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Stanzani Sergio - 4 febbraio 1993
Informe del Secretario general del Partido Radical, Sergio Stanzani en la segunda sesión del XXXVI Congreso (Roma, 4/8 de febrero de 1993)

SUMARIO: Informe en el que el secretario general del Partido, Sergio Stanzani, dibuja el perfil y las características esenciales del Partido Radical transnacional proyectado en los años 90. Se divide por argumentos: 1) Saludo al alcalde de Sarajevo, Muhamed Kresevljakovic, al que no le ha sido posible intervenir, tal y como había prometido, en los trabajos del Congreso; 2) Mención de la posturas adoptadas por el gobierno croata (no al acuerdo serbio-croata en detrimento de Bosnia) cuando se hallaban en el gobierno los radicales Greguric y Tomac; 3) Puntualización de las tareas y de las responsabilidades del Partido Radical transnacional no violento, prefigurado como única instancia de un posible "nuevo humanismo", y el llamamiento para salvarlo a través de las inscripciones; 4) Enumeración de los exponentes del partidos, desde los socialistas hasta los verdes, que se han inscrito recientemente; 5) Subraya el hecho de que se han inscrito diputados democristianos; 6) Configuración de un partido que sea sencill

amente un "instrumento", exento de "disciplina", capaz de permitir que convivan positivamente todo tipo de "inspiraciones" por distintas que sean, que pueden "adquirir características predominantes... independientemente de los objetivos prácticos concretos... " en "pluralidad de asociación, incluso política". En resumidas cuentas, una forma-partido "sin precedentes", fuerte "en los métodos y en las formas no violentas de lucha" para crear "derecho supranacional de la persona" y "conquistar.... efectivas instituciones supranacionales"; 7) Trazar una política del medio ambiente que tenga por objeto "sembrar un derecho internacional del medio ambiente"; 8) Enfoca en profundidad lo "peculiar" que resulta la riqueza y la variedad de inscripciones de parlamentarios y "transnacionales", inscripciones que avalan la "imposibilidad" de disolver el partido; 9) Enumera los proyectos puestos en marcha y los posibles, en caso de que el partido siga en vida.

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Señor Presidente del Senado, Señor Presidente de la Cámara de los diputados, Señor Presidente del Consejo de Ministros de la República italiana, Primer ministro de Macedonia, señores ministros y miembros de Gobierno, señores embajadores de Israel, Albania, Eslovenia, Bulgaria, Burkina Faso, Holanda, [Gran Bretaña], invitados ilustres de países tan distintos entre ellos y tan lejanos, señoras y señores, ustedes que con su presencia han querido honrar la inauguración de los trabajos de esta segunda sesión del 36 Congreso del Partido Radical, ocasión para nosotros no sólo de grandísima importancia y de gran satisfacción, sino momento de decisiones objetivamente dramáticas puesto que se halla en peligro de muerte nuestra mismísima existencia.

Han querido expresar su consideración por el esfuerzo y el compromiso que nosotros hemos llevado a cabo para dar cuerpo, forma y vida a un proyecto tan ambicioso cuanto necesario y urgente como lo es constituir y lograr que funcione la primera fuerza política en el mundo que encarne la parte política transnacional y transpartídica por adhesión directa de ciudadanos de todos los países.

A todos mi cordial saludo, nuestro saludo y mi agradecimiento, el nuestro.

Quiero saludar especialmente y darle las gracias a Muhamed Kresevljakovic - el alcalde de Sarajevo - que debía inaugurar los trabajos de esta sesión y que sólo por la testarudez de la UNPROFOR, de las Naciones Unidas, no ha podido estar presente aquí con nosotros. Gracias, por lo tanto, al Alcalde de Sarajevo, pero gracias sobre todo al inscrito del Partido Radical, que con su inscripción ha querido subrayar su calidad de demócrata, de hombre que cree profundamente en la tolerancia, en el respeto recíproco, en la no violencia, en la paz.

Aún arde en mí lo que sentí durante las horas que pasé hace pocos días en Sarajevo. Vi y sentí la fuerza de quienes, no sólo se ven trágicamente obligados, a sufrir y soportar el dolor y el peso de lo que no sólo les constriñe a tener que defender en todo momento su vida y la de sus allegados, sino que encima sufre el ataque y la ofensa de aquello en lo que cree, densus propias esperanzas.

Amigas y amigos queridos, compañeras y compañeros,

es de gran valor, a nadie se le pasa por alto, que este congreso, para nosotros decisivo, empiece en el nombre y con la imagen de Sarajevo.

