorama político italiano, de la constitución por parte de los divorcistas de una asociación autónoma de los partidos, al estilo de las ligas o de los grupos de presión anglosajones. Mauro Mellini, en su ponencia en el convenio, delineaba la estructura y la táctica del movimiento: »una acción divorcista autónoma, vital y organizada, políticamente bien orientada, que fermentase en las masas sentimientos y convicciones difundidos, que canalizase energías, que coordinase los esfuerzos de cuántos luchaban por el divorcio, que estimulase y reconfortase la acción de las fuerzas políticas decididas a apoyar la causa divorcista, es actualmente posible y promete ser sumamente eficaz (96). En enero de 1966, Mauro Mellini, junto al secretario general del P.R., Marco Pannella (5 bis), anunciaron la constitución de la Liga Italiana para la Introducción del Divorcio (2 bis). La estructura de la Liga estaba diseñada como centro de coordinación de las actividades llevadas
a cabo en todo el país, un organismo abierto e informal, cuya novedad principal estribaba en el hecho de que los componentes de la dirección nacional, a pesar de proceder de partidos distintos, formaban parte del mismo a título personal y no como delegados de la fuerza política a la que pertenecían. Esta condición había sido creada adrede para que la Liga no estuviese atada a negociaciones interpartídicas y de compromisos. En el comité promotor destacaban las figuras de Loris Fortuna, los magistrados Mario Berutti y Salvatore Gianlombardo, los aprlamentarios Lucio Luzzatto del Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria (P.S.I.U.P.), Giuseppe Perrone-Capano, del Partido Liberal Italiano (P.L.I.), Giuseppe Averardi del Partido Socialdemócrata Italiano (P.S.D.I.), el científico Adriano Buzzati-Traverso y el jurista Alessandro Galante-Garrone (6 bis) (97).
La Liga, para lograr sus intentos, por una parte utilizó instrumentos para garantizar que se informase sobre las actividades y para incrementar el número de adhesiones, y por otra utilizó las presiones directas a los parlamentarios, individualmente, para que acelerasen el íter parlamentario de la ley sobre el divorcio (98).
Con tal objeto, se difundieron algunas hojas informativas, sin periodicidad fija, hasta una tirada de ciento cincuenta mil copias: "Batalla divorcista" (99), órgano oficial de la Liga, que empezó a publicarse en noviembre de 1966, "El divorcio" y "Noticias LID". Las hojas se enviaban direcciones procedentes de un listado obtenido durante las manifestaciones promovidas por la Liga.
La LID nacional organizó algunas manifestaciones masivas con los representantes de los partidos laicos, en las que participaron varios miles de personas: en noviembre de 1966, en la Piazza del Popolo de Roma se reunieron 15 mil personas; en febrero de 1967, dos mil personas en el Teatro Adriano, y en septiembre de 1969 ocho mil en la Plaza Navona (100).
Los grupos locales de la Liga, que se constituyeron expontáneamente en varias ciudades italianas, promovieron gran número de mítines, mesas redondas, debates sobre el divorcio, por un total de doscientos a lo largo de tres años (1966-1969).
Por lo que se refiere a las presiones en el Parlamento, la LID por iniciativa más bien de militantes radicales, experimentó por primera vez a gran escala varios tipos de "acciones directas".
La primera estuvo organizada por la revista semanal "ABC" (3 bis), en el periodo octubre 1965-marzo 1966, con la que se invitaba a los ciudadanos a enviar cartas, telegramas y postales a los parlamentarios signatarios del proyecto de ley, cada vez que se producía un impasse en el proceso legislativo. Además, los radicales, en particular Marco Pannella y Mauro Mellini, estudiaron a fondo los procedimientos parlamentarios (102), con objeto de sugerir a los diputados interesados cómo acelerar el debate sobre el proyecto de ley.
Se intuye fácilmente que esta nueva metodología de intervención directa en el proceso político se basaba en la concepción de los radicales del carácter esencial del parlamento en la lucha política: las decisiones se adoptan en el seno de las instituciones, por lo tanto son inútiles y supérfulas las meras manifestaciones en las calles que no tengan como objeto directo instigar a las instituciones a desempeñar su papel. Las cartas estaban dirigidas a cada uno de los parlamentarios y no a las altas cúpulas de los partidos, obviamente para evitar los compromisos entre la mayoría y la oposición en el momento de la aprobación de las leyes, remitiéndose a las convicciones individuales de cada cual y no a su pertenencia partídica. Otros métodos de presión cavilados por el partido radical fueron los ayunos. La primera huelga de hambre contra el obstruccionismo de la Democracia cristiana con respecto al proyecto Fortuna fue llevada a cabo por Marco Pannella y Roberto Cicciomessere (7 bis), por aquel entonces tesorero
y secretario general del P.R. respectivamente, en noviembre de 1970 (103).
Paralelamente a las huelgas de hambre, se organizaron protestas contra la Radio Televisión Italiana (RAI), logrando de esta manera imponer, en septiembre de 1970, cinco debates sobre el divorcio, con la participación incluso de personalidades no parlamentarias.
Se utilizó, asimismo, un instrumento más tradicional: en 1967, se elaboró una petición popular firmada por cien mil ciudadanos que fue enviada a la Presidencia de la Cámara de los Diputados, en la que se solicitaba al Parlamento que se pronunciase lo antes posible sobre la propuesta de ley Fortuna (104).
La Liga nacional, contaba con veinte mil cuotas de afiliación, recogidas en tres años, y no poseía una auténtica estructura central, la presidencia era de carácter colegial, la secretaría igualmente colegiada y un consejo directivo nacional, elegidos por el congreso.
Tal y como mencionamos anteriormente, cerca de un tercio de los militantes de la Liga y de los electos en los órganos directivos de la organización estaban inscritos o eran simpatizantes radicales, y las iniciativas más destacadas estuvieron organizadas por Mauro Mellini, quién formaba parte de la presidencia de la LID, y por Marco Pannella, miembro de la secretaría de la misma. Se puede afirmar sin miedo a errar que hasta que se aprobó la ley sobre el divorcio y posteriormente durante la campaña a favor del referéndum, el partido radical se trasladó practicamente a la LID, lo cual le dio un gran impulso de lucha, aunque probablemente le restó energías al partido que hasta 1972 no superó los mil inscritos. La participación resultó ser muy útil para la experimentación de los métodos de acción extraparlamentaria y para lograr que los radicales apareciesen en el escenario nacional. Sin embargo, queda por ver si se logró el objetivo político que los radicales se proponían por encima del resultado inmediato de la
introducción del divorcio, es decir si se dieron pasos hacia adelante en el camino de la unidad y la renovación de la izquierda italiana como alternativa de gobierno a la D.C. y a sus aliados de siempre.
