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Conferenza droga
De Andreis Marco - 23 ottobre 1992
3.3. El suroeste asiático.
El cultivo de opio ha sido en Afganistán uno de los principales medios de financiación de los ocho grupos, como mínimo, islámicos de resistencia contra la invasión soviética de 1979 y los gobiernos afganos apoyados por Moscú. El fin de la guerra civil, con la caída del gobierno de Najubullah en la primavera de 1992, lejos de reducir los cultivos de papaveráceas, los está intensificando: ya no se trata de obtener los recursos económicos para la reconstrucción, sino financiar la lucha armada por el poder entre las facciones vencedoras - facciones que no pueden seguir contando con las ayudas americanas, que se interrumpieron el 31 de diciembre de 1991 (44). En cuanto a la reconstrucción, cabe considerar que trece años de guerra civil han causado casi un millón de muertos, más de 500.000 veteranos inválidos, la destrucción de un tercio de los pueblos y casi seis millones de refugiados (en Pakistán, en Irán y en Occidente) de una población de aproximadamente 17 millones.

Distintas fuentes, por otra parte, indican que este país está en realidad produciendo cantidades de opio muy superiores a cuanto indica el Departamento de Estado americano: 800 toneladas en 1990 y hasta 3.000 en 1992 - esta última cifra haría de Afganistán el primer productor mundial de dicha sustancia (45). Las principales zonas de cultivo - las provincias de Badakshan, Nangarhar, Kandahar y Helmand - se hallan todas en la frontera con Pakistán, en donde se encuentran asimismo las numerosas refinerías para la conversión del opio en heroína. Esta se exporta en Occidente a través de Pakistán e Irán. El UNDCP tiene una misión permanente en Kabúl: en 1990 realizó dos proyectos de sustitución de cultivos en Nangarhar y una investigación preliminar en Badakhsan (46).

En Pakistán, el opio es cultivado y refinado principalmente en el noroeste del país, precisamente en la frontera con Afganistán, en zonas tribales que gozan de amplia autonomía política y en donde no todas las leyes nacionales hayan aplicación. "Los intentos realizados para persuadir a los líderes tribales de que eliminen la producción de opio han tenido un éxito limitado" (47). Al igual que las autoridades tailandesas, las paquistanís adoptan una actitud a menudo dúplice con respecto al narcotráfico: por una parte, por lo menos cuando se lee el informe anual del International Narcotics Control Board, parecen colaborar con los programas de desarraigo y conversión de cultivos de las Naciones Unidas; por otra se guardan mucho de molestar demasiado a los traficantes y hacen lo posible para retener en patria los capitales que dicho comercio genera. En marzo de 1992, el banco central paquistaní lanzó la venta de certificados quinquenales en dólares, esterlinas, marcos y yenes, con índices de interés mucho más alt

os que los que ofrecían los países que emitían estas divisas, y causando impacto, a la publicidad a la prensa internacional, debido a que no iban a solicitar ningun tipo de información sobre la procedencia de los fondos ni sobre la identidad de los compradores. La operación abortó rápidamente con motivo del bloqueo de las ventas en el mercado estadounidense decidido por la Federal Reserve, explícitamente preocupada por un posible uso de los certificados paquistanís para el reciclaje de los llamados narcodólares (48).

Análogamente al papel desempeñado por Tailandia en el Sureste Asiático, en Pakistán tiene lugar gran parte de la refinación y de la primera comercialización de la heroína producida en Asia del sureste. Si son fiables las noticias sobre el dramático aumento de la producción de opio en Afganistán, el volumen de negocios de los traficantes paquistanís es comparable al calculado para sus homólogos tailandeses: algún que otro millón de millones de dólares. Sin embargo, Pakistán, con el doble de habitantes, tiene una economía equivalente a aproximadamente la mitad de la de Tailandia.

Irán, a parte de producir cientos de toneladas de opio al año por su cuenta, es un punto de tránsito tradicional para la heroína de la región, que prosigue para Turquía y los Balcanes, derecha para Europa. La información sobre lo que sucede en el seno del país son sumamente escasas: por lo general se considera que las autoridades intervienen con mano dura, tomándose la justicia por su mano, contra consumidores y traficantes de droga. La vigilancia en la frontera con Afganistán ha sido recientemente reforzada, mientras un acuerdo de cooperación anti-droga de 1989 con el gobierno paquistaní ha permitido una serie de operaciones conjuntas en ambos vertientes de la frontera (49). A pesar de ello, Washington sigue negando a Teherán el certificado de país que coopera en la lucha contra la droga - otro ejemplo de como el juicio estadounidense en materia tiene que ver poco con el nudo del problema.

Surge la pregunta de cómo pueden sobrevivir productores y traficantes en Irán, considerando el invadente control social en un régimen conocido por su ideología militante - ideología que incluye una profunda adversión por las drogas. Una posible explicación es que este comercio es tolerado en la medida en la que tiene por objeto menguar la que se ha dado en llamar la solidez moral de las sociedades occidentales. Otra es la existencia de un medio ambiente propicio: una segunda economía administrada por grandes comerciantes y funcionarios gubernamentales que aprovechan, entre otras cosas, la diferencia entre el cambio oficial y el del sector privado - un dólar cuesta en el segundo caso veinte veces más. Puede que también tenga su importancia la necesidad de atraer capitales: solo 7 mil millones de dólares, de los 27 previstos por el plan quinquenal de 1989, llegaron efectivamente a Irán en la primavera de 1992 (50).

La victoria, en las elecciones legislativas de abril de 1992, de los secuaces del presidente Hashemi Rafsanjani, considerado una figura moderada, ha planteado el problema de una normalización en sus relaciones con Occidente, sobre todo con Estados Unidos. En la lista de las condiciones americanas, sin embargo, no parece que la lucha contra el tráfico de droga sea considerada una prioridad, por lo menos cuanto la proliferación nuclear, la lucha contra el terrorismo, los derechos humanos y el apoyo iraní al fundamentalismo islámico (51).

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(44) Cfr. Jawed Naqvi, "Drugs are central to control of city", The Times, 16 de abril de 1992.

(45) Cfr. Edward W. Desmond, "Where the Poppies Bloom - and Boom", Time, 16 de julio de 1990; Tim McGirk, "Hope that is built on heroin", The Independent, 6 de junio de 1992.

(46) Cfr. INCB 1991 Report, p. 27.

(47) Ibídem, p. 28.

(48) Cfr. "Pakistan Halts Sale of Bonds", IHT, 23 de marzo de 1992. También los bonos del tesoro y los certificados de crédito italianos son al portador y con índices muy convenientes: la única diferencia es que son en liras italianas.

(49) Cfr. INCB 1991 Report, págs. 27-8.

(50) Cfr. Elaine Sciolino, "Iran's Investment Pitch: For Most, It's Too Wild", IHT, 2-3 de mayo de 1992.

(51) Cfr. Elaine Sciolino, "U.S. Weighs Reward for Iran but Can't Decide What or When", IHT, 8 de junio de 1992.

 
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