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Bonino Emma, Romano Sergio - 9 giugno 1993
Castigar las violaciones en Bosnia no es sinónimo de Nuremberg II
Emma Bonino

SUMARIO: Emma Bonino replica a Sergio Romano que en un artículo publicado por "La Stampa" [que se halla al final del presente texto] había manifestado sus reservas sobre la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de constituir un tribunal internacional para los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia. No se trata de "Nuremberg bis" - escribe Emma Bonino - pues actualmente, a diferencia de otros tiempos, existen gran número de fuentes de derecho internacional en las que basarse para poder procesar a los responsables de genocidios y de crímenes de guerra. Además, se trata de un primer paso para lograr la institución de un tribunal internacional permanente de crímenes contra la humanidad. Replica de Sergio Romano quién sostiene que nos arriesgamos a procesar a los acusados escogidos por la televisión y a olvidar lo que sucede en países lejanos y menos "telegénicos" como Georgia o Alto Karabaj.

(LA STAMPA, 9 de junio de 1993)

El embajador Sergio Romano ha expresado en este periódico su escepticismo sobre la reciente decisión del Consejo de Seguridad de la ONU de instituir un Tribunal internacional para los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia.

Por encima de las reservas que yo podría también formular, obteniendo como único resultado el de sumar mi voz a la de los muchos que querrían impedir la celebración de este proceso contra los carniceros de Belgrado y sus alrededores, nuestro objetivo de fondo consiste en afirmar que cuanto se proclama solemnemente en los pactos internacionales, firmados por todo el mundo, debe convertirse finalmente, 45 años después de la Declaración Universal de los derechos humanos, en fuente de derecho positivo, de tribunales imparciales, de juicios legítimos, de sanciones inmediatamente aplicables y no negociables por parte de los Estados y las diplomacias.

En Nuremberg, los vencedores de por aquel entonces "dedujeron" de los principios de derecho internacional existentes, o proclamados en pleno conflicto por las recién nacidas Naciones Unidas, los crímenes por los que debían ser procesados o castigados los jerarcas nazis. Por aquel entonces se dijo - y entre líneas parece decirlo actualmente Romano - que al actuar de esta manera se violaba el principio del "nullum crimen sine lege, nuella poena sine lege". Pero actualmente, la "ley" existe porque las normas jurídicas internacionales reconocen que todo ser humano tiene derechos innatos, y por lo tanto inviolables. Las fuentes del derecho internacional de los derechos humanos son innumerables y contienen normas jurídicas vinculantes para todos los Estados. Falta - y no es un detalle - la autoridad supranacional que garantice estos derechos.

Por lo tanto cabe reconocer que desde Nuremberg se ha dado algún paso hacia adelante y que con la decisión del Consejo de Seguridad se intuye algo muy distinto a una Nuremberg bis.

La decisión de la ONU no es perfecta, desde luego. Tal vez existe una buena dosis de hipocresía o de realpolitik al afirmar que serán procesados sólo los responsables efectivamente puestos a disposición del Tribunal, excluyendo de esta manera juicios contumaces. Pero creo realmente que se trata de un pequeño pero primer paso decisivo hacia una justicia que no sea el halo de los vencedores, que afirme un nuevo modelo de derecho internacional en el que el individuo, el ser humano sea dueño de algunos derechos fundamentales en nombre de los cuales no sólo sea posible reivindicar el derecho-deber de injerencia sino que sea posible para todos los ciudadanos obtener una protección internacional efectiva incluso contra el Estado de pertenencia.

Por lo tanto, acaso nos hallamos ante un viraje del destino de la humanidad? No estoy tan ciega como para confundir mis esperanzas con la realidad; soy consciente de que también es posible, probable, que la decisión del Consejo de seguridad pase a ser, como en tantas otras ocasiones, papel mojado. Pero, podemos permitirnos el lujo de ser escépticos? Alguien tiene una solución mejor para que se sepa, no sólo en la antigua Yugoslavia, que las limpiezas étnicas, los homicidios y las violaciones masivas no quedarán sin castigar? No creo que sea momento de quedarse mirando, de brazos cruzados, para limitarse a manifestar reservas y en el fondo resignarse al fracaso de este tribunal. Hay que luchar. Es necesario movilizar las conciencias para impedir el fracaso, por muchos deseado, del Tribunal internacional para los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia, y sobre todo para institucionalizar este instrumento de sanción internacional de los crímenes "contra la humanidad", se cometan en donde se cometan. Yo

también creo que no hay "vuelta de hoja" sin antes haber procesado "con igual imparcialidad a vencedores y vencidos, a grandes y pequeños, a maleantes balcánicos o a las grandes potencias de cuello blanco". De hecho, hace años que mantengo mi compromiso para construir el instrumento político indispensable - el partido transnacional - cuya meta consiste en este objetivo común: señor embajador podemos contar con su compromiso en esta difícil batalla?

