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Sofri Adriano, Anzon Corrado - 31 gennaio 1993
La paradoja radical
Congreso Pr/El ex-líder de Lucha Continua explica por qué entra a formar parte del Partido de Pannella.

Carta de un nuevo inscrito a sus antiguos amigos. De las causas perdidas y las batallas vencidas.

Adriano Sofri

SUMARIO: Adriano Sofri, ex líder de Lucha Continua, habla de la posible disolución del Partido Radical por falta de dinero. La inscripción al Pr cuesta. Para los demás partidos, la adhesión a una fe no puede rebajarse a la contabilidad de las cuotas de inscripción, de hecho han apoyado siempre financiación pública de los partidos, así como otras cosas. Por el contrario, para el PR el carnet se compra, como cualquier otra mercancía, al precio de 365 mil liras italianas. Los demás se han visto arrastrados por la necesidad en un primer momento, y posteriormente por la costumbre, del dinero fácil. El Pr corre el riesgo de disolverse por la paradoja que se produce ante la desproporción entre las muchas batallas vencidas y la irrisoria cifra de inscritos italianos. Para que el partido sobreviva se necesitan 30 mil inscritos. "No sé si es justo. Pero he comprendido que es necesario. He comprendido que se trata de una cuestión de dinero. En el Partido radical una cuestión de dinero es una cuestión seria". Le sigue u

n breve artículo de Corrado Anzon sobre el congreso del Partido radical que se celebrará en Roma del 4 al 8 de febrero de 1993.

(PANORAMA, 31 de enero de 1993)

En cierta ocasión, Marco Pannella me dijo que tenía dos espinitas en el corazón: una no haber ejercido de abogado, y la segunda no tener una terraza en su casa. Ahora el Partido radical tiene en su sede central en Via di Torre Argentina, una de las más bellas terrazas de Roma. Mejor dicho, tres terrazas consecutivas, la primera grande se asoma al Quirinal, la segunda más alta y más pequeña que abraza desde Trinitá dei Monti hasta el Gianicolo, la tercera una verdadera torrecilla, que domina todo el paisaje de cúpulas y techos, desde el Pantheon que se podría casi tocar con la mano con sólo alargar el brazo, hasta la Sinagoga, desde el espiral de Sant'Ivo hasta el ángel de Castel Sant'Angelo mientras envaina su espada, pues la noche ha cedido al alba; aunque bien pensado podría estar desenvainándola, contra los tiempos que corren. Aunque me haya inscrito muchas veces, y desde hace muchos años, al Partido Radical, confieso que lo frecuento con mayor asiduidad desde que tiene esta nueva sede y me siento libre d

e trepar por las escaleras de caracol y subir hasta el triple orden de terrazas, y recorrer con la mirada Roma. Al tener el carnet radical, todo esto también es mío.

La otra noche, Pannella me dijo que dentro de poco esa sede ya no será nuestra. Lo dijo como si tal cosa, y no me sorprendió. Los radicales se comportan con sus trastos, y con sus cuerpos, como los Celinos durante la fusión de Perseo, para quedarse en el Castel Sant'Angelo; pero en el preciso instante en el que escribía ésto, vino a visitarme la imagen de los hospitales de Sarajevo en donde se queman en las estufas las sillas y los viejos que excavaban de la tierra las raíces de los árboles ya talados. «Qué ardan las casas de toda Roma para ofrecer calor la próxima noche de Sarajevo, de acuerdo!. Pero no me dejé engañar por la ligereza de las palabras de Pannella, pues me acordaba de lo que me había dicho sobre la terraza. Por eso escribo estas páginas como una carta a mis amigos, porque es mi deseo que se pueda hacer algo para ofrecer calor a las noches de Sarajevo y para que nosotros podamos conservar nuestras terrazas. No es fácil. Sabéis por qué?. Pues porque se trata de dinero. «Qué paradoja, que sea d