2. De las manifestaciones en las calles y plazas hasta la aprobación de la ley.
El panorama que se encontraron los miembros de la LID en aquellos primeros meses del año 1966 era más bien desolador, cuando el proyecto de ley emprendió su camino en el Parlamento. Ninguna fuerza política estaba realmente dispuesta a jugarse las estrategias de que contaba para apoyar el proyecto hasta el fondo y a toda costa. En efecto, la Liga se hallaba políticamente aislada, hasta los partidos de izquierdas se mostraban dubitosos, atemorizados ante la hipótesis de romper los contactos que poseían con el mundo católico. Empezando por el P.C.I - contra el que los radicales arreciaron una acalorada polémica - que a lo largo de aquellos meses mantuvo una postura política más bien prudente y atenta a las exigencias de las masas populares católicas (105), a tono con el proyecto político togliattiano (8 bis), que apuntaba hacia un encuentro entre las masas comunistas y católicas "para un programa de regeneración económica, política y social". Y por consiguiente, al P.C.I. no le convenía suscitar una cuestión co
mo la del divorcio, que hubiese desembocado sin lugar a dudas en un conflicto con la Iglesia. En semejante contexto político, prácticamente sin salidas, cabía inventar una solución en favor del divorcio, sin que (al menos por el momento) implicase modificaciones en las alineaciones políticas y sobre todo decisiones de carácter ideológico. Así fue como la LID presentó el divorcio como una ley necesaria para resolver situaciones insoportables a nivel humano, independientemente de las estrategias de cada una de las fuerzas políticas. Esta opción laicista de superar las contraposiciones meramente ideológicas en la lucha política, fue sacada adelante por los militantes radicales de la LID: se trataba de la experimentación práctica de la política por temas, a partir de la que, tal y como hemos visto, habían organizado el partido.
El rápido éxito de la LID, en cuya órbita se formó un amplio movimiento de opinión, se debió a la amplia libertad de maniobra permitida, precisamente, por la declarada independencia de las lógicas partídicas o de clase o en cualquier caso de intereses creados.
En los primeros tres años, la lucha por el divorcio tuvo como escenario casi exclusivamente las plazas y las calles, en donde tenían lugar las manifestaciones que la LID promovía para llamar la atención de los "fuera-de-la-ley del matrimonio". Para dar publicidad a la propuesta de ley sobre el divorcio se introdujeron publicaciones de tipo didáctico escritas por Mauro Mellini. Junto a auténticos consejos prácticos, para obtener fácilmente y sin gastar mucho la anulación del matrimonio por parte de la Sacra Rota, se divulgan, con claridad e ironía los casos tratados por los tribunales eclesiásticos en materia de matrimonio (106).
Se ha calculado que cerca de 200 mil ciudadanos participaron a lo largo de los primeros tres años de la campaña en las manifestaciones organizadas por la LID; todos ellos personas procedentes de clases sociales distintas, de lo que se desprende el interés general por la batalla. Sin embargo no se logró aprobar la ley en la cuarta legislatura (1963-68).
La oposición de la Democracia cristiana fue dura e intransigente en la defensa compacta de la indisolubilidad del matrimonio, hasta tal punto que condujo a los parlamentarios de la cruzada a utilizar todo sofisma para que demorar e impedir el examen del proyecto de ley (107).
La actitud de los partidos laicos y de izquierdas no fue unívoco y coherente en la defensa de la ley, al menos en un principio.
Se había difundido el temor de que una reforma semejante pudiese perjudicar el contacto con las masas, especialmente de inspiración católica, de los dos partidos de izquierda más importantes. Al partido socialista, además, le preocupaba no interrumpir la relación de gobierno con la D.C. Entre los laicos, el Partido Republicano Italiano (P.R.I.) también se mostraba cauto pues no quería enfrentarse con los tradicionales aliados democristianos, mientras el P.L.I. de Malagodi estaba dividido en su seno.
El proyecto de ley, presentado por Loris Fortuna el 1 de octubre de 1965 fue asignado a la Comisión de Justicia de la Cámara, en sede el 5 de mayo de 1966 (108). El proyecto no se empezó a estudiar hasta el 15 de septiembre. Los diputados democristianos suscitaron inmediatamente un prejuicio de inconstitucionalidad, (109) paralizando de esta manera el íter de la ley, que pasó a la Comisión de Asuntos Constitucionales para que diese su parecer. Permaneció en dicha instancia hasta el 19 de enero de 1967, fecha en que la Comisión dio su parecer favorable. La Comisión de Justicia inició la discusión el 16 de junio de 1967 y el 21 de septiembre se votó a favor del cierre de la discusión de las líneas generales y se pasó al examen de los artículos uno por uno. La discusión de los artículos no fue fácil, por lo que la Comisión tuvo que dividir en dos artículos distintos, uno para la disolución del matrimonio civil y el otro para la del matrimonio concordatario (el art. 1 del proyecto Fortuna, que introducía el prin
cipio general de la disolubilidad del matrimonio).
Tras la aprobación de los primeros dos artículos (el 16 de noviembre de 1967 y el 10 de enero de 1968) se pasó a examinar el relacionado con los motivos de divorcio, ponto que suscutó nuevas divergencias entre los miembros de la Comisión, incluso entre los del bando laico. Por último, el 25 de enero se aprobó el artículo con algunas enmiendas restrictivas con respecto a la propuesta inicial.
La celebración de elecciones generales, el 19 de mayo de 1968, impidieron que el proyecto siguiese avanzando. Ya a partir de diciembre de 1967, en cualquier caso, los divorcistas tenían muy claro que era imposible, dada la escasez de tiempo, aprobar la ley en la IV legislatura; por lo tanto, era necesario plantearse el objetivo de garantizar que se aprobase durante la legislatura siguiente.
Durante el Congreso de la LID (Roma, 9-10 de diciembre de 1967) se consideró la hipótesis de proponer al electorado listas divorcistas, visto que los parlamentarios se habían comprometido más bien con desgana, obligados a hacerlo por la movilización que se había producido en la opinión pública. Así pues, en el congreso predominó la sugerencia de Marco Pannella de no presentar listas propias y en cambio apoyar a aquellos candidatos que declarasen en público estar dispuestos a volver a presentar el proyecto Fortuna el primer día útil de la quinta legislatura. En realidad, durante la campaña electoral, nadie se comprometió demasiado con el divorcio, por lo que el partido radical indicó a sus simpatizantes que votasen en blanco en señal de protesta.
Las elecciones generales del 19 de mayo de 1968 premiaron a la D.C. y al P.C.I. con un ligero aumento de consensos y marcaron una gran derrota del Partido Socialista Unificado que obtuvo el 14,5% perdiendo casi un cuarto del electorado que había votado por el PSI y el PSDI por separado en las elecciones de 1963 (19,9% PSI + PSDI en 1963), pero Loris Fortuna volvió a presentar la propuesta de ley el 4 de junio de 1968 logrando que confluyesen las firmas de más de sesenta diputados socialistas, comunistas, del PSIUP y republicanos, de nuevo con la mediación de la LID (110).
