SUMARIO: Texto de Su Santidad el Dalai Lama en el que analiza el concepto de la vida humana a través del budismo. El castigo es una forma de prevención pero si el castigo se aplica para satisfacer un sentimiento de odio y de venganza de las víctimas o de la sociedad hacia el ofensor, no tiene justificación. "Aplicar una condena a otra persona sirve para añadir sufrimientos a los ya cometidos". Hay que desarrollar la noción del perdón. Los seres humanos no son violentos por naturaleza, se vuelven violentos debido a la situación medioambiental y a las circunstancias. Hay que educar a los niños y a los adultos "en el camino de la compasión, la benevolencia y la no violencia".
("NESSUNO TOCCHI CAINO", 1 de febrero de 1994)
"Tal y como creía Mahatma Gandhi, la violencia causa más violencia y la pena capital es una forma de violencia. Asimismo, en muchos casos, refuerza la noción de venganza"
Todos los seres vivos, hombres y animales, buscan la felicidad e intentan evitar los sufrimientos. Desde este punto de vista, somos todos iguales. Pero en nuestra búsqueda de la felicidad tenemos que tomar decisiones sabias para nuestro interés y el del prójimo. La vida humana es especialmente valiosa: es algo sobre lo que no sólo el budismo sino otras muchas religiones y filosofías hacen hincapié. Según el budismo, es poco habitual y difícil que un ser vivo se reencarne en un ser humano y la oportunidad tiene que ser utilizada plenamente para el propio bien y el del prójimo en el largo camino de la liberación espiritual.
A lo largo de nuestra vida, a menudo tomamos decisiones incautas que nos dañan a nosotros y dañan a los demás. Lo hacemos por ignorancia. Creemos que un comportamiento determinado nos procurará felicidad mientras que en realidad nos hace infelices. El sentimiento de egoísmo, de avidez, de odio y de orgullo a veces nos conduce a hacer daño a los demás con la convicción errónea de que nos ayudará o proporcionará una cierta felicidad. A decir verdad, ello procura sufrimiento no sólo a las víctimas de nuestras acciones sino a nosotros mismos. Disturba seriamente la paz de nuestro espíritu y genera las condiciones de un sufrimiento nuestro personal.
Los seres humanos necesitan vivir juntos y dependen el uno del otro bajo muchos aspectos esenciales. En la sociedad humana nosotros a menudo tenemos códigos morales de comportamiento para vivir en paz y en armonía con los demás. La religión y la filosofía tienen la función de desarrollar, de aclarar y de promover dichos códigos morales. La sociedad política, asimismo, crea reglas legales a veces basadas en la moral y a veces en su violación. Sin embargo, la base del sistema legal de todos los países sienta que los comportamientos criminales son castigados por las autoridades. Lo que se considera criminal puede variar mucho de país a país. En algunos, hablar abiertamente a favor del respeto de los derechos humanos es considerado criminal, mientras que en otros es considerado un crimen impedir la libertad de expresión. Los castigos de los crímenes también varían y generalmente incluyen varias formas de encarcelamiento o de privación, de condenas pecuniarias y, en algunos países, de condenas físicas. En algunos
países, los crímenes que el gobierno considera muy graves se castigan con el asesinato de las personas que los han cometidos. Naturalmente, es erróneo hacer daño a los demás, y es necesario contar con reglas eficaces legalmente para prevenir el crimen y para proteger a las víctimas en potencia. El castigo es una forma de prevención puesto que sirve para poner en guardia a los ofensores en potencia para que no cometan crímenes, y contiene a las personas que han cometido un crimen para que no cometan más. De esta manera, el castigo desempeña un papel esencial.
Pero si el castigo se aplica principalmente para satisfacer un sentimiento de odio y de venganza de las víctimas o de la sociedad para con el ofensor, en ese caso no tiene justificación. Aunque dichas condenas puedan satisfacer una necesidad importante de las víctimas y de otras personas de que las autoridades cumplan justicia, aplicar una condena a otra persona sirve asimismo a añadir sufrimientos a los ya cometidos y no incrementa el potencial de felicidad de nadie.
En lugar de la venganza hay que fomentar y desarrollar la noción del perdón. Eso es algo que pone de relieve la mayor parte de las religiones y de las filosofías humanistas.
La pena de muerte desempeña un papel de prevención, pero es asimismo una evidente forma de venganza. Es una forma particularmente severa de castigo puesto que en un cierto sentido es definitiva. La vida humana finaliza y la persona asesinada no tiene ninguna oportunidad de cambiar, de reparar el mal hecho o de indemnizarlo.
Para el budismo es pecado quitarle la vida a un ser vivo, aunque se trate de un insecto. Pero quitarle la vida a un ser humano, al que se le ha dado una tan importante oportunidad de desarrollarse, es un acto muy grave del que se derivan consecuencias incalculables para la persona responsable.
Asesinar a los culpables no resuelve el problema del crimen. Sólo la promoción de la clemencia y de la compasión, a través de la educación y de la afirmación de un sentido universal de responsabilidad puede - a largo plazo - mejorar la situación.
Actualmente, en muchas sociedades, se le presta poca importancia al desarrollo de estos valores clave de la educación, tanto en los espectáculos como en los programas sociales. De hecho, si se analizan los programas de televisión, se puede notar que se le da un gran valor de entretenimiento a la violencia, inclusive el asesinato. Esto indica un enfoque erróneo.
Creo que los seres humanos no son violentos por naturaleza. De hecho no tienen dientes largos y afilados, ni garras para asaltar ni matar. Los seres humanos se vuelven violentos, por lo general, debido a la situación del medio ambiente y a las circunstancias. Aceptar la violencia como medio de reacción a la violencia y a otros crímenes puede causar el efecto contrario al deseado. Asesinar a los culpables entierra el crimen que estos pueden haber cometido y puede servir a corto plazo para eliminar el peligro en potencia de que se cometan más. Pero a largo plazo no sirve para reducir los crímenes, sobre todo la violencia. En algunos países la gente ha sido matada incluso por delitos políticos. Esto es especialmente dañino para la sociedad. La pena capital no es la solución del problema del crimen y, en muchos casos, lo que hace es reforzar la noción de venganza y sirve para justificar el asesinato de una persona.
Tal y como creía Mahatma Gandhi, al violencia causa más violencia y la pena capital es una forma de violencia.
Yo le pido urgentemente a todo el mundo que piense seriamente en una forma positiva en la que los niños y los adultos puedan ser educados en el camino de la compasión, de la benevolencia, de la no violencia, lo que significa en el desarrollo de un buen corazón. La sociedad no ha hecho grandes esfuerzos en este camino pero es el único para progresar.