ifícil una empresa precisamente por culpa del dinero, que es lo más fácil y lo más corriente de entre nuestras cosas!. Hemos cavilado formas de decir las cosas, en esta parte del mundo, para enmascarar nuestra riqueza. Estábamos a punto de deplorar a quiénes pretendiesen con dinero quedarse con la conciencia tranquila. Pero desde hace algún tiempo, somos poco proclives a este tipo de transacción, no estamos dispuestos ni tan siquiera a quedarnos con la conciencia tranquila si se trata de pagar con dinero por ello. Los radicales, desde hace mucho tiempo, han escogido reventar esta hipocresía. La inscripción al Partido Radical cuesta; poco con respecto a nuestros consumos superfluos; mucho con respecto a la gratuidad o a los precios rebajados de la media de los demás partidos. A los demás ésto les parece un poco vulgar: se imaginan que algo noble como la adhesión a un partido - a una fe, un ideal, un programa, un estatuto, una bandera y una identidad colectiva, más santa y solemne que la identidad de las perso

nas que entran a formar parte - no debe rebajarse a la contabilidad de las cuotas de adhesión. Para estar a la altura de esta noción sagrada de los partidos y de su necesidad, los demás abogaron por la financiación pública de los partidos. La prosa radical - el carnet radical se compra, al igual que cualquier otra mercancía: cuesta 270 mil liras - es una bajeza de emporio privado ante la solemnidad de la palabra abstracta "financiación" o del atributo magnánimo "público". Debe ser verdad, incluso para los radicales, que su inquebrantable honestidad personal y colegial indujese a tantos buenos ciudadanos - que actualmente levantan patíbulos contra los corruptos - a no tomarles en serio.

Han tenido mala suerte, los demás me refiero: se han visto arrastrados por la necesidad en un primer momento, y por la costumbre después del dinero fácil. Oscar Luigi Scalfaro(1) ha declarado la expresión "financiación pública "impronunciable. Por otra parte, los radicales se han librado de la admirable desgracia de tanto voluntariado (incluso de la militancia revolucionaria a la que pertenecí), el espíritu de dedicación y de sacrificio que se traduce en recoger todo lo que se tiene y dárselo a los pobres, al partido, al partido de los pobres. En dicha dedicación de la que sentiré siempre nostalgia existía la confusión entre vida personal y vida pública, entre acción común y comunidad de creyentes, entre justicia y santidad. El carnet radical, se compra, como cualquier otra mercancía. En esta laicidad - siento que la palabra es castigada, pero no hayo otra adecuada con que suplirla - los radicales son bastante ingenuos. De hecho, añaden: "el precio de un café", "el equivalente a un paquete de cigarrillos", c

omo para motivar más el hecho de que piden una cuota de 365 mil liras, y para evidenciar la desproporción entre un bien irrisorio o superfluo y una empresa común que vale realmente la pena. Pero, contrariamente a lo que proclama su teoría, el mundo de las mercancías rechaza toda comparabilidad, toda razonable proporción. De no ser así, quién tendría el valor de cenar en un restaurante y pagar una cuenta equivalente a la renta mensual de una familia de Ghana? Traicionando felizmente su declarada teoría, el Partido Radical ofrece al precio de 365 cafés una mercancía que vale mucho, mucho más. De esta manera, esas 270 mil liras o 365, o lo que sea, son al mismo tiempo demasiadas y demasiado pocas para los consumos actuales. Quién esté convencido de que la vida del Partido radical vale mucho, halla superfluo e incluso envilecedor dichas cuentas. Quién está dispuesto a una de las muchas subscripciones que se lo merecen por las que nuestra sociedad apela, la radical puede encontrarla hasta avara. De ahí la popula

ridad de Pannella, de ahí el aprecio por los radicales, por sus causas perdidas y sus batallas vencidas, la sensación común de que si no existiesen habría que inventarlos, contrastan grotescamente con el número irrisorio de inscritos italianos. En esta paradoja, corre el riesgo de disolverse, por falta de dineros, el Partido radical, sus alcaldes de Sarajevo, sus militantes uzbekos y burkinabeses, su bella Agorá, sus bellísimas terrazas romanas. Por lo tanto, una cuestión de dinero.

