Listas federalistas europeas en todos los países de la Comunidad en las próximas elecciones del Parlamento EuropeoGianfranco Dell'Alba
SUMARIO: A pesar del voto a favor de Alemania, el Tratado de Unión Política y Económica Europea "nació muerto, en cualquier caso obsoleto". Los ingleses, pero también los alemanes y los franceses, están elaborando "escenarios para actualizar las instituciones 'comunitarias". "Es una "Europa de pacotilla de pequeños pasitos ... que se desmorona miserablemente ante la Historia". Se llega a esta situación precisamente cuando todos preconizaban que 1992 y 1993 iban a ser decisivos en el "salto hacia adelante" del proyecto unitario. Los radicales pueden "vanagloriarse con orgullo de haber sido críticos acérrimos" del Tratado de Maastricht desde un primer momento. El partido de los próximos meses será decisivo para la "mismísima existencia de la Comunidad". La falta de un verdadero "proyecto ambicioso" en sentido "federal", los errores de la Comisión europea son una de las causas de la crisis en la que sólo los enemigos de Europa pueden "mover sus fichas". Así pues, corresponde al partido radical asumir nuevas res
ponsabilidades y, aceptando la provocación de Delors, empezar a organizar "una alternativa casi referendaria" para las elecciones del próximo junio. Tienen que realizar listas "federalistas europeas", a presentar en todos los países, con un reimpulso fuerte del proyecto unitario.
(1994 - IL QUOTIDIANO RADICALE, 8 de noviembre de 1993)
Nos hallamos en la última ronda antes de las próximas elecciones europeas de junio de 1994. Alemania está ratificando los acuerdos de Maastricht y a finales de mes tendremos el Tratado de Unión Política y Económica Europea. Un Tratado, este verano nos ha dado una lección inequívoca, que ha nacido muerto, en cualquier caso obsoleto con respecto a los problemas que mientras tanto se han presentado. Problemas que la Comunidad ha sido incapaz de afrontar, y que por lo tanto difícilmente podrá resolver ante el lento pero inexorable incidir de la re-nacionalización y de la dilución de lo poco que se había construido. Un Tratado, por último, que sus mismísimos autores están enterrando antes de que entre en vigor. Los ingleses están haciendo que Major patrocine un proyecto de Constitución europea totalmente nuevo. Se dice ha sido elaborado por un grupo de "expertos independientes", pero en realidad ha sido cocinado por el Foreign Office, que pretende cerrar de una vez por todas la Comunidad, en beneficio de una ampl
ia área de cooperación intergubernamental. Alemanes y franceses intentan aprovechar el desconcierto debido al fracaso de la Unión monetaria para elaborar escenarios de actualización de las instituciones "comunitarias", las primeras el Parlamento y la Comisión.
Desde la antigua Yugoslavia hasta el fracaso del principio de la estabilidad de los cambios y de una falacia monetaria sin política económica común (que tenía que ser la clave del edificio europeo) hasta aquel proceso de paz en Oriente medio en la que Europa ha sido protagonista gracias ... al gobierno noruego. Es la Europa de pacotilla de pequeños pasitos, del quiero pero no puedo, de los pequeños compromisos y de las pequeñas mezquindades que se desmorona miserablemente ante la Historia, ante los muros de la división que parecen cada vez más altos, sin que se logre proponer un camino "político" para crear lo posible en vez de consumirlo tal vez para siempre.
Y hemos llegado a todo esto precisamente cuando, por el contrario, según los grandes arquitectos de esta Europa - empezando por Jacques Delors y François Mitterrand - el 92 y el 93 tenían que ser decisivos para el "gran paso hacia adelante" de la Europa unida. El Acta Unica y el mercado único del 92, decían, nos permitirán dar un salto de calidad hacia una verdadera Unión Política y Económica. Por el contrario, nos hallamos a finales del 93 y no tenemos ni la Unión ni el Mercado, por lo menos como espacio de libre circulación de las personas y no sólo de las mercancías. En cuanto a los capitales, tal y como se ve «cuánto menos circule mejor!
Los radicales podemos estar bien orgullosos de haber criticado ardientemente el Tratado de Maastricht desde el principio. Pocos estaban de parte de los radicales, aquella mañana de diciembre de 1991, cuando nos manifestamos ante las puertas de la Cumbre europea para intentar que no se estableciese el acuerdo con el que Major, cuando volvió a su patria, acuño la desagradable frase estilo deportivo: "Juego, partido, encuentro" para Gran Bretaña.
