Marco TaradashCon la represión el Estado ético se ha rendido ante los señores de la droga
SUMARIO: Raymond Kendall, desde hace muchos años, "secretario general de la Interpol", sostiene que "la guerra contra la droga está perdida" y que la "mafia de la droga ha vencido a sus adversarios". Al igual que Giuseppe Di Gennaro, ex "Zar antidroga de la ONU", también Kendall denuncia el balance "en rojo, repleto de catástrofes militares, fracasadas misiones agrícolas y despilfarro de dinero". Pero asimismo el ministro del interior italiano, Mancino, advierte de que "la presencia y la potencia de la mafia está creciendo continuamente". El prohibicionismo "obliga a todo el mundo a pagar un impuesto absurdo de violencia, corrupción, enfermedades, degradación civil, e institucional". Tras la política de la represión existe "el valor simbólico de la prohibición". " Es posible cambiar de camino?" La CORA, la Lia y el mismísimo partido radical han emprendido luchas en esta dirección.
(1994 - IL QUOTIDIANO RADICALE, 4 de noviembre de 1993)
Raymond Kendall no es un antiprohibicionista. Es un polcía británico, desde hace muchos años secretario general de la Interpol. Es, hoy por hoy, la máxima autoridad internacional en materia de lucha contra el crimen. La guerra contra la droga está perdida - dice Kendall - y la mafia de la droga ha vencido a sus adversarios en todos los frentes principales, el de la producción, el de la distribución y el del consumo. Sus palabras no esconden ningún prejuicio ideológico, o una intuición lógica. Se debe a su experiencia de lucha contra el crimen lo que le induce a hacer declaraciones que poseen el tono angustioso de un llamamiento. Llamamiento a cambiar de política, a escoger armas más eficaces y más concretas.
Cualquier persona con buen sentido común lo haría, ante un cuadro de problemas como el producido por el prohibicionismo internacional: la delincuencia urbana y menor de edad crece progresivamente, el Sida que se difunde sin posibilidad de contraste, el dinero de la droga que sigue derramándose en los mercados internacionales de la economía y de la financia, riéndose de las reglas sagradas de la competencia entre las empresas, insinuando el veneno de la riqueza fácil y de la violencia en toda capa social, hasta llegar a apagar las esperanzas de rescate civil de enteras regiones.
La de Kendall no es la primera declaración de rendimiento ante el crimen procedente de los supermen de la política antidroga. Recuerdan el libro-confesión de Giuseppe Di Gennaro, durante nueve años, y hasta 1991, Zar antidroga de la ONU? Un balance en rojo, rebosante de catástrofes militares, fracasadas misiones agrícolas y despilfarros de dinero. Y precisamente, a principios de octubre, el ministro del interior Nicola Mancino nos ha hecho saber que la presencia y la potencia de la mafia se halla en continuo crecimiento, "tanto en Palermo como en Lecco", a pesar de los ataques que le han sido propinados.
El número uno de la ONU, el número uno de la Interpol, el responsable número uno del orden en Italia, todos divulgan el boletín de la misma derrota. No parece ser suficiente para hacerles entender a los gobernantes del mundo una cosa básica: que la lucha contra la droga y la toxicomanía no es una cuestión de policía, y que sólo una sociedad y un Estado que abdican ante la tarea fundamental de educar con la libertad a la libertad pueden transformar un problema individual y social en un azote criminal sin precedentes. Si, de hecho, el consumo de las drogas ilegales está relacionado con un número muy bajo de personas, la ley que las hace ilegales implica a todo el mundo, y obliga a todo el mundo a pagar un impuesto absurdo de violencia, corrupción, enfermedades, degradación civil e institucional. De esta manera, en vez de circunscribir el problema y facilitar intervenciones personalizadas para los toxicómanos, el prohibicionismo lo que hace es dilatar desproporcionadamente su tamaño, y mientras que convierte en
incurable el mal que quiere eliminar, provoca otros cien peores todavía.
Tras las políticas basadas en la represión, existe la confianza en el valor simbólico de la prohibición; prohibir el uso de una sustancia peligrosa es para muchos una excepción razonable a las reglas del derecho liberal, según la cual se deben prohibir por ley sólo los comportamientos que dañan a terceras personas. Y sin embargo, nunca como en este caso, los aprendices de brujo del Estado ético se han equivocado. Un aparentemente pequeño esguince a la regla de la libertad se ha transformado en amenaza contra la vida y la felicidad de todo el mundo, y la "banal" prohibición de fumarse un porro está causando una tragedia planetaria cuyo resultado final ignoramos todavía.
Es posible cambiar de camino? Años y años de luchas radicales demuestran que sí. El referéndum contra la ley Jervolino-Vassalli promovido por la Coordinación radical antiprohibicionista (CORA) y por el Partido radical, vencido tras y contra años de desinformación, demuestra que la partida está abierta. A pesar del dinero de la narcomafia, y a pesar de los privilegios de las burocracias antidroga. En Italia, la Cora está luchando por la legalización del cannabis índico y de sus derivados, primer paso hacia una completa y clara reglamentación legal de todas las sustancias prohibidas. A nivel internacional, el Partido radical ha emprendido, en estrecha colaboración con la Liga Internacional Antiprohibicionista (Lia) federada al mismísimo Pr, una campaña para denunciar, antes de cinco años, la convención de Viena así como las demás convenciones internacionales que imponen a los gobiernos una ciega adhesión al régimen prohibicionista.
Marco Taradash