Ilustrando los servicios que se compran con el carnet, los radicales hablan de un seguro de vida y de una adopción. Sobre lo primero no diré nada, porque soy un ejemplar más que conocido de los incidentes que pueden truncarnos el camino, y la seguridad que viene, por la defensa de los derechos y del derecho, del Partido radical(2). De la adopción soy realmente entusiasta. Que exista un partido, y que celebre su congreso, como un grupo de amigos que se sientan a comer y quien tiene dinero paga por quién en ese momento no se lo puede permitir, me parece hermosísimo. Ofrecer una comida es ya de por sí hermoso. En este caso, más que de un gasto se trata de una inversión. Nosotros, que hemos comprado el carnet, invertimos en aquel diputado macedonio, en aquellos desertores serbios, en aquel disidente islámico de Somalia. Por lo tanto la adopción es al mismo tiempo un seguro.

Cuando intento explicarme porqué la adhesión de forma activa al Partido Radical - el dinero - es tan reducida, hallo otras explicaciones. Por ejemplo, la impresión de que los radicales hayan tenido un valor indiscutible pero en su día, en su momento, momento que ya ha pasado. Este prejuicio merecería ser estudiado en profundidad, sobre todo ahora que la pasión de lo nuevo barre ánimos.

Cuando era un chiquillo, hace unos treinta años, apreciaba a los radicales, pero estaba convencido de que su momento ya había pasado. La paradoja desempeña de nuevo un papel importante; la convicción de que con respecto a una cantidad de cuestiones decisivas los radicales hayan tenido intuiciones anticipadoras y hayan previsto cosas que se han confirmado con el tiempo, paradójicamente es algo que se vuelve contra ellos, contra su credibilidad, o por lo menos contra el hecho de que sigan sirviendo para algo. Pannella, con su historia cronológica de la profecía radical - la violencia, la afirmación-objeción de conciencia, la batalla contra la energía nuclear, a favor del aborto y el divorcio, los derechos civiles, contra la financiación pública de los partidos, el prohibicionismo, la confusión mental antisionista, Europa, Yugoslavia, la reforma electoral, el transpartidismo (palabra, entre otras cosas, feísima) - se convierte para muchos en una especie de mago rabdomante, uno que adivina, de forma extraña y mi

steriosa. Además, la presencia exuberante de Pannella en la historia del Partido radical resume en su persona e incluso en la manera en la que el tiempo cambia los juicios y prejuicios de mucha gente. A veces se le aplica personalmente a Pannella el prejuicio: ha sido muy valioso para Italia, pero su momento ya ha pasado. (Es hermoso, a fin de cuentas, el doble sentido de esta expresión, haber pasado ya su momento). O bien, al contrario, a veces la gente se maravilla de golpe al descubrir que Pannella es un maestro de los juegos políticos, un elector de presidentes, un gobernante-sombra.... Uno se pregunta sobre el destino ministerial de Pannella, que mientras tanto posee su circunscripción en Ostia. A mí me parece escandaloso que a Pannella no se le haya ofrecido un cargo de responsabilidad en el gobierno en este país y fuera de él, de la misma manera que si se lo diesen ahora me sorprendería lo mismo que si le hubiesen dado el Premio Nobel a Jorge Luis Borges.