Lo que está sucediendo en la antigua Yugoslavia puede ser entendido como un parámetro ideal de referencia para medir lo que ha sido, lo que es y lo que podría ser el Partido Radical transnacional del derecho y de la no violencia. No hace falta que recuerde las posturas y las iniciativas que paulatinamente hemos ido adoptando desde 1979. Las recordé ya en la sesión anterior de este congreso. Es necesario decir una cosa básica, y no por vanagloria sino por amor a la verdad: de etapa en etapa, cada vez anticipando los acontecimientos, hemos previsto lo que iba a suceder, y hemos indicado e intentado promover las únicas medidas que - actualmente todo el mundo lo puede constatar - hubiesen evitado que la situación precipitase.

Hasta qué punto hubiesen sido distintas las cosas si la fuerza política organizada del Partido radical hubiese sido más consistente? Cabe preguntárselo, sobre todo si tenemos en cuenta el gran significado y relieve del Partido radical y su presencia en la extinta Yugoslavia, a pesar de la fragilidad y de la exigüidad de sus medios e instrumentos de acción a nuestra disposición.

Digámoslo y reivindiquémoslo. De la misma manera que el ex viceprimer ministro del gobierno croata, Zdravko Tomac, testimonia en su último libro, precisamente en el ámbito del Partido Radical - al que se han inscrito tanto Tomac como el por aquel entonces presidente del gobierno Franjo Greguric - había madurado la línea del gobierno croata de rechazar la política del acuerdo serbio-croata en detrimento de Bosnia-Herzegovina; línea que en un contexto tan difícil, dicho gobierno, mientras duró, mantuvo a toda costa en pie.

Un ejemplo, un paradigma.

En resumidas cuentas, nos hallamos de nuevo, y esta vez en crescendo, ante la dicotomía de ser o no ser del Partido Radical, de su tener o no tener ese mínimo de fuerza que le permita por lo menos responder a los compromisos que adopta.

Básicamente, sólo hablamos de esto en la primera sesión del congreso. Y al respecto, por lo que a mí se refier, he dicho, leído y escrito, a lo largo de estos últimos años en los informes en los Consejos federales y en la primera sesión de nuestro Congreso, cientos y cientos de páginas.

En dichos informes he considerado importante reconstruir, trazar de nuevo, paso a paso, acción tras acción, dificultad tras dificultad, millones y millones de dólares - y a veces dólar por dólar - inscrito por inscrito, y también razonamiento por razonamiento, la minuciosa crónica de una historia muy nuestra. Condenados tal y como lo hemos estado a abandonar el azote de las ideas, lo que era evidente - al menos para nosotros - y aún no alcanzo a comprender si los demás no las han captado, precisamente por lo deslumbrantes que son. Y a través de dicho azote de la historia discurren nuestras ideas, nuestros análisis.

Historia, digo. Muy nuestra, mucho. Pero que a menudo nos ha impulsado por encima, demasiado por encima, con respecto a los muchos demases, y a lo previsto. No sé tenemos la culpa de haber sido tan pocos, en Italia, y en el mundo. Pero lo hemos seguido siendo, y a pesar de que éramos pocos en número sobre cada uno de nosotros ha pendido cotidianamente, como una condena, el deber de ser más fuertes que nuestras propias fuerzas, que nuestros límites. Clavados a la humildad y también a la aparente modestia, a la casi clandestinidad de nuestro compromiso. Y en política cuenta, por suerte, la identidad, aunque a veces más que la identidad cuente la imagen.

De manera que vuestro Secretario - quien ahora os habla - vuestro Tesorero - que lo hará dentro de poco - vuestra Presidenta, el Presidente del Consejo Federal llegan hasta este momento con la triste conciencia de una imagen y de una tarea oscura, casi irreconocible, difícil de detectar, de evaluar. En Italia, tal vez más que en cualquier otro lugar. Pero el hecho de que nosotros estamos aquí y ahora, a pesar de ahora, es una noción que doy por descontado. Al igual que les ocurre a las veintitantas personas que en estos momentos componen la nueva clase dirigente del Partido Radical que se ha ido creando. Dicha clase tiene un gran potencial a nivel dirigente como a nivel de militancia política, de capacidades empresariales, de severidades de vida y de acción, de entusiasmo ideal y político, a pesar de las frustraciones diarias de esperas y de esperanzas. Para subrayar esta realidad, esta inadvertida e inequívoca conquista del Partido y para el Partido, he querido detenerme en esta intervención sobre la du

reza de la tarea que ha unido en particular a Emma Bonino, a Paolo Vigevano y a quien os habla, y a estos amigos y compañeros.

Digamos a nuestros amigos no italianos, y también a los italianos, que esta señal - de cuya valiosa fragilidad y exigüidad somos perfectamente, azoradamente conscientes - es extraordinario para nuestro país cuanto lo sería para cualquier otro de igual gran tradición de tolerancia y de democracia.

