EN EL 37 CONGRESO DEL PARTIDO RADICAL7 de abril de 1995
A. Texto pronunciado desde la tribuna del congreso
B. Texto escrito y distribuido
SUMARIO. [A. Texto efectivamente pronunciado en el congreso. B. texto escrito y distribuido. No resumimos el contenido pero advertimos que los temas desarrollados corresponden a los expuestos micrófono en mano, con obvias variaciones y cambios, formales y de disposición pero no sustanciales]
En la apertura de los trabajos de 37 Congreso del PR (Hotel Ergife de Roma, 7/9 de abril de 1995) Luca Frassineti leyó el informe introductivo, firmado por Emma Bonino quién había presentado su dimisión como secretaria general en enero del 95 por incompatibilidad con el cargo para el que acababa de ser investida de Comisaria de la Ue. Al final de esa mañana, Emma Bonino intervino presonalmente en el Congreso, en calidad de Comisaria. Tras haber saludado a los congresistas, Emma Bonino subrayó la importancia de esas "ganas de Europa" que declaraba advertir tanto en Europa como en otras partes del mundo. "Se trata del deseo - declaró - de una Europa fuerte y políticamente activa, no de una Europa sólo mercantil. Por ello, es importante que Europa sea un auténtico sujeto político. Así pues, tenemos que estar alerta de que la Conferencia intergubernamental de 1996 no eluda el problema. Bonino destacó que Europa es en estos momentos la que más ayuda da al tercer mundo, aunque dicha primacía no se le reconozca. Pe
ro la política de las ayudas humanitarias, ha advertido la Comisaria, exige una política exterior común, de la misma manera que la utilización unitaria y concordada de las estructuras y de los servicios que Europa dedica a la defensa aunque sin utilizarlos plenamente. Bonino subrayó igualmente que se advierte la necesidad de volver a ideas que fueron del PR y de la campaña contra el exterminio causado por el hambre en el mundo. Es decir, las ayudas no sirven sino de acuerdo paralelo con una política de desarrollo de los derechos civiles. Es necesario que el PR actual sea fial a sus antiguas decisiones, válidas incluso con respecto a las NU y sus problemas. Para poder crecer mejor y afrontar estos problemas, el Pr tiene que saber correr el riesgo de efectuar una reorganización profunda. Bonino advierte entre otras cosas que, paralelamente con lo que sucedió con radio radical en los años 70, actualmente es necesario inventar modos de participación política, abriéndose a las nuevas tecnologías de la informática
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A. Texto pronunciado desde la tribuna de congreso.
Queridos amigos radicales,
aunque a muchos de vosotros italianos - me imagino a los que sois lectores de "Il Corriere" o de "La Repubblica", de "Il Messaggero" o de "Il Giornale", telespectadores de la RAI u oyentes de la reseña de prensa matutina de Radio Radicale - a lo mejor os habréis creído que me he tirado tres meses de vacaciones (en las Bahamas o en algún sitio de esos). Pues bien, quiero informaros que no ha sido así. Es cierto que "nemo propheta in patria", pero es que hemos llegado a límites y umbrales de intolerabilidad preocupantes. En realidad, me encuentro aquí entre vosotros tras una breve pero intensa experiencia en las instituciones europeas. Y no sólo en las oficinas de Bruselas o Estrasburgo, sino en las situaciones más variopintas - desde Sarajevo a Kigali, pasando por Rennes -, lugares a los que el cargo que me ha sido asignado me ha conducido. Hay un hilo conductor que se encuentra en el por qué he visitado todos estos sitios o en el por qué me he entrevistado con ciertas personas, tanto europeas como no. El hil
o conductor es uno, muy grande y muy fuerte: unas ganas enormes de Europa. Una necesidad enorme de claridad europea, de decisiones europeas, de presencia europea.
La ausencia de Europa, de su voz, de sus posibilidades, de sus prerrogativas, creo que es una de las causas de la inestabilidad, de la inquietud, de las dificultades que no sólo los Estados miembros de la UE sino creo el mundo entero está attravesando.
Me encuentro aquí para entablar un diálogo y una confrontación que confío pueda serme útil y seros útil. Esta intervención estará dividida en dos partes: una, sobre lo que yo pienso de la situación política, europea y mundial, a nivel internacional; y una segunda sobre cómo revisar y leer una serie de éxitos que hemos obtenido a lo largo de los últimos años y por lo tanto las tareas, los deberes, los desafíos, los riesgos, las posibilidades, pero también la necesidad del Partido (de 'qué' partido...).
Análogos diálogos sobre la situación europea, y sobre la "carencia" europea, quisiera entablar, en París, o en Londres o allá en donde los problemas de Europa son objeto de atención. Mejor si estos diálogos puedo entablarlos con "no" radicales. Porque de vosotros Europa sabe que sois sus amigos fieles, pero hoy es necesario hacer que otras energías, otras potencialidades, otros recursos se muevan, no sólo en defensa de Europa sino para construirla. El tiempo, de hecho, apremian: y os digo inmediatamente que, por encima de las cuestiones relativas a mi mandato de Comisario y a mis tarea concreta, hay un problema y un plazo que no es desde luego la últim baza pero sí es importate, y que es nuestra responsabilidad, de alguna manera, no hacer que caíga en burocracia o en la nada. Se trta de la Conferencia de 1996. Una Conferencia que tendría que ser de revisión del Tratado de Maastricht y que corre el riesgo enorme de ser una Conferencia puramente intergubernamental o diplomática; una simple Conferencia de análi
sis del estatus quo o de descripción del estatus quo, para perder en cambio alguna connotación de impulso, aunque sólo fuese un milímetro de impulso, hacia la construcción de una Europa federalista; lo dico en calidad de spinelliana, tal y como lo hemos sido todos en los últimos veinte años.
