Olivier DupuisOlivier Dupuis, radical, no violento en el frente del derecho
SUMARIO: Dupuis defiende la iniciativa con la que participó junto a Pannella y a otros militantes no violentos, de vestirse simbólicamente con el uniforme croata y transcurrir Navidades y Año Nuevo de 1991 en las trincheras croatas de Osijek. Para él, no violento radical, el rechazo del uniforme no está motivado por razones ideológicas, sino por la convicción de la inutilidad de la defensa y del ejército nacional. En cambio, se vestiría, totalmente coherente con su elección de ser objetor, el uniforme de un ejército de paz de las Naciones Unidas. Por lo tanto, ninguna contradicción ideal con la iniciativa "ejemplar" y de "solidaridad con el agredido" en la Antigua Yugoslavia.
(1994 - IL QUOTIDIANO RADICALE, 9 de noviembre de 1993)
En diciembre de 1991, por Navidad y Año Nuevo, pasé unos días en las trincheras de Osijek, la ciudad de Eslavonia asediada por los serbios, en solidaridad con los croatas agredidos. Me hallaba junto a Marco Pannella y otros militantes radicales. Nos vestimos con el uniforme croata. Se nos echó en cara: " No es una contradicción vosotros que sois antimilitaristas y no violentos?"
Habíamos discutido de ello, ya en Roma, con Marco. Al principio, yo estaba algo perplejo, advertía el peso de la pregunta. En 1985, en mi país, Bélgica, pasé 11 meses en la cárcel por haber rechazado dirigirme a la unidad militar que me había sido asignada para el servicio militar obligatorio. Había motivado mi rechazo con algunas convicciones concretas: pensaba, en el contexto de por aquel entonces, que tanto la defensa militar como la llamada alternativa civil eran incapaces de hacer frente a las verdaderas amenazas contra la paz y la seguridad, la ausencia de democracia en el Este y del derecho a la vida en el hemisferio sur. Estaba inscrito al Partido radical desde 1981, había trabajado con empeño en la batalla contra el hambre en el mundo y en 1982 para promover la aplicación de la llamada "Ley de Supervivencia" votada por el Parlamento de mi país, había estado en huelga de hambre durante cinco semanas. En 1982, me arrestaron en Praga junto a otros tres radicales por haber distribuido octavillas a favor
de la democracia, de la Vida del Derecho y del Derecho a la Vida: nos tuvieron dentro durante tres días y luego nos expulsaron de Checoslovaquia. Pero precisamente porque soy un radical "no violento", no soy un pacifista "genérico". Soy contrario a vestirse de uniforme no por odio religioso o por desprecio por el uniforme o por quién lo lleva. Sencillamente, no creo que los ejércitos puedan hoy en día funcionar como instrumentos de paz. En primer lugar porque son ejércitos "nacionales". Los recientes acontecimientos del Este europeo me dan razón. Los países que ocupan ahora el lugar de la Unión soviética o de Yugoslavia pretenden afirmar sus identidades expulsando como "extranjeros" a aquellos que hablan otras lenguas o profesan otras religiones. Es la aberrante filosofía de Hitler, "Ein Volk, ein Recht", que ha conducido a la segunda guerra mundial: un regreso a la barbarie.
Pero si el día de mañana, la ONU pudiese estar provista de una fuerza autónoma de intervención, de carácter transnacional y por lo tanto libre de los chantajes de los distintos países, que tuviese por objeto operaciones de "peacekeeping" o de "peaceenforcing", no objetaría a vestirme con el uniforme, es más lo consideraría un deber concreto, para mí que soy no violento. Yo les diría lo mismo a todos los objetores. Existe, en resumidas cuentas, coherencia histórica y teórica, entre mis decisiones de ayer y las de hoy. Por estos motivos, ya por aquel entonces maduros en el partido y en mí mismo, no existía contradicción entre mi objeción de conciencia y el vestir - ejemplarmente, por solidaridad con el agredido - el uniforme croata, en 1991, en Osijek.
Olivier Dupuis