Lorenza PonzoneCONCLUSIONES
SUMARIO: La autora expone y discute algunos de los problemas ya afrontados a lo largo del volumen, relacionados con el recrudecimiento de la situación y la crisis del partido que se venía produciendo desde hacía diez años. El análisis refleja, con correcta intuición, un aspecto muy importante de la batalla contra el exterminio causado por el hambre en el mundo, es decir una mayor atención de Pannella por el mundo católico, en vez de las fuerzas de la nueva izquierda y en pro de los derechos civiles que hasta ese momento habían sido escogidas como interlocutores. El ensayo finaliza con una opinión positiva e históricamente concreta sobre el valor global de la experiencia radical.
(Lorenza Ponzone, EL PARTIDO RADICAL EN LA POLITICA ITALIANA, 1962-1989, Schena editore, enero de 1993)
No era un politólogo sino un filósofo napolitano el que dijo, en su intervención en un debate, que Marco Pannella (1) ha sido (y es) un investigador, en el sentido académico de la palabra, y el fundador de un laboratorio político. La definición puede resultar sorprendente sólo en un primer momento pues capta la esencia, si observamos las distintas etapas de su camino político y del partido que ha pretendido forjar a semejanza; en resumidas cuentas, esa voluntad siempre férrea de realizar una o dos ideas-fuerza, utilizando instrumentos y materiales viejos y nuevos juntos, con una investigación continua, incansable, con experimentos a veces ilógicos, sin salida, que no iban - aparentemente - más allá de sí mismas.
Asimismo, si unimos las distintas piezas del itinerario político de este grupo que se constituyó alrededor de Pannella en 1962, queda claro un proyecto coherente, un proyecto que, a pesar de las diversiones, de las fragmentaciones, de las recomposiciones, básicamente no ha faltado nunca. Desde sus comienzos heroicos hasta el sueño de un partido transnacional, nacido en Budapest en 1989. Se explica, bajo esta óptica de partido-laboratorio ese continuo hacerse y deshacerse, como estructura, como métodos: disoluciones muchas veces amenazadas y matemáticamente jamás llevadas a cabo, atracción y rechazo hacia las asociaciones locales, el estatuto continuamente puesto en entredicho. Estos comportamientos herejes, para nuestra historia, han sido juzgados como factores de incoherencia, y es más de escasa seriedad en los propósitos. Pero si analizamos en profundidad los primeros treinta años de la vida de este partido anómalo bajo todo punto de vista, la inestabilidad es un final anunciado casi en cada apertura de to
dos los congresos, son los elementos intrínsecos en la mismísima idea que ha impulsado a Pannella y a sus compañeros a fundar una nueva formación política.
El partido más innovador que haya aparecido en el escenario político nacional en la segunda postguerra brotó, precisamente, del tronco del más antiguo partido italiano. El nuevo partido radical nació de matriz liberal, laico sin compromisos.
Y bien visto, los principios y los métodos de lucha en los que se inspiró no se alejaban del pensamiento liberal europeo; en la parte más vital y moderna, la que proyecta, en la vida política, la positividad de los conflictos individuales. De ahí la estrategia del nuevo partido radical: acción directa, desobediencia civil, jamás contra las Instituciones, es más se intentaba defenderlas, que fuese más activas, en defensa de las necesidades del ciudadano. Métodos, por lo tanto, que nacían indiscutiblemente del liberalismo anglosajón.
Sin embargo, esta acción de tipo nuevo, jamás experimentada en nuestro país, chocaba contra un sistema político paralizado por la continua mediación de los dos partidos de masas, el PCI y la DC, que si por una parte evitaba la conflictividad permanente, por otra impedía a los distintos gobiernos gobernar, y a la oposición convertirse en gobierno. Pues bien, el proyecto político global radical tenía por objeto la ruptura de este equilibrio político basado en los comunistas y democristianos asociados. Los referéndums, la acción de salvaguardia de la soberanía del Parlamento, la denuncia de la partidocracia, la petición de modificar el sistema electoral a partir del modelo inglés eran fuertes precisamente para desengranar un poder de hecho bipolar.
