Tanto si se trata de publicaciones académicas o de prensa cotidiana, es prácticamente imposible leer algo sobre el tráfico de droga sin topar con algún que otro número sobre el volumen de dinero que acarrea. De la misma manera, en este trabajo, han sido transcritos por fuentes de muy distinta índole, cálculos sobre las entradas de tal o cual país productor. Cómo cabe considerarlos?. Con enorme cautela. Una cautela que cabe intensificar cuando nos movemos hacia cifras más consistentes, como el valor de las ventas de estupefacientes en los países consumidores.
Los motivos para desconfiar de cualquier cálculo al respecto abundan. La formación del precio al por menor de las distintas drogas es fuertemente atípica (80). Los precios, tanto al por mayor como al por menor, varían mucho en el tiempo y en el espacio. Los cálculos sobre el número de consumidores navegan en todas partes en amplios márgenes de indeterminación. "Por lo tanto, no se sale del mundo de la conjetura, con el riesgo de aceptar cifras sólo porque se citan o porque se utilizan frecuentemente" (81).
Para no correr este riesgo se puede intentar medir alguna de estas cifras con el metro de algún que otro dato económico un poco más de fiar, empezando por el cálculo más alto, puesto en circulación en un principio por una revista americana y posteriormente ampliamente utilizada (82). De esta manera, en el informe principal del convenio "Droga: el nuevo Imperio del Mal - Una guerra global y planetaria" (patrocinado por: UNDCP, Presidencia de la República, ministerio de Asuntos Exteriores, del Interior, de Justicia y de Asuntos Sociales), que se celebró en Roma el 12 de mayo de 1992, se lee: "Tras el tráfico de armas, la droga da más dinero que cualquier otra actividad, se considera que la cifra ascisende a unos 500 mil millones de dólares al año" (83).
Si descontamos la demanda en los países productores de droga - demanda que parece lógico atribuir al autoconsumo - los consumidores finales de narcóticos cabe buscarlos en los países desarrollados. Son éstos los que, ubicados al final de la cadena comercial, compran el producto de la industria de la droga comunmente entendida y determinan su facturado.
En la OCSE, el consumo privado absorbe las tres quintas partes del PNB. Se trata (1989) de aproximadamente 8,7 trillones de dólares. Es lógico pensar que el consumo de droga en la OCSE equivale al 5,7% (500 mil millones de los 8,7 trillones) del consumo privado? Cabe pensar que se gaste en droga más de lo que se gasta en la compra de coches (3% en Italia, 5% en Estados Unidos, calculando a partir del consumo de las familias), o para combustible y energía (4% tanto en Italia como en Estados Unidos) (84)?
La respuesta no puede ser más que negativa, aun teniendo en cuenta la población toxicómana, es decir aquellos que presumiblemente se gastan toda su renta - sea cual sea el origen - en droga. Para darnos cuenta de la envergadura de la cuestión, como mucho estamos hablando de 300.000 personas en Italia y de 1.000.000 en Estados Unidos, países con 57 millones y 249 millones respectivamente de habitantes (85). Es evidente que un cálculo equivalente a un quinto de la citada, es decir aproximadamente a 100 mil millones de dólares, o el 1,2% del consumo privado de la OCSE, es de por sí sorprendentemente elevado y supone un consumo recreativo (es decir por parte de no toxicómanos) de drogas ilegales en los países desarrollados sumamente difundido. Sin embargo, los cálculos más frecuentemente citados superan, a veces holgadamente, el umbral de los 100 mil millones de dólares (cfr. tab. 5).
Antes de intentar ver, limitándonos a Italia, a qué conclusiones llegamos con el procedimiento opuesto - es decir algún cálculo inductivo que parta de los cálculos sobre el gasto de los toxicómanos - vale la pena volver a la cita de la que hemos partido, en la que se afirmaba que el volumen de dinero que producen las drogas ilegales es superado sólo por el tráfico de armas.
