Intervención de Marco Pannella ante el PE del 14 de febrero de 1980
SUMARIO: La política no tiene que divorciarse de la ciencia para seguir tal o cual demonología: cabe preguntarse qué es lo que quiere decir "droga". La droga que estamos tratando nosotros es la "que quita la libertad, no la que quita la salud..." Por lo que no hay drogas "blandas" y drogas "duras", no tiene sentido distinguir entre droga-alcohol y las demás. Y es inútil advertir de los riesgos del pasar de la droga blanda a la dura. En resumidas cuentas, el Parlamento europeo no tiene que seguir fantasmas ni "demonios interiores": tiene que limitarse a actuar en las leyes económicas que crean "la propagación de la droga dura", eliminando el "beneficio" que es su verdadero incentivo. La penalización obtiene "introducir la ley económica del beneficio como móvil de la industria de la muerte". Las posturas prohibicionistas son "ridículas y trágicas", expresan una cultura de clase y "racista", "eurocéntrica". Es necesario indagar "en las posibilidades y los peligros del antiprohibicionismo", y cabe esperar que la
Comisión quiera "promover el estudio crítico del tema en su totalidad".
(1994 - IL QUOTIDIANO RADICALE, Speciale Parlamento europeo, 26 de noviembre de 1993)
Quería sencillamente decir, señora Presidenta, que cuando la política se divorcia de la ciencia para perseguir la demonología de este o del otro, de la política no cabe esperar más que desastres.
Qué quiere decir droga, señora Presidenta, según la ciencia? Según la farmacología y la farmacopea cabe considerarse drogas sin lugar a dudas el alcohol, el té, la cafeína, pero sobre todo todos los tranquilizantes o excitantes que trata la inmensa industria de la droga internacional. De qué tenemos que ocuparnos nosotros? Del drogadicto: es decir de aquél que, en cuanto tal, es peligroso para sí y para los demás. Para el político, para el derecho positivo, para la sociedad lo que da miedo es, precisamente, la condición de irresponsabilidad atroz y de peligro - para sí y para los demás - del drogado.
Y entonces, señora Presidenta, qué significa todo esto? Que la droga de la que estamos tratando es la droga que quita la libertad, no la que quita la salud - porque también la estricnina, porque otras mil cosas quitan la salud. Droga es lo que quita la libertad y la responsabilidad y que se convierte en un peligro social.
Por lo que no existen las drogas blandas ni las drogas duras. Sería tal vez droga blanda la "droga alcohol"? Nosotros estamos debatiendo continuamente la producción del vino, para producir y consumir cada vez más. Pues bien, la "droga alcohol" es responsable del 50% de los muertos por accidentes de carretera. Es atroz y peligroso, desde luego. Pero hay una contradicción en lo que decís: el tabaco y el vino crean dependencia y adicción, crean situaciones de carencia física y por lo tanto son droga. Mientras que los derivados del cannabis índico, según la Organización Mundial de la Salud y noventa años de estudios científicos siempre corroborados, crearán todos los daños que se quiera pero no la dependencia física, no la adicción, no la crisis de abstinencia, de peligrosidad para sí mismo y para los demás. Se dice que existe el riesgo de pasar de una a otra droga. Pero, señora Presidenta, es el mismísimo paso que existía en los años 30 en Estados Unidos entre el consumo de alcohol en periodo prohibicionista y
las apuestas clandestinas en dicho periodo. Puesto que los traficantes, el comercio clandestino prohibicionista, con la ley del beneficio, vinculada tanto al alcohol como a las apuestas clandestinas, facilitaban estas transgresiones de la ley, a menudo quién consumía alcohol pasaba a hacer apuestas clandestinas. Es la ley la que crea la relación. El hachís, la marihuana son una no-droga, el tabaco, el alcohol de vuestras empresas de beneficio capitalista, el whisky, son asesinos y crean dependencia, así como otras cosas. Por lo tanto, señora Presidenta, cuál es el problema que un Parlamento serio se plantea? No el de perseguir sus demonios interiores, intentando precisamente evocar el demonio, los filtros peligrosos; sino que lo que tiene que hacer es actuar sobre las leyes económicas y sociales que crean precisamente la propagación de la droga dura, tanto si es alcohol como si es heroína.
