SUMARIO: A continuación damos a conocer dos posibles acciones del PR en materia de medioambiente. La primera se refiere al Danubio y propone la creación de una autoridad sobrenacional como único instrumento capaz de evitar los resultados catastróficos que pudieran conllevar los conflictos de las políticas nacionales. La segunda se refiere a la seguridad nuclear en la Europa del Este. Intervenir sobre este problema responde también a la necesidad más general de tratar de manera correcta el asunto de la energía nuclear para usos civiles y sus conexiones con los usos militares a nivel sobrenacional y global y no sólo nacional.
La interdependencia de muchos de los problemas que vive el mundo requiere la puesta en marcha inmediata de una gran acción federalista. Libertad y autonomía, eficacia del derecho y carácter subsidiario, son los principios en que deben fundarse el nuevo orden internacional y la nueva sociedad democrática.
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"Hoy el objetivo principal de una política en pro del medioambiente debe ser el de volver a establecer la eficacia del derecho, individuando las condiciones de su aplicación real" según la opinión de Mario Signorino, presidente de la sección italiana de los "Amigos de la Tierra".
(EL PARTIDO NUEVO, MARZO DE 1993)
Un evento oficial, la Reunión-Cumbre sobre la Tierra, celebrada en Río en 1992, terminó el período de veinte años en el cual nació la cuestión medioambiental, abriéndose una fase nueva, es decir la fase de los logros incisivos o de las crisis cada vez más difíciles de controlar.
Asimismo, terminó la época del medioambientalismo precursor, el de los oasis y de las grandes acciones de protesta, planteándose la exigencia de dar vida a un ambientalismo maduro, capaz de desarrollarse convenientemente, como cultura y método político, para ser co-protagonista de los cambios concretos.
Vivimos este momento de transición, abrumados por el desequilibrio entre problemas urgentes y fuerzas de inercia, instrumentos institucionales inadecuados, culturas políticas primitivas, cuestiones realmente complejas.
No existe, ni se puede concebir una ruptura neta entre lo viejo y lo nuevo. Los procesos positivos se producen en medio a los escombros del viejo mundo y a esos corresponden contratendencias, retrasos o carencias que representan una amenaza continua.
Es verdad: en estos años, la cuestión medioambiental ha llegado a ser materia de lucha política en todos los países desarrollados. Aun naciendo nuevos partidos (los verdes), éstos influyen todavía demasiado poco en los programas de las principales fuerzas políticas y las actividades de los gobiernos.
De medioambiente ya se discute en todas las sedes internacionales relevantes y hasta en reuniones-cumbre exclusivas del G-7, aunque a esto corresponda una falta de capacidad casi total de cumplir con los compromisos formalmente establecidos.
Actualmente, la mayoría de los países cuenta con administraciones específicas para el ambiente, pero éstas corren el riesgo de llegar a ser estructuras separadas sin poder de influencia sobre las elecciones generales de los gobiernos; a menudo les faltan estrategias ciertas o cuentan con instrumentos operativos insuficientes.
Las problemáticas medioambientales se relacionan cada vez más con las cuestiones del desarrollo, desembocando así en el nuevo concepto de "desarrollo sostenible". Sin embargo, se trata de una teoría poco clara, sin resultados concretos y de todas maneras ya en crisis a raíz de la recesión que afecta las economías desarrolladas. Existe el riesgo que tenga el mismo destino de esterilidad práctica que el concepto de "interdependencia". De la misma manera, los reconocimientos formales de los derechos humanos y de las identidades culturales son insignificantes y vacíos.
Asociaciones y movimientos han aumentado de manera significativa sus poderes de influencia; sin embargo, debido a recursos inadecuados, escasa maduración y sobre todo a la falta de instrumentos político-institucionales, éstos logran con dificultad a dar respuestas adecuadas.
En este contexto, muchos han considerado un fracaso los resultados de la Conferencia de Río. El verdadero problema, todavía, no es éste: el largo trabajo diplomático (casi tres años) de UNCED (United Nations Conference on Environment and Development) ha dado inicio a un proceso completamente nuevo. Río fue sólo un momento de la sanción oficial de dicho proceso y dió lo que razonablemente se podía esperar de los Estados en la situación de entonces. Los éxitos o las derrotas se deciden ahora, día tras día, y está claro que sin grandes novedades políticas ningún objetivo serio podrá ser alcanzado.
Una política medioambiental debe fijar hoy como primer objetivo el de volver a establecer la eficacia del derecho, individuando las condiciones de su efectiva aplicación. Desde hace tiempo la doctrina ha individuado los principios fundamentales de un "derecho internacional del medioambiente". Y en realidad, el conjunto de reglas consuetudinarias, declaraciones de principio, tratados de carácter mundial y tratados regionales, protocolos, dió lugar a una estructura de dimensiones colosales que hoy pone aún más en evidencia los escasísimos resultados prácticos. Quién es que controla este complicado rompecabezas? Ciertamente no es el poder político, el cual hasta ahora no ha cumplido a tiempo sus tareas, perdiéndose en un laberinto burocrático de diligencias, comités, programas, fondos. No existe una salida si no se logra dar a las reglas de derecho internacional fuerza coercitiva e instrumentos punitivos.
En la comisión del Congreso dedicada al medioambiente, surgieron dos posibles futuras acciones del PR.
La primera concierne la cuestión del Danubio, dándose la hipótesis de crear una autoridad sobrenacional como único instrumento que puede evitar los resultados catastróficos que conllevarían los conflictos de las políticas nacionales.
La segunda concierne la seguridad nuclear en la Europa del Este. Esta cuestión ya ha interesado a las cumbres internacionales sin todavía dar lugar a programas efectivos de intervención. Por lo tanto, hoy en el territorio de la ex URSS y de los países que hasta hace poco sufrían la influencia del "imperio", existe un gran número de plantas nucleares extremadamente peligrosas. Es necesario, pues, por lo menos en una primera fase, ocuparse de estas plantas que son tan peligrosas como la de Chernobyl. Intervenir respecto a este problema - ya sea en el este como en el oeste europeo - responde también a la necesidad más general de tratar correctamente la cuestión del nuclear civil y de sus conexiones con los usos militares a nivel sobrenacional y global y ya no sólo nacional.
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DESARROLLO DEMOCRATICO, DESARROLLO HUMANO, MEDIOAMBIENTE
Fueron numerosas las intervenciones en la comisión del congreso "Desarrollo democrático, desarrollo humano, medioambiente", presidida por Alfonso Pecoraro, parlamentario italiano del grupo verde y Maria Ivanian, secretaria del Partido de los Verdes de Moscú. Entre otras: Laurent Akoun, secretario nacional para las relaciones exteriores del Partido de los Trabajadores de Costa de Marfil; Walter Mac Lean, diputado del Parlamento canadiense y presidente del Consejo de "Parlamentarians for Global Action"; Basile Guissou, ex Ministro de Burkina Faso; Iokubas Minkiavicius, representante de la Academia de las Ciencias de Lituania; Bashir Mountasser, miembro de UNFPA (United Nations for Population Activities); Roberto Savio, director ejecutivo de "Interpress Service"; Antun Skenderovic, miembro de la Unión Democrática de los Croatas de Voivodina; Marco Vianello Chiodo, director ejecutivo de UNICEF.