Me pregunto cómo va labrando a Pannella el paso del tiempo. El mismo bromea sobre el vínculo existente entre dar forma, dar cuerpo a la esperanza, y su cuerpo que parece expandirse, efecto probable de los muchos ayunos pasados y los posibles ayunos futuros. Pannella tuvo la temeridad, entre tantas otras cosas de representar con su cuerpo el hambre, y recíprocamente de obligar a la gente a imaginar que los millones de moribundos a causa del hambre estuviesen ayunando por elección propia, que llamasen huelga a su propio destino, y advirtiesen al otro mundo del suyo. La sombra de ese Pannella de vida ardua no deja de seguirlo, incluso ahora que para abrazarlo se necesitan tres personas, al igual que con los troncos de ciertos árboles. Hace tiempo, la gente pensaba de Pannella, que se la estaba jugando y que acabaría mal, más de lo que lo pensase de Pier Paolo Pasolini(3), y miraba a ese Pannella tan alto vestido de oscuro como los antepasados políticos que sigue citando a pesar de que el tiempo pase, y es más h

allando razones más que válidas para citarlos.

En verano de 1974, Pannella lanzó un llamamiento para que se llevase a cabo un proceso penal al poder. Tenía que suceder. Entre la profecía política y la metáfora poética y los auténticos procesos penales, existe la diferencia que todos vemos. Pannella no es un hombre de poder, ni un hombre de la calle, ni de la disolución de lo uno en lo otro. Cree en el derecho, en los derechos, en la política. No lo envidio. Existen por lo tanto mil razones para apostar por la vida del Partido Radical. Pero inscribirse?. La parte más destacable de la carta que invita a inscribirse, creo que es la que resume el estatuto del Partido radical. Parece pertenecer más a la literatura utópica o parodística que al lenguaje de los partidos políticos. "La inscripción no comporta ninguna forma de disciplina", "se compra el carnet de la misma manera que se compra un billete de tren o de autobús, para gozar de un servicio público y nadie puede quitársela a nadie; nadie puede expresar su juicio sobre un inscrito, ni moral, ni político,

ni estatutario". Es un partido anual, No pide que se sacrifique la libertad personal en aras de una identidad colectiva, sino todo lo contrario instiga a exaltar las libertades y las responsabilidades de todos los inscritos. "El Partido radical no representa a sus inscritos... Es un instrumento, no una casa, familia o pertenencia". Ahora bien, estas connotaciones extravagantes son muy serias. Cortan las raíces de la noción habitual de partido, de sus buenas intenciones basadas en una motivación que viene de antaño y su profunda tendencia hacia lo contemporáneo. La sumisión de la responsabilidad personal a la colectiva: el carácter compacto disciplinario de una parte contra el resto de las partes; la premisa de la necesidad de que exista un consenso ideológico o programático general. Todo ello no tiene nada que ver con el Partido radical. El cual no es más tolerante que los demás, simplemente está persuadido de que las diferencias y las divergencias deben existir, hacerse valer y seguir existiendo. El partid

o para tomar parte contra un enemigo debe ser compacto en el seno y agresivo fuera. Un partido no violento es el lugar de encuentro de la gente de buena voluntad. Se practica esa amistad intransigente que se intenta experimentar fuera también. Se está en el Partido por necesidad de eficacia y por afinidades humanas.

Existen muchos lugares a los que uno se puede dirigir cuando quiere ayudar, por una buena causa; y, antes que nada, cuando se necesita ayuda. El Partido radical es uno de estos. Uno de los más valiosos. Ha decidido que necesita 30 mil inscritos en Italia para vivir. No sé si es justo. He comprendido que es necesario. He comprendido que se trata de una cuestión de dinero. En el partido radical una cuestión de dinero es una cuestión seria.

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Delegados de todo el mundo.....

Corrado Anzon

A Salifou Diallo, parlamentario de Burkina Faso, antiguamente Alto Volta, le esperan tres días sobre el lomo de un camello a través del desierto del Sahel, desde Bamako caminito de Abiyán.

Cuatro días y cuatro noches - el tren atravesando los campos helados de Kirguizistán y Kazajstán camino de Moscú le esperan a Rahmet Mukashov. Destino común: Roma. Una promesa? una de espías? Nada de eso. Lo que sucede es que del 4 al 8 de febrero en el Hotel Ergife se reunirán de nuevo los radicales. Esta vez se trata de la segunda sesión (la anterior se celebró en mayo de 1992) del primer congreso transnacional del partido de Marco Pannella.