En realidad, a finales de los años sesenta, y a lo largo de todos los setenta, la intervención radical produce un cierto efecto "desestabilizador" al menos en los partidos de izquierdas, quiénes, tras años de diferencia básica, acaban por reconocer la importancia de los temas en materia de derechos civiles, y se unen a los radicales en las batallas en favor del divorcio, el aborto, la objeción de conciencia, la defensa de la calidad de la vida. Todas estas luchas tenían por objeto agrupar a las fuerzas de izquierdas, en contraposición con el partido católico, expresión del autoritarismo de las Jerarquías y de la conservación y por lo tanto crear las premisas para una alternancia de gobierno.
Pero las tendencias, en aquellos años, condujeron a otras alianzas, las de las masas socialistas con las católicas. Es decir, que se perpetuó el pacto tácito católico-comunista, que obligará a los radicales al aislamiento, intensificando su condición de minoría antipartidocrática. Y no podía suceder otra cosa. En efecto, el partido radical, en el panorama político italiano, se caracterizaba por su "diversidad", tanto en los valores que defendía como en la metodología de las luchas. Todo ello lo ubicaba en una postura perennemente externa con respecto al sistema de los partidos tradicionales.
Es evidente que el partido radical, en proporción con las alineaciones consolidadas, no seguía la tradición nacional: era una formación que actuaba de forma empírica, es decir desideologizada, que actuaba a partir de las cosas, siguiendo las enseñanzas salveminianas (2). Sin embargo, los radicales también querían "hacer la revolución", aunque diferenciándose de los partidos de izquierdas que en aquellos años sesenta-setenta parecían todavía excesivamente economicistas, luchaban por las libertades y la dignidad de los individuos. Por ejemplo, las luchas antimilitaristas, en pro de la liberación sexual, de una justicia más justa, de la defensa del medio ambiente, la calidad de vida y la soberanía del Parlamento contra las burocracias de los partidos. En cualquier caso, en el primer periodo de su historia, el PR se ubicó, claramente, en la izquierda, pues se proponía actuar como una agrupación de fuerzas planteando la cuestión de los derechos civiles.
Para romper el yeso en el que se hallaba aprisionado el sistema político italiano, el único instrumento que se le permitía a un partido fuertemente minoritario consistía en dirigirse directamente a la voluntad popular (los referéndums) (3) para traducir en ley lo que se manifestaba bajo forma de demanda procedente de la base de los ciudadanos italianos. Una demanda, sin embargo, que iba dirigida directamente a las Instituciones y que era obstaculizada por las fuerzas políticas organizadas, pues representaba, como expresión directa de la voluntad popular, un medio de mediación externa a los partidos y por lo tanto revolucionario.
De ahí se desprende la que se dará en llamar "ambigüedad" radical: un partido que por una parte defendía las necesidades populares a través de la acción en pro de los derechos civiles, respetuosa de los valores de la Constitución, y que por otra se hacía eco de rebelión anti-sistema.
La estructura de este partido anómalo, "distinto", era apoyada por gente que iba "por libre" independiente de carnets de partido, todas ellas procedentes del que se dio en llamar ala de la "contra cultura", que se identificaban con las cuestiones radicales. Este ala política no homogénea se reflejaba en una organización fluida tal y como se presentaba la radical, articulada en partidos locales, ligas, asociaciones, y militantes de "un sólo verano".
Hacia finales de los años Setenta, cuando el partido radical entró en el Parlamento, se atenuó la diversidad y pareció transformarse en un partido tradicional: ello creó tensiones con el alma original constituida por los movimientos de base, que no soportaban a los aparatos. El pueblo radical periférico fue marginado de esta manera, sofocado, y muchos de entre los que habían cargado con "la mesa al hombro" (4), volvieron a su mundo privado.