Esta señal, si de esto se trata, no es "natural" en Italia, salvo en la medida en la que la "naturaleza" es asimismo historia que se cumple, moralidad que se afirma y se conquista.

Así pues, si en este nuevo humanismo, esta capacidad de hacer de la tribu de cada cual, de la facción de cada cual, de la tradición de cada cual, de la fidelidad al partido nacional de cada cual razón para unidades, amistades y otras empresas nuevas (que superen las fronteras y las lenguas para enriquecerse), si ello es posible aquí quiere decir que es posible en todas partes. En primer lugar, amigos de la antigua Yugoslavia, amigos de la antigua Unión Soviética, amigos de Oriente Próximo, por vosotros y para vosotros. Y los Italianos del Partido, todos, lo son por serlo con vosotros, por vosotros, para vosotros; y esperan lo mismo con confianza y amor de diálogo y de paz.

De los 140 parlamentarios italianos inscritos al Partido Radical, la mayoría absoluta de compañeras y compañeros, amigas y amigos, que pertenecen a un Partido que en este momento está afrontando, más que cualquier otro, el sufrimiento de una derrota, de un empecinamiento intolerante, el precio de errores que no han sido su monopolio, que les convierte a menudo en enemigos entre ellos, tal y como sucede en los momentos en los que la suerte es desfavorable. Nosotros somos felices y les somos gratos por su presencia tan numerosa, tan generosa. El estar unidos, como radicales, unidos a tantos, sentirnos entre ellos, que les dé el sentido de lo mucho que en lo más hondo las razones ideales siguen estando vivas y puedan y deban darles auxilio, a ellos que nos lo brindan a nosotros.

Entre nosotros se hallan gran parte de los grupos parlamentarios laicos y reformistas, del Partido Liberal, del Partido Socialdemócrata - empezando por su Secretario Carlo Vizzini - con sus Ministros; del Partido Republicano. La historia de nuestro país y de Europa hace que estas presencias se confundan en las mismas raíces , con la de la mayor parte de nosotros, "radicales históricos", ahora ya pequeña minoría numérica en este nuestro nuevo Partido común.

Para quienes conocen nuestro país, saben que las fuerzas verdes y medioambientales son en gran parte expresión histórica y política de nuestra historia italiana; sabe que - por ejemplo - Adelaide Aglietta y Francesco Rutelli, y otros muchos, forman parte de los líderes radicales de toda una vida, y que muchos de los nuevos inscritos son viejos militantes de las mismas batallas.

Una patrulla de parlamentarios del Partido Democrático de la Izquierda, del viejo Partido Comunista Italiano, crea el Partido Radical actual. Willer Bordon abrió el camino. El prestigio democrático y cultural de Massimo Salvadori, la generosidad y el rigor político de otros compañeros, nos dejan esperar que no faltará la participación democrática tolerante e internacionalista de los ex comunistas italianos, cuyos dirigentes parecen todavía dudar de su misma fuerza, de su capacidad de animar unidades nuevas y libres, en las que cada uno vive de forma no exclusiva ni totalizadora sus propias ideas, sus propias esperanzas, su propias fraternidades electivas.

El Partido Sardo de Acción, la Unión de Val d'Aosta, la Liga Democrática Véneta, con sus parlamentarios, garantizan la aportación y el apoyo del federalismo autonomista democrático italiano.

Este, amigos congresistas, era un panorama válido hasta el día de ayer. En estas horas, ha tenido lugar un acontecimiento más importante, tal vez el más importante a lo largo de los últimos años, aunque no se trata sólo de una cuestión sólo de tiempo. Se han inscrito al Partido Radical en 1993, tras algunos asesores y consejeros regionales y municipales, algunos diputados de la Democracia Cristiana.

Nuestros padres, incluso nosotros, hemos sido siempre antagonistas de la Democracia Cristiana, durante décadas, sin tregua. Los radicales históricos han sido tal vez la única fuerza política italiana que ha rechazado durante más de tres décadas hipótesis de posibles alianzas con la Democracia Cristiana. La única. Por ello hemos sido marginados, combatidos. Mucho más que eso, por parte de la izquierda, del mundo laico italiano como por parte de la Democracia Cristiana. Ello ha comportado la soledad de las tres generaciones, de radicales históricos italianos. El nuevo Partido Radical, incluso en Italia, con este acontecimiento, pasa a ser plenamente nuevo.

