Emma BoninoSUMARIO: La ecología, al igual que los ríos, no conoce fronteras. Toda política de respeto del medio ambiente debe ser transnacional.
(EL PARTIDO NUEVO, número 1 del 20 de enero de 1993)
La Conferencia de Río de Janeiro fue tal vez la última ocasión posible para poner en marcha una política efectiva de responsabilidad ecologista y medioambiental a nivel mundial. De hecho, ya se empezaba a divisar el nacimiento de una más amplia y responsable política de administración tanto del medio ambiente como de la calidad de vida y de los recursos, válida tanto para el hemisferio norte como para el hemisferio sur. Una política capaz de consolidar y ampliar ese principio de "subsidiariedad" cuyo embrión ya estaba por ejemplo afirmado en las estructuras comunitarias europeas en calidad de normativo para los temas y los problemas sociales. Una política del medio ambiente y de los recursos que fuese, además de una política de desarrollo compatible - siguiendo una lógica aplicable esencialmente par el norte desarrollado - una política de intervención planetaria en temas de pobreza y de hambre, de crecimiento democrático regulado y, sobre todo, de desarrollo de las instituciones democráticas.
Dicha política se podía garantizar sólo en el marco y bajo el liderazgo de las Naciones Unidas.
Tememos mucho que dicha nueva política de la ecología y del medio ambiente esté destinada a ser mera esperanza largo y tendido. Las naciones Unidas ni tan siquiera han logrado poner en práctica un mínimo "sistema de monitoreo" de las situaciones medioambientales y de su evolución negativa o positiva, ni tampoco de crear ningún mecanismo de sanciones para las infracciones cometidas, de las liberaciones y disposiciones adoptadas a nivel supranacional.
Ante la forma totalmente insuficiente con la que los grandes problemas del medio ambiente son afrontados, gran parte de la responsabilidad recae precisamente en la cultura, y por lo tanto en la política inadecuada de las fuerzas medioambientalistas y verdes: en Italia y en Europa y tal vez en todo el mundo. Lo denunciamos ya en su día. Lo repetimos. Es una advertencia que quiere ser constructiva, de diálogo y de búsqueda de objetivos y de batallas comunes así como de iniciativas: en muchas de sus formas y manifestaciones, la política de los verdes, europeos e italianos, ha demostrado inaceptables cúspides, más o menos explícitas, de nacionalismo y básicamente de neutralidad, que se alimentaban y se siguen alimentando con falsas esperanzas, con falacias o mentiras, de poder curar los daños del medio ambiente y de poder llevar a cabo una auténtica, moderna ecología, contemplándose única y exclusivamente el ombligo.
Era y es, lamentablemente, una cultura buena para los países del norte, pero insensible e indiferente, aunque retóricamente no lo parece, ante lo que sucede en el resto del mundo.
Y sin salir de Europa, con sólo ver lo que está pasando a nuestro alrededor nos damos cuenta de lo mezquina que es esa utopía negativa. En Europa existen, junto a Chernobyl, ejemplos que hablan por sí solos, de degradación medioambiental y estructural que necesitarían una gran intervención trans y supranacional, de carácter abiertamente federalista y enérgicamente democrático. Botón de muestra: el Danubio. Tras siglos de relativa libertad de utilización, una de las grandes vías de comercio, de cultura y de civilización de Europa, el Danubio está siendo objeto de contienda entre pequeños nacionalismos, egoísmos, particularismos, que corren el riesgo de degradarlo poniendo en entredicho hasta su complejo ecosistema. No es un problema que afecte a los países ribereños o a los verdes austríacos, di es que os hay. Se trata de un problema de todos que, a nivel medioambiental, económico y cultural espera grandes soluciones que sólo pueden ser adoptadas a nivel trans y supranacional. En vano amplios sectores de los
verdes, tanto europeos como italianos, creen que van a poder desentenderse de dichas cuestiones para dar primacía a sus mediocres intereses locales. Se equivocan. El medioambientalismo moderno, si quiere ser responsable y eficaz, necesita respuestas diametralmente opuestas. Necesita el refuerzo, en primer lugar, de los "valores" transnacionales y de las prácticas de las políticas supranacionales y federales garantizadas por instituciones profundamente democráticas. Estas políticas respetan los valores locales precisamente porque los introduce, los armoniza y fomenta su crecimiento en el seno de un razonamiento más amplio y general. Sólo una capacidad de proyecto basada en estructuras jurídicas e institucionales ampliamente supra y transnacionales, podrá ser válida y eficaz sobre todo porque a nivel económico será la alternativa más conveniente.
Los verdes deberían de convencerse de que ya no se puede seguir hablando de un "desarrollo sostenible" sin afrontar al mismo tiempo, inmediatamente, en términos operativos y políticos, y no sólo a nivel retórico, todos los temas y los problemas abiertos en el mundo, tanto en el norte como en el sur. Si no lo hacen, van a perder muy pronto su credibilidad. Por desgracia, tal y como están las cosas, el medioambientalismo, la llamada cultura "verde" no logra producir más que movimientos de marcado carácter nacionalista y básicamente neutrales, que no quieren asumirse responsabilidades supra y transnacionales. Este rechazo relega a los verdes a ser como mucho "cosmopolitas" pero con una cultura y con comportamientos reales totalmente inadecuados para afrontar la realidad del mundo actual y sobre todo los temas y las exigencias de una gran política del medio ambiente con perspectivas de futuro. Eso es lo que está pasando en Italia y en otros lugares, en Europa y también fuera de sus fronteras. Es grave ver lo mal
que se utiliza, y a veces hasta se pone en entredicho, un patrimonio de presencia y de luchas al que el Partido Radical le ha dado y pretende seguir dándole mucho todavía.
En la medida en la que le sea posible, el Partido Radical intentará con todas sus fuerzas impedir que se produzca dicha degradación. Pero si se van aplazando los valores transnacionales, federativos, del diálogo y de la tolerancia, es decir - por qué no? - si se disuelve el Pr transnacional, cómo, en qué instancia, con qué medios, será posible que problemas de tal envergadura sean afrontados y discutidos con el enfoque necesario y no con el enfoque que a ellos les da la gana?