El partido sufrió una crisis de identidad en el momento de mayor consenso, que se expresó en las elecciones generales de 1979. El disenso interno partía de la periferia de ese magma de organizaciones locales, que reclamaban un regreso al estatuto, a ese federalismo, a partir del que se había construido la Carta Fundamental del P.R., nunca aplicado en concreto. El grupo dirigente justificaba su adversión a la radicación del Partido en las regiones afirmando que, actuando de esta manera, se impedía que se formasen estructuras fijas, secciones, federaciones: los militantes debían agregarse sólo a partir de un tema (divorcio, aborto, etc.) y no territorialmente, como en los partidos tradicionales. Sin embargo, el germen que se quería combatir desde el centro, la administración del poder, que no iba más allá de sí mismo, se manifestó bajo otra forma precisamente en el grupo dirigente romano, que no era ajeno a un cierto profesionalismo político: en su seno empezó a practicarse la cooptación, bajo forma de elecció
n de los militantes escogidos más homogéneos a la clase dirigente nacional. De esta manera, los diputados, los consejeros municipales, regionales, electos en las listas radicales a partir de 1976, empezaron a constituirse en clase permanente: un fenómeno negativo y peligroso para un partido espontáneo como lo había sido hasta aquel momento el partido radical. La base del partido entonces reaccionó reclamando la creación de una estructura estable, es decir quería un verdadero partido bajo e perfil organizativo, a pesar de estar caracterizado por la singularidad radical. Pues las reglas certeras de un partido hubiesen garantizado los derechos de la minoría, es decir de la periferia, que quedaba excluida del proceso de formación de las decisiones políticas fundamentales.
Pero la cristalización de los radicales en un partido tradicional, con secciones, federaciones y aparatos hubiese acabado con aquella fluidez organizativa, ese cambio continuo que constituía su fuerza y diversidad. En cualquier caso, el P.R. constituido en forma-partido, hubiese logrado poco espacio: el electorado italiano ha mostrado rigidez desde e 48 y a partir de dicho momento se ha movido muy lentamente y en proporciones mínimas entre los distintos grandes partidos. De manera que un consenso de masa no se iba a orientar hacia el partido radical. De esta manera nació la estrategia radical de llevar a cabo sus propias batallas, en particular, los referéndums, no bajo las insignias de un partido, con el objeto, precisamente, de obtener, tal y como sucedió, las adhesiones de militantes en otras formaciones políticas. Así pues, el partido entraba en aquella crisis de identidad a la que nos hemos referido, que se agrava en la década posterior. Por los siguientes motivos:
A comienzos de los años Ochenta se agota el impulso por las luchas en favor de los derechos civiles, por lo que el hilo de unión entre el pueblo radical se desvaneció. El partido parece perder aquella fuerza de atracción hacia los elementos esparcidos y no políticamente organizados de la sociedad italiana.
Además, ya no se granjea el favor de la opinión "liberal" que se había identificado con las batallas civiles de los radicales. Incluso las relaciones con los partidos más contiguos, como el socialista, van en declive. Tanto en el Parlamento como en el país, los radicales fueron minoría, contra todos.
Pues bien, para sacar adelante su partido de una situación de anquilosamiento, sin más perspectivas que el de un lento pero inexorable agotamiento de su appeal político hacia la sociedad progresista, Marco Pannella emprendió un "viraje". El líder histórico radical, con su capacidad de manejar las necesidades y los estados de ánimo presentes en aquel momento en el país, escogía una nueva estrategia para el partido radical, una estrategia que no salía de la nada sino que partía del primer proyecto político de la izquierda radical (1959-1962), cuyas directrices se movían a lo largo de la vieja línea internacional, y posteriormente, transnacional: la lucha contra el hambre en el mundo, las intervenciones en el Parlamento Europeo, el interés hacia los países del Este. Este proyecto, en efecto, sacó al partido del aislamiento, en el sentido de que amplió el espectro de su acción más allá de su esfera tradicional (fuerzas de izquierda) suscitando el interés, por vez primera, de católicos, sensibles a las cuestione
s del tercer mundo.