Esto también se ha convertido rápidamente en el leit motiv de los medios de comunicación (86). Pero es curioso que nadie se haya detenido a controlar a qué cantidad asciende el tráfico de armas, entendiendo con ello obviamente el valor del comercio internacional de armamentos. Se trata, en cualquier caso, con respecto a los 500 mil millones de dólares atribuidos a la droga, de cifras de menor envergadura: 49 mil millones de dólares en 1988, 56 en 1987, últimos años de punta antes del gran declive que se ha producido recientemente (87). Y al contrario, el gasto mundial para armamentos - un concepto distinto, puesto que incluye las transacciones internas, es decir los suministros de las distintas industrias nacionales a los respectivos gobiernos - debería razonablemente haber oscilado en dichos años entre los 200 y los 250 mil millones de dólares, es decir entre una cuarta y una quinta parte del gasto militar mundial. En cualquier caso, nos hallamos lejos de los citados 500 mil millones.
Este tipo de comparaciones, llevados a cabo con considerable superficialidad, han acabado por dar crédito a una conexión entre armas y droga - al estilo, precisamente, Imperio del Mal - del que existen pocas pruebas, según mi parecer. Desde luego, algunas investigaciones judiciales italianas han indicado puntos de intersección entre la mafia y algunos suministros de armas. La mafia se halla igualmente en el circuito de la droga, por lo que armas y droga están relacionadas. Pero el silogismo es más bien falaz.
El aspecto clandestino de las transacciones internacionales de armas no es más que una pequeña fracción del tráfico legal y reconocido. Las cifras en juego son modestas (no más que algunos miles de millones de dólares al año) en comparación con los cálculos más cautos sobre el valor del tráfico de droga. Además, es mucho más fácil ocultar una sustancia cualquiera en polvo que armas o municiones - un fusil - ametralladoras tipo Kalashnikov se vende al mismo precio que uno o dos gramos de heroína, un proyectil para óbice pesa más de cien Kilos, tanques y misiles son objetos que saltan a la vista. Los dos tipos de comercio requieren habilidades muy distintas, aunque sí es cierto que el de las armas da menos beneficios que el otro. Así pues, por qué debería existir algún tipo de conexión sistemática? - que es algo muy distinto - que quede bien claro, a los lazos financieros o personales.
Por otra parte, es cierto que las organizaciones colombianas de la droga se procuran explosivos, armas y municiones. La mafia hace lo mismo. Es verdad que con los ingresos procedentes del tráfico de droga han comprado armas las facciones libanesas y las afganas, los rebeldes peruanos y birmanos e incluso el gobierno de Rangún. Pero el hecho de que el dinero del narcotráfico se utilice de tal o cual manera no demuestra nada de por sí. A nadie se le pasa por la imaginación decir que la Rolex o la Ferrari están implicadas en el tráfico de droga por el mero hecho de que sus productos son comprados por los padrinos de Medellín y de Calí.
Llegar por el razonamiento inductivo a un cálculo del volumen de negocios de la industria de la droga plantea gran número de problemas. Por ejemplo, el precio de las sustancias varía mucho de lugar a lugar, incluso en el seno de un mismo país, y de período a período en el mismo lugar. Es difícil también interpretar correctamente dichos cambios de precio: "Un aumento de precio [de la heroína] puede derivar de una demanda mayor, al igual que podría verificarse si la población toxicómana creciese por motivos exógenos, o por un traslado de la curva de la oferta, tal y como podría verificarse si se utilizasen mayores recursos de la policía en la lucha contra el tráfico. A corto plazo, un aumento de toxicómanos, con igualdad de condiciones, aumenta los precios. A largo plazo, la proporción es opuesta: un aumento de precio desalentará el flujo de novatos en el grupo de los toxicómanos" (8).
