La historia política y contemporánea de Birmania, una ex colonia británica, puede dividirse a grandes rasgos en dos periodos: un primer periodo, que duró aproximadamente unos diez años a partir de la independencia en 1948, de democracia parlamentaria y socialismo democrático del gobierno U Nu; un segundo periodo, desde 1962 hasta 1988, de "vía birmana hacia el socialismo" del gobierno general de Ne Win. Este segundo periodo puede definirse mejor como una dictadura militar inspirada en política nacional en los modelos chino y soviético, pero estrictamente neutra el materia de política exterior. La nacionalización de la economía, el cierre a los intercambios con el exterior y la represión del disenso impuestos por el régimen de Ne Win paulatinamente se han ido traduciendo en un estancamiento de la economía y de la sociedad birmanas, que culminó con la obtención del status oficial de país menos desarrollado (less developed country) por parte de las Naciones Unidas en 1987.
Por otra parte, las regiones fronterizas por la parte oriental y noroccidentales del país han estado siempre al margen del control de la administración central. Se trata de territorios efectivamente gobernados por minorías étnicas (los Shan, los Kachin y los Karen son las tres principales), o por las formaciones armadas del Partido Comunista Birmano, o por "señores de la guerra" herederos de las unidades militares nacionalistas chinas expulsadas del territorio en 1949, o bien por alianzas provisionales entre estos grupos (20).
Este régimen administrativo por partida doble ha acabado por convertirse en un doble régimen económico. Por una parte, la economía oficial planificada desde la Capital, Rangún, basada en empresas públicas nada eficaces, protegidas con el aislamiento del país de la competencia internacional. (La no alineación del régimen de Ne Win con los ideólogos chinos y soviéticos que lo inspiraron rendía al país en los años ochenta, una media anual de aproximadamente 400 millones de dólares de asistencia al exterior, bajo el patrocinio del Banco Mundial.)
Por otra, una economía extra-oficial, basada en el contrabando (importación de bienes de consumo de China y de Tailandia, exportación de gemas, maderas, opio y heroína), y administrada por las minorías étnicas de los distintos grupos rebeles y por los "señores de la guerra". Por ejemplo, los Karen, una minoría holgadamente ajena al tráfico de droga pero por cuyo territorio pasa buena parte del contrabando con Tailandia, sostenían que a mediados de los años ochenta, obtenían aproximadamente unos 65 millones de dólares al año de un índice del 5% sobre el valor de la mercancía en tránsito - un valor, por lo tanto, de aproximadamente 1.250 millones de dólares, equivalentes al 20% del PNB birmano de por aquel entonces (21).
Sin embargo, a principios de 1988, el régimen birmano se hallaba en plena bancarrota económica y política. Desde el punto de vista económico, "las reservas de divisas extranjeras ascendían meramente a 12 millones de dólares; una deuda exterior de 5 mil millones de dólares equivalía a casi el 70% del PNB" (22). Desde el punto de vista político, a partir de marzo una serie de manifestaciones de protesta en Rangún era reprimida brutalmente por el régimen, causando miles de muertos. Tras la dimisión de Ne Win en julio y el intento, que duró 17 días, de confiar el gobierno en manos de un civil, el jefe de estado mayor de las fuerzas armadas, el general Saw Maung, asumía el poder en nombre de un Consejo de Estado para la Restauración de la Ley y del Orden. En el programa del Consejo figuraban elecciones libres y democráticas - elecciones que efectivamente se celebraron el 27 de mayo de 1990 y que fueron ganadas con un amplio margen (392 escaños de 485 en la asamblea nacional) por la oposición democrática, bajo el
liderazgo de una mujer, Aung San Suu Kyi. DE todas maneras, inmediatamente después del resultado de las elecciones, el Consejo de Estado anunciaba que el poder sería otorgado a los electos al cabo de dos años. Resultado: Suu Kyi, a quien se le concedió el Nobel de la paz de 1991, se encuentra arrestada en su domicilio desde el 20 de julio de 1989; la oposición sufrió arrestos masivos, entre ellos los 60 parlamentarios electos, y ahora su clase dirigente se encuentra albergada en el territorio bajo control Karen; el Consejo de Estado sigue estando en el poder.