Sin embargo, la nueva línea política ha desconcertado la estructura tradicional del partido: se han acabado las asociaciones locales, la conexión con las ligas, con los partidos locales, inútiles e inutilizables en las luchas para la afirmación de los derechos humanos.
Se creó de esta manera, una especie de solución de continuidad entre el P.R., declaradamente Roma-centralista, y todos los grupos locales residuos. Desde hacia algunos años, el único vínculo que había quedado en vida, la única estructura en la que se articula el mensaje del partido es Radio Radical.
Pero cabe decir que a partir del 1983 en adelante sigue en pie la tradicional lucha contra la partidocracia, es más pasa a ser el motivo dominante, la premisa para el resto de las batallas ideales. El propósito es siempre el de crear dos alineaciones contrapuestas, entre conservación y progreso, allende la demarcación entre derecha e izquierda, que se consideraba superada. El final es la alternativa de gobierno, con una agregación a partir de temas específicos: la justicia justa, pensiones que no fuesen humillantes, antiprohibicionismo, ecología, la unidad europea extendida a los países del este, una reforma electoral uninominal de modelo anglosajón.
Mientras escribimos estas últimas líneas, el fénix radical, tras su última descomposición, parece haber resurgido bajo formas distintas tal y como sucedió en tantas ocasiones a lo largo de su historia. El arraigo transnacional, especialmente en los países eslavos de independencia reciente, ha logrado varios éxitos; el grupo dirigente histórico, a pesar de estar dividido bajo distinta insignias de movimientos y partidos, sigue siendo ideológicamente compacto.
Por último, destacamos la vitalidad de la organización central que muestra gran fuerza y capacidad de movilización, como en la recogida de firmas para los referéndums, en un momento, cabe destacar, en el que la base de la sociedad se siente impulsada a participar directamente en las luchas políticas. Aunque, a diferencia de los treinta años anteriores, los sujetos políticos no organizados bajo forma de partido, que encauzan las energías civiles espontáneas son muchos (Rete, Verdes, Ligas, etc.) y con proyectos fuertemente contrastantes, y por lo tanto no asociables entre ellos en batallas civiles junto con los radicales.
Como conclusión, resumiendo, aunque de forma incompleta por los motivos que hemos descrito en la nota de la introducción, la historia de este partido tan peculiar en nuestra sociedad, se puede afirmar, tranquilamente, que aquellos cuatro o cinco jóvenes que en 1962 dieron vida al nuevo partido radical no han actuado en vano.
N.d.T.
(1) PANNELLA MARCO . Giacinto Pannella, conocido como Marco. (Téramo 1930). Actualmente Presidente del Consejo Federal del Partido radical, del que fue uno de sus fundadores. A los veinte años fue representante nacional universitario del Partido liberal, a los veintidós Presidente de la UGI, la unión de los estudiantes universitarios italianos. A los 24 frecuenta, en el ámbito del movimiento estudiantil y del Partido liberal, la fundación del nuevo partido radical, que nació en 1954, en el que confluyeron prestigiosos hombres del mundo de la cultura y grupos políticos democráticos minoritarios. Activo en el partido salvo un paréntesis (1960-1963) en el que trabajó como corresponsal de "Il Giorno" en París, en donde entró en contacto con la resistencia argelina. A su regreso a Italia se compromete a reconstruir el Partido radical, liquidado por su misma clase dirigente para el adviento del centro-izquierda. Bajo su indiscutible liderazgo, el partido llega a promover (y vencer) importantes batallas en pro de l