Aunque se llegue a fijar un precio, cabe considerar que muchos toxicómanos o simples consumidores de drogas descargan sobre otros consumidores el coste de la sustancia, comprando al por mayor, vendiendo al por menor y quedándose con una cuota para sí (la consabida figura del consumidor-traficante). Más aún: entre la población toxicómana, existe en todo momento un subgrupo en la cárcel o bajo terapia, cuyo consumo es reducido o nulo. Lo cual puede desviar una simple multiplicación entre el número calculado de toxicómanos y el gasto anual basado en el consumo diario. Por último, salvo algunos datos estadounidenses, existe la ignorancia más absoluta con respecto al consumo recreativo de drogas ilegales, el que afecta a los no-toxicómanos. Cuántos y quienes son estas personas y cuánto gastan para comprar las sustancias? Sencillamente, no se sabe (89).
En el caso de Italia, estas dificultades han sido consideradas en dos estudios sobre los mercados de droga en Bolonia y en Verona, en los que han sido alcanzados resultados razonablemente fidedignos (90). La extensión a todo el país de la metodología utilizada en estos estudios ha sido trazada en una investigación conjunta llevada a cabo por el Centro Studi Investimenti Sociali (CENSIS) y el Centro Nazionale di Prevenzione e Difesa Sociale (CDS) (91). Cabe destacar que, al contrario de otros cálculos, en estos trabajos se han trazado hipótesis sensatas sobre el comportamiento de los toxicómanos - a cuya totalidad a menudo se atribuye a secas un consumo de 365 días al año - así como sobre el precio y la pureza de la heroína. En cuanto a la población toxicómana, la investigación CENSIS-CDS se basa en los datos del Instituto Superior de Sanidad y del Consejo Nacional de Investigaciones; datos que conducen a establecer en aproximadamente 150.000 el número de consumidores habituales de heroína en Italia. El resul
tado es que el valor anual de las ventas en Italia de dicha sustancia es de aproximadamente 2,4 trillones - valor que incluye la adquisición por parte de pocos consumidores ocasionales.
No cabe excluir que el número de toxicómanos italianos haya sido infravalorado en las fuentes usadas por los investigadores CENSIS-CDS, digamos un segundo factor (92). Corrigiendo por consiguiente el cálculo, el volumen de facturado de la heroína pasaría a aproximadamente 5 trillones al año.
Llegar a duplicar esta cifra, a nivel nacional, significa trazar hipótesis para nada conservadoras sobre la difusión del consumo de drogas distintas a la heroína. Se comprenderá mejor considerando lo siguiente:
En primer lugar, los consumidores de cocaína. En Italia no se tienen datos. Sin embargo, existe un acuerdo general sobre el hecho de que en Europa la demanda de esta sustancia, por mucho que vaya en rápido aumento, es generalmente inferior a la estadounidense. El National Household Survey on Drug Abuse llevado a cabo por el National Institute on Drug Abuse (NIDA) ha calculado que, en 1990 en Estados Unidos, el número de personas que han consumido cocaína en la semana inmediatamente anterior a la encuesta, asciende a 660.000, y lo mismo pero preguntando por el mes anterior: 1.600.000 (93). Eso sin contar a los que consumen cocaína menos de una vez al mes (4,1 millones en Estados Unidos), cualquier trasposición a Italia difícilmente puede conducir a más de 100-150 mil consumidores "de la semana pasada" y 300-400 mil consumidores "del mes pasado". Considerando que el uso esporádico de la sustancia parece predominar en absoluto, resulta excesivo atribuir a un grupo de dichas dimensiones un consumo equivalente a
la mitad de los toxicómanos y consumidores esporádicos de heroína, es decir 2,5 trillones.
En segundo lugar, los consumidores de cannabis. Esta sustancia tiene un coste mucho inferior a las demás sustancias consideradas (menos de una décima: cfr. tab. 6) y da lugar al consumo puramente esporádico. De ello se desprende que quienes consumen marihuana o hachís difícilmente llegan a gastarse cifras anuales que superen el millón de liras. Para generar los 2,5 trillones y pico que faltan, sin embargo, es menester postular la existencia de un mínimo de 2,5 millones de consumidores de cannabis con un gasto individual de 1 millón al año. Por lo visto, el Ministerio de Hacienda considera que, por el contrario, este grupo está formado por aproximadamente 2 millones de personas, que gastan globalmente unos 900 mil millones al año (94).