Sé que Marco Pannella pretende, en particular, intervenir brevemente al respecto. Permitidme, sin embargo, que diga que personalmente envidio a estos amigos radicales, a estos amigos plenamente radicales, ahora, como yo y cualquier otro de nosotros, por el valor que dan, por la honra que supone no ya para todos nosotros, sino para sus partidos, la Democracia Cristiana italiana, mostrando una fuerza activa de tolerancia y de democracia que pocos en Italia, a parte de ellos, sabían y saben divisar.

Para acabar a este respecto, cabe imaginar que Italia esté informada adecuadamente, que le llegue un ejemplo, un testimonio, de lo que tal vez es necesario para todos? Un testimonio sobre el hecho de que cada uno de estos diputados y de estos senadores, de todo partido e inspiración, es - son radicales - para ser asimismo accionistas, brindar acciones, en cuanto se dijeron, simplemente, que el Partido Radical transnacional y transpartídico, es mejor que exista que que no exista? Y sobre todo, que exista el partido de la no violencia política y de la libertad política - que uno de los inusuales maestros clásicos del liberalismo de este siglo, Karl Popper, ha descubierto hoy que se conjugan íntimamente.

Como mucho el próximo lunes deberemos tomar decisiones. No regatearemos por enésima vez la esperanza destinada a convertirse en falacia, la regla que hemos establecido: vivir testarudamente con honorable mendicidad, intentando hacer siempre de la pobreza riqueza. Mendicidad sobre todo de amistad, de fraternidad, de labor laica, por una parte y por otra, según las reglas asociativas que den literalmente valor - valor cotidiano, austeridad - y dinero al Partido.

Dirijo un llamamiento personal a cada uno de los presentes, congresistas no inscritos, periodistas, políticos, técnicos - a quienes en estos momentos están escuchando Radio Radical - para que se inscriban, ahora, o enviando giros postales, que se conviertan durante algunas horas, o días, en colaboradores, en promotores, recogiendo inscripciones, para que sea imposible lo que parece inevitable: la muerte de este Partido Radical.

La imagen de estas inscripciones, de haberlas, acaso no podría convertirse en la chispa capaz de propagar una llamarada de paz y de democracia, de energía para que - armados de no violencia - fuésemos capaces de llegar a tiempo a Sarajevo o a Nagorni Karabaj, a Somalia o a Oriente Medio, así como en Italia? Y a la ONU? Y a Bagdad?.

En los últimos años algunas personas afiliadas a partidos políticos nacionales manifestaban una cierta perplejidad y confesaban su dificultad a la hora de inscribirse al Partido Radical. En cambio, en estos momentos el Consejo Federal del Partido alberga a exponentes de distintas fuerzas políticas nacionales, y ello resalta dichas dificultades.

Pero creo importante recordar algunas características del Partido, que - obviamente - nosotros consideramos deben ser confirmadas y reforzadas en el nuevo estatuto.

El Partido debe ser considerado como un instrumento, una herramienta, de enorme valor y nobleza, pero resaltando que se trata de una herramienta, de un instrumento para lograr objetivos políticos y sociales. Por ello, hace falta, incluso desde un punto de vista teórico y psicológico, desacralizar el concepto de partido, que a lo largo del último siglo se ha convertido, tanto en su manifestación dictatorial como en la partidocrática y demócrata-continental europea en una especie de Iglesia, o de etnia, o de familia. O más aún, de institución que representa a sus afiliados, vinculados por reglas y poderes muy fuertes, ideológicos, de manera que fácilmente se crean aparatos burocráticos de administración, intérpretes objetivos y seguros de las "verdades" del Partido mismo.

Incluso, en la concepción liberal, a menudo el Partido es considerado como lugar en el que cabe renunciar a una parte de las libertades personales y políticas, sacrificio que sería necesario para defender valores e intereses de la comunidad o bien de los individuos.

Por el contrario, el Partido Radical constituye una asociación a la que uno se suma para potenciar su libertad personal en la interdependencia, en vez de consumirla en una visión individualista y atomizada de la persona, abstractamente independiente.

En este sentido no puede existir »disciplina de partido bajo ningún concepto. Sólo los órganos ejecutivos, obviamente, deben considerarse vinculados a hacer lo que esté en sus manos, siempre y cuando sus miembros actúen como tales, para realizar los mandatos que el estatuto considera vinculantes para ellos, con determinadas condiciones de voto. Pero el primer derecho a cambiar de opinión, a no ser coherente, aparentemente, con decisiones adoptadas o con voluntades expresadas, por parte de cada inscrito, cabe afirmarlo y en la medida posible defenderlo como »costumbre del Partido, incluso desde el punto de vista de las repercusiones atávicamente distintas. En ningún caso el Partido puede juzgar comportamientos sociales, políticos, privados de sus inscritos, ni expresar valoraciones morales sobre los mismos ni sanciones de la naturaleza que sea.