os derechos civiles, introduciendo en Italia el divorcio, la objeción de conciencia, el voto a los dieciocho años, importantes reformas del derecho de familia, etc. Luchó por la abolición del Concordato entre la Iglesia y el Estado. Fue arrestado en Sofía en 1968 mientras manifestaba en defensa de la Checoslovaquia invadida por Stalin. Abre el partido a las recién nacidas organizaciones homosexuales (FUORI), promueve la formación de los primeros grupos verdes y ecologistas. El nuevo Partido radical organiza, durante años, difíciles campañas proponiendo numerosos referéndums (unos veinte, aproximadamente, a lo largo de los años) para la moralización del país y de la política, contra la financiación pública de los partidos, contra las centrales nucleares, etc. pero en particular para llevar a cabo una profunda renovación de la administración de la justicia. A causa e estas batallas, todas ellas llevadas a cabo con métodos estrictamente no violentos de inspiración gandhiana - su Gandhi no es un místico ni un id
eólogo sino más bien un político, riguroso y al mismo tiempo flexible - ha sufrido procesos que en la mayor parte de los casos ha vencido. Desde 1976, cuando por vez primera se presentó, ha salido elegido siempre diputado, dos veces en el Senado, dos en el Parlamento europeo. En repetidas ocasiones candidato y electo concejal municipal en Roma, Nápoles, Trieste y Catania en donde ha llevado a cabo batallas e iniciativas ejemplares y demostrativas. Cuando ha sido necesario ha recurrido al arma del ayuno, no sólo en Italia sino en Europa, en particular a lo largo de la gran campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo para la que movilizó a unos cien Premios Nobel y exponentes del mundo de la ciencia y de la cultura para obtener un cambio radical en la orientación de la gestión de los fondos destinados a los países en vías e desarrollo. El 30 de septiembre de 1981, obtuvo en el PE que se votase sobre una resolución en dicho sentido, y tras ella leyes análogas en el Parlamento italiano y en el
belga. En enero de 1987 se presentó candidato a la Presidencia del parlamento europeo, obteniendo 61 votos. Actualmente, mientras el Partido radical ha asumido el compromiso de no presentarse a las elecciones nacionales, se mueve hacia la creación de un partido "transnacional" y "transpartídico", en la óptica del desarrollo federal de los Estados Unidos de Europa y de la promoción de los derechos civiles en el mundo.
(2) SALVEMINI GAETANO . (Molfetta 1873 - Sorrento 1957) historiador y político italiano. Socialista desde 1983, meridionalista, fundó la revista semanal "L'Unità", en la que tuvieron lugar importantes debates. En 1925, fundó en Florencia con los hermanos Rosselli, el periódico clandestino antifascista "Non Mollare" y posteriormente se refugió en el extranjero y llevó a cabo una gran campaña contra el fascismo.
(3) REFERENDUM EN ITALIA. En Italia los referéndums pueden ser abolitivos.. Cuando son referéndums populares, es decir cuando son los ciudadanos los que solicitan la celebración de los mismos, es necesario recoger 500.000 firmas cada una de ellas compulsada por un notario. Las firmas suelen ser recogidas por voluntarios. Los italianos ponen mesas por las calles y las plazas. Tras la recogida de firmas, el Tribunal de Casación examina la validez de las mismas (es decir que cabe prever un margen de seguridad de otras 200.000 firmas). Después el Tribunal examina la validez de las peticiones referendarias. Gracias a este último examen, a menudo ha sido posible borrar de un plumazo varias peticiones referendarias.
(4) MESA AL HOMBRO . Se refiere a la mesa que los militantes ponen en las calles para la recogida de firmas necesarias para solicitar ante el Tribunal Supremo la convocatoria de Referéndum Polular.
Las mesas se ponen en las calles y las plazas de toda Italia. En invierno, cuando el frío arrecia, la recogida de firmas es particularmente dura.
(5) RADIO RADICAL . Es la única emisora de radio considerada servicio público nacional, pues transmite las sesiones en versión íntegra del Parlamento, los congresos de todos los partidos políticos y las audiencias de los juicios penales de mayor relieve. 24 horas al día de política e información.