La Liga, en la quinta Legislatura, coordinó dos impulsos paralelos: uno de tipo parlamentario y por así decirlo institucional, y otro externo al parlamento y de carácter popular. Con el primer tipo de acción se intentó superar las diferencias y hostilidades existentes entre los distintos partidos, para construir un frente laico, aunque algo vacilante. Las acciones populares servían por el contrario para confutar la acusación de que el proyecto de ley Fortuna era una ley burguesa, y para mantener vivo el control de la opinión pública sobre la actuación de los partidos. La situación en el Parlamento tras las elecciones no les pareció a los radicales demasiado favorable debido a la pérdida que se produjo con motivo de la derrota del Partido Socialista Unificado de algunas posturas que habían demostrado ser determinantes para los primeros éxitos divorcistas. La presidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales había sido otorgada al diputado Bucciarelli Ducci, democristiano, mientras en la legislatura anter
ior era presidente un socialista.
Posteriormente, los liberales propusieron, con la firma del diputado Baslini, por aquel entonces presidente de la LID, un proyecto de ley bastante restrictivo con respecto al proyecto Fortuna.
En señal de protesta, Marco Pannella, miembro de la secretaría de la Liga, presentó su dimisión, confiando en poder obtener que los liberales se retractasen. En efecto, éstos aceptaron el texto Fortuna, pero en el que se introducían las enmiendas Baslini. Posteriormente, la discusión, en calidad expositiva, de la Comisión de Justicia procedió con celeridad así como la discusión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, en calidad consultiva. A principios de junio, el proyecto Fortuna-Basini llegó a la Asamblea. El debate sufrió varios aplazamientos por las intervenciones obstruccionistas de los parlamentarios democristianos. De esta manera se llegó al 10 de noviembre de 1969 sin haber concluido nada, por lo que la LID decidió tomar las riendas de nuevo con una iniciativa de Marco Pannella que junto a Roberto Cicciomessere (secretario del PR) empezó una huelga de hambre ante Montecitorio (9 bis), obteniendo que la D.C. se comprometiese a celebrar una votación antes de finales de mes. De hecho, el 29 de novi
embre, la ley Fortuna fue aprobada por la Cámara de los Diputados con 325 votos a favor y 283 en contra.
La propuesta de ley pasó posteriormente al Senado, en donde la mayoría divorcista (P.S.I., P.C.I., P.R.I., P.L.I.) se hallaba a pique, por lo que una ausencia era suficiente para desencadenar obstáculos y retrasos no previstos en la discusión. Además, el marco político del momento era totalmente particular, al hallarnos tal y como nos hallábamos en un momento de viraje en la historia política italiana. Tras el 68, la fuerza de las cosas casi obligó a las izquierdas a abandonar las tácticas y las prudencias vinculadas a los problemas de alineación y el nuevo clima influyó de forma positiva en la batalla que la LID parecía combatir con escasas esperanzas de victoria.
A todos los observadores les parecía un espejismo la ley sobre el divorcio la víspera de su aprobación. La vida de los partidos de izquierdas (los más interesados) estaba atravesando un momento crítico, con escisiones, rivalidades, polémicas y auténticas crisis de identidad. El P.S. Unificado se había escindido, tras la derrota electoral del 68; el partido comunista, tras los hechos de Praga, había defendido por vez primera a los reformistas contra la intervención militar de la Rusia brezneviana. A todo este fermento se sumó la que se dió en llamar estrategia de la tensión (10 bis), es decir las primeras acciones terroristas. En este trágico contexto, la LID, con sus sistemas de lucha en las calles y plazas, se encontraba con algunos problemas más, en un momento en el que el desencadenamiento de las bases se producía a todo terreno y teñido de dramatismo.
La ley constituía, sin lugar a dudas, todo un escollo en el camino de la formación de las distintas alianzas de gobierno por aquel entonces. Y las crisis ministeriales intermitentes, que caracterizaron el panorama político de 1970, hicieron que los partidos laicos fuesen más cautos y vacilantes. La suerte de la ley Fortuna fue decidida con un compromiso, en marzo de 1970, tras una larga crisis de gobierno; fue un elegante trueque entre las fuerzas de inspiración católica y los partidos y movimientos divorcistas: los partidos laicos se comprometían en aprobar previamente la ley de aplicación del referéndum abolitivo (11 bis), institución prevista por el art. 75 de la Constitución italiana y no aplicada todavía, con el objeto de someter a la voluntad popular la ley. En cambio, la D.C. permitía que se continuase con el íter legislativo de la ley en el Senado. Pero el acuerdo no alisó el camino inmediatamente para la aprobación del divorcio, pues los partidos de izquierdas temían ahondar demasiado la fractura co
n el mundo católico y por lo tanto con la Democracia Cristiana. Mientras tanto, la LID se esforzaba por mantener la propuesta de ley al margen de los "oscuros mercantilismos del poder", organizando manifestaciones e inventando un comité de garantes para que se votase la ley en el Senado antes del 9 de octubre de 1970.
Todo un golpe imprevisto pareció poner en peligro la propuesta en el momento de la votación: por un solo voto no fue acogida una moción democristiana que solicitaba que se rechazase en bloque la propuesta de ley. Estaba claro que en el frente divorcista actuaban francotiradores. El resultado de la cuestión parecía, paradójicamente, estar en manos de una improbable claudicación de la Democracia cristiana; se recurrió a la mediación del senador Giovanni Leone (12 bis), quién hizo que los laicos aceptasen algunas enmiendas restrictivas.
La dimisión de Pannella y de Mellini de sus cargos de dirigentes de la LID en protesta por los compromisos que hubiesen cambiado la naturaleza del espíritu de la ley aceleró las cosas (111).
El 9 de octubre de 1970, el Senado aprobó el divorcio que se convirtió en ley del Estado con la aprobación de la otra rama del Parlamento, en su segunda lectura, el 1 de diciembre de 1970. Los radicales demostraban de qué manera la fuerza ideal de una minoría, recurriendo a los métodos políticos no propios de la tradición italiana, había logrado imponer la aprobación de una ley ya madurada en la conciencia civil de Italia.
Pero el resultado más amargo, por encima del logro técnico del experimento, fue de carácter esencialmente político: los nuevos radicales, por primera vez en la breve historia de su agrupación, habían logrado coagular fuerzas que, aún teniendo una matriz común afín, estaban desde hacía décadas en incurable contraposición. Sin embargo, el trabajoso resultado político obtenido luchando por la introducción del divorcio, un frente único de las fuerzas progresistas, era una falacia. Y no podía ser de forma distinta, si se consideran los compromisos, los pactos, no demasiados claros para la investigación histórica, a partir de cuyas premisas nació la ley sobre el divorcio. En resumidas cuentas, las alineaciones y las posturas en pro y en contra de la izquierda nunca fueron claras ni concretas. Lógicamente, no se podía construir una política laica partiendo del equívoco, pues su consecución necesita libertad sin reservas para las opciones futuras. Por ello, los radicales consideraron que una experiencia como la del
divorcio, nacida de la iniciativa de un solo parlamentario y de un movimiento anómalo como el de la LID, no era repetible, debido a las condiciones sociales y políticas que la habían hecho posible (112).