Una condición para pertenecer al Partido Radical es la de »adquirir el carnet pagando la contribución mínima establecida, para apoyar de esta manera los objetivos que son en ese momento suyos. De la misma manera - repito - que uno compra un billete de autobús o de metro.

En la práctica, existen inspiraciones que pueden cobrar características predominantes en el Partido Radical, independientemente de los objetivos concretos a nivel práctico que el Partido establece, año tras año. De esta manera, a través del símbolo o del logotipo del Partido - el que evoca la no violencia gandhiana y la transnacionalidad - se pueden dar por adquiridos algunos comportamientos, métodos de expresión y de lucha civil, como los más coherentes y eficaces para obtener objetivos específicos, y de carácter general.

La pluralidad de asociación, incluso política, es absolutamente coherente con esta visión de los derechos-deberes de los inscritos.

El símbolo y el nombre del Partido no pueden ser usados por nadie en elecciones institucionales, nacionales o de otra índole, pues su carácter transpartídico y transnacional - sobre todo en países con sistemas proporcionales - sería totalmente imposible.

Por lo tanto, el Partido Radical como tal, o sus militantes como tales, no pueden ni tan siquiera participar en gobiernos u oposiciones formales de ningún tipo.

Estos enunciados pueden parecer banales o simplistas. En realidad, existen fuertes connotaciones de una forma de Partido, de sujeto político, sin precedentes.

En su larga fase italiana dicha forma de Partido ha demostrado tener una gran fuerza política; ha constituido una empresa de lo más creativa y duradera, y al mismo tiempo »biodegradable . Considerando su paréntesis institucional y nacional italiano, elecciones y producción legislativa, luchas sociales en pro de los derechos civiles y humanos, la exigüidad de sus inscritos y de sus presupuestos, la relación costes-ingresos del Partido Radical no tiene comparación alguna.

La fuerza de los métodos y de las técnicas no violentas de lucha empleados, ha demostrado ser dramática, arriesgada sin lugar a dudas, pero al mismo tiempo de extraordinaria fuerza.

Asimismo ha demostrado una extraordinaria fuerza formadora de militantes a nivel social y político, con fuerte vocación a nivel institucional. En Italia, las grandes campañas referendarias han demostrado una gran capacidad de movilización de personas y a nivel civil de gran eficacia. Las mayores responsabilidades institucionales del Partido han sido siempre de carácter »personal , más que »colectivo , con elección directa de los dirigentes por parte de los inscritos reunidos en el Congreso. Y haciendo especial hincapié en los principios fundadores de la forma anglosajona de democracia, dando gran valor a la responsabilidad del gobierno por parte de la persona, y la representación de un territorio y su hábitat.

En un Congreso que debería ser refundación del Partido - y que tiene una Comisión especial que estudia en profundidad este tema, con un documento de propuesta y de discusión que os hemos entregado - hemos considerado oportuno recordar los principios que han inspirado históricamente y a nivel estatutario que a lo largo de nuestra historia han demostrado su relevancia y su aspecto positivo.

Siempre se han deplorado en todas partes las continuas derrotas de la no violencia, de la democracia y de la tolerancia. Con el paso del tiempo, estos tres términos se han hecho inseparables. En todas partes va en aumento una concienciación profunda del nexo entre democracia y no violencia. Hace tiempo otro gallo cantaba.

Pero hace falta, a este propósito, una gran transparencia intelectual. No tiene sentido lamentarse de la »derrota de la no violencia mientras la no violencia no entra en acción, no se mide concretamente en la acción política como alternativa a los instrumentos y a los métodos de la violencia. Una vez más, así pues, el problema estriba en organizarse, en organizar la acción política.

Y querríamos que el Partido Radical fuese precisamente eso. Nuestra propuesta consiste en hallarnos - y darnos fuerza mutuamente - en el Partido que, con la no violencia, cree derecho supranacional de la persona y conquiste efectivas instituciones supranacionales capaces de garantizarlo.

Desde la antigua Yugoslavia hasta Iraq, desde Somalia hasta Camboya, desde Sudán hasta Nagorni Karabaj, salta a la vista la necesidad de crear nuevas instancias y nuevos instrumentos de derecho supranacional.

Quién negaría actualmente la validez de los principios y de los objetivos que desde hace tiempo sólo nosotros afirmamos?

Desde el derecho-deber de injerencia para la tutela de los derechos de la persona, como objeto fundamental de la política internacional, por encima de las soberanías nacionales, de la necesidad de hacer que se conviertan en derecho positivo las grandes declaraciones internacionales de los derechos de la persona en las contradicciones insanables que comporta consigo el Estado nacional como única e irreversible realidad institucional existente.