Incluso desde el seno de las instituciones, a diario, veo que existe la necesidad de una Europa política y federal; de una Europa que sepa de alguna manera superar el campo, el límite económico en que parece haberse enroscado y condenado. Por ello la Conferencia no es la última baza (ningún acontecimiento lo hemos visto nunca así) pero desde luego existe una fuerte preocupación entre los ciudadanos europeos. La exigencia de Europa de la que he hablado tiene que hallar fuerza, tiene que lograr hallarla en la organización y en las salidas que brinde esta Conferencia.
Voy a poner un par de ejemplos para que comprendáis desde qué punto de vista analizo el problema. He hablado de "necesidad" de Europa, pero sólo de una Europa económica? Realmente estamos en una situación en la que los ciudadanos se mueven sólo según la cartera? Yo no niego en absoluto la importancia de este elemento, pero creo que la persona humana es mucho más compleja que su pura cuenta bancaria. Creo que las necesidades, los valores y los ideales forman parte de la persona y de la vida en cuanto tal. Desde este punto de vista, la construcción actual, la de la moneda única, del mercado único, del libre intercambio y circulación de los capitales o de las personas, a pesar de que es un éxito que obviamente no hay que infravalorar, nos hallamos, precisamente, al principio. Falta la otra Europa, una Europa que quiera ser una potencia económica para poder y saber estar más abierta y ser más solidaria hacia quiénes no se hallan dentro de sus fronteras.
Pongo un ejemplo a partir de algunas experiencias de estos meses. Una encuesta llevada a cabo por el Eubarómetro demuestra, por ejemplo, que la mayor parte de los ciudadanos europeos cree que Europa tiene que estar más presente, ser más generosa y más eficaz en lo que a la ayuda humanitaria se refiere. El mismo porcentaje de personas, el 80% , no sabe que Europa ya lo hace, todo esto, que Europa es el primer donante mundial de ayuda humanitaria, en Ruanda como en sarajevo, en Chechenia como en Haití, bajo las banderas de la Cruz Roja, de la HCR, de Médicos sin Fronteras, de la Cáritas, de todas estas siglas. La gen no sabe que el trabajo admirable y difícil que muchos de nuestros compatriotas hacen en aquellas zonas lo hacen gracias al esfuerzo y a la generosidad precisamente de la Unión, de Europa. Los mismos ciudadanos europeos siguen pensando que los más generosos en ayuda humanitaria son Estados Unidos, Japón, HCR, la Cruz Roja, etc. Y este mérito de Europa, que sale de algunos valores verdaderos de defe
nsa de la vida, de la solidariedad, de ayuda y de protección a las poblaciones en peligro, este mérito, que existe, no es conocido ni apreciado. Tanto es así que, por ejemplo, en todo el Tratado de Maastricht, la ayuda humanitaria ni se menciona; no existe ni tan siquiera la palabra, de manera que no se entiende a qué título, desde el punto de vista legal, así como político y por qué, en el presupuesto de la Unión Europea figuren 1.600.000.000.000.de liras para ayuda humanitaria.
Esta es una Europa que los ciudadanos no conocen, que reclaman pero que no conocen. Por el contrario, es la visión de una Europa toda tecnocrática, burocrática, mala madre o madrastra que vive en los pasillos de Bruselas, la que forja hoy por hoy la identidad y la imagen europea.
Creo que este sólo ejemplo desmiente totalmente la idea de que la única forma de construir Europa es hacer hincapié en los intereses económicos. Es decir, desmiente que es la economía la que le lleva la delantera a la política. Ha sido el llamado enfoque funcional. El enfoque de Delors, el enfoque por el que una "economía unida", o una "economía única", o mejor dicho un "mercado único", se echará a las espaldas - por necesidad - la Europa política, la Europa democrática. Yo creo que la cuestión no es tan automática: creo que si no se organiza ni se potencia la necesidad fuerte de una Europa política, esta no llegará nunca. Ni por necesidad, ni por milagro, ni a rastras. El plazo del 96 es uno de los primeros que nos pone ante una elección: entre la Europa del Mercado único y la Europa de una política exterior común y por lo tanto una política de defensa común. Creo que si tras el 89 ha dicho bien claro que no se puede seguir confiando la defensa ni a Estados Unidos ni a la Unión Soviética - porque este bipol
arismo ha caíd - nos ha demostrado, con igual claridad, que no se puede seguir confiando a sistemas nacionales; y que lo que se halla en juego no es defendible (es más sería irrisorio si pretendiésemos, o si aún pesásemos que puede ser defendido o afirmado) en un marco o con instrumentos puramente nacionales.
Siempre me he preguntado, y sigo preguntándome - pero tal vez estas preguntas cabría tener y organizar la fuerza para plantearlas con insistencia - por qué no sólo existe la Unión europea tal y como existe y tal y comola he resumido, sino poqué ha sido siempre creada, en un momento determinado, la Unión de la Europa Occidental en términos militares. Tal vez, banalmente, sigo preguntándome por qué por parte de estos instrumentos que existen y que pagamos (hablo de la logístima por ejemplo, del transporte marítimo, pero podría hablar del transporte aéreo, de los sistemas de comunicación que existen y que pagamos) no pueden ser utilizados en una guerra "no violenta", precisamente, para los transportes, par los transportes de la ayuda humanitaria.
