Lorenza PonzoneCAPITULO IV
PROYECTO PARA UNA ITALIA DISTINTA
SUMARIO: El capítulo se subdivide en 5 párrafos.
1. Unidos en la izquierda, fuera la Democracia Cristiana: impulsos y contradicciones de la política radical desde 1967 hasta 1972; iniciativas no violentas en 1968 para los países del Este; conflictos internos entre los grupos de Roma y de Milán; el análisis radical de la situación, con la denuncia de la DC como heredera del "régimen" (sólo el P.Radical puede promover una política "laica" de alternativa...). 2. Ocho referéndums contra "el régimen": se recomienda la abstención en 1972, inicia la estrategia referendaria. Primeros temas, el Concordato, las normas fascistas del código penal, las financiaciones a los colegios clericales, etc. ; la moción del congreso de Turín de 1972; los ocho referéndums de 1974, el enfrentamiento referendario sobre el divorcio. 3. Radicales y socialistas, una relación controvertida: desde el congreso de Milán de 1974 ("al menos un 20 por ciento a las fuerzas socialistas para renovar la izquierda"), hasta la fundación de la "Liga XIII de Mayo", y el ARA", etc. Puesta en marcha d
e la campaña para el aborto. 4. El segundo desafío lanzado
a los católicos, el aborto: el "caso Pierobon", la apertura del "CISA, Centro Italiano Esterilización y Aborto", y la recogida de firmas. Fracaso de la propuesta de un pacto federativo con el PSI (1976). 5. Los ciudadanos y el Poder, "la carta de las libertades": las elecciones del 20 de junio, y la renovación de la estrategia referendaria para acabar con el "régimen" de "unidad nacional", constituido por el acuerdo gubernamental entre la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Comunista Italiano (PCI).
(Lorenza Ponzone, EL PARTIDO RADICAL EN LA POLITICA ITALIANA, 1962-1989, Schena editore, enero 1993)
1. Unidos en la izquierda, fuera la Democracia Cristiana
Algunos meses después del congreso de refundación, se celebró en Florencia el primero de los congresos autoconvocados por estatuto, en la primera semana de noviembre de 1967.
El análisis radical (187) partía del examen de la situación política italiana que estaban atravesando por aquel entonces. Situación que podía poner en entredicho la democracia en Italia. El P.R. hallaba las bases del régimen en la dictadura clerical de la Democracia Cristiana, a cuya gestión el Partido Socialista Italiano (P.S.I.) y el Partido Republicano Italiano (P.R.I.) no se habían opuesto; es más, habían colaborado, con los gobiernos de centro-izquierdas, para que se perpetuase. Se criticaba de igual manera la política del Partido Comunista Italiano (P.C.I.), que parecía estar anclada en la oposición, y por lo tanto rehén de la Democracia Cristiana (D.C.), al igual que los otros dos partidos "colaboracionistas". Sin embargo, los radicales son de la opinión de que la situación era estanca sólo aparentemente pues los partidos de izquierdas, a la larga, no podían reducirse a la realidad de la predominancia de los grupos burocráticos: en efecto, las posturas de subordinación a la D.C. de los partidos laicos
y de izquierdas eran el fruto de un análisis inadecuado de la sociedad italiana y tal vez, con un impulso "movimientista", dichos partidos hubiesen podido considerar de nuevo las alianzas establecidas. Coherentemente, los radicales, en la moción política aprobada por el congreso, indicaban el anticlericalismo y el antimilitarismo como temas capaces de unir, desde la base, a comunistas, socialistas y liberales al P.R.
Los objetivos concretos que se proponían para un futuro inmediato eran: la conversión de las estructuras militares en estructuras civiles, la salida de la OTAN, la desmilitarización de las fuerzas de policía, la denuncia unilateral del Concordato (1 bis), la confiscación de los bienes eclesiásticos, el divorcio, la afirmación de una conciencia sexual laica y libertaria.
El interlocutor privilegiado de los radicales, a lo largo de los últimos años, será el Partido Socialista, tal y como hemos visto analizando los acontecimientos que precedieron al divorcio. Esta relación especial no siempre pacífica será una constante en la historia del P.R. Los radicales intentarán, en toda ocasión, inculcar su método movimientista al P.S.I, un partido jaspeado de pinceladas libertarias, pero aún estructurado según la tradición. El mismo Pannella (2 bis) solicitó en repetidas ocasiones el carnet del P.S.I.
La relación con el P.C.I., por el contrario, era extremadamente conflictiva, aunque el P.R. lo buscaba, empecinadamente, desde su refundación. Sin la aportación del P.C.I, con su planteamiento político y organizativo y sus vínculos socialistas, no era posible llevar a cabo una estrategia realista de alternativa a la D.C. El terreno de enfrentamiento entre ambos partidos era precisamente el de aquellos temas a partir de los que el P.R. intentaba construir un frente unitario hacia la izquierda, es decir: anticlericalismo y antimilitarismo. Del primer punto ya nos ocupamos cuando hablamos de la batalla del divorcio, cuando el P.C.I. demostró el doble aspecto que lo caracteriza, pero cabe recordar que toda la historia del partido comunista, en la postguerra, está caracterizada por posturas anticlericales. En cuanto a las estructuras militares, los comunistas no estaban de acuerdo con los propósitos de los radicales. El P.R. estaba a favor de la eliminación total de las estructuras militares porque representaban,
de por sí, un peligro para la democracia; por el contrario, los comunistas no estaban drásticamente en contra de las instituciones militares (188). A pesar de estar en contra de la ideología militarista, aseveraban que el problema se resolvía manteniendo la connotación popular del ejército, connotación que otorgaba el servicio militar obligatorio. Con respecto a la cuestión militar, así pues, las posturas del P.C.I. y del P.R. eran irreconciliables.
Las iniciativas radicales para el reconocimiento de la objeción de conciencia hallarán eco, sobre todo, en algunas organizaciones católicas: el proyecto de ley para el servicio civil, posteriormente aprobado, será presentado por un diputado democristiano.
La divergencia entre los radicales y los demás partidos de la izquierda se manifestó en toda su magnitud incluso con respecto a los métodos de lucha; los radicales se remitían a los ya experimentados en Estados Unidos y por las nuevas izquierdas europeas, adaptándolos a la realidad italiana, con gran celeridad y fantasía.
Este modo totalmente nuevo de afrontar la lucha política, sin lugar a dudas separado de la tradición nacional, se entrelazó, aunque de forma marginal, con el de los movimientos nacidos en el 68. Sin embargo, los radicales, se hallaron en una postura externa a los movimientos del sesenta y ocho aunque con finalidades comunes, bajo algunos aspectos, tal y como apunta Massimo Teodori (3 bis) (189), quién considera que los radicales de forma unitaria con los movimientos estudiantiles, apuntaban a romper el anquilosado equilibrio político mediante la reanudación de una iniciativa de la izquierda, y ambos estaban en contra de la burocracia de los partidos. Los radicales veían, en el movimiento estudiantil, en el disenso católico y en las manifestaciones espontáneas de los obreros la confirmación de sus métodos de lucha. Sin embargo, oficialmente, el P.R. se desasoció de la acción de los movimientos, tal y como está escrito claramente en un documento del secretario nacional Gianfranco Spadaccia (4 bis) (190), en e
l que se condena el carácter abstracto y el maximalismo, el revolucionarismo verbal, el sectarismo de los extraparlamentarios, considerados herederos de los vicios de la tradición de izquierdas en nuestro país. El P.R., adoptando dichas posturas con respecto a los movimientos, se arriesgaba a quedarse aislado, pero era un riesgo que ya se sabía. Además, para los radicales, era prioritaria la campaña por el divorcio contra el "requetepoder clerical" (191).
A propósito de los métodos de lucha con los que los radicales intentaban influir en los acontecimientos en primera persona, recordamos la manifestación celebrada en Sofía el 24 de septiembre de 1968 (192) por Pannella, Baraghini (miembro de la dirección del P.R.) Azzolini (directivo de la federación romana) y Silvana Leonardi, contra la ocupación de Checoslovaquia por parte de las tropas del Pacto de Varsovia. En dicha ocasión se distribuyeron octavillas también contra la OTAN y la guerra del Vietnam; los participantes en la manifestación fueron arrestados, retenidos 24 horas y posteriormente expulsados. Lo que el grupo radical pretendía era romper la barrera del silencio y demostrar que la oposición a la ocupación soviética era profundamente sentida por los movimientos socialistas y pacifistas occidentales, y al mismo tiempo pretendían manifestarse contra el imperialismo americano, demostrando en resumidas cuentas que los radicales, en sintonía con la izquierda europea estaban en contra de los pactos milita
res.
Asimismo, Pannella organizó un ayuno colectivo para apoyar a los movimientos pacifistas en Checoslovaquia.
El ala pacifista, siempre presente en el P.R., se manifiesta concretamente en 1969 con la constitución de la Liga para el reconocimiento de la objeción de conciencia (6 bis), cuyos militantes, no radicales, a través de la desobediencia civil (algunos de ellos serán arrestados) se manifestaron en contra del militarismo (193). Estas actividades acercaron al partido a nuevos jóvenes militantes, entre ellos Roberto Cicciomessere (7 bis), que se convertirá en secretario del partido, con sólo 24 años, en noviembre de 1970. Un primer acontecimiento traumático se produjo en la vida del P.R., a lo largo del congreso de noviembre de 1969 (Milán), cuando se alejó del partido todo el grupo milanés, el segundo en importancia, tras el romano (194). La fractura se produjo a partir del criterio metodológico del partido. Sabemos que el P.R., y por ende el grupo romano, había dado prioridad a las luchas concretas, reuniendo alrededor de las mismas a los inscritos y a los simpatizantes, sin teorizar jamás en general. Pues bien
, dicha estrategia no era compartida ni por los "movimientistas" ni por los nuevos inscritos, procedentes de distintas formaciones de izquierdas, quiénes reclamaban la opción por una política "global" que comprendiese, de forma ordenada y consecuente, las intervenciones del P.R. en los distintos sectores de la sociedad.
Esta concepción chocaba frontalmente con el carácter pragmático y salveminiano (8 bis) de los refundadores del partido, quiénes habían experimentado la no practicabilidad de las instancias del grupo milanés. Por ejemplo, en las elecciones políticas del 68, el P.R. había aconsejado que se votase en blanco, considerando la exigüidad de la estructura organizativa (195). El grupo milanés, en disenso con la decisión de los órganos centrales, presentó una lista radical en la circunscripción de Milán-Pavía, en donde obtuvo 1500 votos, un fracaso que dañó la imagen del partido. Las posturas adoptadas por la clase dirigente radical, en contraste con las del grupo milanés, si bien por una parte aislaron políticamente al partido, alejándolo de los movimientos que por aquel entonces actuaban en el escenario político italiano y europeo, por otra sirvieron para mantener firme su identidad. Por otra parte, en los años que siguieron los extra-parlamentarios fueron marginados y hasta llegaron a desaparecer del escenario polí
ticos, mientras el partido radical, considerado al margen de los movimientos, pudo seguir incidiendo en la sociedad italiana.
Un dato significativo de este sexto congreso fue la escasísima participación de los inscritos, a penas 31 (196), lo cual demostraba la atmósfera de indiferencia con respecto a los temas del P.R., partido no violento en un momento en el que actuaban fuerzas portadoras de una fuerte carga de violencia. Aparentemente, el partido radical con sus mensajes "liberales" y con sus métodos de lucha democráticos parecía salirse de la historia.