Lógicamente, los radicales se convencieron de que los partidos parlamentarios no se iban a dejar tomar por sorpresa de nuevo permitiendo que se les impusiese un tema de lucha política que no entraba en sus objetivos ni en sus intereses de poder.
Sin embargo, los radicales obtuvieron de la cuestión del divorcio la confirmación de que era posible sacar adelante la política de los contenidos. Por ello decidieron adoptar en los años posteriores un nuevo instrumento de lucha política, el referéndum, el único medio para poder influir y decidir de forma significativa sobre el equilibrio político. Era un método para lograr que los ciudadanos expresaran su consenso con respecto a los contenidos de una iniciativa política específica sin pasar por la ruptura con el partido al que tradicionalmente cada cual pertenecía.
3. El referéndum: estábamos solos y desesperados, ahora somos millones...
La tensión que había logrado mantener el frente laico estaba por desvanecerse: los radicales se dieron cuenta inmediatamente y denunciaron públicamente la cuestión (113). Los síntomas se hallaban ya presentes, según los radicales, en las intenciones de voto declaradas por los partidos laicos y de izquierdas, en la recta final de la ley sobre el divorcio. No era difícil leer en las posturas de los representantes de las fuerzas divorcistas el miedo a vencer que, para los radicales era el motivo principal de las derrotas con respecto a la Democracia cristiana (114).
Mientras tanto, los grupos antidivorcistas no se resignaron, por lo que empezaron a moverse para que se aboliese la ley recién aprobada: un comité que se remitía al profesor de derecho romano Gabrio Lombardi presentó, a principios de enero de 1971, la solicitud ante el Tribunal para que se aceptase la convocatoria del referéndum. Ante el movimiento abolicionista, los radicales y la LID reaccionaron con rapidez y firmeza. En un primer momento sostuvieron la inconstitucionalidad de la petición de referéndum afirmando que no era legítimo remitir a un juicio de mayoría un derecho inalienable del ser humano. En un segundo momento, por el contrario, tal y como veremos a continuación, los radicales cambiaron de estrategia, aceptaron el referéndum, para impedir compromisos que pudiesen alterar la naturaleza de la ley Fortuna-Baslini (115).
Las objeciones de carácter constitucional que los radicales artucularon contra la propuesta de referéndum hallaron un eco demasiado tibio entre los parlamentarios que acababan de votar la ley. Entonces, la LID y los radicales recurrieron a los sistemas directos, y se movieron contra quiénes parecían llevar las riendas del grupo referendario, es decir las jerarquías eclesiásticas. Pannella y Mellini empezaron denunciando a la magistratura a algunos obispos, por la labor que habían prestado en apoyo al movimiento para la abolición del divorcio: la intervención de las jerarquías era considerada, por los radicales, penalmente relevante y por lo tanto perseguible.
La iniciativa, en un momento histórico de conformismo por lo menos táctico para con las jerarquías eclesiásticas, suscitó las reacciones de la opinión liberal, que estaba en contra de que se presentase recurso al Código Rocco (13 bis), considerado liberticida, para obtener que la Iglesia dejase de interferir en los asuntos del Estado italiano. Pero el intento de los radicales no estribaba en incriminar a las jerarquías, sino de zarandear a la opinión pública progresista en defensa del divorcio. Aunque no obtuvieron vastos consensos, sus tomas de posición anticlericales sirvieron para llamar la atención de los periódicos y por lo tanto a dramatizar la situación. Por ello movilizaron a los movimientos de base: los militantes locales de la LID controlaron de forma capilar la regularidad de la recogida de firma para el referéndum, y denunciaron los chantajes sufridos por los signatarios en las iglesias, en los hospitales, en los colegios privados y en los monasterios. Pero estos dossiers no condujeron a ninguna
parte.
El contexto político en el que los radicales actuaron tras la aprobación de la ley sobre el divorcio era todavía más complicado que el anterior. Las izqueirdas estaban atravesando un momento crítico: una fase de transición del viejo maximalismo incluso verbal, siguiendo los rastros de la confrontación con los movimientos socialdemocráticos europeos y de los síntomas precursores de la crisis del socialismo real. El partido comunista, tras la condena de la intervención soviética en Praga, se iba orientando más concretamente hacia la colaboración con la Democracia cristiana, siguiendo una línea de oposición blanda con respecto al gobierno.
El P.S.I. no lograba hallar una nueva estrategia, incierto entre la participación en el gobierno con la D.C. y las búsqueda de "equilibrios más avanzados", en vistas a la alternativa. En semejante situación crítica, todas las fuerzas políticas intentaron desencadenar esa mina errante que era el divorcio, que sin lugar a dudas constituía un motivo de tensión y corría el riesgo, por lo tanto, de turbar los precarios equilibrios existentes en las relaciones internas y externas de los partidos.
He ahí por qué a lo largo de los dos años posteriores a la introducción del divorcio, se intentó por todos los medios llegar a un compromiso con la Democracia Cristiana para evitar enfrentarse a la misma con motivo del referéndum abolitivo, para evitar tener que tomar posiciones concretas, pues los partidos menores temían ser aplastados entre dos alineaciones. Cabe añadir que estaba muy difundida la convicción de que en Italia no existiese una mayoría divorcista.
Los radicales y la LID, temiendo que las alquimias políticas, fruto de compromisos, pudiesen acarrear una modificación, por así decirlo, indolora de la ley Fortuna, dejaron de oponerse al referéndum y se comprometieron, aun a costa de una respuesta popular, a defender la integridad de la ley. Se movieron a lo largo de una línea política más amplia, introduciendo el divorcio en los temas tradicionalmente laicos, como la denuncia del Concordato. (14 bis)
Al aplicar esta política que tenía por objeto cambiar las relaciones existentes entre la Iglesia y el Estado, convocaron, paralelamente al noveno congreso nacional del partido el 14 de febrero de 1971, una asamblea nacional anti-concordataria, durante la que se fundó la LIAC (Liga Italiana para la abolición del concordato), con la participación de los miembros más destacados de la LID (116). Los parlamentarios que se sumaron a la LIAC presentaron mociones e interpelaciones que tenían por objeto suscitar un debate sobre el Concordato. Estas iniciativas se introdujeron en la cuestión ya lanzad a los partidos de la izquierda sobre la revisión de los acuerdos establecidos por el fascismo con la Iglesia. Por su parte, los radicales apoyaron, es más potenciaron el trabajo de la LIAC y enviaron a todos los parlamentarios laicos de la Cámara de los diputados un documento redactado por la junta ejecutiva del partido, en la que se especificaba y se aclaraba la postura de los radicales con respecto a la cuestión Estado
-Iglesia (117).