"Nuestro mayor problema es la recogida de fondos. Para salir adelante será necesario un auténtico milagro" dice Emma Bonino(4) extendiendo los brazos. Toda la organización grava sobre sus espaldas y la parlamentaria italiana se ha transformado en una equilibrista de la financias para reunir los fondos necesarios para cubrir los gastos: mil doscientos millones, divididos entre la financiación del viaje de los más pobres de entre los 700 delegados, los 90 intérpretes que cada día traducirán las intervenciones, mociones y debates en seis lenguas (italiano, inglés, francés, ruso, croata y rumano), las pequeñas "atenciones transnacionales" como las banderas de todos los Estados y de las minorías presentes en el Congreso. Para presentar la clase dirigente del nuevo partido a los periodistas acreditados y para que los delegados se conozcan entre ellos, han imprimido una especie de diccionario con las biografías de cada cual. Los delegados contarán asimismo con un vademécum con las principales informaciones útiles p

ara sobrevivir en los días del congreso: horarios y recorridos de los autobuses que conectarán el hotel con el centro de la ciudad y, sobre todo, la fila para cambiar en moneda italiana las distintas divisas extranjeras que difícilmente se pueden convertir en los bancos.

Se esperan en el hotel Ergife unas 2000 personas, pero el pueblo radical en el 92 contaba con diez mil inscritos, de los cuales 2.583 italianos. Cada inscrito paga su carnet según el Pib (Producto interno bruto) de su país. Para un radical italiano, el gasto asciende a 270 mil liras, para un boliviano diez dólares, para un paquistaní cinco dólares, etc. "Con este sistema confiábamos sobre todo en el apoyo económico de los países occidentales, pero muy pronto nos dimos cuenta" dice Bonino "que la mayoría de nuestros inscritos proviene de países con una baja renta per cápita, de manera que hemos decidido lanzar la campaña para lograr los 30 mil inscritos en Italia, pero hasta ahora han contestado sólo 600".

N.d.T.

(1) SCALFARO OSCAR LUIGI . (Novara, 1918) Presidente de la República Italiana. Democristiano italiano. Abogado. Diputado en repetidas ocasiones. Ministro de transportes, de bienes culturales y del interior. Hombre muy íntegro, goza de la estima incluso por parte de los laicos.

(2) SOFRI ADRIANO . El autor del texto, líder del movimiento de extrema izquierda italiano "Lucha Continua", hace referencia a su caso particular: procesado y condenado a veinte años de cárcel como presunto corresponsable del asesinato del comisario de policía Calabresi. Posteriormente absuelto.

(3) PASOLINI PIER PAOLO . (Bolonia 1922 - Roma 1975). Escritor, cineasta italiano. Autor de las novelas: "Raggazzi di vita", 1955; "Una vita violenta", 1959, y en poesía: "Le ceneri di Gramsci", 1957, etc.. En teatro/cine : "Accattone", 1961, "El evangelio según San Mateo", 1964, etc. Pero sobre todo, fue un hombre polémico y moralista que denunció las chapuzas de la "burguesía" y criticó duramente a la izquierda italiana por su incapacidad. Simpatizante del Partido Radical, sobre el que escribió páginas de gran belleza, el día de su muerte tenía previsto trasladarse a Florencia para intervenir en el Congreso de dicho partido.

(4) BONINO EMMA . (Bra 1948). Presidenta del Partido radical, miembro del Parlamento europeo e italiano en repetidas ocasiones. Una de las promotoras del CISA (Centro de Información sobre la Esterilización y el Aborto) y militante activa en la batalla contra el aborto clandestino, procesada y disuelta en Florencia. Participó en la realización a nivel internacional de la campaña contra el Hambre en el Mundo. Miembro fundador de "Food and Disarmament International", encargada de la difusión del Manifiesto de los Premios Nobel.

 
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