Mientras tanto, los radicales luchaban con tesón en favor del divorcio. Decidieron, a lo largo del siguiente Congreso, el VII, extraordinario (Roma, 9-10 de mayo de 1970) proponer un acuerdo al Partido Socialista para las elecciones regionales de 1970 (197). En cambio de la aprobación de la ley sobre el divorcio y la de la objeción de conciencia, y de la democratización de los instrumentos públicos de información, se comprometían a garantizar el voto radical al P.S.I. Pannella justificó el apoyo radical a los socialistas recordando que el P.S.I., por aquel entonces, había sido elemento determinante para la aprobación del Estatuto de los trabajadores y las leyes de aplicación de las regiones (198). El líder radical afirmó que el P.S.I. parecía más sensible, no sólo en su base, sino en sus grupos dirigentes, a la necesidad de poner en marcha las batallas en pro de los derechos civiles.
Pannella estaba convencido de que el acuerdo con el P.S.I. iba a desempeñar una función unitaria para toda la izquierda, desde los comunistas hasta los socialproletarios, desde los socialistas a los radicales, para todos los laicos, por una lucha democrática en Italia.
La escasez del seguimiento del partido se puso de manifiesto también en el VIII Congreso (Nápoles 1-3 Noviembre de 1970): participaron sólo 80 inscritos, a pesar del consenso de opinión que se iba extendiendo por todo el país, en virtud de las luchas por los derechos civiles (199). Era la víspera del voto decisivo en el Parlamento sobre el tema del divorcio. El P.R. se presentaba como una fuerza minoritaria pero que podía indicar objetivos nuevos que iban a imponerse a las fuerzas políticas en los años posteriores: la liberación de la mujer, la liberación de los anticonceptivos, y la legalización del aborto, en colaboración con el recién fundado movimiento de liberación de la mujer (9 bis) (200).
En resumidas cuentas, este congreso confirmó la validez de la línea política establecida por los anteriores, a pesar de las enormes dificultades debidas al escaso número de gente que se arrimaba y a las incomprensiones por parte de las demás fuerzas políticas.
Se decidió hallar instrumentos concretos de acción común con grupos políticos ajenos al partido, como la izquierda liberal y la federación juvenil republicana y otros grupos genéricamente libertarios, que habían garantizado su disponibilidad para las luchas comunes con el partido radical.
El congreso subrayó la propuesta del referéndum abolitivo del Concordato, ya presentada en el 68 y en los congresos VI y VII. En el IX, que se celebró en Milán el 22/2/71, se promoverá junto a los liberales y a los republicanos la constitución de la Liga para la abolición del Concordato. La liga, tal y como hemos visto (201), demostrará escasas capacidades de iniciativa, y los radicales, mientras que todos se encuentran en busca de un compromiso con las fuerzas católicas, se hallan aislados en lo que al Concordato se refiere y acaban por abandonar el referéndum, provocando el final de la Liga.
Para romper el aislamiento en el que acabó encontrándose el P.R. a principios de los años Setenta, Pannella intuyó que había llegado el momento de reflexionar sobre el futuro del partido, tras la aprobación de la ley sobre el divorcio, y la relación ya no de colaboración que se estaba perfilando con los demás partidos.
El líder radical manifestó su convicción en una editorial publicada por "Notizie Radicali", en el número de julio de 1971 (202). Partía de la constatación sobre la continuidad entre el gobierno democristiano y el régimen fascista para afirmar que la D.C. había ocupado, siguiendo el modelo del corporativismo fascista, todo rincón de la sociedad y del sistema político, convirtiendo la constitución republicana en engaño, en oasis nunca realizado.
Con semejante argumento los radicales se erguían como defensores intransigentes de la Constitución, de la ley escrita, y de los métodos democráticos. Por lo tanto, una adhesión plena, desde luego en absoluto instrumental, al Estado de derecho como valor permanente, una constante en la historia del partido radical, que se expresará en las luchas del país y en las instituciones.
Lo que los radicales pretendían básicamente era lograr restaurar la democracia, con todas sus reglas del juego, congeladas por quiénes se habían instalados en el poder desde la segunda postguerra. El aspecto más preocupante de una situación tan deteriorada consistía, según Pannella, en que las fuerzas progresistas, en vez de constituirse como alternativa, a partir del modelo del bipartidismo perfecto de la democracia anglosajona, colaboraba de hecho con las expresiones políticas opuestas. Es decir, los radicales intentaban obstaculizar el recurso a ese sistema de democracia asociativa que, experimentada entre candilejas, saldrá a relucir al cabo de pocos años, con los gobiernos de solidaridad nacional. El P.R. si bien por una parte rechazaba el modo tradicional de enfocar la política, inventándose un nuevo tipo de intervención en la sociedad, por otra apuntaba hacia la revitalización del sistema democrático-parlamentario nunca plenamente aplicado. Básicamente, el P.R. recogía la herencia de las viejas batall
as burguesas.
Cambiadas las condiciones con las que el P.R. se encontró con que operaba en los retazos de los años setenta, en el X Congreso (Roma, Noviembre de 1971) Pannella propuso la disolución del partido (203). La solución "extrema" del líder radical estaba justificada por la situación de extremo malestar en la que se acabó encontrando el P.R. con motivo de la política conciliar apoyada plenamente por el partido comunista guiado por Berlinguer (10 bis), que hacía cada vez más difícil toda perspectiva de crear la alternativa. Ese hilo rojo que pasaba transversalmente por todos los partidos de la izquierda, a partir del que los radicales habían basado su política unitaria, ya no existía y por lo tanto era necesario que el partido recortase un nuevo papel, llegando de esta manera casi a una segunda refundación en su breve historia.
El X congreso no acogió la invitación de Pannella de autodisolverse: entre los fundadores se opusieron Mellini, Bandinelli (11 bis) y Teodori, a pesar de que lo hiciesen con matices distintos (204). Para Mauro Mellini, el partido debía quedar en vida pues en el país existían necesidades que, en ausencia del P.R., iban a quedar sin expresarse. Por elección concreta, hasta ese momento, los radicales habían preferido comprometerse con iniciativas específicas y no en el refuerzo del partido. He ahí por qué, afirmaba Mellini, las organizaciones como la L.I.D. (12 bis) habían crecido a costa del PR. Dicho ésto, era necesario no destruir un organismo como el partido radical, que había demostrado vitalidad y gran poder de movilización, sino volcar hacia las estructuras federativas la herencia moral de todas las batallas en pro de los derechos civiles.
Massimo Teodori se erguía portador de una postura más optimista. Era de la opinión que el cierre del "régimen" en Italia iba a determinar necesariamente contradicciones, entre las que el partido radical iba a poder hallar un espacio para actuar: las necesidades pujantes de la sociedad coincidían con el radio de acción del partido radical. Una postura intermedia fue la expresada por Spadaccia, quién pareció contrario tanto a una continuación acrítica como a la propuesta de Pannella. Para Spadaccia la única ley que contaba era la del número y la fuerza política, por la que el partido debía consolidarse y crear auténticas estructuras de lucha. Por lo tanto, consideraba inadecuado el análisis trazado por Teodori, pues estaba convencido de que la supuesta existencia de contradicciones en el actual sistema políticos no presuponía la posibilidad de que el P.R. tuviese la fuerza de introducirse y aprovechar dichas contradicciones. Spadaccia establecía un plazo, una meta para el partido. Una suerte de prueba, de llam
amiento, a modo de conjura contra el cierre inmediato proyectado por Pannella, y también la continuación sin cambios, propuesta por Teodori. El plazo hubiese coincidido con las elecciones generales del 73 en las que los radicales debían de ser capaces de presentar sus propias listas.
El X Congreso se clausuró con una moción de compromiso entre las distintas posturas (205). Se decidió un objetivo concreto: por lo menos mil inscritos para noviembre de 1972, so pena la disolución del partido. Pero este objetivo sobreentendía una constatación de carácter político: el P.R. se presentaba como la única hipótesis de partido político laico existente en Italia, y por lo tanto caía en la falacia de construir un partido contenedor de todas las instancias laicas, libertarias y progresistas. Por lo menos, en tiempos breves, el partido radical era la única fuerza anti-régimen, capaz de reunir a su alrededor a aquellos movimientos de opinión "liberal" que aún sobrevivían en nuestro país, a pesar del conformismo de los partidos de izquierdas y de la alineación.
2. Ocho referéndums contra el régimen.
En enero de 1972, los radicales pusieron en entredicho el problema de la participación directa en las elecciones generales de 1973, teóricamente previstas en el 73. Pero, cada vez era más evidente que se iban a adelantar un año. Gianfranco Spadaccia adoptó la postura más decidida (206). Consideraba la presencia electoral del P.R. indispensable para ampliar la latitud de consensos alrededor del partido, único instrumento concedido a los radicales para darse a conocer y multiplicar su militancia.
La ocasión para experimentar la respuesta de las urnas se presentó de hecho con un año de antelación, el 28 de febrero de 1972; por primera vez en la historia italiana, el presidente de la República Giovanni Leone (13 bis) decretó la disolución anticipada de las Cámaras y convocó elecciones para el 7 de mayo siguiente.
Los radicales tenían que tomar en consideración las condiciones objetivas más bien desfavorables, sobre todo con motivo de la regulación de los canales de televisión de la RAI: la Comisión parlamentaria de vigilancia permitía el acceso al medio sólo a los partidos ya representados en el Parlamento.
La exclusión del más poderoso de los medios de comunicación (por aquel entonces no transmitían las televisiones publicitarias) sometía al partido radical en una condición casi de impotencia, al no contar con un apoyo organizativo, y al no contar tampoco con el efecto de la "tradición" de los partidos ya representados en el Parlamento por el obvio motivo de que era la primera vez que se presentaba al electorado. La única voz de los radicales era la revista "La Prova radicale" fundado en otoño de 1971, de escasa difusión, y que se distribuía solamente mediante subscripción, o bien se vendía en las librerías de las grandes ciudades.
De esta manera, el P.R., siempre en el ámbito de la política de unidad en la izquierda, y asimismo para salir del aislamiento, propuso al grupo que se reunía en torno a "Il Manifesto" (14 bis) presentar listas comunes (207). La iniciativa que, en efecto, partía de cinco de los miembros de la dirección (Mellini, Pannella, Franco Sircana, Spadaccia, Teodori) pareció a la mayoría, incluso en el seno del partido, apresurada e incoherente, dadas las profundas diferencias ideológicas entre los comunistas expulsados del P.C.I. y los radicales. Los cinco exponentes radicales justificaron su opción con el hecho de que era necesario crear un impulso anti-régimen en una elección que ellos consideraban toda una "estafa". Los tránsfugos del P.C.I. no aceptaban "el régimen de chantaje de los partidos tradicionales" y además - la razón más importante de la propuesta radical - los dos movimientos convergían en la utilización del referéndum, en el rechazo del capitalismo estatal, y en la lucha contra el clericalismo. Las li
stas propuestas por el P.R. debían estar "abiertas", ser capaces de implicar a fuerzas distintas. Pero "Il Manifesto" rechazó la alianza con el P.R. La justificación del grupo ex-P.C.I. era de carácter estrictamente ideológico. Para ellos no había progresado suficientemente, a lo largo de aquellos años, el proceso de unión entre fuerzas distintas del ala anticapitalista. Al partido radical le recordaban que en un pasado había brillado por su ausencia toda confrontación de posturas y de experiencias de base, en resumidas cuentas no se había producido una verificación práctica sobre las cosas que iban a realizar juntos.
Con motivo del rechazo de "Il Manifesto", el P.R. se pronunciaba a favor de la abstención en las elecciones (208). Los radicales adoptaron esta postura renunciataria por motivos que se separaban de las razones proclamadas por los movimientos de ultraizquierda (Lucha Continua (15 bis), Poder Obrero (16 bis), y otros grupos por el estilo), y no por desconfianza doctrinal hacia esta forma de democracia. Es más, los radicales afirmaron de nuevo el valor de las elecciones como práctica necesaria para el desarrollo de la vida democrática.