El documento radical se presentó muy articulado. En él se trataban toda la gama de relaciones que nacían del Concordato, desde la familia hasta la educación pasando por la asistencia. Estos intereses de "poder clerical" daban vida a un inmenso patrimonio que, de hecho, estaba más extendido y contaba con más poder que el público, y podía vivir y prosperar en una especie de zona franca, gracias, precisamente, al Concordato. Los radicales iban al grano y hacían referencia a los miles y miles de millones que cada año pasaban de las arcas del Estado, con pretensiones que a veces rozaban la ilegalidad, a las arcas de los administradores de estructuras económicas clericales, para la asistencia, para la escuela materna, para la actividad del tiempo libre, todo ello sin ningún tipo de control, ni tan siquiera fiscal. Por lo tanto, no sólo transferencia de las competencias del Estado a otra "soberanía" sino paso de enormes recursos financieros.
El Partido radical estaba convencido de que el enfrentamiento histórico entre fuerzas opuestas que se iba fraguando desde hacía décadas en Italia debía ser fruto de semejante antagonismo. De ahí el rechazo intransigente de los radicales con respecto a todo intento de revisión del Concordato, pues, para ellos, sólo la abolición de los Pactos de Letrán (15 bis) podía evitar los compromisos. El intercambio entre revisión del Concordato y divorcio ofrecía a la propuesta de referéndum la fuerza del chantaje: una postura inaceptable para los radicales, quiénes, en resumidas cuentas, exigían que "la situación italiana se equiparase a la de cualquier otro país cívico, democrático y moderno, sin contraposiciones religiosas" (118).
Coherentemente con lo propugnado en los documentos y en los distintos convenios, los órganos directivos de la LID, en una reunión del 18 de mayo de 1971, se hicieron promotores de algunas medidas legislativas para garantizar plenos derechos civiles inclusive a los religiosos, y al mismo tiempo, para castigar a los ministros del culto que interferían en la lucha política de su ministerio, coartando la conciencia de los creyentes. En dicha ocasión, la LID sugería a sus inscritos la abstención en las elecciones municipales del 13 de junio de dicho año, subrayando la decisión ya adoptada por el partido radical (119). Mientras tanto continuaba el proceso hacia el compromiso entre las fuerzas divorcistas y las católicas, proceso que los radicales consideraban una suerte de conjura secreta contra el divorcio, para evitar el referéndum, un precio inaceptable para la opinión laica.
Las negociaciones capitaneadas por el P.C.I, cobraban a pasos acelerados carácter de urgencia pues los comunistas querían entrar a formar parte de la mayoría; y para lograr dicho objetivo, estaban dispuestos a pagar al mundo católico el arancel necesario que consistía en claudicar ante el tema del divorcio. Bajo dicho prisma cabe analizar el proyecto presentado por la senadora Carettoni (de la izquierda independiente) en diciembre de 1971, acordado entre todos los partidos laicos, que dificultaba el proceso para obtener el divorcio, lo obstaculizaba y lo sometía a expedientes dilatorios, como por ejemplo dilatar el ritmo procesal en caso de oposición del cónyuge católico. La propuesta no salió adelante porque la D.C. no la aceptó: ésta sólo hubiese aceptado, aunque de mala gana, el compromiso propuesto por el P.C.I. que afectaba simplemente a los matrimonios civiles. Por lo que la solución más conveniente para todos los partidos interesados era disolver las cámaras y celebrar elecciones anticipadas, que hubi
esen permitido postergar un año el referéndum. Los radicales criticaron la decisión (120) advirtiendo de que con el aplazamiento del referéndum se perdía la posibilidad de una confrontación que colocase en posiciones laicas a una parte del electorado católico, ocasión única que dicho momento político particular ofrecía para vencer el impulso hacia la derecha. Y alegaban que, tras las elecciones, iba a ser más difícil aislar el problema del divorcio del contexto más general de la crisis de las instituciones, lo cual iba a poner en entredicho la victoria del referéndum. Sentadas tales premisas, los radicales y la LID se pronunciaron a favor de la abstención. Emprendieron una auténtica campaña contra las que dieron en llamar elecciones "estafa". La campaña electoral estuvo muy enconada sobre todo por parte de las masas católicas, y por consiguiente de la D.C. que quería recuperar votos a su derecha para ampliar asimismo el frente antidivorcista. La D.C. temía una fuerte pérdida, tal y como había sucedido en las
elecciones municipales anteriores. El P.C.I. tenía el mismo miedo, debido a la competencia del grupo de Il Manifesto (16 bis), a su izquierda. Pero los resultados no fueron tan apremiantes con respecto a las previsiones. El P.C.I. logró un leve aumento, la D.C. mantuvo sus posiciones, el P.S.I.U.P. desapareció como fuerza parlamentaria y el grupo de "Il Manifesto" no obtuvo quórum. El M.S.I logró un aumento inferior a sus expectativas. El gobierno Andreotti (17 bis) de mayoría centrista, que nació tras las elecciones, hubiese tenido que celebrar el referéndum en primavera. Pero el gobierno, reconfortado por el parecer favorable del Consejo de Estado (solicitado el 30 de enero de 1973 y emanado el 24 de febrero) logró, con un argumento jurídico capcioso, postergar el referéndum un año más, es decir hasta 1974, un aplazamiento útil para ganar tiempo en espera de un compromiso. La toma de posición de las distintas fuerzas políticas con respecto al divorcio estaban fuertemente condicionadas por una situación po
lítica inestable, debido en parte a dos acontecimientos internacionales que caracterizaron el año 1973: el golpe en Chile y la guerra árabe-israelí del Kippur con la consiguiente crisis del petróleo.
Fue sobre todo el P.C.I. el que sacó consecuencias importantes de dichos acontecimientos. Berlinguer (18 bis) anunció precisamente al día siguiente de la crisis chilena la tesis del "compromiso histórico" (19 bis): la propuesta de un acuerdo D.C.-P.C.I. para evitar que la situación de crisis económica y social en Italia se precipitase hacia la derecha, tal y como había acontecido en Chile. Asentado el viraje político, el P.C.I. mostraba, lógicamente, mayor disponibilidad con respecto al pasado, incluso al inmediato, para pactar con la D.C. con respecto al referéndum.
Fue entonces cuando los radicales optaron por luchar para que el referéndum, que en un primer momento habían rechazado y posteriormente aceptado, se celebrase lo antes posible, pues este instrumento de democracia directa era el único medio para defender de una vez por todas la ley Fortuna. La opción radical no era contingente, es decir no se limitaba a la cuestión del divorcio, sino que se introducía en una nueva estrategia política del partido que en aquella época lanzó una campaña en pro de la recogida de firmas para ocho referéndums: se aplicaba, de esta manera, la metodología radical de utilizar nuevos instrumentos en la lucha política.