Cuando uno tiene que organizar un sistema de defensa, se plantea también el problema de cuál es el enemigo, de manera que el sistema sea adecuado. Yo sigo sin comprender: creo que actualmente el adversiario, el enemigo, no se halla dentro ni a las fronteras de la Unión Europea. Creo que en cambio se trata de una microconflictividad difundida y un estado de inquietud, de inseguridad, de incertidumbre, de tensión en muchas partes del mundo, en Europa orienta, así como en Africa. Ante este escenario creo que la actual construcción europea es totalmente inadecuada. De los conflictos actuales, Europa difícilmente habla con una sóla voz; normalmente, habla con quince voces, a menudo distintas y en conflicto y contradictorias entre ellas. Lo hemos visto en el caso de la Antigua Yugoslavia, lo vemos en el caso de Ruanda-Burundi, por ejemplo, en un drama de impotencia que es la impotencia, la incapacidad de una decisión política concreta. De manera que caer en las justificaciones es todo un riesgo, que siento muy pre
sente. Desde el momento en que no tenemos ni el valor ni la voluntad política de aplicar una política exterior, de una política de defensa común, bien, entonces consolémonos ofreciendo ayudas humanitarias.
A este respecto quiero ser muy clara, aún adentrándome en un debate internacional muy confundido sobre la diplomacia preventiva, sobre el derecho humanitrio de injerencia; muchos eslóganes hermosos, pero que difícilmente aclaran las cosas. Todo es muy justo: la diplomacia preventiva, el derecho de injerencia, etc,; todo muy justo. Pero está necesitando una voluntad política y una política de defensa y una política exterior común, porque no atañe a la ayuda humanitaria, no atañe a los instrumentos de la solidaridad sino que atañe a los instrumentos de la política. Y mientras no se quiera tener una política exterior común, una política de defensa común, creo que es un elemento de claridad (a pesar de ir contra corriente) decir que no es asunto de la intervención humanitaria cubrir los huecos que van dejando otros, los vacíos y las ausencias de voluntad política de otros. Yo no sé si lo que está sucediendo en estos últimos años a nivel internacional ha podido o podrá nunca hacer refexionar a los ciudadanos («po
r supuesto) pero tambié a los gobiernos (o a los ciudadanos y posteriormente a los gobiernos). De lo que no cabe la menor duda y que creo que es un dato de anarquóa completa, en la que ya no existe el viejo sistema pero al nuevo le cuestra lo suyo nacer. Le cuesta hacerse paso - creo - sobre todo cuando el precio lo pagan los demás. Hablo de precios humanos, hablo de precios económicos, hablo de precios políticos. El sermón de la paz, el mero sermón de la paz puede dejar con la conciencia tranquila pero desdeluego no ayuda a aclarar los hechos.
Este ejemplo (podría poner muchos más evidentemente) me ayuda a introducir el segundo elemento de reflexión. He hablado de la necesidad de Europa entre los ciudadanos europeo. Pero «hay que ver lo mucho que necesitan Europa los no europeos« Los que nacieron no hace mucho entre revoluciones, agitación y sangre, en los primeros pasos de una democracia o de un esbozo de democracia, de derechos y de derechos básicos; y que tal vez se habían llamado a engaños, y en cualquier caso, poco ha recibido. O a veces ha recibido mucho en términos de ayuda económica (hablo sobre todo de los amigos de la Europa del Este: los programas 'phare tacis', los programas de desarrollo para la Europa del Este son ingentes...) pero creo que poco ha recibido en términos de afirmación de un mínimo derecho básico, universal e igual para todos. De manera que incluso en las tragedias que se encuentran a nuestras puertas hemos asistido cada vez a una oscilación, a un columpio con un estribillo sencillo e idéntico para todos: "Queremos la
paz, cueste lo que cueste". En ese caso, el precio local, precisamente, suelen pagarlos otros.
Estas son las consecuencias de la dimisión de Europa ante sus responsabilidades. Nosotros hemos exportado de todo, decía hace pocos días: hemos exportado - tanto al Este como al hemisferio sur - de todo, desde las minas hasta cualquier tecnología más o menos vieja o nueva, a los deshechos más o menos peligrosos o radioactivos. Pero hay algo que no hemos intentado exportar nunca, porque es la cosa más querida, más difícil, más cara y también la más útil, a medio plazo. No hemos intentado nunca exportar la democracia, o por lo menos entablar un diálogo fuerte y convencido de confrontación entre los distintos modelos. Hemos pasado de las demagogias más abominables a un puro y simple entrismo económico.
Vosotros recordaréis tal vez - los radicales que están aquí, los más veteranos radicales lo recordarán sin lugar a dudas - aquella increíble campaña del Partido radical de los años 80 contra el exterminio causado por el hambre en el mundo, que se presenó en el escenario internacional de forma bastante original y se utilizó como línea política. Pasó e cambio (en los años 70/80) la tesis de que los países en vías de desarrollo son demasiado pobres y que la democracia es un lujo de los países ricos. Se pensó, o se pretendió decir, que quién tiene hambre no puede encargarse de libertades civiles o de derechos civiles. Este elemento ha predominado a través de todas las relaciones internacionales de los años 70/80. Actualmente, todo ello se pone en entredicho. Actualmente tal vez existe el espacio para volver a decir que en la ayuda humanitaria la protección de los derechos de las víctimas es tan importante como la distribución de comida o de agua. Actualmente tal vez existe un espacio, por lo menos de reflexión,
para intentar decir que la defensa de los derechos de la perona es parte integrante de la posibilidad incluso de desarrollo. Y esto podría hacernos salir, a nosotros radicales, de un aislamiento de diez años, por lo que se refiera a la centralidad de los derechos civiles y del derecho, de las reglas y de las sanciones, mientras que todas las relaciones intertextuales siguen estando gestionadas de forma totalmente distinta. Todos los días lo vemos: existen convenciones, acuerdos, reglas que se firman y cada día se violan dichas reglas y dichas convenciones. Todo se resuelve de forma tradicional, o se intenta resover de forma tradicional, con acuerdos diplomáticos que no tienen nada que ver con el derecho inicial, violado o no. Se intenta casi siempre buscar una manera de hallar básicamente un acuerdo, sea el que sea.