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NUREMBERG, QUE JUECES?

Antigua Yugoslavia: el único tribunal es la ONU

Sergio Romano

(LA STAMPA, Jueves 3 de junio de 1993)

Contamos con un tribunal internacional para los crímenes de guerra que se cometen a diario desde hace casi dos años en la antigua Yugoslavia. Lo ha decidido el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la sesión del 25 de mayo, tras estudios jurídicos y negociaciones diplomáticas que se han dilatado varios meses.

Se producirán nuevos juicios de Nuremberg? Tendremos que construir nuevas horcas en alguna ciudad neutral de los Balcanes para ahorcar a los condenados a muerte? Deberemos enviar destacamentos de marines, carabineros y gendarmería militar para vigilar, tras la condena, que un diputado no se escape de la soga como Hermann Goering, con una cápsula de cianuro? tendremos que abrir de nuevo la cárcel de Spandau en donde Rudolf Hess, exento de su sano juicio, en el momento de la condena tuvo que vivir más de cuarenta años, antes de suicidarse, porque uno de los jueces, la URSS, le rechazó clemencia? Y cuáles son los delitos por los que condenaremos a los criminales serbios? Los mismos con los que se mancharon los franceses en Argelia, los americanos en Vietnam, los israelíes en el Líbano, los soviéticos en Budapest y en Afghanistán, los chinos en Tíbet, los vietnamitas en Camboya, los iraquíes en Irán y en Kuwait?

Cada cual que dé sus propias respuestas, según sus propias convicciones religiosas, cultura política, mentalidad jurídica. Pero quiénes a lo largo de los próximos meses quieran hablar de tribunales internacionales por crímenes de guerra haría mejor si se leyese el gran libro de Telford Taylor, "Anatomía de los procesos de Nuremberg" publicado por Rizzoli, con traducción de Orsola Fenghi. Taylor era coronel de los servicios secretos del ejército americano a finales de la guerra cuando Robert H. Jackson, juez del Tribunal Supremo, le pidió que se sumase al grupo de abogados de la acusación en vistas al gran juicio que se iba a celebrar en Nuremberg, el 20 de noviembre de 1945 contra 21 acusados entre los que figuraban Goering, Hess, Ribbentrop, Doenitz, Franck, Keitel, Schacht, von Schirach, Speer y von Papen.

El juicio estaba en mientras desde hacía un par de años y bajo muchos aspectos fue la inevitable conclusión de una cruzada antinazi que el conflicto había adoptado, sobre todo en su fase final. Fue necesario ponerse de acuerdo sobre las leyes y sobre los procedimientos que iban a aplicarse a lo largo del debate.

Los vencedores celebraron quince sesiones en Londres entre junio y julio de 1945 para redactar un código que fue definido, con pragmatismo anglosajón, "Carta". Predominaron las posturas más radicales y moralizadoras. Se decidió que el tribunal iba a juzgar, junto a los crímenes de guerra, los "delitos contra la paz", es decir las "guerras de agresión", y que iba a considerarles a los acusados hasta el delito típicamente anglosajón de "conspiracy" (complot, conjura, asociación para delinquir).

Todo o casi todo pasaba a ser susceptible de impugnación, castigable, desde el Anschluss con Austria en marzo de 1938 hasta la guerra contra Polonia en septiembre de 1939, desde la invasión de Bélgica y de Holanda, en mayo de 1940 hasta la operación Barbarroja en junio de 1941. Y si los imputados pretendían atrincherarse tras la disciplina militar (una orden es una orden, como dicen los alemanes) los jueces les acusarían de "conspiracy".

Hubo, sin lugar a dudas, momentos a lo largo del juicio en los que el tribunal y los abogados occidentales experimentaron cierta desazón. Muchos conocían el trato que dispensaba Stalin a los "kulaks" (nuevos ricos, n.d.t) de la época de la colectivización y a sus propios adversarios durante las grandes purgas de la segunda mitad de los Años Treinta.

Todos recordaban que la Unión Soviética había firmado un pacto con la Alemania nazi en agosto de 1939 y que se había servido de él para tomar gran parte de la Europa centro-oriental, desde el Báltico hasta Besarabia. Nadie ignoraba qué suerte les había sido reservada a los rusos y a los croatas que los ingleses habían entregado a las fuerzas soviéticas y a los partisanos de Tito en la primavera de 1945. Acaso no se trataba de un delito contra la paz, la guerra de agresión que la URSS había desencadenado contra Finlandia en noviembre de 1939? Acaso no era un crimen de guerra la masacre de oficiales polacos en el bosque de Katyn, de la que los soviéticos en Nuremberg se obstinaron en acusar a los alemanes, con gran incomodidad por parte de sus colegas occidentales?