Muchos son los temas, los proyectos, las iniciativas que el Partido Radical ha propuesto y sigue proponiendo. Los conocemos, y los discutiremos en las comisiones, así como a través de los documentos y las notas que han sido elaboradas y distribuidas.

Quisiera simplemente mencionar la cuestión del medio ambiente, considerando las aportaciones posibles a este respecto, tema sobre el que el Partido hasta este momento no ha podido ocuparse.

Una política para el medio ambiente en estos momentos debe tener como objetivo primordial el restablecimiento de la eficacia del derecho, delineando las condiciones de su aplicación efectiva. La doctrina ha detectado desde hace tiempo los embriones de un »derecho internacional del medio ambiente . Y en verdad, entre normas ordinarias, declaraciones de principio, tratados a nivel mundial y tratados regionales, se ha creado un armazón sin precedentes, tanto por las dimensiones como por la escasez de resultados prácticos. Quiénes tienen las piezas de este complicado engranaje? Desde luego, no el poder político, que hasta el momento presente ha llegado siempre tarde a todas partes, se ha perdido en laberintos burocráticos, comités, programas y fondos. Es un callejón sin salida. La única solución estriba en otorgar a las normas del derecho internacional fuerza coercitiva e instrumentos de aplicación de dichas normas.

Por lo tanto no es acaso básico, prioritario para todas las fuerzas medioambientales perseguir una capacidad de lucha transnacional para el derecho? Dicha capacidad de lucha es precisamente la que propone el Partido Radical. Acaso rechazar dicha organización no supone abandonar esta propuesta y esta perspectiva y encerrarse a las angostas angustias de los »mediaoambientalismos nacionales renegando de esta manera de las razones mismas del medioambientalismo político?

Estas reflexiones nos conducen de nuevo al tema de fondo: la necesidad vital, prioritaria, de que exista el Partido Radical transnacional.

Estamos profundamente convencidos de ello. Convicción, profundamente sufrida, pero firme, como podréis comprender. Pero una decisión, una previsión sin alternativa teórica, raramente son correctas, raramente adecuadas o suficientemente profundas. Así pues, intentemos abrir esta fase de nuestros trabajos congresales con algunas consideraciones que imposibilitan - desde el punto de vista de la conciencia, de la razonabilidad y del deber ser - la disolución del Partido.

En el mes de mayo, el número de parlamentarios italianos inscritos al Partido Radical ascendía a 29, exponentes de 6 partidos distintos. Actualmente, han pasado a ser 140, exponentes de 10 partidos distintos, de los aproximadamente 1000 representantes en el Parlamento.

Los congresistas no italianos, los observadores políticos, tal vez consideren que se trata de una peculiaridad de la naturaleza, de la singularidad italiana, del país que alberga este Congreso.

Que exponentes y militantes de partidos que se contraponen profundamente, históricamente - los unos tradicionalmente de gobierno, los otros de oposición, comunistas o liberales, de izquierdas, de centro, e incluso de derechas - acudan para contribuir a la realización de este proyecto político, transnacional y transpartídico, y en cualquier caso, duramente político, para identificarse con él, para darle sus propias connotaciones y aceptar las nuevas; que acepten hacer una cosa semejante mientras la actual dirección el Partido Nuevo está todavía compuesta por »radicales históricos , es decir (la mayoría) militantes y exponentes políticos hasta el día de ayer antagonistas competidores, adversarios en la lucha política nacional, a menudo los más duros, los más radicales realmente, en estos momentos, es para nosotros los »radicales históricos , desde los dirigentes hasta los militantes, un honor, un don, una fuente de obligación y de rigor, de lealtad y de amistad sin par. Pero es también, a nuestro juicio, un

honor para la sociedad y para la política, y también es testimonio, literalmente conmovedor de la nobleza posible de la política o del hecho que Italia pueda brindar una contribución sin igual, elevada, adecuada, para que la época que nos ha tocado vivir, para que nuestra sociedad, a finales de siglo, bajo tantos aspectos trágica, asista al resurgir de antiguas esperanzas de convivencia civil, tolerante, no violenta, democrática, solidaria, dura y combativa contra lo que la niega y la rechaza.

Cuando iniciaron los trabajos de la primera sesión de este Congreso, a finales de abril de 1992, el número de ciudadanos no italianos inscritos al partido ascendía a 3.219 (un 48% del total).

A lo largo del año, el número de inscritos ha ascendido a 7.670 (un 74,6% del total). Más del doble y casi el triple del número de inscritos italianos (65,6%).

