Antonio MartinoSUMARIO: Recuerda que el verdadero motor de una economía de mercado es "el principio del beneficio y de las pérdidas, que son tan importantes cuanto el beneficio". Analiza las características de una "empresa responsable" para cuyo funcionamiento "interés privado e interés general coinciden". La intervención pública genera, en economía, los peores desastres. Lo que se dice de la economía pública se aplica también "para aquellas empresas privadas que se alegran mucho de estar protegidas por el principio de irresponsabilidad". Recuerda las advertencias de Salvemini sobre la economía fascista.
(1994 - IL QUOTIDIANO RADICALE, 22 de noviembre de 1993)
Se sigue repitiendo, con asiduidad digna de mejor causa, que la esencia de la economía de mercado es el deplorable móvil del beneficio. Esta verdad a medias parece inmortal, pero no ayuda en absoluto a comprender la naturaleza de una economía libre. Esta última, en realidad, se basa en la responsabilidad personal de los actores de las decisiones económicas, es decir en el principio del beneficio y de las pérdidas, que son tan importantes cuanto el beneficio, o hasta más. A falta de que cada cual se asuma directamente su responsabilidad, es decir, a falta de un mecanismo correcto de beneficios y de pérdidas, el resultado consiste en una utilización irracional de los recursos así como su estancamiento. Para darse cuenta de ello no hace falta remitirse a la experiencia de los países comunistas, en los que el abandono del móvil del beneficio ha determinado la más colosal catástrofe económica, social y medioambiental de la edad moderna; no hay más que echarle un vistazo a lo que ha sucedido con nuestras Participa
ciones Estatales, cuyo vergonzoso estado de desconcierto si bien consolida la postura de los que no creen en la presencia pública (rectius, política) en la economía, confirma una antigua pero demasiado olvidada verdad.
En ausencia de intervención pública, la empresa responsable puede perseguir su interés sólo a condición de servir al interés general de sus clientes: para realizar útiles tiene que ofrecer bienes o servicios que merezcan ser comprados y que sean producidos a costes competitivos. Cuanto más se sirvan los intereses de los compradores, más comprado será el producto y mayores serán los ingresos y los útiles. Interés privado e interés general coinciden. Cuando, por el contrario, interviene la política, la cosa cambia: las subvenciones públicas esconden pérdidas, la empresa pasiva pasa a ser algo posible. En ese caso, el interés general se subordina al de los factores productivos utilizados en la empresa. Estos últimos reciben una renta que no producen, lo que significa que algún otro produce una renta que no recibe. La empresa pasiva constituye un instrumento de redistribución de la renta (y de poder) del sector productivo y eficaz al político asistido.
Habrán notado ustedes que he hablado en general de empresa "pasiva" sin especificar si "pública" o "privada". La explicación es sencilla: las mismas consideraciones que se aplican a las empresas - por ejemplo - paraestatales, valen para las empresas privadas que se alegran sumamente de estar protegidas por el principio de irresponsabilidad y obtener subvenciones públicas, confirmando de esta manera que la observación de Gaetano Salvemini sobre la Italia fascista sigue siendo válida: "En la Italia fascista, el beneficio es privado e individual, las pérdidas son públicas y sociales". La praxis de subvencionar empresas privadas ineficaces o mantener en pie sociedades paraestatales en derrumbe, tal vez con la noble justificación de velar por los niveles de empleo, no se puede defender a nivel de la eficacia y de la ecuanimidad, contraria a los acuerdos europeos, y sobre todo causante de ese infausto casamiento entre política y economía que ha apestado Italia con el sistema de corrupción más capilar y difundido e
ntre los países occidentales. De hecho, dichos subsidios substraen recursos a quiénes los podrían emplear de forma útil para atribuirlos a empresas ineficaces. Sacan dinero de los bolsillos de todo el mundo, incluso de los pobres, para meterlos en las de los empresarios que no son precisamente indigentes; violan las normas europeas sobre la competitividad y ofrecen grandes ocasiones de corrupción a políticos, partidarios y especuladores. Para que funcione semejante sistema de reglas sin el que el mercado no existe, la receta es poco original pero insustituible: echar a los políticos de la economía y restaurar la ética de la responsabilidad. Dicha receta se aplica tanto al sistema para-estatal, que hay que desmantelar y devolver a la disciplina de mercado, como a los empresarios privados, que tienen que quitarse esa fea costumbre de andar beneficiándose de subsidios, ayudas y demás. La disciplina del mercado, en ausencia de intrusiones de los políticos es el único método eficaz para tener bajo control la que
Adam Smith había dado en llamar "la baja rapacidad y el espíritu de monopolio de mercaderes y manufactureros".
N.d.T.
(1) SALVEMINI GAETANO . (Molfetta 1873 - Sorrento 1957) historiador y político italiano. Socialista desde 1983, meridionalista, fundó la revista semanal "L'Unità", en la que tuvieron lugar importantes debates. En 1925, fundó en Florencia con los hermanos Rosselli, el periódico clandestino antifascista "Non Mollare" y posteriormente se refugió en el extranjero y llevó a cabo una gran campaña contra el fascismo.