»El riesgo que corremos de perder la batalla del referéndum estriba precisamente en no lograr combatirlo . Con estas palabras, publicadas en "La Prova radicale" se contestaba a aquellos que sostenían que el referéndum iba a convertirse en una guerra religiosa, un salto en el "vacío" (121).
La oferta comunista no halló una respuesta acorde en el mundo católico: mientras una parte se tambaleaba y le faltaba el canto de un duro para aceptar, la parte más segura de sí misma, la más ideologizada estaba a favor del enfrentamiento abierto y definitivo, para desmentir la creencia de que el frente laico estaba dividido, era débil y represenba a una minoría vivaracha, pero minoría. La intransigencia democristiana, personificada por el senador Aminitore Fanfani (20 bis), que había regresado a la secretaría de la D.C. tras el Congreso de junio de 1973, condujo al referéndum, que se celebró el 12 de mayo de 1974.
En la campaña electoral para el referéndum se pudieron apreciar las diferencias de planteamiento entre los distintos elementos del frente divorcista. El partido comunista, el que podía movilizar a las masas, empezó su campaña electoral de forma tibia; parecía exento de todo impulso ideal, y se movió sólo hacia el final, salvaguardando siempre su estrategia de acercamiento a los católicos. No se habló del divorcio, que era el tema del referéndum, sino que se transformó el Sí o el No en una campaña contra la Democracia cristiana, por haberse aliado con los fascistas. La actitud comunista estaba determinada por el temor de crear conflictos con las jerarquías católicas. Los radicales se dieron cuenta en un santiamén del peligro existente ante la forma en que los comunistas llevaban a cabo la batalla referendaria. Pannella observaba en una editorial de "Liberazione" que, precisamente, si se libraba la batalla de esta forma se corría el riesgo de que perdiese su carácter específico, el carácter por el que por prim
era vez millones de electores parecían estar dispuestos a votar contra la D.C., aunque con respecto a otros temas o en las elecciones generales no dejasen de estar a favor de ella. (122). Los radicales habían acogido las posibilidades que ofrecía consultar directamente a los ciudadanos sobre un sólo tema, con respecto a las elecciones. En resumidas cuentas, el carácter específico del instrumento era la forma de trasladar a los electores de un voto ideológico, expresión de las indicaciones de los partidos, hacia una opción más laica que, en definitiva, se traducía en una mayoría progresista, de hecho de izquierdas, por encima de la ideología.
Los instrumentos de información excluyeron al partido radical que se quedó sin voz. Sólo la revista "Il Mondo" (21 bis) albergó la opinión radical poniendo a disposición del partido y de la LID cada semana (123). Los radicales utilizaron "Il Mondo" para exponer sus posturas que, a medida que se avecinaba el referéndum, se iban volviendo más extremistas contra las injerencias de las jerarquías. Organizaron también mítines, pero según nuevos criterios, coherentemente con su filosofía sobre la relación entre ciudadanos y partidos. Prueba de ello fue el mitin-concierto que se celebró en el palasport de Roma (Palacio dello Sport) en marzo de 1974, con el que desmitificaron la imagen del mitin político tradicional. El resultado del referéndum abolitivo fue el siguiente: 40,9 por ciento a favor del SI, 59,1 por ciento a favor del NO.
N.d.T.
(1 bis) FORTUNA LORIS . (Breno 1924 - Udine 1985). Político italiano. Presentó en 1965 el proyecto de ley sobre el divorcio aprobado en el parlamento, tras años de iniciativas y batallas llevadas a cabo junto al Partido radical, en 1970. Presentó asimismo proyectos de ley sobre el aborto y la eutanasia pasiva (este último no fue aprobado). Ministro de Defensa civil y de asuntos comunitarios.
(2 bis) L.I.D. Siglas de la Liga Italiana para el Divorcio. Fundada en 1965 por Marco Pannella, Mauro Mellini, Loris Fortuna (diputado socialista) y Antonio Baslini (diputado liberal) organizó a las fuerzas que apoyaban la introducción de la ley presentada por los dos parlamentarios, sobre todo basándose en las energías de los separados y de todos aquellos que necesitaban resolver sus problemas familiares. Desempeñó un papel determinante en la movilización de los divorciados y de los militantes que permitieron que se introdujese dicha ley en Italia. Fue el primer ejemplo, en Italia, de organismo nacido en torno a los temas de los derechos civiles. Federada al P. radical.
(3 bis) ABC . Revista italiana popular, semi-pornográfica y muy dada al escándalo, de mediados de los años 60. Dirigido por Enzo Sabáto, patrocinó con éxito la batalla del divorcio. No confundir con el periódico español "ABC" de tendencia diametralmente opuesta.
(4 bis) TEODORI MASSIMO . (Force 1938). Diputado y senador radical italiano. Desde muy joven activo en política, fue uno de los fundadores del Partido radical. Licenciado en arquitectura y politólogo. Profesor de historia americana en la universidad estatal, en la John Hopkins University y en la LUISS. Encargado en el Parlamento de los problemas relacionados con los más grandes escándalos políticos. Experto en técnicas electorales.
(5 bis) PANNELLA MARCO . Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. A los veinte años fue representante nacional universitario del Partido liberal, a los veintidós Presidente de la UGI, la unión de los estudiantes universitarios italianos. A los 24 frecuenta, en el ámbito del movimiento estudiantil y del Partido liberal, la fundación del nuevo partido radical, que nació en 1954, en el que confluyeron prestigiosos hombres del mundo de la cultura y grupos políticos democráticos minoritarios. Activo en el partido salvo un paréntesis (1960-1963) en el que trabajó como corresponsal de "Il Giorno" en París, en donde entró en contacto con la resistencia argelina. A su regreso a Italia se compromete a reconstruir el Partido radical, liquidado por su misma clase dirigente para el adviento del centro-izquierda. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido llega a promover (y vencer) importantes batallas en pro
de los derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abre el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (FUORI), promueve la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organiza, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financiación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. A causa e estas batallas, todas ellas llevadas a cabo con métodos estrictamente no violentos de inspiración gandhiana - su Gandhi no es un místico ni u
n ideólogo sino más bien un político, riguroso y al mismo tiempo flexible - ha sufrido procesos que en la mayor parte de los casos ha vencido. Desde 1976, cuando por vez primera se presentó, ha salido elegido siempre diputado, dos veces en el Senado, dos en el Parlamento europeo. En repetidas ocasiones candidato y electo concejal municipal en Roma, Nápoles, Trieste y Catania en donde ha llevado a cabo batallas e iniciativas ejemplares y demostrativas. Cuando ha sido necesario ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y e
n el belga. En enero de 1987 se presentó candidato a la Presidencia del parlamento europeo, obteniendo 61 votos. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles en el mundo.
