Giuseppe Loteta.SUMARIO: Tras haber enumerado las "intuiciones", el autor desea que "en el mundo político se considere a Pannella y a los radicales con ojos muy distintos a los del pasado" y que se preste "más atención a la contribución radical en la búsqueda común de nuevas formas democráticas y de nuevas estabilidades políticas".
(IL MESSAGGERO, 4 de febrero de 1993)
Ronda por Montecitorio (1) a todas horas sonriente y locuaz, atrás quedó el rostro demacrado por los arriesgados ayunos que marcaron el paso de las grandes batallas civiles de los últimos treinta años. Y es el único de entre los diputados al que colegas de todos los grupo, de todos las agrupaciones políticas, se le acercan para dejar constancia de una previsión anticipadora, una lucidez más única que poco frecuente en el panorama parlamentario italiano. "Marco, tenías razón...", "Marco, eras el único que...", "Si te hubiésemos hecho caso". Admisiones y reconocimientos que llegan, no por casualidad, en pleno apogeo de la más grave crisis que atraviesa nuestra democracia.
Marco Pannella tiene sesenta y dos años, casi cincuenta los ha dedicado enteramente a la política, siempre crítico feroz de las grandes ideologías contrapuestas que han caracterizado, para bien y para mal, la historia de Italia desde la postguerra hasta hace poco tiempo, laico y pragmático, fuertemente lleno de sentido del Estado, utilizador convencido de instrumentos políticos anómalos, desde el ayuno hasta la resistencia pasiva, y autor de la repesca de los referéndums, de vez en cuando de moda, de los recovecos escondidos de nuestra Constitución.
Pocas, pero suficientes para cambiar la cara del país, las batallas vencidas, partiendo casi sólo, superando todo obstáculo, convincente y decidido. El divorcio y el aborto son los ejemplos más destacados. Pero junto a ellos, cuántas propuestas cayeron en el vacío, fueron burladas y rechazadas por una clase dirigente que parecía inamovible y que todavía condicionaba a la opinión pública con el peso de una delegación en blanco recibida en las urnas por los electoras.
Sólo Luigi Sturzo (2), a principios de los años cincuenta, había entrevisto el peligro de que los partidos rompiesen los diques constitucionales e invadiesen el Estado. Pero en tiempos más recientes, cuando la invasión ya no es un riesgo sino una realidad, la única voz que se alza contra la que empieza a definirse partidocracia es la voz de Pannella. Es la voz de los radicales que mientras tanto han creado un partido libertario, también anómalo con respecto a la geografía política italiana, una formación que se basa en realidades periféricas autónomas, en círculos y asociaciones, que se autofinancia, que rechaza entrar en competencia con los demás partidos en la repartición del Estado.
La hipocresía de la ley sobre la financiación pública de los partidos, que destina a asociaciones de ciudadanos una considerable rodaja del dinero de todos pero que no evita, por ello, el mecanismo perverso de las financiaciones ilegales y los sobornos, es denunciada con fuerza por los radicales que hacen de ello objeto de un referéndum. Pero no lo logran. La gente todavía no sabe nada de Tangentopoli, de la corrupción generalizada que es hija del sistema elefantino de los partidos, tal y como se ha venido configurado en Italia en las últimas décadas.
Se deriva, para Pannella, una conclusión política, enunciada cuando el sistema electoral proporcional era considerado por casi todo el mundo no una de las principales fuentes de nuestros problemas, sino una conquista popular. Es decir, que sólo el sistema mayoritario permitía a Italia la congregación de los partidos en grandes agrupaciones y una democracia de la alternancia que iba a dar respiro a nuestro sistema, eliminando corrupciones patológicas, desbloqueando el inmovilismo y devolviendo la eficacia a las estructuras del Estado: una conclusión explícita, hoy, en uno de las preguntas referendarias de próxima aplicación y que da por descontada la mayoría de las fuerzas políticas en la comisión bicameral especial.
La lista de las intuiciones pannellianas no acaba aquí. Pero hay para dar vender y regalar como para que en el mundo político actual se mire a Pannella y a los radicales con ojos muy distintos. "Marco, tenías razón" no basta. Y se presta más atención a la contribución radical en la búsqueda común de nuevas formas democráticas y de nuevas estabilidades políticas.
N.d.T.
(1) MONTECITORIO . Plaza romana en la que se halla la sede de la Cámara de los Diputados italiana. Por extensión, indica a la Cámara.
(2) STURZO LUIGI . (Caltagirone 1871 - Roma 1959). Sacerdote y político. Fundó en 1919 el Partido Popular Italiano, del que fue secretario hasta julio de 1923. Exiliado desde el 24, primero en Londres y posteriormente en EE.UU., volvió a Italia en el 46. En el 52, bajo presión de Pío XII, intentó, sin éxito, formar un bloque electoral de centro-derechas.