Falta un proyecto
ambicioso
Ante todo ello, qué hacemos? El partido que se jugará en los próximos meses será resolutivo, realmente, en un sentido o en otro. Esta vez la puesta en juego no es tanto el déficit democrático de las instituciones europeas - y por lo tanto, por ejemplo, si darle más poder al Parlamento - sino la existencia o no del P.E. a pesar de sus modestos poderes actuales. No ya por la degradación mayor o menor de federalismo a introducir en la estructura comunitaria, sino la existencia misma de la Comunidad. En resumidas cuentas, el fracaso de Maastrich es asimismo el fracaso de la teoría que ha presidido hasta ahora el destino de la Comunidad: "vamos, pongamos en común sector por sector, a partir de la economía, y la integración política será inevitable". No ha sido así, es más este tipo de modelo exento de contrapesos democráticos y exageradamente centralista ha acabado por hacer pasar por buena la tesis por la que sólo devolviendo cada vez más competencias a los Estados nacionales, se iban a encontrar bases democrát
icas para seguir juntos.
En las próximas elecciones les toca
a los radicales
La falta de un proyecto ambicioso y coherente en sentido federal, y los errores de la Comisión europea son una de las causas principales de una situación en la que sólo los enemigos obstinados de la construcción europea pueden mover sus fichas, dispuestos a dar la estocada final al modelo actual de la Comunidad y a su embrión de estructura federal, en beneficio de una especie de "Santa Alianza" de los gobiernos.
Bien, ante todo ello la Europa "oficial" se queda muda: mudos los europeístas de pacotilla que pontificaban sobre Maastricht, mudos los prestigiosos jefes de Estado y de gobierno, mudo el mismísimo Parlamento europeo, que asiste inerte a los proyectos de su virtual disolución.
Ha llegado el momento de que el Partido radical reanude de nuevo el liderazgo de una iniciativa fuerte, acreditada, transnacional, para hacer frente al intento de malvender y construir en cambio la Europa federal, los Estados Unidos de Europa del proyecto Spinelli (1), de las batallas de todos estos años.
El presidente de la Comisión CE, Jacques Delors, que tiene el arte de lanzar hermosos proyectos y luminosos escenarios sobre todo en los lugares y con los plazos que de por sí impiden su aplicación por mínima que sea, ha llevado a cabo una vez más una de sus pequeñas obras maestras oratorias, dejándose escapar la idea de que quién propugna esta política, esta exigencia de reivindicar una Europa federal, se una a través de las fronteras nacionales y partídicas ya a partir de la próxima campaña electoral para el PE, poniendo e imponiendo este objetivo, esta meta común.
Pues bien, es necesario que suceda de veras. Es necesario proponer una alternativa casi referendaria a los electores del próximo junio. La consulta popular francesa y danesa sobre Maastricht han demostrado que Europa divide los partidos, las alineaciones nacionales tradicionales, la "derecha", la "izquierda", los Verdes, precisamente porque se trata de un tema "fuerte", de una dimensión de por sí que cabe afrontar como tal.
Son necesarias listas "federalistas europeas" a presentar en todos los países porque al respecto - sobre qué Europa se quiere, sobre por qué se es elegido en Estrasburgo, para hacer el qué - se instaure un debate electoral, en el momento en el que la exigencia de Europa surge no sólo de los países escandinavos y de Austria, sino de todos los países de Europa central y oriental, para los que el estar anclados a una Europa democrática puede representar la salvación con respecto a una más que probable involución autoritaria y nacionalista. Es necesario un fuerte reimpulso, inmediatamente, con respecto a los proyectos (Andreatta, por ejemplo, ha retomado la vieja idea a quiénes quieran de una integración federal, con seis o siete países). En resumidas cuentas, es necesario comprometerse para que la idea de una federación de los pueblos, de las regiones de Europa no se entierre para siempre.
Por ello, es necesario dar fuerza al Partido radical: juntos, tal vez, lo lograremos.
N.d.T.
(1) SPINELLI ALTIERO . (Roma 1907 - 1922). Encarcelado durante el fascismo (desde 1929 hasta 1942) por sus actividades antifascistas, pues fue líder de las juventudes comunistas. En 1942, escribió con Ernesto Rossi, uno de los fundadores del Partido radical, el Manifiesto federalista de Ventotene, en el que se afirma que sólo una Europa federal podrá vencer definitivamente los peligros de un retorno de las guerras fratricidas en el continente europeo. Al final de la guerra fundó junto a Rossi y Eugenio Colorni, entre otros, el Movimiento federalista europeo, y después pasó a ser miembro de la Comisión europea, siguiendo de cerca y criticando la evolución de las estructuras comunitarias. En 1979 fue elegido diputado en el Parlamento europeo por las listas del Partido Comunista Italiano (PCI), y se convirtió en el cerebro del proyecto de tratado que fue posteriormente adoptado por el Parlamento europeo en 1984 y más conocido como "Proyecto Spinelli".