Yo no sé si nosotros seremos adecuados o no para esta urgencia de centrar el debate de los Estados y entre los Estados en el derecho y en el derecho internacional, no sé si seremos adecuados para coger y lanzar este desafío. Hace poco el compañero portugués decía que de las tres piernas de la revolución francesa tal vez la que se ha olvidado un poco más es la pierna de la libertad, en donde por libertad se entiende la "libertad cívica". Más allá del nombre existe - creo - un verdadero problema: el problema de la primera pierna que he dicho, la cual puede funcionar y podrá funcionar sólo en un sistema internacional que no sea anárquico como lo es actualmente; y por lo tanto conduce a la otra obsesión del Partido Radical transnacional de los últimos años, la de las Naciones Unidas, de la reforma de las Naciones Unidas. Porque en esta anarquía global a nivel internacional es incluso difícil hallar puntos de referencia de derecho, de derecho de base.
Y aquí también, según el método del Partido radical, sin pretender la reforma global (que no llegará nunca) en Sofía establecimos algunos objetivos no marginales, simbólicos, por supuesto, sobre la comunidad de las Naciones tal y como la querríamos nosotros. Por una parte, decíamos en Sofía, sirven y sirve algún elemento de democratización de las Naciones Unidas. En Sofía hablábamos de una Asamblea parlamentaria en el marco de las Naciones Unidas, elegida directamente por los ciudadanos; podermos ir gradualmente, como con el primer Parlmento europeo electo por los parlamentos nacionales, pero no cabe la menor duda de que la credibilidad, la confianza de los ciudadanos con respecto al organismo de las Naciones Unidas pasa a través de una representación de ellos dentro de las mismas. La segunda pierna que habíamos dertectado - en la que tal vez hayamos dado algún que otro paso hacia adelante - es la de la jurisdicción internacional, la de la presencia de un primer elemento que dictamine con respecto a una Conv
ención exisente. Ha sido neustra obsesión, la de la institución del Tribunal internacional permanente, símbolo de una forma de actuar que nosotros querríamos que se constituyese con solidez.
Un Tribunal internacional permanente con poderes realmente de sanción, «y no un tribunal pletórico especial! No sólo porque los tribunales especiales se instituyen post-genocidio, y por lo tanto no poseen ningún poder de freno, sino porque una plétora de distintos tribunales especiales, tal vez con distintas legislaciones, no tiene el carácter de una regla común de aplicación de una Convención, como, por ejemplo, la convención contra el genocidio, que es una convención común, firmada por casi todos los Estados de las Naciones Unidas. Un Tribunal permanente, así pues, pero sin la pena de muere, para introducir en la construcción del mundo que querríamos (o de las reglas de este mundo) algunos elementos cardinales de una justicia entendida no como venganza sino como reguladora de las relaciones entre los Estados.
He intentado describir la situación un poco como la veo a nivel internacional y las cosas que hemos intentado hacer como Partido transnacional. Yo creo que es precisamente la ausencia de derecho, la negación del derecho, lo que le impiden a la persona el acceso al saber, incluso a la técnica, o lo que es peor someten la técnica y el saber a objetivos de destrucción y de muerte. Parece que lo hacemos adrede lo de construir e inventar cada vez más instrumentos de muerte en vez de instrumentos de vida.
Digo esta cosas aquí, en un congreso radical, porque entre vosotros, entre los radicales - con sus batallas y su extremada defensa del derecho y de los derechos - en donde yo las he entendido, las he aprendido y he aprendido a amarlas. Y por una parte os doy las gracias a todos vosotros, al Partido Radical, porque me ha permitido llevar hoy por hoy esta experiencia al servicio de los europeos, de Europa y de Europa hacia los demás. Pero por otra advierto que el problema que se nos plantea actualmente es otro: tal y como sabéis, en el informe que esta mañana leyó Luca Frassineti yo hice una propuesta para el Partido; en la práctica lo que os he propuesto a todos vosotros es que corráis el riesgo de crecer: que puede ser también el riesgo de estrellarse. Creo que tendríamos que tener el valor de poner en entredicho y replantear de cabo a rabo el modelo organizativo, sin restarle nada, obviamente, a los éxitos que hemos obtenido a lo largo de estos años partiendo de un arraigo y de una generosidad sobre todo it
aliana, y al trabajo de aquellos que han logrado dichos éxitos y han hecho que se lograsen. Pero, atesorando estos esfuerzos, esta dedicación de los compañeros que a lo largo de estos años y sobre todo desde Italia han sabido mantener viva, alimentar la construcción, hacer que viva día tras día, concretamente, apetecible - de alguna manera - a los ciudadanos.
