Liliana Cavani - Italia
directora de cine
SUMARIO: Cómo se explica que países básicamente protestante o católicos encuentren civilizada la pena de muerte cuando Occidente basa sus valores en las tablas de Moisés? Tal vez porque así parece que la justicia es más fuerte, o que hay más orden. Pero la verdadera razón es económica. Se divide la sociedad en seres útiles y en seres inútiles.
("QUE NADIE TOQUE A CAIN", 1 de febrero de 1994)
He comprendido una cosa que me ha hecho reflexionar mucho: la pena de muerte en un país no tiene nada que ver con su desarrollo económico. Y esto me ha desconcertado. Yo era muy ignorante. La civilización de occidente basa sus valores en las tablas de Moisés en donde está escrito: "No matarás". Es cuanto menos increíble que países emancipados, predominantemente protestantes o católicos, encuentren civilizada la pena de muerte. Cómo se explica?
Ashanti Chimurenga ha citado entre las distintas razones el miedo de las gentes sencillas, la ignorancia, la fragilidad moral de los ricos. Sí, claro, es cierto. La pena de muerte hace que la justicia parezca más fuerte, da la idea de que hay más orden, de que a la autoridad le preocupa la vida tranquila. Da sobre todo la idea de que la justicia esté por encima de la debilidad de los intelectuales. Pero la verdadera razón por la que un país puede sostener la pena de muerte es una razón económica. La economía se basa en la dinámica de lo útil, de lo que es rentable y de lo que no lo es. Radicalizando, se puede decir que la economía divide la sociedad en seres útiles y en seres inútiles. Un criminal es en primer lugar una persona inútil, y no librarse de algo que no es útil es de por sí una acción inútil. Es acción no útil, por ejemplo, hallar los atenuantes sociales de un criminal que crece en un reformatorio; significa hallar los atenuantes sociales de individuos inútiles para la sociedad. En las sociedades
en las que predomina un criterio económico de los valores existe discriminación entre los ciudadanos útiles y los ciudadanos inútiles, es decir entre ciudadanos-basura, y la pena de muerte es por regla general para ellos.
Y este es el futuro que se está dibujando.
No creía que fuese así: creía que se estaba produciendo un proceso contrario. Me preguntaba si acaso no es precisamente económica la razón por la que la pena de muerte no desaparece en los países con más desarrollo, tal y como cabía esperar al cabo de tantos y tantos pronunciamientos sobe los derechos del hombre.
Es posible que la sociedad occidental - que basa su tradición religiosa en un hombre injustamente condenado a morir en la cruz - no quiera por lo menos negarse a condenar a muerte?
Me preguntaba de qué madera son las Iglesias y los sacerdotes de toda esa gente bien que está a favor de la pena de muerte en Europa y en Estados Unidos. La contradicción que viven es tan grave que se convierte en un enigma.
Sólo la cultura resuelve los enigmas y los razona, y nos hace comprender que Qué nadie toque a Caín es un grito dentro de nosotros enterrado por cúmulos de basura. Me pregunto qué clase de cultura nos hemos brindado, estamos brindando, qué clase de información y de ideas nos transmitimos entre nosotros y entre las generaciones.
Yo introduciría en el proyecto de la Liga (1) la necesidad de una información amplia y la exigencia de debates a través de los medios de comunicación.
N.d.T.
(1) Se refiere a la Liga Iternacional Antiprohibicionista (LIA).