Con los rebeldes armados la junta intentó, por el contrario, establecer inmediatamente un acuerdo, con el objeto de limitar a los Karen la alianza con la oposición democrática. La tarea estuvo facilitada por divisiones en el seno de los insurrectos: el Partido Comunista Birmano, por ejemplo, se fragmentó en una serie de pequeñas formaciones armadas independientes, sin tener ya objetivo político alguno. Tanto con los comunistas como con gran parte de las armadas Shan y Kachin, la junta hizo hincapié en las vagas promesas de autonomía y, sobre todo, en una participación conjunta en los útiles del contrabando y del tráfico de droga. Esta maniobra les ha permitido tanto de aumentar los ingresos financieros como concentrarse en el refuerzo de su propia fuerza militar y en la represión de la oposición democrática y de los Karen.
Paralelamente, el régimen de Rangún ha intentado mejorar sus propias relaciones con el gobierno chino y con el tailandés, con el objeto de controlar mejor los tráficos en la frontera y obtener, de los tailandeses, carta blanca para perseguir militarmente a los rebeldes de Karen en los santuarios más allá de la frontera. Este acuerdo tácito con los militares en el poder en Bangkok entró recientemente en crisis, cuando las fuerzas birmanas que atravesaban la frontera empezaron a ser rechazadas por el ejército y por la aviación tailandesa (23). No hay que descartar la posibilidad de que tras esta vuelta de torno existan presiones internacionales, sobre todo americanas. La administración estadounidense sigue negando a Rangún el certificado de país colaborador en la lucha contra la droga (24); a principios de abril de 1992 dos demócratas (Patrick Moynihan y Paul Simon) y un republicano (Jesse Helms) presentaron en el Senado estadounidense una resolución que solicita un embargo internacional de armas contra Birman
ia y el cese de relaciones comerciales con el país (25); la Asociación de las Naciones del Sureste Asiático (Brunei, Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia) empezó a considerar la posibilidad de aplicar sanciones contra el gobierno birmano, mientras un invitado de las Naciones Unidas se trasladaba hasta Rangún bajo petición de Bangladesh, afectado por una oleada de 210.000 musulmanes expulsados de Birmania (26).
Todas estas presiones parecen haber surgido algún efecto: Saw Maung presentó su dimisión y fue reemplazado por su vice, general Than Shwe; y a Aung San Suu Kyi, aún arrestada en su domicilio, se le permitió que su marido la visitara por primera vez desde diciembre de 1989; asimismo, un cierto número de presos políticos fueron puestos en libertad (27).
A lo largo de los tres primeros años en los que la junta militar de Rangún tuvo carta blanda, en cualquier caso, las reservas en divisa extranjera ascendieron a aproximadamente 900 millones de dólares, según un cálculo no oficial (28). Parece bastante lícito ver tras esta reanudación no sólo las cifras procedentes de las concesiones oficiales para la explotación de la madera y la pesca, y para el petróleo (29), sino los ingresos relacionados con los acuerdos con la economía extra-oficial basada en el contrabando y en el tráfico de droga. Todo ello hubiese podido bastar, por lo menos a corto plazo, para compensar la interrupción de la asistencia económica procedente del extranjero. Si no hubiese sido porque gran parte de estos recursos se utilizaron para potenciar a las fuerzas armadas, que han pasado de 180 a 280 mil efectivos en los últimos tres años y que han sido modernizadas con una ordenación a China de nuevos armamentos calculado en más de mil millones de dólares, de los cuales 400 millones pagados al
contado (30).