Y cuál es señores del libre mercado y de la ley del beneficio, de la ley del beneficio de esta Asamblea, cuál es el incentivo de la droga dura si no el beneficio que se instala con el prohibicionismo? En los años 30, con el prohibicionismo, en América había alcohólicos, y nacía la mafia del beneficio. Ustedes, con la penalización, lo que están haciendo es introducir la ley económica del beneficio como móvil de la industria de la muerte, y no es casualidad que en Bruselas el gran tutor del Estado contra la droga fuese el primer traficante de droga. No es casualidad que en la Francia de De Gaulle, madame Chouraqui y monsieur Debré, la DST haya sido cogida con las manos en la masa mientras favorecía y financiaba sus actividades a nivel internacional protegiendo a nivel internacional a la mafia de la heroína. Y en la Marsella socialista, todos sabemos qué es lo que sucedía cuando los hermanos Guerini, respetables, eran los que precisamente protegían estos comercios.
Por lo tanto, en primer lugar, yo acuso de irresponsable demagogia a todos aquellos que siguen diciendo, contra las afirmaciones científicas, que el hachís es una droga blanda: es una no-droga. Si realmente no son hipócritas ni criminales, propongan entonces leyes penales contra ese alcohol cuya producción quieren difundir, que apoyan a todos los niveles, y que provoca desastres sociales en Francia, en Italia y en Alemania (...)
Señora Presidenta, no es verdad que el ridículo mata: «desde luego a quiénes no mata es a los que son responsables de él! Las posturas prohibicionistas son ridículas y trágicas. Conocemos sus resultados. Los que piden cada vez más represión no hacen, probablemente, más que proyectar hacia los demás sus propios demonios interiores para que sean los demás los que defienden la pureza y la bondad.
La diferencia esencial entre el régimen prohibicionista y el régimen antiprohibicionista es que en el primer caso la heroína va en busca de niños mientras que en el segundo son los niños los que van en busca de la heroína.
Se hace a diario demagogia sobre los entuertos del resultado de las leyes y no de la droga en sí. No se puede atacar al alcohol para no enemistarse a los productores de whisky que en cambio pueden permitirse hacer publicidad dónde y cómo quieren. Estas leyes y esta cultura son la raíz de esta tragedia que vivimos y se atribuyen, como en tiempos de la Inquisición, poderes demoníacos a la hoja de coca o al producto de la papaverácea, el opio. es el mismo proceso. Las hojas de coca son una droga como la uva lo es para el vino que es nuestra droga: enteras poblaciones han sido destruidas para quitarles su droga tradicional. La nuestra es una cultura de clase, una cultura racista, una cultura eurocéntrica que se manifiesta sobre todo en instancias de derecho positivo.
Cuando en instancias de comisión parlamentaria le pregunté a un representante de la Interpol qué es lo que tendríamos que preferir de pertenecer a un clan de la mafia si una campaña prohibicionista o una campaña antiprohibicionista, saben lo que me dijo? pues que si hubiese sido el representante de un clan mafioso hubiese votado a favor de una campaña prohibicionista. Pero, qué es lo que pedimos? que se abandone el demonio de la intolerancia que vive en nosotros. Nosotros pedimos que el Parlamento y la Comisión hagan lo que hace la prensa internacional: indagar sobre las posibilidades del antiprohibicionismo e indagar sobre la interacción entre el derecho y este azote.
Es necesaria una conferencia. Reina el miedo como en los tiempos en los que no se podía utilizar el azufre en la farmacopea. Reina el miedo, pero nosotros no pedimos más que un estudio. Hasta el estudio da miedo, se quieren destruir los libros antiprohibicionistas. Es el demonio de la intolerancia que habla, repito, u no se puede imponer este demonio, esta política que desembocaría en la muerte y en la tragedia.
Por este motivo, confiamos en que la Comisión acepte promover el estudio crítico de todo el tema y no sólo las políticas de muerte actualmente en vigor.