Nosotros vivimos actualmente en Italia, pero también en Europa, en una situación de introversión total. Todos los páises, todas las opiniones públicas, todas las clases de gobierno se hallan terriblemente introvertidas sobre sí mismas. Esta mañana me quedé de piedra, voy y abro el periídoco y me encuentro con que el único "drama" extraordinario es el de la ley en Italia sobre la "par condicio". Visto desde algún que otro kilómetro de distancia este debate es sumamente preocupante, pero preocupante sólo porque es viejo, porque es antiguo, porque es obsoleto, porque no tiene nada que ver, porque de veras que es un rebrote vejestorio. A mi me encantan las coas antiguas y me gusta mucho conservarlas, pero esto es sencillamente "viejo". Nos dirigimos hacia una sociedad multimedial y la clase dirigente de nuestro país al completo se debate sobre algo viejo; no digo que no sea importante, digo sencillamente que el problema que se discute en Italia es un dato de paso; de manera que mientras que todo el mundo se hall
a así introvertido discutiendo sobre el programa de televisión "Tempo Reale", o el "Tercer Polo" o no sé qué, no se dan ni cuenta - aunque sólo fuese a nivel de comprensión - de que dentro de poco tiempo, de pocos años y tal vez de pocos meses, todas estas cosas ya no existirán y de que cada uno desde su casa, pulsando un par de botones, verá otras cosas, verá el programa que quiere. Y entonces 'par condicio' de qué?
Nos hallaremos en un mundo en el que - mientras que nosotros lo habermos regulado todo con la 'par condicio' en el sentido de que si Buttiglione bosteza hay que enseñar también el bostezo de Prodi - la información pasará por otros caminos que no habrán sido reglamentados porque mientras tanto nadie se habrá ocupado de eso. De la misma manera que la grave falta de reflexión (que, en cambio, yo quisiera proponer al partido) sobre la utilización de la nueva tecnología en la sociedad de la información; actualmene se habla en todos los periódicos, nacionales o incluso mundiales, pero no sólo por su utilización en la economía, mienras no se produzca una reflexión sobre las perspectivas de esta nueva tecnología en la organización del debate político, democrático, en la organización de un partido u organización política; sobre lo que va a cambiar en la forma de comunicar política y valores. Todo este aspecto se halla rodeado totalmente por un debate tecnológico que por el contrario está sumamente abierto al aspecto
econímico o comercial. En calidad de radicales, siempre hemos intentado no dejar la técnica o a ciencia a disposición de la economía solamente. Incluso en el campo telemático creo que hemos sido precursores. Lo hemos olvidado en este último año tal vez, y por eso contamos probablemente con un tesoro de saber y de conocimiento que no logramos, no por maldades subjetivas sino como cuerpo colectivo, a hacer crecer y a poner a disposición de los valores, precisamente, por los que luchamos. Yo creo que todo esto tenemos que "re-reflexionar/reflejar": la organización del partido, el modelo del Partido. Sobre cómo hemos podido, en Italia, organizar un grupo político sin sedes ni estructuras, sobre cuál ha sido, en el fondo, la revolución del grupo itaaliano de los años ochenta, es decir Radio Radicale. Superando la lógica del secreatario de sección del Ayuntamiento, de o de la Entidad Provincial o de la Regional - lógica a partir de la que se construía jerárquicamente cualquier otro partido pòlítico, con toda la pe
sadez de la burocracia de partido - nuestra forma de organizarnos ha consistido en presentarnos al conocimiento directo del oyente y por lo tanto del ciudadano. La verdadera revolución del modelo de partido ha sido nuestra Radio Radical. Yo creo que hoy sería irresponsable no detenernos un momento a pensar de qué manera, a nivel transnacional, las nuevas tecnologías nos pueden ayudar en una dirección semejante. Tal vez no hemos reflexionadao suficientemente ni siquiera nosotros, pero no cabe la menor duda de que no se puede seguir comunicando al margen de estas tecnologías que avazan. No lo hace ya ni tan siquiera el más pequeño empresario privado. En el marco económico cualquiera, cualquier pequeño emprendedor ya no comunica por fax ni por teléfono, porque es demasiado caro, porque es insoportable, porque es antieconómico, etc. Y por qué la política, o la organización política, tiene que tener criterios distintos o principios distintos? Por qué tiene que negarse categóricamente a prestar atención, por el
contrario, a cómo aprovechar mejor sus batallas, sus valores, la comunicación y la información, a través de estos nuevos instrumentos de acceso que ya existen? De manera que la propuesta que hago en el informe, de Comisario o de comisariado - o lo que sea - quiere ir exactamene en esta dirección.
Yo creo que en el escenario internacional que os he expuesto brevemente, con la situación que ahora estamos afrontando (mi nuevo cargo) y que es una situación más estable desde el punto de vista de las estructras, y entre otras cosas presenta una prioridad política (tal y como he intentado describirla por lo que se refiere a Europa y Bruselas) es necesario lograr coagular otras energías, añadidas con respecto a una presencia italiana actualmente preponderante o determinante. Esta presencia, yo no la infravaloro para nada, no es este elproblema, pero lo que sí digo es que en nuestra historia cada un determinado número de años hemos tenido la fuerza y el valor de reducir a cero todo - o casi - para volver a empezar de nuevo. Hemos tenido la fuerza y el valor de no conservar lo existente sino ponero en duda para intentar crear lo probable. No lo cierto, sino lo probable. Entonces es importante, creo, que logremos salir de los esquemas que han sido útiles y necesarios en los años pasados, y ver si se logra añadi
r algo más, a partir de una nueva clase dirigente, añadida a la actual. Tanto si es en Francia, en Portugal, en el Este Europeo, como en Africa, en Estados Unidos, por ejemplo, hay que pensar en cómo comunicar con estas personas, cómo lograr comunicar con el mundo en términos que sean financieramente adecuados. Todo esto es el objeto de nuestra, vuestra reflexión. No quiere decir, en absoluto, poner en entredicho un análisis político que de día en día se va confirmando, de manera que yo misma me afianzo con fuerza en aquellas opiniones que dieron origen a la idea misma de un partido transnacional. Sin embargo, creo que nosotros tenemos que correr el riesgo de mezclar las cartas en términos organizativos, para poder ser más adecuados con respecto a los valores que defendemos, a las batallas que hemos librado y a las que querríamos librar porque tal vez hoy tenemos la posibilidad ed hacerlo. No aprovechar la ocasión creo sería irresponsable. Por eso he propuesto lo que he propuesto.