Por lo tanto, se separaban de la concepción anarquista y reafirmaban que las luchas libertarias pasan sobre todo a través de las instituciones. La abstención en las elecciones era un acto de resistencia contra el régimen, en resumidas cuentas de desobediencia civil, de no cooperación con un gobierno considerado "ilegal". El rechazo del voto no era, así pues, una manifestación de desconfianza sino un acto constructivo, de opositores. En verdad, existía asimismo una razón práctica por la que el P.R. se había decantado por el "no votar": el partido no estaba en condiciones de afrontar las elecciones. Las estructuras políticas de las que disponían los radicales eran de poca monta, excesivamente cargadas de trabajo, exentas de aquellos medios materiales de los que disponían, y con creces, los demás partidos. Por último, los radicales estaban condenados al silencio, por falta de acceso a la radio y a la televisión, los únicos medios que iban a permitirles someter a la opinión pública el proyecto y las propuestas r
adicales.
Los radicales declaraban estar convencidos de que los laicos, los anticlericales, los divorcistas, no iban a poder estar representados por ninguno de los partidos de izquierdas, cuyos dirigentes, el día de mañana, "iban a contraer algún que otro privilegio por los bajines con el mundo clerical representado por la D.C.".
De ahí la invitación de los radicales a sus simpatizantes de defender el divorcio, de vencer el referéndum, de abolir el concordato, reuniéndose en las Ligas y por encima de todo sumándose al P.R., que andaba necesitando fuerzas como nunca. Y el llamamiento del P.R. estaba dirigido también a los creyentes, los cuales se hubiesen sentido desmerecer con una Iglesia angosta y oprimente cada vez más autoritaria: la única alternativa para los católicos no estaba representada por el diálogo con Berlinguer o bien con los "frentistas" (17 bis) del P.S.I., sino que estribaba en el organizarse en primera persona para afirmar sus objetivos. De esta manera los antimilitaristas debían de convencerse de que sus tesis sobre los peligros intrínsecos en las estructuras militares debían avanzar paralelamente con las demás batallas anti-autoritarias que desde hacía años los radicales iban combatiendo. De esta manera, los socialistas, que también rechazaban el modelo burocrático, debían salirse de los consabidos canales y unirs
e a las iniciativas libertarias de los radicales. Por último, la invitación de los radicales se dirigió a los demócratas, quiénes afiliándose, participando y ayudando al P.R. hubiesen mantenido en pie ese instrumento abierto y disponible que era el partido radical. La alternativa al voto, para los radicales, era creativa. No es, según las perspectivas anteriormente delineadas, ni "qualunquista" (18 bis) , ni renunciataria, ni anti-democrática.
Por lo tanto, bajo las banderas del "no voto" los radicales seguían con su compromiso, sin escaquearse de su antigua filosofía organizativa: crear movimientos, mediante grupos de trabajo y de intervención (laicos, divorcistas, antimilitaristas, anticoncordatarios) con sus reglas y federados al proyecto radical.
Sin embargo, la abstención radical no era definitiva. El P.R. participaría en las votaciones a condición de que:
primero: existiese la posibilidad real de competir en las elecciones partiendo de condiciones iguales para todos los partidos; segundo: que existiese la capacidad de presentar un proyecto político global.
Pero, mientras tanto, en el 72, considerando que un capítulo de las experiencias de lucha del partido había finalizado, los radicales plantearon una nueva estrategia destinada a zarandear el estanco panorama político italiano durante toda la década sucesiva. Al día siguiente de las elecciones radicales en las que habían expresado su "no voto", los radicales, antes de decidir qué iban a hacer, se formularon la siguiente pregunta: era posible para una fuerza de neta minoría - como era el P.R. - hacer frente a las dificultades y al asilamiento, sin quedarse en mera acción de simple testimonio o peor aún, sin encerrarse en el sectarismo? El partido radical se había diferenciado de las demás fuerzas extra-parlamentarias. Se había negado a desempeñar una función sólo de crítica, de acicate de los grandes partidos de la izquierda tradicional, y además no había desempeñado nunca ninguna acción de disturbio de la política del P.S.I., P.C.I., P.S.I.U.P., capaz de erosionar los márgenes del disenso.
La ambición del P.R. era de mayor envergadura: quería imponer con su acción política objetivos realmente alternativos e intentar para dichos objetivos desembocaduras políticas unitarias capaces de implicar a todo el abanico político de los partidos de izquierdas.
Entonces, los radicales se preguntaron con qué instrumentos podrían realmente influir en la situación italiana.
Las iniciativas de carácter sectorial, tal y como había sucedido anteriormente, ya no eran suficientes. El compromiso con el antimilitarismo y los distintos movimientos en pro de los derechos civiles no tenían de por sí la fuerza de condicionar a las alineaciones políticas o de interés de la gran opinión pública. Necesitaban una iniciativa que fuese capaz de poner en crisis los equilibrios existentes o de introducirse eficazmente en dichos equilibrios. Para permitir una iniciativa política amplia, que pudiese permitirle a un partido fuertemente minoritario incidir en la realidad institucional del país, los radicales, en julio de 1972 (209), empezaron a reflexionar sobre el referéndum.
Es decir, empezaron a plantearse si era posible realizar su proyecto político con este instrumento de democracia. Ya hemos dicho que precisamente en ese periodo, el P.R. había luchado contra todos los compromisos que querían evitar el referéndum sobre el divorcio. El referéndum (19 bis) cuadraba con la ideología misma del partido radical, y por lo tanto el recurso a este medio constitucional de democracia directa no podía dejar de cobrar primacía por parte de un movimiento que se basaba en la participación de la gente corriente.
De hecho, podía ser administrado desde la base, autónomamente, a través de la movilización popular, sin el recurso a la mediación organizativa de los partidos y de las instituciones parlamentarias.
Además, los radicales concebían el referéndum como un instrumento potencialmente unitario, pues hubiese permitido buscar un consenso ya en la fase de recogida de firmas, prescindiendo de la ruptura con los partidos de pertenencia. Era una opción realista, pues consideraba las peculiaridades del electorado italiano que, por lo general, vota impulsado por motivaciones ideológicas o clientelistas. De manera que la única forma de hacer que se trasladase hacia posturas progresistas consistía en que se interesase en temáticas de contenido concreto y de carácter directo. El otro punto que motivaba a los radicales en la opción referendaria era la posibilidad de introducir, a través de una acción extraparlamentaria, en la lucha política, temas que los partidos de izquierdas dejaban de lado para no perturbar los equilibrios parlamentarios. Estaban convencidos de poder forjar una crisis en la legislatura que en esos momentos expresaba una mayoría de contenido distinto y moderada (210). Cabe añadir, asimismo, que la cam
paña referendaria iba a permitir, por fin, al P.R. el acceso, como comité promotor a la RAI lo cual significaba salir del silencio. Cabe considerar, por último, que el referéndum brindaba a los radicales la ocasión, que siempre habían buscado, de dar una salida institucional y legislativa a la acción extraparlamentaria; sin dicha salida toda iniciativa les parecía inútil a los radicales, una simple manifestación sin ir más lejos. Con motivo del XI Congreso, la clase dirigente puso en marcha, concretamente, distintos proyectos de referéndum, y predispuso los planes para la organización de la recogida de firmas. Se propusieron tres iniciativas de referéndum: una para la abolición de las normas de aplicación del Concordato, otra para la abolición de las normas fascistas del código penal, otra más para la abolición de las leyes que garantizaban financiaciones a la asistencia y a la educación clerical (211). Era importante para los radicales lograr poner en común con los demás partidos los instrumentos organizati
vos y llevar a cabo juntos las campañas de información. Y el P.R. no podía actuar de otra manera, considerando que la disposición constitucional y la ley de aplicación que disciplina el referéndum establecen un mínimo de firmas tan alto (560.000 firmas compulsadas) que hace que sea necesario el apoyo de poderosas organizaciones que sólo los partidos de masas poseen. Lógicamente, los radicales observaban que sólo dos fuerzas eran capaces de utilizar sin dificultad esta institución: los sindicatos y las parroquias, dos organismos presentes, de forma capilar, en el territorio. Al margen de estas dos fuerzas, sólo el P.C.I. contaba con la posibilidad de canalizar a partir de las firmas a un tan elevado número de personas.
De ahí, razonaban los radicales, la reaparición de la bipolarización de la lucha política en Italia: la Iglesia por una parte y el partido comunista por otra. De manera que, precisamente una institución introducida en nuestro sistema constitucional como complemento de la democracia representativa, y por lo tanto concebido para introducir en la lucha política temas y problemas ajenos al equilibrio político-parlamentario hubiese acabado por estar, por motivos organizativos, controlado por las dos fuerzas hegemónicas. Sin embargo, en el mapa de las fuerzas organizadas en Italia, el partido radical contaba con las experiencias y algunos instrumentos de base para plantear, concreta y seriamente, un trabajo organizativo de tan amplio alcance y, para aquellos tiempos, nuevo. Este patrimonio de ideas, de capacidades de movilización, y de utilización sin manías (en el sentido positivo) de medios alternativos (ayunos, marchas, etc.) los radicales lo habían ido adquiriendo en las batallas para el divorcio y en las orga
nizaciones universitarias de los años cincuenta.
Además, obraban en poder de los radicales algunos instrumentos prácticos, como la disponibilidad de una lista con más de trescientos mil nombres recogidos por organizaciones afines al partido, o a lo largo de iniciativas políticas radicales (divorcio, antimilitarismo, liberación de la mujer, anticoncordato) (212).
Los radicales, coherentemente con su proyecto político, unidad de las fuerzas alternativas, concibieron implicar en las iniciativas referendarias, además de todos los partidos laicos de izquierdas, a los sindicatos y también a los movimientos extra-parlamentarios, a las comunidades eclesiásticas, y a otras organizaciones, como el movimiento de liberación de la mujer, y el movimiento para la abolición del delito de aborto. En resumidas cuentas, una ocasión de confluencia y de unidad entre las fuerzas del cambio.
Pensaban en dirigirse sobre todo a los distintos movimientos extra-parlamentarios, como "Il Manifesto", "Lotta Continua", ocupados en estériles movilizaciones de mera agitación para impulsarles a contribuir para que cambiase la realidad social e institucional. Además, se interesaron por las comunidades de católicos, que fermentaban por aquel entonces, para hacerles comprender que la lucha por la renovación religiosa estaba estrechamente relacionada con un más explícito compromiso cívico.
La preparación del programa corría por cuenta de un congreso especial, tras un debate y un trabajo de grupo.
El partido radical, antes de afrontar una lucha tan poco equitativa para un movimiento de minoría sacado adelante por no profesionales de la política, pretendía reunir a su base, para comprobar si podía contar con fuerzas suficientes para hacer frente a las responsabilidades que se derivarían de iniciativas de gran alcance, es decir, si convenía este viaje hacia lo desconocido colectivo. El talón de Aquiles para los radicales que se disponían a preparar la campaña referendaria era la organización. En el X Congreso se había establecido el objetivo mínimo de mil inscritos, para que funcionase de forma eficaz, o de lo contrario autodisolverse. La meta fue lograda. Se llegó al XI Congreso celebrado en Turín en noviembre de 1972, con 1300 inscritos, de los cuales 900 eran nuevos. El 18% poseía el doble carnet; y es importante destacar última circunstancia pues demostraba que el consenso con las iniciativas radicales podía proceder de otros sectores.
En este periodo se acercaron al partido radical algunos exponentes de la izquierda republicana, como Franco Corleone, Mercedes Bresso, que reforzarán el núcleo milanés (213).
De hecho, el problema consistía, recordémoslo, en cómo ampliar la estructura territorial del partido, el cual, tal y como notaban los mismísimos radicales, debía ser laico y libertario, no podía seguir siendo "romano, unicéfalo y carismático". La militancia hacia el P.R. se amplió ante la inminencia de este XI congreso, gracias a algunas acciones directas llevadas a cabo por el partido (214).
