SUMARIO: Del libro »Karl Popper. La lección de este siglo escrito por Giancarlo Bosetti, subdirector de "L'Unità".
(EL PARTIDO NUEVO, MARZO DE 1993)
Las prioridades fundamentales que usted quisiera que estuvieran en los primeros puntos de la agenda política: defender la paz, bloquear la expansión demográfica, desarrollar la educación no violenta. En su opinión, estas indicaciones son de derecha o de izquierda?
POPPER - Ni de derecha ni de izquierda. Esas prioridades indican algo que podría substituir la distinción derecha-izquierda. (...) Deberíamos, en otras palabras, acabar con este horrible sistema de los partidos. Yo creo que hay que substituir este sistema y que nosotros debemos volver, si posible, a un Estado donde los electos vayan al Parlamento y digan "Yo soy vuestro representante y no formo parte de ningún partido". Creo que el desmorronamiento del marxismo ofrezca la oportunidad de favorecer una evolución en este sentido. Por lo que atañe a las prioridades que he indicado, espero realmente que mientras tanto un partido, no importa cual, las acepte, que declare aceptarlas, influiyendo también a que otros las aceptaran. De esta manera se produciría una situación nueva.
Cuál es el tipo de modelo que considera más satisfactorio para nuestros tiempos?
POPPER - Un buen modelo político es esencialmente el de la democracia, de una democracia que, en resumidas cuentas, no vea como su tarea la de establecer un liderazgo cultural.
Una de las causas más graves de violencia y guerra parece ser ahora el nacionalismo. Qué opina de las aspiraciones cada vez mayores a crear estados independientes, incluso en Europa?
POPPER - La cuestión esencial es que en un mundo tan densamente poblado todos estos problemas originados por los nacionalismos deben considerarse peligrosos. Se trata de un peligro que concierne el Estado de derecho. Cabe recordar en primer lugar algo que no se considera suficientemente en el debate europeo sobre las nacionalidades, y que de por sí encierra la entera cuestión política de las nacionalidades: se trata del hecho que hay que proteger las minorías. La misma idea de un Estado-nación es imposible de realizar si primero no se acepta este principio.