Evaluar el peso del tráfico de droga en la economía birmana actual entraña gran dificultad. Sin embargo, se pueden trazar algunas consideraciones. Por ejemplo, no cabe duda de que ha desempeñado un papel determinante en el vertiginoso aumento de las reservas en divisas. Por otra parte, los datos del Departamento de Estado americano (cfr. tabla 1) demuestran que la producción de opio en Birmania se ha triplicado en dos años, pasando de las aproximadamente 800 toneladas de 1987 a las 2.400 de 1989. Este aumento, facilitado por estaciones particularmente favorables, se debe obviamente a la extensión de cultivos y a los acuerdos con los que la junta de Rangún ha dado carta blanca a los productores-traficantes. El incremento de las producciones se ha reflejado puntualmente en el incremento de la oferta. De esta manera, en 1991, en los Estados Unidos "el abuso y el tráfico de heroína han dado señales de aumento, a causa del incremento de la oferta y de la pureza así como la disminución del precio, consecuencia de
los más altos niveles de producción en el Sureste asiático" (31); de la misma opinión es la administración americana, para la que "señales clave apuntan hacia cantidades en aumento de heroína que llegan a Estados Unidos.... el número de alijos confiscados ha aumentado, la pureza también, y el precio al por menor sigue disminuyendo" (32). Según otra fuente, "en el 1984 la heroína del Sureste asiático constituía el 24% del mercado de Nueva York, para aumentar al 35% en 1985, al 70% en 1988 al 80% aproximadamente actual [marzo 1991]" (33).
Paralelamente al aumento tuvo lugar una diversificación de la producción y de las rutas comerciales. Hasta hace pocos años, prácticamente todos los laboratorios que refinan el opio transformándolo en heroína se hallaban en la frontera meridional birmana con Tailandia. La heroína pasaba de Tailandia a Estados Unidos y a Europa, a menudo vía Hong Kong. Más recientemente dichos laboratorios han proliferado por decenas en la región de Kokang, en el norte del país, en el confín con la provincia china de Yunnan. Tanto que el 30% de la producción de heroína del triángulo de oro para la exportación en América y en Europa se calcula que pasa ahora a través de China, evitando cada vez más el puerto intermediario de Hong Kong (34).
Calcular la cantidad de forma razonablemente fidedigna el facturado de la industria birmana del opio es por el contrario casi imposible. Sería necesario saber: a) si realmente los cultivos locales de la papaverácea generan las 2.200-2.400 toneladas de opio citadas por el Departamento de Estado americano, una conclusión hacia la cual esta misma fuente toma las distancias; b) qué cantidad de opio producido es consumida localmente y qué cantidad se destina a la exportación; c) qué parte del opio producido es refinado en heroína localmente y qué parte en otros lugares, sobre todo en Tailandia; d) el cose del proceso de refinación; e) el precio de venta del opio y de la heroína que sale di Birmania. En cuanto a este último punto cabe destacar que: i) sin lugar a dudas no existe un precio único, sino distintos precios según las zonas y las relaciones entre productores y comerciantes; ii) no hay forma de saber en qué punto de la cadena comercial se empuja el control de los operadores birmanos: cabe la hipótesis de
que llegue muy lejos en el caso de la ruta china, menos en el caso de la ruta tailandesa, pero existen posibilidades infinitas, incluidas las joint-ventures entre operadores de distintas nacionalidades, con todas las combinaciones posibles en cuanto a las cuotas de participación en los útiles. Una vez establecido todo ello, cabría saber qué parte de los capitales generados por esta industria entra en el país o fluye hacia otros lugares - si lo que interesa es, por lo menos, su peso en el conjunto de la economía birmana. A este propósito se puede recordar el dualismo de dicha economía, en el sentido de que la economía oficial estimula sin lugar a dudas la fuga de capitales, mientras la no oficial ofrece buenas oportunidades de empleo en el sector adyacente del contrabando de bienes de consumo.