En tercer lugar, el estudio CENSIS-CDS. En dicho estudio se sostiene - por mucho que se base en las "opiniones y percepciones" de los "expertos en el campo" sin aclarar muy bien quienes son - que el mercado de la heroína representa por lo menos el 55-60% del mercado italiano de estupefacientes.
Como metro ulterior de la cifra considerada, en este razonamiento, cabe considerar que 10 trillones al año pesarían aproximadamente un punto porcentaje en los consumos de todas las familias italianas - una incidencia, por los motivos expuestos anteriormente, que no hay que pasar por alto (95).
Sin embargo, en el caso italiano también siguen circulando cálculos muy superiores a las hipótesis a grandes rasgos que hemos trazado. He aquí algunas de ellas. El mismísimo CENSIS no ha mucho había calculado que ascendía a 30 trillones el volumen de facturado italiano de 1985 de la industria de la droga (96). El periódico Il Sole-24 Ore, en 1989, habló de 93 trillones (97. Las Cámaras de Comercio otorgan a las organizaciones criminales ingresos derivados del tráfico de droga y de la extorsión equivalentes a 110 mil millones de dólares, o al 15% del PNB (98). Aun no conociendo la parte de este último cálculo que se supone deriva de las extorsiones, parece que han exagerado.
En realidad, no se acaba de entender qué necesidad hay de exagerar. Los márgenes de beneficio de la industria de las drogas ilegales (de las cuales es un indicador parcial el aumento del precio según va progresando en la cadena comercial: cfr. tab. 7) deberían ser bastante elevados como para crear concentraciones financieras que se pueden contemplar en un espacio de pocos años - incluso con negocios mucho menores y circuitos criminales no integrados entre ellos (es decir, el antónimo del Imperio del Mal). En resumidas cuentas, de esta manera, contamos con todo lo necesario para que se produzca un aumento de las actividades necesarias para proteger y hacer que prospere este tipo de negocios: corrupción, especulación etc. Parafraseando a Milton Friedman, la industria de la droga, "no es un ejemplo de complot organizado, sino un comportamiento previsible de los miembros de una rama de la industria. Es decir que los barones de la droga, no se comportan de forma distinta a como lo hacen los magnates de la industr
ia del automóvil" (88).
Entonces, por qué se sigue tratando - hasta en el plano que menor controversia pretende suscitar como lo es el de los números - el problema del narcotráfico con tanta hipérbole e tanta tensión?.
La explicación más clara cabe hallarla en la lógica burocrática. Se sabe que los militares tienden a exagerar las capacidades del enemigo - el que se ha dado en llamar worst case analysis - para movilizar el mayor número posible de recursos y para salvaguardarse de eventuales críticas en caso de derrota. El mismo comportamiento caracteriza a las burocracias antidroga, nacionales e internacionales, tanto es así que la percepción predominante en la opinión pública es precisamente la de una derrota.
A decir verdad, incluso muchos antiprohibicionistas acaban por identificarse con las exageraciones estilo Imperio del Mal, tal vez con la convicción de que éstas puedan dar más fuerza a las propuestas de legalización. Sin embargo, se trata, de un arma de doble filo. Al abstenerse de criticar las hipérboles, un antiprohibicionista se expone al riesgo de crear expectativas exageradas en torno a la legalización de las drogas. Sería falaz, por ejemplo, esperarse de dicha medida cosas tan distintas como el desmoronamiento de la microcriminalidad y la extinción de la mafia italiana, la superación de la dictadura militar en Birmania y el fin del tráfico clandestino de armas. Es más, la persistencia de estos fenómenos, no obstante una remodelación, en un régimen de legalización de las drogas podría crear ese tipo de desilusión generalizada idónea para impulsar de nuevo el prohibicionismo.
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(80) Puesto que el precio en el momento de la exportación es en media menos del 10% del precio final, los traficantes de los países consumidores son capaces de absorber cualquier aumento de precio en los países productores, o cualquier reducción de la cantidad (provocada por ejemplo por los decomisos) que no provoque una escasez absoluta. Cfr. Peter Reuter, "Eternal Hope: America's Quest for Narcotics Control", The Public Interest, primavera de 1985.