Por lo que a mi se refiere intentaré defender y desarrollar estos principios y valores; a todos vosotros, sobre quiénes recaerá de forma mas directa la responsabilidad de la vida y del crecimiento del Partido Radical - y no es una manera formal de deciroslo - a todos vosotros mis mejores deseos más cariñosos para que podais en estos días trabajar por un camino no paralelo sino convergente hacia objeivos que nos son comunes. Nuestra historia es nuestro legado, es nuestro carnet de identidad. Creo que lo que hemos sabido inventar y construir en los años pasados no se ha menguado, creo, en nuestro compromiso ni en nuestra determinación. Por lo tanto, intentemos estar a la altura de nuestras ambiciones y de las tareas para las que nos hemos organizado. Viva el Partido Radical.
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B. Texto escrito y distribuido.
Queridos amigos radicales,
vuelvo a estar entre vosotros tras una breve, pero sumamente intensa experiencia en las instituciones europeas: y no sólo en las oficinas de Bruselas (o de Estrasburgo) sino visitando situaciones, lugares y problemas de lo más variopints. Pues bien, quiero decir inmediatamente, aquí, entre vosotrs, - desde Sarajevo a Kigali, pasando por Rennes - en la diversidad de los problemas que he encontrado, su denominador común es el mismo: unas ganas enormes de Europa. Una necesidad enorme de claridad europea, de decisiones europeas, de presencia europea. La ausencia de europa, de su voz, de sus posibilidades, de sus competencias, e s- creo - una de las causas de la inestabilidad, de las inquietudes y de las dificultades que está atravesando actualmente el mundo.
Me encuentro aquí entre vosotros, queridos compañeros y compañeras radicales, queridos amigos y amigas, para establecer un diálogo y una confrontación que espero pueda ser útil tanto a vosotros como a mi. Entonces, sin perder tiermpo, quiero deciros qué es lo que pienso de la situación europea, por qué creo que puede ser importnte para vuestro debate. Análogos diálogos sobre la situación europea quisiera entablar, en París, o en Londres o allá en donde los problemas de Europa son objeto de atención. Mejor si estos diálogos puedo entablarlos con "no" radicales. Porque de vosotros Europa sabe que sois sus amigos fieles, pero hoy es necesario hacer que otras energías, otras potencialidades, otros recursos se muevan, no sólo en defensa de Europa sino para construirla. El tiempo, de hecho, apremia: y os digo inmediatamente que, por encima de las cuestiones relativas a mi mandato de Comisaria, el problema esencial que estoy convencida tendrá que ser afrontado, dentro y fuera de las instituciones, es la cita con la
Conferencia intergubernamental de 1996. Para vosotros no es nada nuevo, lo sé perfectamente. En las discusiones previas al congreso, entre los radicales ya se considerba la conferencia como un objetivo prioritaio, es má como un metro a partir del cual medir la reconstrucción o reconversión del partido. Decíamos que iba a restructurarse, para los próximos dos años, apuntando y apostando por Bruselas y por la Conferencia.
A Ennio Flaiano no se le escapó la banalidad de notar que "nos hallamos en una fase de transición": siempre nos hallamos en una fase de rtansición. Pero, bien pensado, lo mismo se podría decir de los virajes decisivos: siempre estamos a punto de un viraje decisivo.
Sin embargo, esta es la definición corriente de la próxima gran cita de Europa, la conferencia intergubernamental de 1996. Muchos dicen que en dicha instancia se decidirá el proceso de integración europea: si se saldrá hacia adelante o si se volverá atrás, replegándonos sobre viejas perezas mentales - la geopolítica, los intereses nacionales - ahora incluso disfrazados de modas culturales.
Pero, sin restarle importancia al plazo y al compromiso necesario para orientarla en la dirección que consideramos justa, quisiera despejar el campo de atmósferas en plan "nos jugamos la última baza". Europa ha vivid otros muchos "virajes decisivos", incluso dramáticos. El proceso de integración no ha sido nunca un proceso lineal y todo el progreso que ha habido se debe en el fondo a la enorme tenacidad y al empenciamiento de quiénes - como Altiero Spinelli - no han dejado de creer nunca en el proyecto político - dejadme que subraya este adjetivo: POLITICO - federalista. Nunca ha dejado de creer en él, fuere cual fuere el resultado de las innumerables cumbres gubernamentales, en las que se mandaba a pique el proyecto.
Diré inmediatamente que nosotros tenemos que seguir - com Spinelli - persiguiendo el objetivo de una Europa federal, basada en la soberanía popular que exprese un parlamento con plenos poderes legislativos, sea cual sea el resultado de 1996. Y, mientras juzgamos la actuación de los gobiernos europeos, con el metro radical de siempre - "lograr que las cosas avancen, aunque sólo sea un milímetro" - tendremos que seguir, con confianza y tenacidad, lanzando llamamientos a los ciudadanos y no olvidar nunca que son los ciudadanos la razón de ser de las instituciones y no lo contrario.
Digo "nosotros", ojo, que no es casualidad.
Los ciudadanos. Yo estoy convencida de que a pesar de que más de un gobierno nacional parezca proclive a un cierto euroescepticismo - término en voga, algunos lo recordarán, a principios de la década anterior - entre los ciudadanos la exigencia de Europa existe y es fuerte. Y no, como pueden pensar aquellos que parecen dar confianza solo a las cuestiones del dinero, cuando se les pone ante la Europa del mercado, de la competencia y de la moneda - por importante que sea todo eso - sino cuando se encuentran ante algunas decisiones, más inmediatamene políticas, de la Unión.
Pongo un ejemplo sacado de una de las competencias que me atribuye la Comisión: la ayuda humanitaria. Los sondeos de opinión realizados por el Eurobarómetro demuestran no sólo un amplio apoyo a las intervenciones de emergencia (la mayoría solicita incluso un mayor esfuerzo), sino que revelan sobre todo que los ciudadanos solicitan una mayor visibilidad del esfuerzo europeo y rechazan la hipótesis de volver, en este campo, a políticas de carácter ancional.
Personalmente leo en este ejemplo señales que tendrían que alentarnos para seguir con nuestra batalla federalista. De hecho, creo que desmiente totalmente la idea de que la única manera de contruir Europa es hacer hincapié en los intereses económicos, desmiente que es la economía la que antecede a la política - el enfoque llamado "funcionalista" cuyo resultado consiste invariablemente en permitirles a los gobiernos mecerse en la falacia de que, al margen de la esfera económica, tiene sentido sólo engancharse a las prerrogativas naciaonale.s
Por el contrario, los sondeos indican una claro apoyo a una decisión POLITICA de la Unión - una ayuda humanitaria - que va más allá del interés centrado en el propio y exclusivo bienestar (dejadme notar, de pasada, que teníamos buena perspectiva de futuro cuando hace diez años y pico decidimos invertir todas nuestras energías en la lucha contra el exterminio causado por el hambre en el mundo, para salvar a millones de seres humanos, «inmediatamente!).
Pero existe también, en estas respuestas de los ciudadanos europeos, la exigencia de una mayr visibilidad internacional de la Unión. Existe, por lo tanto, una especie de voluntad totalmente pacífica de mostrar la bandera, la bandera europea en el mundo.
Existe un mensaje claro, dirigido a los gobiernos, en vistas a la conferencia de 1996: ha llegado el momento de ceder espacios de soberanía más allá de la esfera económica, de adentrarse en el terreno político, de definir, en resumidas cuentas, una política exterior y de seguridad de la Unión en cuanto tal. Una política exterior y de seguridad que no sea simplemente el denominador común mínimo de las políticas nacionales.
Con respecto a este punto específico, contrariamente a las cuestiones monetarias, no existen criterios de convergencia que se midan con un metro distinto a la voluntad política de proceder, de salir adelante, poniendo en común informaciones, análisis, finalidades y recursos. Inclusive las militares.
Me pregunto, por ejemplo, por qué los recursos de las fuerzas armadas europeas - coordinadas por la Unión de Europa Occidental - no se utilizan todavía por parte de la Comunidad en el marco de su política de ayudas humanitarias. No se trata de mandar repartos armados. Todo lo contrario. Se trata más bien de utilizar los medios de transporte aéroe y marítimo, la comunicación - las estructuras logísticas, en resumidas cuentas - que pueden hacer que sea más eficaz y veloz la llegada de ayudas de emergencia comunitaria allá en donde hay más necesidad. A menudo me parece paradójico que el mayor donante de ayuda humanitaria del mundo - la Unión europea - se base única y exclusivamente en organizaciones no-gubernamentales o en las agencias de las Naciones Unidas, sin poder recurrir a sus propios medios. Medios que posee, y que financia regularmente a través de los presupuestos de defensa de los paíse miembros.
Existe otra paradoja en este campo: el tratado sobre la Unión no prevé explícitamente que la Comunidad pueda realizar acciones de carácter humanitario. Por lo tanto es necesario que la revisión de 1996 introduzca una disposición específica que prevea este tipo de intervención, definiendo las condiciones. Ello permitiría a la Unión dar visibilidad política, en un marco de extremada claridad, a una actividad que demuestra el compromiso de solidaridad de Europa fuera de sus fronteras.
Decía antes que existe una fuerte exigencia de Europa. Exigencia que no procede sólo de los europeos - a los cuales no se les ha escapado, por supuesto, que la caída del comunismo no nos sigue permitiendo delegar a los Estados Unidos nuestra seguridad, ha hecho que sea risible todo intento por garantizarla a partir de razonamientos nacionales. Una exigencia de Europa llega - tal vez más netamente - desde fuera, de la gente que vive más allá de las actuales fronteras de la Unión.