(6 bis) GALANTE GARRONE ALESSANDRO . Jurista, escritor e historiador, exponente de la "Izquierda independiente". Colaborador del periódico de Turín "La Stampa".
(7 bis) CICCIOMESSERE ROBERTO . (Bolzano, 1946). Político italiano. Objetor de conciencia, arrestado y encarcelado por negarse a hacer el servicio militar. Gracias a su iniciativa en 1972 se reconoció en Italia este derecho civil. En 1970 fue tesorero del Partido radical del que fue secretario en 1971 y en 1984. En 1969 fue secretario de la LID (Liga Italiana Para el Divorcio), Parlamentario europeo de 1984 hasta 1989. Promotor y organizador del sistema de comunicación telemática Agorá.
(8 bis) TOGLIATTI PALMIRO . (Génova - 1893- Yalta 1964). Colaborador en Turín de Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano. Secretario del PCI desde 1927 hasta su muerte. Transcurrió largas temporadas en el extranjero, en Moscú (en la secretaría del Comintern) y en España (durante la guerra civil española). Volvió a Italia en 1944, puso en marcha una política "nacional" a partir del voto sobre los Pactos de Letrán, enfrentándose con las fuerzas laicas italianas. Estuvo en el gobierno de 1944 a 1947, incluso como ministro. Tras las elecciones de 1948 monopolizó el papel de la oposición pero favoreció igualmente la prioridad del "diálogo" con la Democracia Cristiana y el mundo católico, sin romper nunca con el Vaticano. El proyecto de "vía nacional hacia el socialismo" no logró el objetivo de fondo, es más condujo al estancamiento del sistema político e impidió a la izquierda conquistar una "alternativa" de gobierno a la Democracia Cristiana.
(9 bis) MONTECITORIO . Plaza romana en la que se halla la sede de la Cámara de los Diputados italiana. Por extensión, indica a la Cámara.
(10 bis) ESTRATEGIA DE LA TENSION. Nombre con el que se conoce, especialmente en la izquierda italiana, a un tipo de política cuyo objeto era impedir el crecimiento democrático de Italia mediante el recurso al terrorismo en sus distintas manifestaciones, desde los atentados hasta las bombas. Esta estrategia, se dice se sirvió de la complicidad de los servicios secretos del Estado. La que se ha dado en llamar "Estrategia de la tensión" empezó con el siniestro de Piazza Fontana. / AÑOS DE PLOMO . Nombre sugerente que refleja lo apesadumbrado que se hallaba el clima civil que se respiraba en Italia durante los años caracterizados por la estrategia del terrorismo (asesinatos de personalidades públicas, etc.)
(11 bis) REFERENDUM EN ITALIA. En Italia los referéndums pueden ser abolitivos. Cuando son referéndums populares, es decir cuando son los ciudadanos los que solicitan la celebración de los mismos, es necesario recoger 500.000 firmas cada una de ellas compulsada por un notario. Las firmas suelen ser recogidas por voluntarios. Los italianos ponen mesas por las calles y las plazas. Tras la recogida de firmas, el Tribunal de Casación examina la validez de las mismas (es decir que cabe prever un margen de seguridad de otras 200.000 firmas). Después el Tribunal examina la validez de las peticiones referendarias. Gracias a este último examen, a menudo ha sido posible borrar de un plumazo varias peticiones referendarias.
(12 bis) LEONE GIOVANNI . (Nápoles 1908), Presidente del Consejo (1963-68) democristiano y posteriormente de la República (1971-78), se vio obligado a dimitir porque estar involucrado en el escándalo Lockheed, con motivo del referéndum sobre la financiación de los partidos promovido por el Partido Radical.
(13 bis) ROCCO ALFREDO . (Nápoles 1875- Roma 1935). Jurista y político, en un principio radical, pasó a los nacionalismos y acabó en el partido fascista. Ministro de justicia de 1925 a 1932, autor del Código Penal y del Código de Procedimiento Penal promulgados entre 1930 y 1931. Ambos códigos a pesar de ser de fuerte inspiración fascista, han permanecido prácticamente intactos durante años y años tras la caída del fascismo. Recientemente han sido sustituidos por códigos más modernos. Figura de excepcional importancia en la historia institucional de la Italia moderna.
(14 bis) CONCORDATO . El artículo 7 de la constitución italiana reconoce y "constitucionaliza" el Concordato entre el Estado y la Iglesia firmado en 1929. En la Asamblea Constituyente fue votado por Togliatti y por el PCI con la oposicón de los socialistas, Partido de Acción etc. El Concordato fue renovado, bajo una nueva fórmula, en 1984 (gobierno Craxi).
(15 bis) PACTOS DE LETRAN (o también Pactos Lateranenses), firmados por Mussolini y el cardenal Gasparri en 1929.
(16 bis) IL MANIFESTO . Revista mensual (y movimiento político) fundado en 1969 por exponentes del Partido comunista (A. Natoli, R. Rossanda, L. Pintor, L. Magri, etc.) posteriormente expulsados. En 1971 la publicación se convirtió en diario de apoyo a formaciones extraparlamentarias de inspiración comunista.
(17 bis) ANDREOTTI GIULIO . (Roma, 1919) Exponente de la Democracia Cristiana. Secretario de A. De Gasperi, empezó muy temprano como Subsecretario de la Presidencia del Consejo, una ininterrumpida carrera ministerial: ministro del interior (1954), de hacienda (1955-58), del tesoro (1958-59), de defensa (1959-66) y 1974), de la industria ((1966-68), del presupuesto del Estado (1974-76). Presidente del consejo italiano del 1972 al 1973, del 1976 al 1979, y en 1990.
(18 bis) BERLINGUER ENRICO . (Sassari 1922 - Padua, 1984). Político italiano. Diputado desde 1968, secretario general del Partido comunista italiano (PCI) desde 1979 hasta su muerte, tras la crisis y el asesinato de Allende forjó el "compromiso histórico", que produjo desde 1976 hasta 1979 la llamada "mayoría de la no-desconfianza", máxima realización de la estrategia togliattiana para un acuerdo orgánico con la Democracia Cristiana. Su proyecto de dar vida al que se ha dado en llamar "Eurocomunismo", es un intento de proyectar en occidente un reformismo que no renegase del todo la experiencia comunista.
(19 bis) COMPROMISO HISTORICO . Proyecto político, basado en una colaboración orgánica entre comunistas y católicos, forjado en particular por Enrico Berlinguer - secretario del Partido comunista italiano (PCI) - tras la crisis y el asesinato de Salvador Allende. El compromiso produjo desde 1976 hasta 1979 la llamada "mayoría de la no-desconfianza", máxima realización de la estrategia togliattiana para un acuerdo orgánico con la Democracia Cristiana.