El proselitismo hubiese podido obtener resultados mejores, si los radicales se hubiesen dedicado con mayor interés a reforzar el partido. Por el contrario, preferían que el P.R. fuese una fuerza de servicio unitario y alternativo para todos los grupos de la izquierda socialista y libertaria (215). Se movilizaban, no para sumarle fuerza al partido sino para organizar batallas civiles, como las de la liberación de los objetores de conciencia, para el desencarcelamiento del anarquista Valpreda (20 bis), gastaban sus energías en manifestaciones populares unitarias que definían "anti-régimen". En cualquier caso, el objetivo establecido por el congreso anterior de Roma había sido alcanzado; por lo que en Turín, en partido podía anunciar su supervivencia. Y no sólo eso, sino también aprobar una moción de amplio respiro que iba a anticipar los tiempos de enfrentamiento con la D.C. El congreso de Turín se convirtió en la tribuna desde donde se reimpulsó el proyecto de una iniciativa popular referendaria a partir de l
os temas de los derechos civiles. También la batalla para la objeción de conciencia y en pro de la liberación de Valpreda, culminada con el ayuno de Pannella y Gardini, halló su punto culminante en este congreso.
La moción aprobada por el XI congreso (216), en sintonía con la constante política contra el partido dominante, indica en la D.C. a la heredera natural del Partido Nacional Fascista, y subraya que la izquierda, en su globalidad, no sabe oponerse a dicho "partido-régimen"; de manera que la política de esta izquierda se muestra »subalterna en el corporativismo estatal que se ha consolidado sobre todo en los sectores públicos hereditarios del fascismo . Por lo que se refiere al Parlamento, según los radicales, había pasado a ser mera instancia de aprobación, a menudo por unanimidad, de miles de leyecitas corporativas y no afrontaba las verdaderas reformas; mientras que, por el contrario, las Cámaras debían ser lugar de debate de los grandes problemas, como el divorcio, el aborto, la objeción de conciencia. El XI congreso, tras haber juzgado crudamente la situación política italiana enyesada consideraba que para renovar el nivel de la generación política que actuaba por aquel entonces, era necesario perseguir pr
oyectos concretos, inteligibles para todo el mundo, que se pudiesen gestionar desde la base, de las masas democráticas, en calidad de auténticos socialistas, comunistas, liberales gobettianos (21 bis), las minorías que son revolucionarias cuando vinculan la afirmación de sus derechos a la ventaja de todos. A partir de dichas premisas políticas, el partido radical propuso el recurso a la voluntad popular: la única medida que iba a poder conducir a la aplicación total del pacto constitucional, a la eliminación de las leyes reaccionarias, en favor de los derechos del hombre, de los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos. Y la moción del congreso proponía convocar, y se comprometía a hacerlo, cinco referéndums populares abrogativos relacionados con las leyes de aplicación del Concordato, las leyes autoritarias del código penal (por ejemplo, el delito de aborto y el consumo de droga), los códigos militares, la financiación pública de la educación privada y las leyes en materia de prensa que limitaban la
s libertades civiles.
El año 1973 inicia de forma alentadora para el partido radical. Empiezan a ponerse en marcha las primeras iniciativas políticas (217). El 11 de febrero de 1973, Loris Fortuna (22 bis), en sintonía con el Partido Radical, y con el movimiento de liberación de la mujer, presenta en el Parlamento el primer proyecto de ley para la legalización del aborto. La lucha que había empezado tres años antes con la publicidad radical, empezaba a implicar a las instituciones, y por lo tanto a las fuerzas políticas organizadas, que ya no iban a poder escaquearse de la discusión de un problema abierto en muchos países europeos. Con una carta a "Il Messaggero" de Roma, Pannella abre otro frente, tal y como anunció, cantando victoria, "Notizie Radicali" en su número del 27 de enero de 1973: el de la droga. El líder radical empezó a defender a los jóvenes fumadores de marihuana y de hachis, y anunció que, junto a otros militantes radicales, iba a fumar en público drogas blandas. Era una demostración con tanto de provocación cont
ra el proyecto de ley, que castigaba severamente, presentado por el gobierno Andreotti (23 bis) contra los consumidores de droga.
La fuerza del P.R., constituida por cerca de 1300 inscritos, decididos a autofinanciarse, y a autogestionarse, se había hecho realidad; la refundación del partido, decidida por el congreso de noviembre de 1972, ya no parecía una veleidad. Pero el compromiso primario y solemne que el P.r había adoptado no se concretizaba: el trabajo de organización de los cinco referéndums, no salía adelante. Cabía esperar hasta el siguiente congreso de noviembre para disponer el programa político de la campaña de los referéndums, pero el retraso parecía un grave error, pues podía comprometer la disponibilidad de las demás fuerzas políticas que tenían que organizar junto con los radicales este proyecto de enorme importancia para los futuros ajustes de las instituciones.
He ahí por qué se celebró un congreso extraordinario en pleno verano de 1973, en Roma (8-9 de julio). Este congreso, que demostró ser uno de los más vivos y estimulantes, surgió dos importantes resultados: la adhesión al proyecto radical de los más importantes grupos extra-parlamentarios ("Il Manifesto", "Lotta Continua", "Avanguardia Operaia", "Partito comunista marxista-leninista") y también de la corriente de izquierda del Partido Republicano (218). El otro hecho fue el compromiso declarado de muchos militantes de sedes periféricas para participar en el trabajo organizativo en Roma. De esta manera, se ampliaba la base de los participantes en el trabajo cotidiano, desarrollado siempre por el pequeño grupo residente en Roma. El congreso registró posteriormente la convergencia en el proyecto político radical de algunas fuerzas de izquierdas, a las que el P.R., desde siempre, había prestado atención, y que se habían sumado a la batalla para el divorcio. Giacomo Mancini (24 bis), por aquel entonces uno de los
mayores exponentes del Partido Socialista, había mandado al congreso radical un mensaje en el que saludaba a los participantes y les alentaba en su camino; asimismo participaron en los trabajos del congreso, el diputado Vincenzo Balzamo, responsable de los derechos civiles del P.S.I. y Fabrizio Cicchito de la izquierda del mismo partido. El Congreso, a nivel operativo, decidió constituir un comité de gestión de los referéndums, que debía ayudar a la secretaría nacional y a los demás órganos del partido; además, encargaba a un comité que realizase en dos o tres meses un periódico radical.
Así pues, se sentaron las bases políticas y organizativas para poder convocar los referéndums abrogativos para 1975. Pero el resultado más destacado, es decir, el más inesperado para la estrategia radical, fue la convergencia de fuerzas constitucionales y extra-parlamentarias sobre el proyecto de lucha común de toda la izquierda, de todos aquellos que luchaban por la renovación.
He ahí por qué el P.R. solicitó a los militantes y a los simpatizantes, a los que brindaban su adhesión a las Ligas para los derechos civiles, un reimpulso de las iniciativas que pudiese testimoniar la presencia radical como punto de unión de todos los grupos en favor del referéndum. Tras el congreso, se sumó el Partido socialista de unidad proletaria. Todas estas fuerzas, heterogéneas, a pesar de estar reunidas alrededor del proyecto de los referéndums, subrayaron su autonomía política y organizativa.
Lucha Continua propuso seleccionar y concentrar los referéndums en dos o tres puntos: Código Rocco (25 bis), Códigos militares y aborto. Mientras tanto se iban obteniendo nuevas direcciones, y se iban constituyendo los primeros comités de trabajo a nivel provincial (219). El XIII Congreso (1-2-3 de noviembre de 1973) especificó el paquete referendario. Se establecieron las modalidades y los contenidos del proyecto. La asamblea congresal seleccionó ocho grupos de argumentos, ocho referéndums. Un proyecto muy ambicioso, que suscitó muchas perplejidades con respecto a la posibilidad técnica de poner en práctica paralelamente ocho iniciativas, considerando la consistencia del partido radical que ya no estaba formado por mil inscritos.
Sin embargo, el congreso decidió mantener el proyecto global, los ocho referéndums. Esta decisión estaba llena de significado político: quería demostrar la existencia de una alternativa al "Régimen (DC) y a sus cerrazones", tal y como indicaba la moción final (220).
Se buscaba la colaboración de las fuerzas parlamentarias y extraparlamentarias, en resumidas cuentas de "liberales" y de revolucionarios, con una forma abierta, inventando estructuras organizativas al margen de las existentes. Era el único proceso posible para las minorías democráticas, las cuales, con el instrumento del referéndum hubiesen podido canalizar a las masas por el camino de la renovación, tendencialmente, socialista. El sistema partídico, por el contrario, era incapaz de interpretar exigencias particulares, pues faltaba, según los radicales, un bagaje de movilización; los partidos de izquierdas en nuestro país estaban tan institucionalizados como para evitar el conflicto, la tensión con los adversarios de clase.
El criterio de la opción de los ocho referéndums propuestos, y que más abajo especificaremos, obedecía a motivos prácticos. La técnica de los referéndums exigía recoger para cada ley quinientas mil firmas ante funcionarios públicos, compulsarlas y comprobarlas con los certificados electorales de los signatarios. He ahí por qué los promotores debían escoger muy atentamente, empezando por los sectores en los que parecía más escandalosa la supervivencia de las viejas ordenaciones (221). Dicha atención procedía de las luchas de los últimos años: las batallas que había librado el PR y los demás movimientos interesados, desde los objetores de conciencia hasta los divorcistas, pasando por los forjadores de la legalización del aborto. Pues bien, de la reflexión sobre todas aquellas luchas por los derechos civiles salió a relucir la decisión de que era necesario, incluso desde el punto de vista político, investir con el sistema de la abolición por voluntad popular. Cabía someter a referéndum las bases del poder cleri
cal, los instrumentos de la represión penal ordinaria y militar y por último, los canales de información. Atacando esos cuatro sectores, el PR pretendía zarandear los equilibrios políticos y la mismísima vida democrática del país, devolviéndole "ese pizco de verdad, de confrontación, de compromiso civil e ideal, sin los cuales no existe la democracia". (222).
Los referéndums propuestos estaban relacionados con los siguientes temas.
Primero: el art. 1 de la ley 27 de mayo de 1929 que disponía la ejecución del tratado y del Concordato subscritos entre la Santa Sede e Italia que dictaban privilegios y ventajas de la Iglesia Católica sobre todo en materia fiscal, en el sector escolástico, familiar y penal; segundo: los artículos 17 y 22 de la citada ley, que reconocían efectos civiles a las sentencias eclesiásticas de nulidad de los matrimonios concordatarios; tercero: la abolición total del código militar de paz; cuarto: abolición de la ordenación judicial militar; quinto: abolición del colegio de periodistas; sexto: abolición de la ley que limita la libertad de prensa; séptimo: libertad de antena; octavo y último: abolición de algunas normas represivas del código penal, como la cadena perpetua, delitos de opinión, y el delito de aborto (223).
El 15 de marzo de 1974 el partido radical inició la recogida de firmas para los ocho referéndums; la organización estaba articulada territorialmente en ciento treinta y cinco comités locales, con cientos de mesas ubicadas en las plazas y en las calles de los centros más importantes, de norte a sur de Italia (224).
