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Il partito nuovo - 19 marzo 1993
LA PRIORIDAD FEDERALISTA

SUMARIO: El PR debería sacar de sus inscritos de la Europa del Este y del Oeste la fuerza para emprender una gran acción federalista en los Parlamentos y sociedades de los países de la Comunidad y para favorecer nuevas agregaciones territoriales entre todos los países y no sólo aquéllos europeos.

(EL PARTIDO NUEVO, MARZO DE 1993)

Para hacer frente a la crisis de la democracia y del orden internacional, se necesita un cambio radical de la sociedad. Hay que partir de la persona y de sus primeras asociaciones históricas, naturales o voluntarias a las cuales pertenece, y llegar al plan mundial, a través de los diversos niveles de agregación, tales como barrios, ciudades, grupos regionales, nacionales y sobrenacionales.

Es preciso reconocer a cada nivel institucional la libertad y la autonomía de desempeñar las tareas y las funciones que le corresponden. Estas, sin embargo, deben coordinarse, desde la base hasta la cima, según el principio fundamental del carácter subsidiario, que prevé no sólo que a cada plan deben corresponder instituciones capaces de garantizar la mayor eficiencia y democracia posibles, sino también que la institución superior pueda intervenir sólo cuando su acción es más eficaz respecto de la de las instituciones inferiores consideradas individualmente.

Este sistema, donde es evidente el papel de las instituciones democráticas - es decir, organismos legislativos, ejecutivos y judiciales, decididos por el pueblo - no es abstruso ni el resultado de política ficción, sino que representa la correcta puesta en práctica de un verdadero sistema federal, tal como se realizó tanto a nivel sobrenacional, por ejemplo en los Estados Unidos, como en el ámbito de un mismo Estado, por ejemplo en Alemania. En el caso de los Estados Unidos, hay más Estados que deciden asociarse voluntariamente, delegando algunas tareas y funciones (política exterior y de defensa, política mercantil, política económica y monetaria) a las instituciones federales y dejando a los Estados individualmente considerados el desempeño de todas las demás funciones y tareas, en relación a las cuales siguen siendo soberanos. En el caso de Alemania, al Gobierno central se delegan las tres funciones ya mencionadas, dejándose a las instituciones subestatales, es decir, los Laender, todas las demás.

No cabe duda que el sistema federal pueda mejorarse y, dada la interdependencia mundial de muchos problemas, prever entre las tareas de las instituciones sobrenacionales, junto a la política exterior, mercantil y monetaria, por lo menos la política del medioambiente, de la investigación científica y fuentes energéticas.

Sin embargo, sigue siendo el único sistema político y jurídico posible, que supera las fronteras, a menudo arbitrarias, entre los Estados y en el interior de los mismos, permitiendo la creación de una nueva sociedad democrática y un nuevo orden internacional, que debe culminar en el gobierno mundial.

Por lo tanto, es urgente empezar en seguida, y de manera absolutamente prioritaria, la lucha por la puesta en práctica del federalismo, una de las ideas de batalla del Partido Radical transnacional. Si esta lucha no quiere ser veleitaria, debe partir de lo que ya existe: la Comunidad europea. En efecto, ésta aun contando con instituciones débiles y llenas de contradicciones, y no siendo capz de desarrollar una línea política y económica democrática ya sea hacia el interior como sobre todo hacia el exterior, es la única agregación hoy existente que pueda transformarse rápidamente de Comunidad en Federación, en los Estados Unidos de Europa.

Para lograr esto, la Comunidad europea debe fortalecer sus instituciones, incluso abandonando aquellos países (tales como el Reino Unido o Dinamarca) que no están dispuestos a proseguir el camino hacia la unidad, para abrirse en cambio a todos aquellos países que comparten los principios federales y aceptan derechos y deberes correspondientes. Si no se realiza un fortalecimiento de la Comunidad en sentido federal, la anhelada integración de otros países - sobre todo de los que acaban de conquistar la libertad - no sólo sería inútil sino quizás incluso dañina. Al ser víctima de la lógica intergubernamental y diplomática que le impide ser una gran fuerza democrática, la Comunidad sería incapaz de desempeñar un papel importante en los graves conflictos actuales y de garantizar la existencia de los distintos grupos étnicos, políticos o religiosos.

 
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