Llega en primer lugar de aquellos que se presentan candidatos y, lógicamente, presionan para formar parte de ella. Sobre el principio de la ampliación de la Unión, estamos por suere todos de acuerdo, parece: ciudadanos, fuerzas políticas y gobiernos. Sin embargo, es muy extraño que este consenso no conduzca a reflexionar sobre las consecuencias institucionales de una Europa no ya con quince - como lo es hoy - sino con treinta miembros o más. Por poner algunos ejemplos: mantener el voto por unanimidad en el seno del Consejo en dichas condiciones significaría permitirle a una pequeña minoría impedir a la gran mayoría tomar decisiones. Una Comisión de cuarenta o más miembros sería un organismo funcional? Por otra parte, tampoco podemos pensar que la ampliación se traduzca en la llamada "Europe à la carte" en la que se pueda escoger quedarse fuera de sectores importantes - tal y como hizo gran Bretaña en caso del protocolo social. A mi me parece evidente que de estas contradicciones se sale sólo por la puerta f
ederalista: es decir abandonando progresivamente la idea de que quienes tienen la última palabra son en cualquier caso los gobiernos nacionales.
En otros continentes, además, millones de personas se esperan nuestro compromiso humanitario, nuestra cooperación al desarrollo, nuestra solidariedad concreta a su intento de afirmar la democracia y los derechos humanos.
Este es, a mi parecer, el otro gran desafío que tenemos que acoger. Cuál es la imagen de Europa que queremos proyectar en el mundo?
No es cuestión realmente de una Europa superpotencia: en todo caso el riesgo corriente de imagen es el de una Europa introvertida, que se mira al ombigo y puede acabar siendo absorbida por el mismo. Se trata de hacer crecer un sujeto político a la altura de su potencial civil y económico; se trata de poner a disposición de la comunidad internacional a un actor, Europa, cuya escala política se adecue al alcance de los problemas globales que tiene de frente - alcance claramente inalcanzable para los Estados nacionales que componen la Unión de hoy y la de mañana.
Europa es necesaria para europa y para el resto del mundo. Es necesaria pero no es suficiente. Todo nuestro esfuerzo sería vanificado rápidamente si la Europa federal que queremos construir se encontrase al final con que actúa en un sistema internacional anárquico, o casi anárquico, como el actual.
De ahí la otra gran obsesión de vosotros, de nosotros los radicales: la reforma de las Naciones Unidas. En dos direcciones concretas. Dos direcciones que son - no por casualidad - siempre las mismas, se desplegue en donde se desplegue la acción política radical: en los Estados nacionales, en Europa o a nivel global.
Primera dirección: la representatividad. Hacen falta instituciones electivas, decididas por los ciudadanos y a su servicio. Segundo, el derecho, la estipulación de las reglas del juego - del juego democtático - aceptadas libremente por los ciudadanos y por sus gobiernos: pero - y a este respecto seguiremos luchando sin dar nunca el brazo a torcer, "aunque fuese sólo un milímetro" - reglas del juego que sean capaces de hacerse respetar - los anglosajones dirían "enforceable". Reglas del juego que incluyan un mecanismo sancionatorio claro e unívoco contra quienes, habiéndolas aceptado libremente, las viola.
He ahí los ejes de la reforma de la ONU por la que luchamos, una asamblea general que sea expresión directa de los ciudadanos, sin la mediación de os gobiernos nacionales; un Consejo de Seguridad que sea no sólo representtivo del actual (cuyos miembros sean, por ejemplo, las Organizaciones regionales en vez de los Estados) pero asimismo dotado de poder de sanción.
Este fue el sentido de mis propuestas cuando hace algunos meses el secretario general Boutros Ghali me invitó a someter recomendaciones sobre el tema del desarrollo. Por aquel entonces dije, en los términos más claros posibles, que es inútil pedirles a los países ricos un esfuerzo mayor para la ayuda al desarrollo, cuando nadie es capaz de hacer respetar los compromisos que estos países adoptan. Lo demuestra la experiencia: sólo los países escandínavos (con el 0,7%) han efectivamente dado a la ayuda al desarrollo lo que en su día fue libremente establecido por los miembros de la OCSE en instancias de la ONU.
Y, según a misma lógica, ninguna soberanía nacional, ningún principio de no-ingerencia en los asuntos internos de los Esados, podrá ser legítimamente invocado cuando los derechos fundamentales del individuo son violados. Un sistema de reglas tiene que tener una propia jerarquía interna. Puesto que son las instituciones las que existen para los ciudadanos y no los ciudadanos para las instituciones, el derecho del hombre viene antes que el derecho de cualquier Estado ante el ejercicio de su propia soberanía.
El derecho del hombre, digo. Cabe tener presente y hacer de manera que cada hombre sea "ciudadano", es decir persona que vive y trabaja en un marco certero de derechos, de derechos civiles y humanos. La certidumbre del derecho, la vida certera del derecho garantiza el derecho a la vida. La ciencia, los conocimientos, la tecnología son intrumentos indispensables para darcosas importanes. Pero tal y como vemos en todas partes del mundo, es la ausencia de derecho, la ofensa, la negación del derecho lo que le impiden al hombre el acceso al saber y a la técnica, o lo que es peor, someten la técnica y el saber a objetivos de destrucción y de muerte.
Si digo estas cosas aquí, en un congreso radical, es porque entre los radicales - con sus batallas, su extremada defensa del derecho y de los derechos - yo las he comprendido y he aprendido a trabajar para obtenerlas. por ello os doy las gracias a vosotros, el partido radical, porque me ha permitido poder llevar dicha experiencia hoy por hoy al servicio de los europeos, de Europa.
Yo, os lo garantizo, intentaré por todos los medios defender y desarrollar estos principios. A todos vosotros mis mejores deseos más cariñosos para que podais en estos días trabajar por un camino no paralelo sino convergente hacia objetivos que nos son comunes, y esperemos que tengan de nuevo perspectivas de futuro.
dilaniarsi
avulso
antesignani
strenia