(20 bis) FANFANI AMINITORE . (Arezzo 1908). Político italiano, profesor de historia económica, personalidad eminente de la democracia cristiana, de la que fue secretario desde 1954 hasta 1959 y posteriormente desde 1973 gasta 1975 otorgándole un fuerte carácter corporativo con la utilización de la industria pública como punto del desarrollo económico. Jefe de gobierno (1958-59; 1960-62; 1962-63; 1982-83), en repetidas ocasiones ministro de asuntos exteriores (1964-65; 1965-68), presidente del Senado (1968-73; 76-82).
(21 bis) IL MONDO . Publicación semanal de política y cultura, fundado en Roma en 1949 por Mario Pannunzio. Durante diecisiete años fue expresión y símbolo de la mejor tradición laica, liberal, radical y democrática italiana. Gran parte de sus periodistas participaron en la fundación del Partido radical. Interrumpió sus publicaciones en 1966, y las reanudó de la mano de Arrigo Benedetti en 1969. Posteriormente se transformó en una publicación semanal de carácter económico.
NOTAS DE LA AUTORA
(88) Cfr. AA.VV. »Il divorzio in Italia , Florencia, La nuova Italia 1969.
(89) Cfr. ALESSANDRO COLETTI, »Storia del divorzio in Italia , Savelli Roma 1970, pág.134.
(90) Cfr. MASSIMO TEODORI, »Il movimento divorzista in Italia, origini e prospettive , "Tempi moderni" nº 3, verano de 1970.
(91) Cfr. MAURO MELLINI, »Le sante nullitá , Savelli, Roma 1974, pág. 13 y siguientes.
(92) Cfr. MAURO MELLINI, »Cosí annulla la Sacra Rota , Samoná y Savelli, Roma, 1969.
(93) Cfr. TEODORI »Il movimento divorzista... , op. cit. Para la "filosofía radical" cfr. también Marco Pannella, prólogo al libro de ANDREA VALCARENGHI »Underground pugno chiuso! Arcana Editrice 1973, así como gran número de entrevistas concedidas por el líder radical, como por ejemplo la concedida a "Playboy" en enero de 1975 y a "AMICA" en marzo de 1975.
(94) MARCO PANNELLA en "Noticias Radicales", julio de 1971, escribía: "Detestamos los sacrificios, los nuestros tanto cuanto los de los demás; no les debemos a los demás - y no nos nos deben a nosotros - más que vida y serenidad; lo que se construye con sangre o incluso con el "sudor de la frente", hiriendo o siendo heridos, no lo amamos en absoluto..."
(95) TEODORI, »I nuovi radicali , op. cit. pág. 78-83; TEODORI »Il movimento divorzista in Italia , op. cit.; A. COLETTI, op. cit..
(96) Ponencia de Mauro Mellini en el debate celebrado el 12 de diciembre de 1965 en el teatro Eliseo de Roma, citado por ALESSANDRO COLETTI, »Storia del divorzio in Italia , cit., pág. 135.
(97) TEODORI, »I nuovi radicali , op. cit., pág. 80.
(98) A. COLETTI, op. cit., pág. 136.
(99) COLETTI, Ibídem, pág. 137.
(100) TEODORI, Il movimento divorzista in Italia, cit.
(101) TEODORI, »I nuovi radicali , cit., y »Il movimento divorzista cit.
(102) Carta a la revista semanal "L'Astrolabio" de Marco Pannella: "L'Astrolabio" nº 34, 30 de Agosto de 1967, pág. 16 (»Lettera di un divorzista. Divorzio e lotta democratica ).
(103) A. COLETTI, op. cit., pág. 145.
(104) TEODORI, »Il movimento divorzista , cit., pág. 92.
(105) TEODORI, »Il movimento divorzista , cit. pág. 90.
(106) Elaborado por M. MELLINI, »L'annullamento facile del matrimonio , ed. Partito Radicale 1967, MAURO MELLINI, »Cosí annulla la Sacra Rota , Samoná y Savelli, 1969; M. MELLINI, Le sante nullitá, Savelli 1974.
(107) Cfr. CARLO GALANTE GARRONE, »Profili politici della battaglia , en AA.VV. "Il divorzio in Italia", elaborado por L. Piccardi, La Nuova Italia, Florencia, 1969.
(108) Cfr. CARLO GALANTE GARRONE, op. cit., págs. 77-88.
(109) La cuestión de la legitimidad constitucional estaba relacionada con la extensión de la disolución a los matrimonios concordatarios, en relación con el art. 7 de la Constitución que iba a determinar la introducción en la ordenación italiana de la indisolubilidad del matrimonio, un principio propio del derecho canónico. Más en general se sostenía la inconstitucionalidad del proyecto Fortuna, incluso con respecto a los artículos 2, 3, 29, 30, 31 de la Constitución.
(110) Los acontecimientos anteriores a la aprobación de la ley sobre el divorcio han sido reconstruidas a partir de las informaciones obtenidas por los artículos de exponentes radicales publicados en la revista semanal en Parma "L'opinione Pubblica", y de artículos publicados en periódicos y revistas semanales.
(111) Cfr. GIUSEPPE CATALANO, »E lasciateli divorziare , "L'Espresso" nº 42, 18 de octubre de 1970, págs. 4-5
(112) Cfr. GIANFRANCO SPADACCIA en »Un'ondata di referendum per battere un parlamento clerico-fascista , "La prova radicale" nº 4 verano de 1972.
(113) Cfr. MARCO PANNELLA »Difendere il divorzio, abrogare il Concordato , "Notizie Radicali" nº 107, 10 de diciembre de 1970.
(114) Cfr. GIANFRANCO SPADACCIA »La paura di aver vinto , Noticias Radicales nº 107, 10 de diciembre de 1970.
(115) La reconstrucción de la actitud de los radicales en este periodo fue realizada básicamente por la lectura de la revista trimestal "La prova radicale" 1971-1973, redactado enteramente por radicales. En particular cfr. G. SPADACCIA »Il comportamento dei laici: LID, LIAC, PR e partiti democratici , "La prova radicale", nº 1, Otoño de 1977, págs. 167-192.
(116) G. SPADACCIA, últ. art. cit., pág. 171
(117) G. SPADACCIA, últ. art. cit., pág. 175.
(118) G. SPADACCIA, últ. art. cit., pág. 176.
(119) Cfr. págs. 124-125.
(120) GIANFRANCO SPADACCIA »Dove porta la paura del referendum , "La Prova radicale", nº 2, Invierno de 1972, págs. 17-22.
(121) Cfr. »Rapporto sul referendum , elaborado por el Colectivo Radical de estudio del referéndum sobre el divorcio y de Mauro Mellini, "La prova radicale", nº 5 marzo 1973, pág. 80.
(122) MARCO PANNELLA, »Uniti sí ma contro la DC , "Liberazione", nº 7, 27 de enero de 1974.
(123) "Il Mondo", 21 de febrero de - 12 de mayo de 1974.