(81) German Fonseca, "Economie de la drogue: taille, caractéristiques et impact économique", Revue Tiers Monde, julio-septiembre de 1992.
(82) Cfr. Louis Kraar, "The Drug Trade", Fortune, 20 de junio de 1988.
(83) Jamieson, cit., pág. 46.
(84) Todos estos datos han sido obtenidos del World Bank, op. cit.
(85) El número de 500.000 toxicómanos en Estados Unidos, a mediados de los años ochenta, ha sido criticado como excesivo y con argumentos muy convincentes. Si utilizamos los cálculos, que se encuentran en distintos estudios académicos, del número de delitos perpetrados por toxicómanos, nos encontramos de nuevo con que la población toxicómana, ella sola, parece cometer más delitos contra la propiedad que los que tienen lugar en la realidad". Peter Reuter, "The (continued) Vitality of Mythical Numbers", The Public Interest, primavera de 1984.
(86) Un sólo ejemplo entre los muchos posibles. En un artículo en el que el autor se detenía en los llamados lazos armas-drogas, se llegaba a afirmar lo siguiente: "La investigación [del juez romano Mario Almerighi] demuestra que el tráfico prioritario ha sido siempre el de las armas, cuyo volumen de facturado llega a cifras imposibles, mientras el de la droga supone sólamente la primera forma de reinversión de capitales sucios". Antonio Cipriani, "Spunta un rapporto segreto anche a Roma: 'I trafficanti di droga fanno incetta di Bot e Cct'", L'Unitá, 5 de enero de 1992.
(87) Cfr. U.S. Arms Control and Disarmament Agency, World Military Expenditures and Arms Transfers 1989, Washington DC, Government Printing Office, 1990. La ACDA, que es una agencia del gobierno estadounidense, no toma en consideración los suministros a grupos sub-nacionales, que sin embargo es difícil que puedan representar
poco más que algún que otro punto en porcentaje en la demanda acumulativa de los gobiernos. Esta última, para compensar, la ACDA la ha calculado independientemente de la oferta, de manera que se pueda incluir el mercado negro de los suministradores no oficiales. Por último se consideran las piezas de recambio y las municiones.
(88) "The (continued) Vitality of Mythical Numbers", cit.
(89) Sólo ahora los medios de comunicación de masas empiezan a considerar que existen consumidores esporádicos incluso en el caso de la heroína. Cfr. Joseph B. Treaster, "In New York, Juggling a Heroin Habit With Life at the Top", IHT, 23 de julio de 1992.
(90) Cfr. Pino Arlacchi y Roger Lewis, "Sociologia della droga: il caso di Verona", Micromega, 4/89; Pino Arlacchi y Roger Lewis, "Droga e criminalitá a Bologna", Micromega, 4/90.
(91) Cfr. Contro e Dentro, Milano, Franco Angeli, 1992, págs. 103-120..
(92) Arlacchi y Lewis, en su estudio sobre Bolonia, habían indicado una proporción media de 1:4 entre toxicómanos en tratamiento en las estructuras públicas y privadas y el total de toxicómanos (cfr. "Droga e criminalitá a Bologna", cit.). El 31 de diciembre de 1991, el número de toxicómanos en tratamiento en Italia eran 73.866. Cfr. Carla Rossi (edición de), Observatorio de las Leyes sobre la Droga, VI Relación, Agosto de 1992, Coordinadora Radical Antiprohibicionista y Millelire-Stampa Alternativa, Roma, 1992.
(93) Cfr. National Drug Control Strategy, cit.
(94) Cfr. Roberto Delera, "2 milioni di italiani lo fanno - stravaganti o colpevoli?", Epoca, 6 de mayo de 1992.
(95) Si lo que realmente interesa es conocer los beneficios que se derivan del tráfico de droga y cuánto ganan las organizaciones criminales italianas, es obvio que no se han considerado las exportaciones, a Europa y a Estados Unidos. Por mucho que se considere generalmente que mafia, 'