François FejtoSUMARIO: A propósito de la agresión serbia en Bosnia, critica a quiénes afirman que "no se puede hacer la paz añadiendo guerra a la guerra", sosteniendo por el contrario que es necesario utilizar todos los medios para no abandonar a los agredidos a su destino. Denuncia, así pues, las responsabilidades de las tropas de la ONU que han permitido la depuración étnica de Kraina y en la eslavonia croatas y de Europa que ha demostrado toda su impotencia. Reconociendo que una vez más los Estados Unidos han tenido que coger por el mango la situación, desea que se provea urgentemente a salvar a Sarajevo y a Bosnia, de manera que "el médico no llegue sólo para constatar la defunción del enfermo".
(IL GIORNALE, 20 de febrero de 1993)
Francia se halla en una situación paradójica: tal y como ha destacado recientemente Jean-François Kahn, algunos intelectuales comprometidos reclaman una intervención con la fuerza para frenar la guerra en la Antigua Yugoslavia mientras que gran parte de los políticos y de los estrategas predican la paz. Situación paradójica, por supuesto, pero no inédita pues no faltan, especialmente en Francia, los precedentes: recordamos los acalorados debates de 1935-36 a propósito de la no intervención en la guerra civil española entre los partidarioos y los adversarios de los pactos de Munich; los debates de los años cincuenta sobre el rearme alemán, los de 1956 sobre la revolución húngara, etc. A este propósito, acaba de salir publicada en Francia la excelente obra del historiador inglés Tony Judt, "Un pasado imperfecto. Los intelectuales en Francia 1944-1956", editada por Fayard.
El mundo intelectual luchó con gran valor contra la guerra de Vietnam y contra la de Argelia; luego con el menguarse del embrujo comunista, se unió a la gran lucha en pro de los derechos del hombre que el poder alimentó controlando que se mantuviese en los límites de la Realpolitik. El objetivo del poder era conservar del estatus quo definido por la división de Europa y por el concepto de coexistencia pacífica y de equilibrio del terror. Cuando, por último, esta batalla concluyó con la caída del Muro de Berlín, los intelectuales se alegraron, pero los políticos escondieron mal su sorpresa y su extravío. Sorpresas aún más grandes se ciñeron sobre los políticos demasiado miopes o présbites para ver y prever lo que acontecía en las inmediaciones: la disgregación de Yugoslavia y el conflicto del que generalmente costaba comprender su naturaleza, sus causas y sus posibles consecuencias. Sería demasiado largo, aunque tristemente ameno, evocar todos los absurdos, las tonterías y las propuestas dictadas por la ignor
ancia, hipocresía o mala fe que sentían y leían a propósito de este "caso".
Hemos oído decir que "no se puede hacer la paz añadiendo guerra a la guerra". La frase suena bien. Pero la historia demuestra lo contrario. Demuestra que las guerras, por lo general, son desencadenadas por una agresión que deja a los agredidos la opción entre la capitulación y la guerra defensiva, mientras que para los que pretenden tener por misión la protección de los Estados contra las agresiones se plantea el dilema de si emplear todos los medios, inclusive la ultima ratio, para salvar a las víctimas o si limitarse a abandonar a los vencidos a su suerte.
Para justificar la no intervención, a menudo se ha presentado la tesis de que las responsabilidades del conflicto no eran de una sola parte. La población de Serbia, además, parece estar convencida de que los verdaderos responsables son los eslovenos, los croatas, los bosnios, que han hundido la Federación, cuyas estructuras habían garantizado la seguridad de la minoría serbia en Croacia y en Bosnia. Los alemanes, los austríacos y el Vaticano son acusados - no sólo por Belgrado - de haber alentado los separatismos y de haberse precipitado en reconocer a los nuevos Estados. Todo ello para extender el Lebensraum (el espacio vital) alemán.
Se remiten a la historia: croatas, eslovenos, bosnios, acaso no lucharon en las dos guerras mundiales "en el otro bando"? si se olvida que croatas y eslovenos han negociado durante más de dos meses antes de llegar a un acuerdo ecuánime con los serbios sobre la reorganización de la Federación, y que los nuevos Estados han sido reconocidos sólo tras la destrucción de Vukovar y la ocupación de una tercera parte de Croacia. Creo que también los alemanes, italianos y otros muchos lucharon "en el otro bando" y ahora son nuestros amigos. Se recuerda "el heroico sacrificio de los combatientes serbios de la guerra antifascista y quién puede saber si el número de croatas y bosnios entre los combatientes antifascistas era o no era inferior al de los serbios?"
Es cierto, tal y como ha afirmado el presidente Mitterrand, no se le puede echar en cara a la Comunidad Europea, a las Naciones Unidas, y en particular a Francia, haber querido "jugar hasta las últimas consecuencias las posibilidades de la diplomacia. Tal vez se han equivocado los intelectuales, los expertos que conocen los objetivos y la estrategia de Belgrado, que desde 1991 consideraban mínimas las posibilidades de lograr un acuerdo diplomático? Por supuesto, esfuerzos encomiables han sido realizados para poner en marcha ayudas humanitarias a las víctimas. Pero hubiese sido mejor impedir que se siguiesen sembrando víctimas. El papel otorgado a los cascos azules es todavía más discutible. Los doce mil cascos azules enviados a Croacia, interponiéndose a los beligerantes en las fronteras de los territorios ocupados por los serbios, han congelado por supuesto el conflicto, pero no sólo no han desarmado a las milicias, sino que les han permitido completar tranquilamente la depuración étnica en Kraina y en la e
slavonia croata.
El plan Vance-Owen está basado fundamentalmente en el principio de la purificación étnica que la parte serbia considera como un "proceso histórico irreversible en la región". "Las tres partes quieren un Estado en el Estado", ha declarado Cosic (en una entrevista a "La Croix" del 26 de enero de 1993). Lo cual es cierto para los serbios y los croatas, pero no para los musulmanes que confían siempre en reconstituir un sólo estado de las tres naciones que lo constituyen.
Se comprende que los responsables europeos no quieran comprometerse en una empresa sin vías de salida y que Bosnia "víctima de una guerra implacable no pida tanto una intervención militar cuanto un medio para defenderse", es decir, levantar el embargo del que son los únicos que sufren las consecuencias. Por lo que sé "los intelectuales" no piden nada más. Por qué se oponen, considerando que la parte serbia viola cada día el embargo?
El principal error de Occidente, creo, no estriba en no haber hecho prácticamente "nada", sino en no haber pensado, imaginado, concebido nada, no haber establecido claramente sus objetivos. Europa, en particular, es la primera a la que concierne el problema, y ha demostrado su impotencia.
Los Estados Unidos por otra parte a duras penas han aclarado su postura contestando a las presionantes peticiones de la opinión pública que reclamaba una intervención enérgica para poner punto final a las hostilidades y para que la solución no penalice única y exclusivamente a musulmanes y croatas. Indudablemente, la aplicación del plan americano implica - a pesar de que falte precisión sobre la solución del conflicto de la Antigua Yugoslavia (integridad territorial de la Croacia histórica, neutralización del potencial agresivo del ejército serbio, desarme de las milicias, regreso de los prófugos, reconocimiento de las minorías, definición de las fronteras) - esfuerzos considerables. Nos podríamos preguntar también si todos estos objetivos son realizables sin esa "gestión tutelar" temporal (trusteeship) internacional sugerida recientemente por Valéry Giscard d'Estaing para la Antigua Yugoslavia, que crearía un importante precedente para el papel de las democracias. A condición de que los tiempos necesariamen
te largos de la pacificación, tomada por el mango por los Estados Unidos, no tienen que impedir la iniciativa más urgente: salvar a Sarajevo y a Bosnia. Hagamos de manera que el médico no llegue sólo para constatar el fallecimiento del enfermo.