Residen en 60 países distintos, en las 15 repúblicas de la antigua Unión Soviética, en donde ascienden actualmente a 5.589 (a finales de abril eran 1.270). En la República rusa son 2.870 (eran 1.274), aproximadamente 260 más del total de inscritos italianos (2.611); los inscritos en Ucrania son 1.107 (eran menos de 500). De ellos, 1.030 viven en regiones y repúblicas asiáticas.

En las Repúblicas de la antigua Yugoslavia, hay actualmente 571 (eran 307 a finales del pasado mes de abril), de los cuales 385 residen en la República croata (eran 241).

En Africa, en la República de Burkina Faso, hay 702 (en abril eran 262).

Otro dato significativo, que reviste una importancia particular, es la presencia en el Partido Radical de inscritos de religión musulmana, los cuales actualmente inciden un 15% en el total. Este porcentaje aumenta al 20% si no se cuentan los inscritos italianos.

En definitiva, el número de inscritos en 1992, en ocho meses y pico ha pasado de 5.060 a 10.281, con un incremento de un 51%; 770 italianos más (29.5%), mientras los de los demás países 7.062 (219.4 %).

Por lo que se refiere el Consejo Federal - tal y como sabéis - forman parte de él los parlamentarios, quiénes a finales de abril eran 216, de los cuales 29 italianos y 187 de otros 30 países distintos.

A finales de 1992, el número de parlamentarios inscritos al Partido y que forman parte del Consejo federal aumentó a 446, con un incremento de un 100%: los italianos son actualmente 140, con un aumento de 109 parlamentarios, mientras los demás son 306 de 40 países distintos pertenecientes a 90 partidos o grupos políticos, con un aumento de 120 parlamentarios.

Los parlamentarios de la zona de la antigua Unión Soviética son 134, en la antigua Yugoslavia 63, en los demás países de Europa central 79 y en Africa 19.

Son datos que ponen de manifiesto inmediatamente la diversidad del compromiso en Italia y en los demás países. En Italia se ha apuntado casi exclusivamente a la clase política parlamentaria, mientras en los países del centro-este europeo y del Sahel, en Africa, el Partido ha actuado a través de la estructura y la organización a través de la prensa y la difusión del periódico "El Partido Nuevo", gozando de su propia red organizativa - en estos meses ulteriormente reforzada - con una capacidad operativa mucho más extendida, articulada y difundida, sobre todo por la aportación y el trabajo brindado por los militantes residentes en estos países.

Desde hace un año aproximadamente, y desde la primera sesión del Congreso llegamos a la conclusión de que los recursos equivalentes a aproximadamente treinta mil inscritos italianos, eran las condiciones materiales, técnicas, económicas y organizativas necesarias para la realización de nuestros proyectos, de nuestros objetivos.

En mayo aceptamos aplazar toda decisión definitiva sobre la vida del Partido Radical, a pesar de que constatáramos ya en su día que nos hallábamos ante la confirmación de la imposibilidad, hasta, para un salto cualitativo, no sólo numérico, del potencial militante y político del Partido. Si bien el número de inscritos no italianos, este año, han aumentado considerablemente, los italianos siguen siendo numéricamente los mismos.

De esta manera, si consideramos sólo un aspecto meramente económico, para poder celebrar la segunda sesión del Congreso nos hemos tenido que endeudar - tal y como previsto - por una suma muy próxima al valor comercial efectivo de nuestro patrimonio.

Así pues, al final del Congreso, el Partido Radical, a no ser que suceda algo imprevisible, absolutamente improbable, (sólo una explosión de inscripciones concentrada en pocas horas, más que en pocos días, y que honestamente no cabe esperar que suceda), tendremos a duras penas la posibilidad de proceder a la liquidación del Partido, intentando salvar (y ello comporta una actividad y un mínimo de gastos) los archivos, que no podemos considerar nuestro patrimonio privado, sino patrimonio cultural e histórico de interés civil para todo el mundo.

Dicho todo esto, quisiera simplemente añadir y recordar lo esencial. Nosotros nos estamos arriesgando a dar por descontada la tarea, cuando vemos la verdad claramente.

No nos ha sido posible realizar el primer objetivo, el primer servicio que pretendíamos brindar, pues los medios nos han sido, y siguen siendo, negados.

Es necesario que se elaboren, se presenten, se apoyen y si es posible se voten en todos los parlamentos, el mismo día y a la misma hora, propuestas de ley, sobre los derechos civiles y humanos y sobre la defensa ecológica. Es necesario que la gente esté informada, que en las plazas, en las casas, en los lugares de la vida de cada día, con los métodos de la no violencia y de la democracia, nos llegue el apoyo y las luchas necesarias para que las instituciones creen el derecho, el derecho a la vida y la vida del derecho.

Los colegas parlamentarios pueden comprender la dificultad inmensa, así como la inmensa urgencia, la necesidad de que dicha obra sea concebida, sacada a la luz, realizada. Para ello, hay que trabajar arduamente, estar profundamente convencidos, ofrecer gran dedicación, experiencia, amor, esperanza, tiempo, y también dinero (aunque cuantos más seamos menos dinero hará falta).

Es necesario reformar la ONU - y es algo que lo venimos diciendo desde hace años - preparar los instrumentos, hacer que sea objeto de lucha, de conquistas, de movilización de la gente, de los pueblos, empezando por las personas. No hay tiempo que perder, para actuar y superar el divorcio existente entre ciencia y conciencia, entre ciencia y política, entre saber y poder, que en nuestros días hace que nuestra sociedad se haya vuelto esquizofrénica.

Vivir juntos, amigos y compañeros, por encima de las fronteras, por encima de los horizontes cerrados de los nacionalismos totalizadores, de los racismos, de los fascismos de derechas y de izquierdas, de las intolerancias y de los miedos, significa poder comprender ya desde ahora lo que une en lo más profundo y en el destino, lo que podrá ser la señal de una época y de una civilización, antes de que sean los historiadores y los arqueólogos los que lo cuenten, sin renunciar a gobernar con la razón humana la lógica de las cosas, con el trabajo cotidiano, el mal de cada cual, el mal del mundo. Para poder volver a empezar siempre, para continuar.

Hemos tenido que esperar más de un año para poner en marcha la campaña para la abolición progresiva de la pena de muerte, antes del año 2000, haciendo inventario no sólo de las razones y las ideas sino de las transiciones políticas necesarias, sino de las institucionales, las reformas jurídicas, las luchas democráticas, estableciendo una agenda, organizando las fuerzas y la cultura que de lo contrario harían de esta aspiración lamento y compasión, como siempre, por siempre.

Hemos tenido que abandonar el proyecto de constitución y la activación de las brigadas de la no violencia, de la democracia y de la paz, en los lugares difíciles o tráficos, que cada día aumentan en todo el mundo, instrumento necesario para integrar y sostener las acciones institucionales, políticas, diplomáticas, aun habiendo constatado la fuerza de impacto extraordinaria de nuestras acciones en la antigua Yugoslavia, sobre todo en defensa en el frente militar de los agredidos contra los agresores en Croacia. Sin un gran Partido, de decenas y decenas de miles de inscritos, de militantes, en el mundo, en nuestras regiones, no lo lograremos nunca. Y al mismo tiempo es difícil imaginar el mundo, el futuro próximo sin lograrlo.

Todavía se hallan en estado embrional las luchas federalistas democráticas, de constitución del Partido, del Partido de la no violencia que pueda finalmente afrontar derrotas, pues hasta el momento presente, en el mundo, no las hemos reproducido; políticamente no hemos estado presentes, la no violencia no ha sido alternativa de gobierno y de lucha en ningún lugar en nuestros tiempos.

Hemos sido el pilar de las acciones que han creado el gobierno de los inmensos problemas lingüísticos, culturales y políticos, a través del uso y del crecimiento de una lengua internacional, a partir de la realidad esperantista y de la tarea de los esperantistas que en gran número son miembros del Partido.

Podría seguir hablando largo y tendido. Pero dialogaremos a lo largo del Congreso, hasta que se adopten las decisiones congresales, a lo largo de estos nuestros difíciles cinco días. Como si el tiempo no fuese nuestro, como si no tuviésemos las horas contadas, como si no se hubiese agotado. Se lo debemos a nosotros mismos, a los amigos que desde miles y miles de kilómetros, en grupos numerosos, han llegado con inteligencia, con amor, hasta aquí. A los compañeros que han trabajado de forma eficaz en la antigua Unión Soviética, en la Europa central y del Este, y en Africa. Y, permitidme que lo diga sin esconder mi emoción y mi agradecimiento enorme, a los 2.600 italianos, a los 140 colegas diputados y senadores, a aquellas personas con las que compartimos nuestros días en Via di Torre Argentina, a los que en estas horas se hayan decidido a llegar hasta nosotros, y de decretar con su llegada la vida del Partido.

Para que viva, lo repito, nosotros consideramos, consideración llevada a cabo y mantenida desde hace un año, año en el que no hemos logrado ni tan siquiera poner en marcha la puesta en marcha, la inscripción de por lo menos treinta mil italianos, como condición técnica, material, insuperable, para la vida, para la existencia del Partido Radical.

Hay alternativas? Será el Congreso, será el país en donde nos reunimos el que lo establezca.

 
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