Al mismo tiempo, se iniciaba la campaña para el referéndums sobre el divorcio que había sido establecido para el 12 de mayo; los radicales estaban convencidos de que esta coincidencia iba a suponer un elemento de fuerza. Pero no fue así. El P.R. se encontró, inesperadamente, solo, solo en la recogida de firmas para los ocho referéndums, abandonado por los grupos extra-parlamentarios con cuya aportación organizativa los radicales habían contado. Si se examina la tabla nº 7, sólo dos comités habían sido organizados por los extra-parlamentarios; Lotta Continua afirmaba que el compromiso para el referéndum sobre el divorcio debía ser prioritario con respecto al de la recogida de firmas para los demás referéndums (225). "Il Manifesto" confirmó su apoyo, pero no dejó de ser una mera proclamación verbal. El P.D.U.P. adoptó la misma actitud. Por el contrario, fue bastante significativa la contribución brindada por el P.S.I. y por la U.I.L. (cfr tabla 7) un testimonio de la atención de socialistas hacia los proyectos
radicales. Los comunistas demostraron por el contrario aspereza y hostilidad ante los referéndums. Acusaban a los radicales de estar echándole una mano a Fanfani (26 bis), con la consiguiente dispersión de energías para referéndums de escasa utilidad política.
Delineado un panorama político tan incierto, pocas semanas después de la votación del 12 de mayo, los radicales decidieron suspender la recogida de firmas (226).
Al día siguiente del resultado del referéndum sobre el divorcio, que se resolvió en un triunfo para los divorcistas, sobre todo en las zonas económicamente más atrasadas del país, los radicales reanudaron, el 15 de junio, la recogida de firmas. Los únicos que proporcionaron ayuda fueron los partidarios de "Vanguardia Obrera". Sin embargo, la campaña fracasó, los radicales registraron poco más de cien mil firmas por cada petición de referéndum.
No se puede negar que la estrategia política radical fue confirmada, por todo lo alto, por el resultado del referéndum del divorcio: la Italia real en la que el P.R. había creído siempre se mostró, inesperadamente a favor de las convicciones de los partidos de izquierdas, más avanzado con respecto al legal. Por primera vez se logró crear una alineación unitaria de izquierda con perspectivas de futuro. Se había aplicado, a través de un instrumento de movilización popular como los referéndums, la alternativa de las fuerzas del progreso. Sin embargo, el fracaso en la recogida de firmas era la contraprueba de que era necesaria una organización más puntual, o bien una conexión más sólida con el resto de las fuerzas políticas interesadas en la cuestión.
Con motivo de este fracaso, el partido radical se sumió en una crisis. Su joven secretario Giulio Ercolessi, que tal vez no había sabido guiar con destreza el partido durante la campaña para la recogida de firmas, abandonó el cargo, en verano de 1974 (227). La crisis se extendió a la tesorería colegial, electa en el Congreso de Verona, en noviembre del 73; por lo que quedó sólo Gianfranco Spadaccia para guiar las suertes tanto de la secretaría como de la tesorería. Pero, a pesar de la crisis, había aumentado enormemente la credibilidad del partido radical ante la opinión pública: la gente corriente, cansada de profesionales de la política veía en el mensaje radical, simbolizado por la figura del lider Marco Pannella, el rescate del mal de la partidocracia, en resumidas cuentas empezaba a reconocerse en una minoría que había logrado imponer, como oposición a enormes fuerzas conservadoras, la inviolabilidad de la ley sobre el divorcio. Sin embargo, no se había producido mayor crecimiento debido a que la televi
sión estatal negaba el acceso a las minorías.
Para conquistar dicho derecho, indispensable para impulsar a las masas en la batalla referendaria, un grupo de militantes radicales empezó una huelga de hambre 8228). Tras el desarrollo del referéndum, continuó el ayuno, incluso por parte de militantes de distintas ciudades y centros menores. Se convirtió en una auténtica acción de desobediencia civil. A mediados de julio, el ayuno de Pannella, superados los setenta días, se convirtió en un hecho dramático, e interesó a los grandes órganos de información: el presidente de la República decidió recibir al líder radical, para demostrarle su interés "por el valor de su acción". El resultado más importante del larguísimo ayuno de Pannella fue la renovada movilización de los militantes que, tras el fracaso de la recogida de firmas para el referéndum, se habían apartado. Considerando el consenso alrededor de la acción de Pannella, habían multiplicado las iniciativas, las acciones directas.
Resulta interesante examinar las reacciones de las más importantes fuerzas políticas ante la acción individual de Pannella. El republicano Adolfo Battaglia tachaba de "utópicos" y no adecuados a la realidad del momento los instrumentos de la acción de conciencia. Los comunistas subrayaban que no era central ni urgente para la vida nacional la defensa de los derechos civiles y se declaraban contrarios a las acciones de las minorías, que no debían suplir la acción de las masas y de los partidos que las representaban (229). Los laicos moderados se lamentaban de que la ruptura con la tradición del radicalismo anterior de los años Cincuenta. La verdad es que al final logró pasar el mensaje radical, gracias a los ayunos de muchos militantes, a través de la información de la televisión. Un nuevo dato: de los cientos de miles de ciudadanos que habían entrado, de una forma o de otra, en contacto con las iniciativas radicales, se pasó, en verano de 1974, a la comunicación hacia muchos millones de personas. Por lo tant
o, un enorme salto de calidad, este fue el debut de los radicales en televisión: podían ampliar a toda Italia, de forma indiscriminada, la zona de conocimiento de sus batallas en pro de los derechos civiles. Por último, hubiese sido posible, llevar a cabo luchas generales para el país. El auditorio pasaba a ser toda Italia. Un paso hacia adelante enorme si se mira hacia atrás, cuando los radicales no eran más que un puñado de "desesperados".
3. Radicales y socialistas: una relación controvertida
El XIV Congreso radical (Milán, 1/4 de noviembre de 1974) a pesar de que se ampliase el consenso en la opinión pública, no obstante el éxito del voto del 12 de mayo sobre el divorcio, a pesar del primer compromiso del parlamento para discutir el proyecto de ley sobre el aborto, registró un amplio pesimismo sobre el futuro político, hacia los partidos de izquierdas, que pretendían obtener acuerdos o compromisos con el enemigo de toda la vida, es decir con aquella D.C. que había impuesto el "régimen" en Italia. (230).
El debate en el congreso de Milán estuvo caracterizado por el esfuerzo de definir una línea política general para el partido, una plataforma de orientación para los órganos dirigentes y para los militantes. Esta vez pareció predominar la confrontación sobre las perspectivas políticas, mientras que pasó a un segundo plano el enfrentamiento con respecto a objetivos inmediatos.
Los referéndums, en el debate del congreso, dejaron de ser instrumento de las iniciativas radicales. Se empezó a discutir de un programa alternativo común, del que el ala de la izquierda no podía escaquearse. Se habló, abiertamente, de una participación de los radicales en las elecciones siguientes. Sin embargo, desde un punto de vista realista, el congreso tomó nota de las dificultades organizativas con las que se iba a topar el PR para poder afrontar, con eficacia, las elecciones. Planteándose tales perspectivas, no podía cambiar su relación con las demás formaciones políticas. Por ello, el papel del P.R. debía concretizarse mejor. Los radicales no debían concentrar sus energías en mera denuncia, presión y polémica sino que debían comprometerse en reforzar el elemento socialista-libertario de la izquierda, en resumidas cuentas promover la agregación al menos con respecto a determinados objetivos concretos, de los partidos de izquierdas. A partir de estos interrogantes se centró el debate durante el Congres
o. Salió a relucir de forma clara y transparente la imagen "socialista" del P.R., que se planteó en una perspectiva de fuerza de gobierno: en la moción congresal el partido estableció como objetivo el veinte por ciento del electorado por lo menos a las fuerzas socialistas para equilibrar de nuevo la izquierda italiana (231) y hacer posible la alternativa.
Este congreso de Milán subrayó, por lo tanto, aquellas relaciones priviliegiadas que los radicales habían mantenido siempre con los socialistas. Pannella, aún manteniendo en realidad las riendas de los radicales, hacía más de un año que no se sacaba el carnet, para moverse con mayor libertad en el seno de los distintos partidos de la izquierda, con el consabido objetivo de construir la alternativa a la D.C. Y en dicha perspectiva, en el congreso de Milán, anunció la fundación del "Movimiento socialista en pro de los derechos y las libertades civiles - liga 13 de mayo", y declaró querer actuar, a partir de aquel momento, en calidad de militante socialista.
Massimo Teodori, que ya en los años 71-73 había albergado en "La Prova radicale" debates con exponentes de la izquierda socialista, como Riccardo Lombardi, encargándose de las perspectivas del socialismo en Europa, fundó en enero de 1975, junto a algunos intelectuales del ala socialista, la asociación A.R.A., "Azione e Ricerca per l'Alternativa" (28 bis) (232). Los radicales habían escogido como interlocutor principal al partido socialista, porque por aquel entonces, este partido dudaba si colaborar con la D.C. o emprender "equilibrios más avanzados".
Dicha perplejidad había sido interpretada por los radicales como una señal de posibles caminos. El P.S.I., para los radicales era la única formación política con un alma "movimientista", y por lo tanto iban a poder impulsarla a formar parte de la agregación para la alternativa. Por otra parte, el partido comunista contaba con una estrategia definitiva, que conducía irremediablemente, hacia el abrazo con las masas católicas.
Las iniciativas pro-socialistas que se remitían a la "ARA" se disolvieron en el ámbito cultural.
Por el contrario las iniciativas promovidas por Pannella, en primera persona por el partido radical, como la lucha en pro de la despenalización del aborto, contaron con el apoyo oficial del P.S.I., que contribuyó con 60 millones, y recibieron gran número de adhesiones en todo el territorio nacional (se constituyeron 68 comités para la recogida de firmas (233).
4. El segundo desafío a los católicos: el aborto
La lucha por el aborto fue planteada por los radicales tras la presentación en el Parlamento del proyecto de ley Fortuna, del que hemos hablado anteriormente. La ocasión para movilizar a la opinión pública sobre el problema del aborto fue el proceso a Gigliola Perobon, en junio de 1973, acusada por haberse forzado un aborto a la edad de 16 años. Las feministas del Movimiento de liberación de la mujer, tomando como ejemplo dicho juicio, se autodenunciaron, en a misma aula en la que se procesaba a Pierobon, por delito de aborto. El caso dio que hablar a la prensa, y también a revistas semanales como "Annabella" le dieron gran importancia (234). De esta manera, una vez más, con una acción directa, los radicales habían logrado romper el silencio de la prensa biempensante sobre una cuestión que afectaba a todas las mujeres. En septiembre del mismo año, el periódico radical "Liberazione" publicaba las autodenuncias de otras cincuenta mujeres, mientras que el Movimiento se manifestaba ante el Parlamento para que se
discutiese el proyecto de ley Fortuna.
Pero todo ello no logró desbloquear la situación: el partido comunista se declaró contrario a la liberalización del aborto; y por lo tanto disminuyó el decisivo apoyo del mayor partido de la izquierda. Otro golpe para la iniciativa radical supuso el hecho de que no se lograsen el número de firmas necesarias para convocar el referéndum. Cuando la batalla pareció definitivamente perdida, Pannella utilizó el arma del ayuno a ultranza, y logró ser entrevistado por la televisión estatal, pudiendo de esta manera, por sorpresa hablar del aborto a millones de personas,
Mientras tanto, cuando la iniciativa radical avanzaba a trancas y barrancas, se fundó el C.I.S.A. (Centro Italiano Esterilización y Aborto) (29 bis), que en 1974 inauguró algunos consultorios en toda Italia, en los que se practicaba el aborto casi gratuitamente (235).
La actividad de estos centros no se desarrollaba en la clandestinidad, sino que se llevaba a cabo con bombo y platillo. Las practicas abortivas siguieron adelante, sin molestia alguna, durante cerca de un año, hasta que la revista semanal de derechas "Candido" publicó un artículo de denuncia contra el centro CISA de Florencia, provocando la intervención de la magistratura. Fue arrestado el ginecólogo Giorgio Conciani que trabajaba en el Centro. Al cabo de algunos días fue arrestado Gianfranco Spadaccia, secretario nacional del partido radical, quién se había asumido la responsabilidad política de la actividad del CISA (236). Siguieron otros arrestos e incriminaciones: Adele Faccio (30 bis) y Emma Bonino (31 bis), por su actividad de apoyo al centro para la liberalización del aborto, sufrieron la misma suerte, en enero de 1975 la primera y en junio del mismo año la segunda. La reacción de la policía y de la magistratura hacia los forjadores del referéndum abrogativo del delito de aborto, suscitó el interés de
las dos grandes revistas semanales, de inspiración laica, "L'Espresso" y "Panorama" y por lo tanto de la opinión progresista de Italia. El 5 de febrero de 1975 se depositaron en el Tribunal Supremo tanto la petición de referéndum para el aborto como para los otros cuatro temas aprobados por el XIV congreso (concordato, delitos de opinión del código penal, ordenación judicial militar y código penal militar). Al día siguiente de la presentación de las peticiones de referéndum, la campaña institucional se producía con la movilización basada en la desobediencia civil. Una avalancha de autodenuncias fue entregada al Tribunal Supremo y, por consiguiente, empezaron a llegar comunicados judiciales a todos los autodenunciados (237). El 18 de febrero, el Tribunal Constitucional declaró parcialmente ilegítimas las normas que castigaban el delito de aborto, despenalizando de esta manera el aborto terapéutico. Mientras tanto se abría "el frente parlamentario": todos los grupos parlamentarios, salvo el del M.S.I., presen
taban su propio proyecto de ley sobre el aborto. El 15 de abril iniciaba la recogida de firmas por las calles y plazas de las grandes ciudades. Pannella logró obtener el apoyo de "L'Espresso" sólo para el referéndum sobre el aborto; se sumaron a la campaña el sindicato U.I.L. y las muchas federaciones socialistas (238). Llegados a este punto de la batalla referendaria, los radicales, considerando que se sumaban muchos ambientes laicos y progresistas a su iniciativa para el aborto, decidieron suspender la recogida de firmas para los otros cuatro referéndums y concentraron sus esfuerzos organizativos en el primero (239).
Lograron recoger, en los tiempos establecidos por la ley, 750.000 firmas y de esta manera se pusieron en marcha los procedimientos necesarios para la celebración del referéndum sobre el aborto.
Pero el P.R. no había renunciado definitivamente a las demás propuestas. De hecho, tras las elecciones regionales del 15 de junio de 1975 que registraron un considerable éxito del P.C.I., los radicales quisieron aprovechar el clima favorable para el cambio político, y decidieron reanudar la batalla en pro de los otros cuatro referéndums, y añadieron otro más: el referéndum para la abolición de la ley Reale (32 bis) sobre el orden público, recién aprobada por el Parlamento para combatir el terrorismo (240). Sin embargo, el P.R. no recibió el apoyo de las otras formaciones políticas de izquierdas para estos cinco temas, ni tampoco de ningún órgano de prensa de relieve, ni recibieron el apoyo de aquel amplio sector de la opinión "liberal" que había estado de su parte durante la recogida de firmas para el referéndum sobre el aborto; incluso los pequeños grupos extra-parlamentarios se escaquearon. En resumidas cuentas, la unidad laica de las fuerzas de izquierdas entraba en declive. Por consiguiente, no lograron
recoger el número de firmas necesario para los demás referéndums.
El XV congreso del P.R., que se celebró en Florencia del 1 al 4 de noviembre de 1975, en el que participaron más de mil inscritos y muchos exponentes del P.S.I., por una parte confirmó la opinión sobre la situación política contenida en la moción final del congreso anterior, celebrado en Milán, y por otra parte consideraba que había llegado el momento, tras el éxito de la izquierda en las elecciones municipales del 15 de junio, para disponer un programa económico y social común a todos los elementos de izquierda y laicos (241).
Los radicales solicitaron a aquellos elementos políticos afines que se uniesen a la lucha institucional que abogaba por una aplicación plena de la Constitución, y por ende, la eliminación de todas aquellas leyes autoritarias todavía en vigor treinta años después de la caída del fascismo. Para llevar a cabo este proyecto político, el P.R. apostaba por el P.S.I. y pretendía remitirse al modelo francés, a ese 20% de fuerza socialista y libertaria, autogestionada pero desde la base. Sin embargo, la prueba que tanto el P.S.I. como las demás fuerzas políticas debían superar consistía en brindar su disponibilidad para discutir y posteriormente apoyar la ley sobre el aborto que la Cámara de los Diputados iba a afrontar. De no ser posible reunirse alrededor de un P.S.I. renovado, el P.R. se presentaba candidato a ser elemento central para reunir a su alrededor una nueva formación socialista, pues una exigencia semejante procedía indiscutiblemente de la base del pueblo italiano. El P.R. solicitaba, formalmente, en el
Congreso del P.S.I. que se celebró en febrero de 1976, un pacto federativo, que sin anular las diferencias, sino "potenciando y multiplicando las distintas experiencias, energías y potencialidades, pudiese crear las premisas para una más vasta unificación de fuerzas socialistas y libertarias" (242). Del tono de la moción final y del debate se desprendía que era inevitable una participación de listas radicales en las inminentes elecciones generales. Gianfranco Spadaccia y Roberto Cicciomessere, en un editorial de "Notizie radicali" del 18 de octubre de 1975 habían afirmado que estaba finalizando una fase histórica del partido radical, y que, por fin, al cabo de veinte años de luchas en pro de los derechos civiles, se iba a producir una salida política. El año 1976 iba a ser el año de la alternativa. De lo contrario, según los exponentes radicales, iban a tener que pasar diez años más para que se aplicasen dichos derechos civiles, objeto de tantas luchas militantes, del P.R. y de las distintas ligas.
Un sondeo de la Demoskopea, publicado por la revista "Panorama", había entusiasmado a los radicales. Los entrevistados habían declarado que deseaban la renovación de la clase dirigente y de los partidos políticos. La Demoskopea había evaluado en torno al 10-12 por ciento el resultado electoral, constituido en su mayoría por mujeres. Y, dato importante para los radicales, dicho sondeo indicaba que el 70% de los interrogados daba gran valor a las luchas por los derechos civiles. Además, si el P.R. lograba tener acceso a la televisión de la RAI, el índice de conocimiento de los temas radicales hubiese aumentado de forma considerable. En resumidas cuentas, había llegado el momento tan esperado. Estaba a punto de cumplirse el "sueño radical"? Durante los cinco meses que transcurrieron desde el XV Congreso radical de noviembre del 75 hasta el socialista de febrero de 1976, el P.S.I. no dio ningún tipo de respuesta con respecto a una posible agregación del P.R. (243).
De Martino, secretario del P.S.I., dio respuesta sólo en el congreso, y no fue claro a las propuestas políticas de los radicales: el P.S.I. invitaba al P.R. a una simple confluencia de tipo electoral. Sin embargo, el congreso socialista se mostró más abierto que su líder: dio mandato a la dirección para que realizase una confrontación política con el partido Radical; pero, a pesar de la deliberación del congreso, no sucedió nada, no se estableció ningún tipo de relación entre ambos partidos, ni tan siquiera un diálogo político.
5. Los ciudadanos y el poder: "La carta de las libertades"
Los radicales se encontraron solos ante la disolución de las Cámaras. El consejo Federativo decidió presentar listas propias para las elecciones del 20 de junio. El secretario del P.R., a propósito del no socialista, destacó que los radicales "no eran postulantes que llamaban a las puertas del P.S.I. en espera de un lugar o de alguna medallita parlamentaria: no estaban dispuestos a destruir quince años de diversidad socialista" (244).
Hacía muchos años que los radicales venían subrayando la supervivencia de gran número de fuerzas autoritarias, y por lo tanto reclamaban una política de las libertades: destacaban que la misma "fuerza expansiva" de nuestra Constitución estaba atrapada. En definitiva, el P.R. se movía, según su tradición original, a partir de la línea del socialismo europeo. El proyecto radical cobró forma en febrero de 1976 con una primera propuesta de ley de iniciativa popular para una "carta de las libertades y de los derechos civiles", que, posteriormente, a gran escala, correspondía a los contenidos de los referéndums promovidos en los años anteriores y posteriormente abandonados por los motivos que hemos visto (245). Los radicales, en vísperas de unas elecciones, consideraban esta "Carta de las libertades" el no va más de un auténtico programa de gobierno y legislatura.
Así pues, toda una inmersión en las instituciones, para cambiarlas en sentido libertario, o más limitadamente, para adecuar nuestra legislación a la más avanzada de Europa Occidental. El proyecto se articulaba en dos propuestas de ley. La primera apuntaba a la revisión constitucional del artículo 7 de la Constitución, y por lo tanto a una ordenación de las relaciones entre el Estado y la Iglesia, con el paso del régimen concordatario a una reglamentación de las relaciones que garantizase la independencia de la Iglesia y la laicidad de la República. Volvían los viejos temas radicales, en un contexto político y social que estaba a punto de cambiar, dada la entrada en el panorama político de grupos eclesiásticos y de una nueva manera de concebir las relaciones con las jerarquías por parte de los católicos.
La segunda propuesta se presentaba de forma más compleja y rica de implicaciones institucionales, pues iba a permitirles a los ciudadanos y a los grupos hacer valer libre e inmediatamente los derechos de libertades que se les reconocían.
Proponía la abolición de algunos miles de normas en vigor y la aprobación de cientos de nuevas normas que instituían nuevas libertades. La propuesta se articulaba en cinco títulos, y preveía, entre otras cosas, la reforma del Consejo Superior de la Magistratura, la desmilitarización de la policía, la estadística de los cargos públicos, el derecho de acceso por parte de los ciudadanos a la información.
En la carta figuraba un apartado para los ciudadanos definidos "infraprotegidos", es decir: los ancianos, los menores, las minorías lingüísticas, las personas sexualmente distintas y los prófugos. Por último, el proyecto pretendía tutelar los derechos de los ciudadanos en las comunidades necesarias, es decir: en los colegios, cuarteles, hospitales, manicomios, cárceles y fábricas.
La línea de intervención proyectada por el P.R., tal y como estaba articulada, ponía en movimiento un mecanismo de control en toda una serie de poderes públicos y privados, cuya administración era - según los radicales - autoritaria o cuanto menos se halaba resguardada de cualquier tipo de control exterior.
El visto bueno del proyecto global de los radicales corrió por cuenta de los cuatrocientos mil votos obtenidos por el P.R. en las elecciones del 20 de junio: cuatro radicales entraron en el Parlamento de la República italiana, concretamente en la Cámara de los diputados. Se trataba de Emma Bonino, Adele Faccio, Mauro Mellini y Marco Pannella. El Partido Socialista perdió votos así como los partidos laicos menores. Por el contrario, el P.C.I, con el 34%, ganó 48 escaños. La única formación laica en aumento fue la radical. A pesar del éxito, el partido intentó seguir siendo el mismo, es decir, no perder sus características de siempre que se basaban en la autogestión, la no violencia y la militancia de la base. Y para mantenerlas, Pannella, tal y como hemos visto, lanzó el eslógan de la "desorganización científica", suscitando polémicas internas entre quiénes pretendían mantener la agrupación espontánea de personas a partir de batallas comunes y quiénes, por el contrario, deseaban una cierta estabilidad organiz
ativa (246).
El dilema sobre la cuestión organizativa que cabía darle al partido era vivido intensamente en la periferia. El periódico de información del P.R. de Emilia Romaña, "Agenzia Radicale", afirmaba claramente que: "las asociaciones locales habían vivido bien poco, por vida autónoma, limitándose, en el mejor de los casos, a salir corriendo "con la mesa al hombro" en cuanto silbaba Roma" (247). Y observaba que el P.R. registraba un rapidísimo vaivén de personas, que se daban en cuerpo y alma a las luchas particularmente significativas, para desaparecer posteriormente durante largos periodos o para siempre. De esta manera se dispersaba un patrimonio de energías. De manera que el punto de fuerza del partido, la espontaneidad que se formaba periódicamente alrededor de las luchas del momento, constituía un punto de debilidad.
Por lo tanto, los militantes de la base reclamaban una continuidad política, evitando, al mismo tiempo, el peligro de transformar el partido radical en uno de los pequeños partidos tradicionales.
El problema era vivido a todos los niveles del partido, y en los años que siguieron pasó a ser motivo central de debates, polémicas, acusaciones y abandonos.
Tras las elecciones del 20 de junio, se formó el gobierno monocolor de Andreotti, que se apoyaba en la "no desconfianza" de los partidos distintos a la D.C. y en particular del partido comunista. Para los radicales, el P.C.I. se convertía de esta manera en el muro maestro del "régimen". El XVII congreso radical, que se celebró en Nápoles del 1 al 4 de noviembre del 76, denunció el "estado corporativo asistencial y fascista" de la D.C., avalado, abierta y declaradamente, por los partidos de la izquierda histórica.
Con el compromiso histórico entre D.C. y P.C.I., el partido radical se vio obligado de esta manera a cambiar su estrategia, y el PCI, considerado ya incapaz de cualquier política alternativa. Por lo que los radicales consideraban más necesario aún recurrir al referéndum para aplicar la Constitución. Pero la batalla referendaria, con respecto a la época del divorcio, iba a cobrar un enfoque político distinto: de referéndum para trasladar la izquierda y obligarla a apoyar batallas alternativas, superando los compromisos con la D.C., a referéndum directo precisamente contra el "régimen D.C.-P.C.I." (248).
N.d.T.
(1 bis) CONCORDATO . El artículo 7 de la constitución italiana reconoce y "constitucionaliza" el Concordato entre el Estado y la Iglesia firmado en 1929. En la Asamblea Constituyente fue votado por Togliatti y por el PCI con la oposicón de los socialistas, Partido de Acción etc. El Concordato fue renovado, bajo una nueva fórmula, en 1984 (gobierno Craxi).
(2 bis) PANNELLA MARCO . [versiòn resumida de la nota de Pannella]. Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido promovió (y venció) importantes batallas en pro de los derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abrió el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (F.U.O.R.I.), promovió la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organizó, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financ
iación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. Ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y en el belga. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles e
n el mundo.
(3 bis) PANNELLA MARCO . Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. A los veinte años fue representante nacional universitario del Partido liberal, a los veintidós Presidente de la UGI, la unión de los estudiantes universitarios italianos. A los 24 frecuenta, en el ámbito del movimiento estudiantil y del Partido liberal, la fundación del nuevo partido radical, que nació en 1954, en el que confluyeron prestigiosos hombres del mundo de la cultura y grupos políticos democráticos minoritarios. Activo en el partido salvo un paréntesis (1960-1963) en el que trabajó como corresponsal de "Il Giorno" en París, en donde entró en contacto con la resistencia argelina. A su regreso a Italia se compromete a reconstruir el Partido radical, liquidado por su misma clase dirigente para el adviento del centro-izquierda. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido llega a promover (y vencer) importantes batallas en pro
de los derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abre el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (FUORI), promueve la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organiza, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financiación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. A causa e estas batallas, todas ellas llevadas a cabo con métodos estrictamente no violentos de inspiración gandhiana - su Gandhi no es un místico ni u
n ideólogo sino más bien un político, riguroso y al mismo tiempo flexible - ha sufrido procesos que en la mayor parte de los casos ha vencido. Desde 1976, cuando por vez primera se presentó, ha salido elegido siempre diputado, dos veces en el Senado, dos en el Parlamento europeo. En repetidas ocasiones candidato y electo concejal municipal en Roma, Nápoles, Trieste y Catania en donde ha llevado a cabo batallas e iniciativas ejemplares y demostrativas. Cuando ha sido necesario ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y e
n el belga. En enero de 1987 se presentó candidato a la Presidencia del parlamento europeo, obteniendo 61 votos. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles en el mundo.
(4 bis) TEODORI MASSIMO . (Force 1938). Diputado y senador radical italiano. Desde muy joven activo en política, fue uno de los fundadores del Partido radical. Licenciado en arquitectura y politólogo. Profesor de historia americana en la universidad estatal, en la John Hopkins University y en la LUISS. Encargado en el Parlamento de los problemas relacionados con los más grandes escándalos políticos. Experto en técnicas electorales.
(5 bis) SPADACCIA GIANFRANCO. Periodista. Uno de los fundadores del Partido Radical, secretario general del mismo en 1968, 1975 y 1976; Presidente del Consejo Federal en repetidas ocasiones. En 1975, organizó con el CISA (Centro de Información Esterilización y Aborto) la desobediencia civil contra el delito de aborto. Fue arrestado y acusado por asociación para delinquir y por aborto provocado. Elegido en repetidas ocasiones en la Cámara de los diputados y en el Senado italiano, ha sido presidente del Grupo Federalista Europeo.
(6 bis) L.O.C. . Siglas de la "Liga para la Objeción de Conciencia".
(7 bis) CICCIOMESSERE ROBERTO . (Bolzano, 1946). Político italiano. Objetor de conciencia, arrestado y encarcelado por negarse a hacer el servicio militar. Gracias a su iniciativa en 1972 se reconoció en Italia este derecho civil. En 1970 fue tesorero del Partido radical del que fue secretario en 1971 y en 1984. En 1969 fue secretario de la LID (Liga Italiana Para el Divorcio), Parlamentario europeo de 1984 hasta 1989. Promotor y organizador del sistema de comunicación telemática Agorà. Actualmente diputado por la "Lista Pannella".
(8 bis) SALVEMINI GAETANO . (Molfetta 1873 - Sorrento 1957) historiador y político italiano. Socialista desde 1983, meridionalista, fundó la revista semanal "L'Unità", en la que tuvieron lugar importantes debates. En 1925, fundó en Florencia con los hermanos Rosselli, el periódico clandestino antifascista "Non Mollare" y posteriormente se refugió en el extranjero y llevó a cabo una gran campaña contra el fascismo.
(9 bis) M.L.D. . Siglas del "Movimiento para la Liberación de la Mujer" (en italiano: Movimento per la Liberazione della Donna).
(10 bis) BERLINGUER ENRICO . (Sassari 1922 - Padua, 1984). Político italiano. Diputado desde 1968, secretario general del Partido comunista italiano (PCI) desde 1979 hasta su muerte, tras la crisis y el asesinato de Allende forjó el "compromiso histórico", que produjo desde 1976 hasta 1979 la llamada "mayoría de la no-desconfianza", máxima realización de la estrategia togliattiana para un acuerdo orgánico con la Democracia Cristiana. Su proyecto de dar vida al que se ha dado en llamar "Eurocomunismo", es un intento de proyectar en occidente un reformismo que no renegase del todo la experiencia comunista.
(11 bis) BANDINELLI ANGIOLO . (Chianciano 1927). Escritor. Formó parte del Partido de Acción; secretario en 1969, 1971 y 1972 del Partido radical del que fue, durante cinco años, tesorero. En 1979, concejal municipal en Roma, diputado de la novena legislatura. Durante años, director de muchas de las publicaciones radicales "La Prueba Radical", "Noticias Radicales", etc.), ha escrito ensayos y artículos relacionados con la historia y la teoría del partido, muchos de ellos recopilados en el volúmen "Il radicale impunito". Colabora con periódicos y revistas, con artículos, editoriales, etc.. y con Radio Radical.
(12 bis) L.I.D. Siglas de la Liga Italiana para el Divorcio. Fundada en 1965 por Marco Pannella, Mauro Mellini, Loris Fortuna (diputado socialista) y Antonio Baslini (diputado liberal) organizó a las fuerzas que apoyaban la introducción de la ley presentada por los dos parlamentarios, sobre todo basándose en las energías de los separados y de todos aquellos que necesitaban resolver sus problemas familiares. Desempeñó un papel determinante en la movilización de los divorciados y de los militantes que permitieron que se introdujese dicha ley en Italia. Fue el primer ejemplo, en Italia, de organismo nacido en torno a los temas de los derechos civiles. Federada al P. radical.
(13 bis) LEONE GIOVANNI . (Nápoles 1908), Presidente del Consejo (1963-68) democristiano y posteriormente de la República (1971-78), se vio obligado a dimitir porque estar involucrado en el escándalo Lockheed, con motivo del referéndum sobre la financiación de los partidos promovido por el Partido Radical.
(14 bis) IL MANIFESTO . Revista mensual (y movimiento político) fundado en 1969 por exponentes del Partido comunista (A. Natoli, R. Rossanda, L. Pintor, L. Magri, etc.) posteriormente expulsados. En 1971 la publicación se convirtió en diario de apoyo a formaciones extraparlamentarias de inspiración comunista.
(15 bis) LOTTA CONTINUA . Uno de los más importantes y difundidos movimientos políticos de la extrema izquierda italiana, fundado en 1969 en Turín. En 1971, dio vida al periódico del mismo nombre. Separó a la izquierda extraparlamentaria de la obrera, penetrando en el mundo estudiantil, entre los reclutas, en las cárceles, etc. De entre sus líderes cabe destacar al periodista y escritor Adriano Sofri.
(16 bis) POTERE OPERAIO . (Poder obrero). Movimiento político italiano de extrema izquierda, fundado en 1966 y disuelto en 1973. Teorizó sobre la conquista armada del poder.
(17 bis) FRENTISMO . (it. frontismo). Política que tiende a realizar amplias alianzas antifascistas entre fuerzas de izquierdas, partiendo del Partido comunista. Esta tendencia se difundió en Europa sobre todo en la época de la guerra de España con el llamado Frente Popular (del que proviene la palabra).
(18 bis) QUALUNQUISMO . Movimiento político creado en la Italia de la postguerra por el periodista y comediógrafo Guglielmo Giannini (el nombre se lo debe a su órgano de expresión, la revista "L'Uomo Qualunque" cuya traducción no literal sería "el hombre de la calle"). El qualunquismo, al que rápidamente prestaron su apoyo los descontentos, pero moderados, de la clase media, aquellos que habían sido fascistas no por convicción, sino por conformismo, desapareció de la escena política a los pocos años. No obstante, en Italia sigue empleándose la palabra para designar al magma electoral que, en términos más actuales se conoce como la "mayoría silenciosa".
(19 bis) REFERENDUM EN ITALIA. En Italia los referéndums pueden ser abolitivos.. Cuando son referéndums populares, es decir cuando son los ciudadanos los que solicitan la celebración de los mismos, es necesario recoger 500.000 firmas cada una de ellas compulsada por un notario. Las firmas suelen ser recogidas por voluntarios. Los italianos ponen mesas por las calles y las plazas. Tras la recogida de firmas, el Tribunal de Casación examina la validez de las mismas (es decir que cabe prever un margen de seguridad de otras 200.000 firmas). Después el Tribunal examina la validez de las peticiones referendarias. Gracias a este último examen, a menudo ha sido posible borrar de un plumazo varias peticiones referendarias.
(20 bis) VALPREDA PIETRO . (1933) Bailarín italiano, anarquista acusado junto a sus compañeros del atentado terrorista a la "Banca della Agricoltura" de Milán, en 1969, atentado que provocó 17 muertos. Procesado, fue declarado inocente.
(21 bis) GOBETTI PIERO . (Turín 1901 - París 1926). En su tierna juventud publicó una celebre revista "La Revolución liberal", que impulsó una revisión del liberalismo, para abrirlo a la comprensión del mundo obrero. En 1926, perseguido por el fascismo, emigró a Francia en donde murió. Fundó la revista "Il Baretti" y publicó la primera obra poética de Montale.
(22 bis) FORTUNA LORIS . (Breno 1924 - Udine 1985). Político italiano. Presentó en 1965 el proyecto de ley sobre el divorcio aprobado en el parlamento, tras años de iniciativas y batallas llevadas a cabo junto al Partido radical, en 1970. Presentó asimismo proyectos de ley sobre el aborto y la eutanasia pasiva (este último no fue aprobado). Ministro de Defensa civil y de asuntos comunitarios.
(23 bis) ANDREOTTI GIULIO . (Roma, 1919) Exponente de la Democracia Cristiana. Secretario de A. De Gasperi, empezó muy temprano como Subsecretario de la Presidencia del Consejo, una ininterrumpida carrera ministerial: ministro del interior (1954), de hacienda (1955-58), del tesoro (1958-59), de defensa (1959-66) y 1974), de la industria ((1966-68), del presupuesto del Estado (1974-76). Presidente del consejo italiano del 1972 al 1973, del 1976 al 1979, y en 1990.
(24 bis) MANCINI GIACOMO . (Cosenza 1916). Político italiano. Secretario del Partido Socialista italiano (PSI) (1970 - 1972), ministro en repetidas ocasiones. Intentó desvincular al P.S.I. del dominio frentista.
(25 bis) ROCCO ALFREDO . (Nápoles 1875- Roma 1935). Jurista y político, en un principio radical, pasó a los nacionalismos y acabó en el partido fascista. Ministro de justicia de 1925 a 1932, autor del Código Penal y del Código de Procedimiento Penal promulgados entre 1930 y 1931. Ambos códigos a pesar de ser de fuerte inspiración fascista, han permanecido prácticamente intactos durante años y años tras la caída del fascismo. Recientemente han sido sustituidos por códigos más modernos. Figura de excepcional importancia en la historia institucional de la Italia moderna.
(26 bis) FANFANI AMINITORE . (Arezzo 1908). Político italiano, profesor de historia económica, personalidad eminente de la democracia cristiana, de la que fue secretario desde 1954 hasta 1959 y posteriormente desde 1973 gasta 1975 otorgándole un fuerte carácter corporativo con la utilización de la industria pública como punto del desarrollo económico. Jefe de gobierno (1958-59; 1960-62; 1962-63; 1982-83), en repetidas ocasiones ministro de asuntos exteriores (1964-65; 1965-68), presidente del Senado (1968-73; 76-82).
(27 bis) LIGA 13 DE MAYO . Asociación en pro de la defensa de los valores laicos y para la legalización del aborto. Entre sus promotores contó con la presencia de Loris Fortuna. Tomó su nombre de la victoria del 13 de mayo de 1974 en el referéndum que las organizaciones clericales habían promovido para abolir el divorcio. El 60% de los italianos se pronunció a favor de mantenerlo.
(28 bis) ARA . »Azione e Ricerca per l'Alternativa , (Acción y búsqueda en pro de la Alternativa", asociación política), fundada en 1975 por radicales, socialistas, sindicalistas y periodistas demócratas, que tenía por objeto la renovación del socialismo en la reunificación de sus elementos para conquistar la alternativa a la democracia cristiana. Tuvo por modelo a Miterrand y a la izquierda de los Clubes francesa. Promovió toda una serie de debates y convenios, a saber: "Primer coloquio en pro de la alternativa" (abril de 1975); "Qué socialismo, qué Europa" (noviembre 1975); "Alternativa y elementos de socialismo en las comunidades locales" (septiembre de 1975): "La izquierda y la estrategia de los referéndums" (octubre de 1975). Secretario general: Massimo Teodori; tesorero: Piero Bizzarri. Disuelta tras las elecciones de 1976.
(29 bis) CISA . (Centro italiano sterilizzazioni ed aborti). Centro italiano de esterilización y aborto, fundado por Adele Faccio y Emma Bonino en 1974, promotor de abortos en un primer momento clandestinos y luego abiertamente ilegales. Como sujeto federado al Partido Radical desempeñó una labor esencial en la batalla para la legalización del aborto. Sufrió en la piel de sus dirigentes procesos de gran resonancia.
(30 bis) FACCIO ADELE . (Pontebba 1920). Escritora, poeta y traductora. Gran conocedora de la historia de España y en especial de Cataluña. Protagonista de las batallas a favor del aborto. Por defender este derecho de la mujer fue encarcelada, pero en el proceso fue absuelta. Presidenta del Partido radical en 1975-76. Diputada en las listas radicales en 1976, 1979 y 1983. Defensora de los animales y del medio ambiente, promotora de las listas "Verdes Arco iris" en las que se presentó al parlamento europeo en 1989.
(31 bis) BONINO EMMA . (Bra 1948). Presidenta del Partido radical, miembro del Parlamento europeo e italiano en repetidas ocasiones. Una de las promotoras del CISA (Centro de Información sobre la Esterilización y el Aborto) y militante activa en la batalla contra el aborto clandestino, procesada y disuelta en Florencia. Participó en la realización a nivel internacional de la campaña contra el Hambre en el Mundo. Miembro fundador de "Food and Disarmament International", encargada de la difusión del Manifiesto de los Premios Nobel.
(32 bis) LEY "REALE" . Una de las leyes excepcionales para la represión del terrorismo, toma el nombre del ministro que la propuso Oronzo Reale (1975).
NOTAS DE LA AUTORA
(187) Moción política aprobada por el IV congreso ordinario del PR 2/4 de noviembre de 1968.
(188) Intervención del diputado Boldrini (PCI) en un convenio organizado por el PR en Roma en abril de 1966, citado en AGHINA-JACCARINO, »Storia del Partito Radicale , Gammalibri, Milán, 1977, pág. 46.
(189) MASSIMO TEODORI, »Storia del partito radicale, Varios Autores. "I nuovi radicali", Mondadori, 1977, pág. 105-110.
(190) Documento del secretario del PR Gianfranco Spadaccia: "Il Partito Radicale e il movimento radicale nel paese una strategia política per la nuova sinistra", citado por M. TEODORI.
(191) Cfr. moción política aprobada por el V congreso, nov. 1968.
(192) »Un giorno a Sofia , "L'Astrolabio", nº 39, 6 de octubre de 1968.
(193) ANGIOLO BANDINELLI, »Antimilitaristi: cronache di 25 anni , en "La prova radicale
(194) MASSIMO TEODORI, opus cit. págs. 123-124.
(195) M. TEODORI, ibídem.
(196) "Corriere della Sera", 4 de noviembre de 1969.
(197) Moción política aprobada por el VII congreso.
(198) MARCO PANNELLA, »La piú rossa delle schede , "Notizie radicali", mayo de 1970.
(199) "Corriere della Sera", 2 de noviembre de 1970.
(200) Moción política aprobada por el VIII congreso.
(201) Cfr. pág. 90.
(202) MARCO PANNELLA, »E' ora di decidere con o senza il Partito Radicale , "Notizie Radicali", muticopiado, 23 julio 1971 y en "La prova radicale", año I, nº 1, otoño de 1971, págs. 48-50.
(203) Cfr. GIANFRANCO SPADACCIA, »Partito Radicale e Partito laico , "La prova radicale", nº 2, inv. de 1972, págs. 2-5.
(204) La documentación sobre el X congreso (Roma, noviembre de 1971), es parcial y se limia a las intervenciones citadas en el texto y a la moción del congreso, en "La prova radicale", n. 2, inv. de 1972, págs. 186-192.
(205) Moción política aprobada por el X congreso.
(206) Cfr. GIANFRANCO SPADACCIA, Partido radical y partido laico, "La prova radicale", n. 2, inv. 1972, págs. 2-7.
(207) La documentación al respecto fue publicada por "La prova radicale", nº 3, primavera de 1972, págs. 62-80.
(208) Cfr. MASSIMO TEODORI, »Perché ci asteniamo , "La prova radicale", nº 3, primavera de 1972, págs. 23-28 y los demás artículos comprendidos en dicho número de la revista.
(209) Cfr. GIANFRANCO SPADACCIA, »Un'ondata di referendum per battere un Parlamento clerico-facista , "La prova radicale", nº 4 verano de 1972, págs. 45-54.
(210) Cfr. G. SPADACCIA, art. ult. cit., pág. 47
(211) SPADACCIA, ibídem.
(212) Cfr. G. SPADACCIA, ult. art. cit., pág. 51.
(213) »Editoriale en "Notizie radicali", nº 172, 5 de ocubre de 1972.
(214) El 1 de octubre empezó una huelga de hambre colectiva para acelerar la aprobación de una ley que reconociese la objeción de conciencia . El 18 de octubre, Marco Pannella y Alberto Gardini, un radical "creyente", declararon que iban a continuar el ayuno sin control médico hasta las últimas consecuencias para la liberación de Pietro Valpreda.
(215) Cfr "Notizie radicali", nº 170, 1 de sept. de 1972.
(216) Moción aprobada por el XI congreso, Turín, 1/3 nov. de 1972.
(217) Cfr. "Notizie radicali", nºs 182-186, 27 de enero de 1973.
(218) Cfr. Moción política aprobada por el XII congreso, Roma, 8-9 de julio 1973.
(219) Cfr. "Notizie radicali", nºs 201-202, 19 de julio de 1973.
(220) Moción política aprobada por el XIII Congreso, Verona, 1/3 de noviembre de 1973.
(221) Cfr. »Otto referendum contro il regime , Savelli, Roma, 1974.
(222) Ibídem, pág. 10.
(223) »Otto referendum... , cit., págs. 22-42.
(224) Cfr. pág. 99.
(225) Cfr. AGHINA-JACCARINO, "Storia del partito radicale", Gammalibri, Milán, 1977, págs. 92-94.
(226) Cfr. MASSIMO TEODORI, "I nuovi radicali", cit., pág. 144.
(227) Cfr. pág. 103.
(228) M. TEODORI, "I nuovi radicali", cit., pág. 144-150.
(229) Cfr. TEODORI, ibídem.
(230) Cfr. los artículos y las actas del congreso en "Notizie radicali", nº 334, 30 de nov. de 1974.
(231) Moción política aprobada por el XIV Congreso, Milán, nov. de 1974.
(232) Cfr. ARA, »Per l'alternativa - Dal partito del mutamento al progetto socialista , Feltrinelli, Milán, 1975.
(233) Cfr. pág. 100.
(234) Cfr. MARIA ADELE TEODORI, »Cinque anni di lotte , en MLD-PR, "Contro l'aborto di classe", Savelli, Roma, abril de 1975.
(235) Cfr. pág. 90.
(236) Cfr. "Notizie radicali", nº 625, 1 de enero de 1975.
(237) Cfr. M. A. TEODORI, »Cinque anni di lotte... , cit., pág. 15.
(238) Cfr. »Per un altro 13 maggio , elaborado por el P.R., Roma, Savelli, 1975.
(239) Cfr. AGHINA-JACCARINO, opus cit. pág. 123.
(240 Cfr. TEODORI, opus cit. pág. 165.
(241) Para el debate y las deliberaciones del XV Congreso, véase "Notizie radicali", nº 46, 16 de nov. de 1975.
(242) Moción política aprobada por el XV Congreso.
(243) Para una reconstrucción de las relaciones entre radicales y socialistas en dicho periodo, véase: GIANFRANCO SPADACCIA, »Creare due, tre nuove poltrone? , "Prova radicale", nº 1, junio de 1976.
(244) SPADACCIA, ibídem.
(245) Proyecto de ley de iniciativa para la aplicación de las libertades y garantías constitucionales, imprimido por el PR, marzo de 1976.
(246) Cfr. pág. 110 y siguientes.
(247) Informe de la junta saliente del PR - Emilia Romaña, "Agenzia radicale", nº 10, de octubre (?) 1976, pág. 4.
(248) Cfr. Moción política aprobada por el XVII congreso del PR, "Notizie radicali", nº 182, 15 de noviembre de 1976.