Una vez sentada esta premisa, a título puramente indicativo reproducimos aquí los resultados a los que se llega combinando las distintas hipótesis trazadas por distintas fuentes. De esta manera Bertil Lintner de la Far Eastern Economic Review indica que asciende a aproximadamente 1.500 dólares el precio de venta al kilo de heroína nº 4 (la más valiosa) en la región de Kokang, precio que aumenta el quíntuplo en cuanto cruza la frontera china. (35). Considerando las que se acaban de llamar joint-ventures, se puede calcular una media bruta de 4.000-5.000 dólares al kilo. Según un experto francés, Alaine Labrousse, 4.000 dólares (23.000-27.000 francos franceses) al kilo es también el precio de venta de la heroína en la frontera tailandesa (36). Lintner calcula que en más de las 2.000 toneladas de opio producido en Birmania en 1991, "1.300 se disponían para la conversión y la exportación, dando lugar a aproximadamente 90-100 toneladas de heroína nº 4 (37). Cien toneladas a 4.000 dólares al kilo son 400 millones
de dólares, una cifra de la misma envergadura que la asistencia económica extranjera que llegaba a Birmania antes de 1989.
A costa de parecer excesivamente meticulosos, es menester repetir que en realidad los negocios podrían ser tanto la mitad como el doble. Por ejemplo si esa suerte de procedimiento inductivo la sustituyésemos por uno deductivo, observaríamos que los cálculos de los ingresos de Perú (dos tercios de la producción mundial de hoja de coca, al igual que Birmania en el caso del opio) parten de un mínimo de 750-800 millones de dólares al año. Con lo que se concluye, de forma bastante plausible, que los ingresos birmanos pueden ser análogos.
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(20) Es precisamente la presencia de una multitud de minorías étnicas la que hace que, a juicio de un autor de origen birmano, sea políticamente inaceptable el nuevo nombre de Myanmar - la denominación de la etnia mayoritaria en el lengua locas - nombre que se le otorgó al país en septiembre de 1989. Cfr. Mya Maung, "The Burma Road From the Union of Burma to Myanmar", Asian Survey, junio de 1990.
(21) Cfr. David I. Steinberg, "International Rivalries in Burma", Asian Survey, junio de 1990.
(22) Jonathan Friedland y Bertil Lintner, "A policy of pillage", FEER, 8 agosto de 1991.
(23) Cfr. "Thailand Ready to Retaliate", IHT, 17 de marzo de 1992; "A new wolf in South-East Asia", The Economist, 21 de marzo de 1992.
(24) Sin dicho certificado, un país no puede tener acceso a casi todos los tipos de ayuda económica americana. En 1992 fue negado no solo a Birmania sino a Afganistán, a Irán y a Siria. Por el contrario, fue concedido a los demás países productores de drogas. Incluso al Líbano, a pesar de que no haya cooperado en absoluto con Washington, debido al "interés vital para la nación" americana. Cfr. Louise Fenner, "Coca Cultivation Down, Opium Poppy Up, Report Says", United States Information Agency - Wireless File, 3 de febrero de 1992.
(25) Cfr. "Senators Press For Action on Burmese Junta", IHT, 7 de abril de 1992.
(26) Cfr. Michael Richardson, "ASEAN Weighs Moves Against Abuses in Burma", IHT, 31 de marzo de 1992.
(27) Cfr. "Confused signals from Burma", The Independent, 4 de mayo de 1992.
(28) Cfr. "A policy of pillage", cit.
(29) Sobre este último punto cfr. Jonathan Friedland y Bertil Lintner, "Licensed to drill", FEER, 8 de agosto de 1991.
(30) Cfr. Bertil Lintner, "Army of occupation" y "Hidden reserves", FEER, 23 de mayo de 1991 y 6 de junio de 1991.
(31) INCB 1991 Report, pág. 35.
(32) National Drug Control Strategy, cit.
(33) Bertil Lintner, "Triangular Ties", FEER, 28 de marzo de 1991.
(34) Ibídem.
(35) Ibídem.
(36) Cfr. Alaine Labrousse, La drogue, l'argent et les armes, Fayard, París, 1991, pág. 237.
(37) "Triangular ties", cit.