Emma BoninoSUMARIO: Carta de la secretaria general del Partido radical con la que, tras haber informado sobre las campañas políticas y las iniciativas que no ha sido posible poner en marcha, lanza un llamamiento para la inscripción al PR de 1994.
--------------------------------------------
Baltimore, 17 de noviembre de 1993
Queridas amigas, queridos amigos:
en febrero de este año, cuando el "milagro italiano" hizo posible la vida del Partido radical transnacional y transpartídico de 1993, sabíamos que a principios de 1994 se iba a replantear la cuestión de la existencia del Partido. De hecho, el dinero obtenido gracias a la generosa respuesta de confianza de los 37 mil inscritos italianos (más de 8 millones de dólares) han permitido cancelar las deudas progresivas y las inversiones necesarias para la actividad de los últimos diez meses. A finales de enero agotaremos el dinero que queda. Sabíamos que la aportación una tantum de dicha cantidad de dinero no iba a garantizar la vida del Partido. Tal y como dijimos, de hecho: sólo treinta mil inscritos con cuota "occidental", cada año, pueden garantizar la vida de las ideas y de las esperanzas del Partido radical.
Los 37 mil inscritos italianos de 1993 han permitido para este año la posibilidad de que viva nuestra "razón social": hallarnos, darnos fuerza recíprocamente, en el Partido que, con la no violencia, crea derecho supranacional de la persona y conquista efectivas instituciones supranacionales capaces de garantizarlo.
El pasado 2 de noviembre, entregamos personalmente al Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Boutros Ghali, las 75.000 firmas recopiladas en todo el mundo para los llamamientos a favor de la inmediata institución del Tribunal Internacional que juzgará los crímenes cometidos en la Antigua Yugoslavia. El asentamiento, hoy, en La Haya, del tribunal Internacional, representa por una parte un primer paso hacia una jurisdicción internacional, es decir la creación de un Tribunal permanente que juzgue los crímenes contra la humanidad cometidos en cualquier lugar del mundo y, por otra, un primer éxito de nuestra acción. Es cierto que no podemos volver atrás: los criminales de guerra tendrán que ser juzgados y castigados. Pero tiene razón Boutros Boutros Ghali, que al agradecer a través de mi persona a los signatarios, subrayó que sin el apoyo de los grupos parlamentarios, personalidades de la cultura y Organizaciones No Gubernamentales, la iniciativa podría correr el riesgo de fracasar. Tendremos que esta
r alerta y actuar para que el Tribunal cuente con los instrumentos técnicos y financieros para trabajar y para que los violadores, los torturadores y sobre todo los "señores de la guerra" sean conducidos ante el tribunal que les juzgue.
Os escribo estas líneas desde Baltimore, en donde me encuentro para asistir a la "Transcontinental Conference on the harm Reduction Policy", organizada por la "Drug Policy Foundation" y por la "European Cities on Drug Policy".
A los representantes y a los alcaldes signatarios de la Resolución de Frankfurt ilustraré esta tarde el punto central de nuestra acción en materia de droga: atacar a los instrumentos jurídico-institucionales que determinan la opción prohibicionista, la convención de Viena de 1961/1972, la de 1971 sobre las sustancias psicótropas y la convención sobre el comercio de las drogas de 1988; afirmar que las libertades personales se hallan en peligro cuando un Estado pretende entrometerse en la vida privada de los ciudadanos persiguiendo penalmente comportamientos - como el de ingerir drogas - que de por sí no dañan a los demás ciudadanos. Diré que el Partido radical no dejará solos a los que en el mundo consideran - como Justavo Degrieff, fiscal general de Colombia o Jaime Paz Zamora, presidente de Bolivia - que la guerra contra la droga es una guerra perdida y que "la legalización es hoy por hoy la única solución posible".
Cuando recibáis esta carta, se habrá celebrado ya en Bruselas el Congreso de fundación de la "Liga internacional para la abolición de la pena de muerte antes del año 200", que quiere promover y organizar una campaña abolicionista con una agenda concreta, que se desarrolle a lo largo de los próximos siete años y que detecte los objetivos políticos y jurídicos intermedios para abolir la pena de muerte de las ordenaciones penales y de las constituciones de todos los países del mundo.
No hemos logrado, a lo largo de estos meses, dar eficacia operativa a tres objetivos establecidos en la moción del Consejo General de Sofía del pasado año: la iniciativa en materia medioambiental (la institución de una Comunidad paneuropea de grandes ríos y de vías fluviales; el derecho a la información; la acción para el cierre de las centrales nucleares peligrosas y el desarrollo de la eficacia energética, sobre todo en la zona de la Europa centro-oriental); el compromiso en los Parlamentos y en las organizaciones internacionales como apoyo de la difusión y la progresiva adopción - incluso formal - de una Lengua Internacional; la realización de un noticiero parlamentario y de las relativas estructuras de servicio en los distintos parlamentos.
No ha sido por falta de voluntad. Sino por falta de dinero, de recursos.
Una vez más tendremos que intentar obtener el dinero que necesitamos en Italia. En una situación de gran dificultad. Italia está atravesando una gravísima crisis, que afecta a todo y a todos y que corre el riesgo de producir, de no gobernarse, resultados peligrosos. La partidocracia y la utilización con finalidades privadas del dinero público por una parte, la falta del respeto de las reglas y del derecho por otra, han producido una situación explosiva, en la que es sumamente difícil delinear a corto o a largo plazo una practicabilidad democrática.
A principios del mes de noviembre, inauguramos en Italia la campaña de inscripción al Partido radical de 1994, enviando a los 37000 inscritos italianos de 1993, veinte números de un diario. Ha sido un esfuerzo económico muy grande (120.000 dólares), que confiamos pueda garantizar para 1994, junto a otros medios que a lo largo de la campaña de inscripciones tendremos que inventarnos y practicar, el número de inscritos italianos de 1993.
El llamamiento que os dirijo, queridas amigas y amigos, es que garanticéis para 1994 vuestra inscripción. Lo antes posible. En 1993 han sido casi 5.000 los ciudadanos no italianos inscritos. Residentes en más de 60 países. Entre ellos: 17 miembros de gobierno; 19 parlamentarios europeos; 531 parlamentarios nacionales; 35 miembros de asambleas de Estados no reconocidos; exponentes de más de 80 formaciones políticas nacionales. La calidad del compromiso de cada cual ha permitido que viviesen nuestras ideas desde Moscú hasta Ouagadougou, desde Kiev hasta Tirana, desde Bucarest hasta Zagreb, desde Tblisi hasta Sofía. En situaciones muy difíciles, incluso desesperadas. En estos momentos pienso en nuestro compañero y amigo Mohamed Kresevljakovic, el alcalde de una Sarajevo todavía asediada e ignorada por el occidente rico y opulento. Ese mismo occidente que hace que nazcan y vivan a finales de este siglo los demonios que creíamos enterrados para siempre, los exterminios, las guerras, los fantasmas y que parece ign
orar - salvo los 37 mil italianos - la esperanza no violenta gandhiana del Partido Transnacional y Transpartídico, del Partido del derecho a la vida y de la vida del derecho.
Esta esperanza podrá realizarse sólo gracias a vuestra ayuda, con vuestra inscripción a 1994.
Quisiera leer lo antes posible vuestros nombres en el cupón de inscripción, las cartas en las que se confirma vuestra decisión de ser, estéis en donde estéis, Partido radical.
Con este deseo para vosotros y para mí misma, me despido con mucho cariño.