Existieron otros motivos de incomodidad: el recuerdo de las bombas de fósforo con las que "Bomber Harris", brigada de la Raf, destruyó Dresde en los últimos ocho meses de guerra, y el de las bombas atómicas con las que los americanos habían concluido la guerra en Asia. Y cuando el brigada Raeder se defendió de la acusación de "conspiracy" por la agresión a Noruega sosteniendo que los ingleses se disponían a hacer tres cuartos de lo mismo, el Almirantazgo británico se negó a proporcionar la documentación exigida.

El proceso de Nuremberg fue sin lugar a dudas, desde el principio hasta el final, el proceso de los vencedores y se celebró con las leyes, las reglas y las excepciones que los vencedores decidieron imponer. Fue también injusto? Tras haber sido uno de los acusadores de Nuremberg, Telford Taylor se ve obligado a finales del libro a ponerse de parte del defensor.

De los argumentos a los que recurrir para justificar el proceso, uno me ha parecido particularmente válido. Los delitos cometidos por el régimen hitleriano y las agresiones sufridas por tantos pueblos europeos requerían una forma de justicia ordinaria. Era necesario, tal y como admitió un jurista alemán, "descargar la tensión entre vencedores y vencidos, poner el contador de la historia en posición cero, al menos formalmente. La otra solución - dejar que cada uno de los vencedores pasase por las armas a los jerarcas nazis tras un juicio sumario - hubiese parecido hasta por aquellos entonces inocua e insuficiente. Nuremberg fue por lo tanto un gran rito liberatorio.

Sin embargo, se equivocaron quiénes creían que el proceso iba a inaugurar una nueva fase histórica y que todo miembro de la comunidad internacional, a partir de aquel momento, iba a responder de sus propias acciones ante una gran instancia mundial. En los años que siguieron cada cual, en el mejor de los casos, empezó a tomarse la justicia por su mano, en su casa, según sus propias reglas. Israel procesó a Eichmann, los americanos procesaron a William Calley y a Ernest Medina por las masacres de Vietnam, Francia procesó a Klaus Barbie. Empezaron puntualmente los "delitos contra la paz", desde la invasión de Corea del Sur hasta la de Kuwait pasando por menores "operaciones de limpieza" en Grenada y en Panamá. Considerado en una perspectiva histórica, el proceso de Nuremberg no es una revolución jurídica, sino simplemente un modo solemne de ajustar las cuentas de la segunda guerra mundial.

Ahora, por lo que se ve, vuelta de hoja. Los serbios no serán juzgados por los vencedores, sino por un órgano independiente, constituido por las Naciones Unidas. Es este finalmente, el año I de la justicia internacional? Lo creeré cuando el tribunal haya demostrado poder juzgar con igual imparcialidad a vencedores y vencidos, grandes y pequeños, maleantes balcánicos y las grandes potencias con cuello blanco. Mientras tanto creo que conviene reservarse la opinión.

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LOS SERBIOS MALOS EN TELEVISION

Desconfiar de la justicia de los vencedores

Quién se acuerda de los genocidios del Alto Karabaj?

Sergio Romano

(LA STAMPA, 9 de junio de 1993)

Creo que seguiré desconfiando de la justicia internacional y de los tribunales para los crímenes de guerra hasta que los Estados no sean iguales ante la ley y la ley no sea »igual para todo el mundo . Ayer, en Nuremberg, las decisiones fundamentales - acusados, acusaciones, procesos, delitos y condenas - fueron tomadas por los vencedores. Actualmente, corremos el riesgo de procesar a los imputados escogidos por la televisión, a aquellos que los medios de información proponen a nuestra rabia y a nuestra indignación. Lo mismo sucede en el Alto Karabaj y en Georgia, pero esos son países lejanos y poco telegénicos. Para nuestra dosis de indignación cotidiana bastan los serbios que en el gran serial bosnio cada noche interpretan el papel de Von Stroheim en sus primeros filmes americanos: »el hombre que querrías odiar . Salvemini dijo en cierta ocasión a sus amigos de "La Voce": si queréis que os diga dos verdades y vosotros me permitís decir sólo una, me obligáis a mentir. Tres cuartos de lo mismo se puede decir

de la justicia internacional. Mientras la elección de los acusados corresponda a los vencedores, a la televisión, o a un órgano internacional - la Asamblea de la Onu, a la que le tocará designar a los jueces, en donde pocos son los inocentes y muchos los pecadores, contaremos sólo con una verdad a medias y una sustancial injusticia.

 
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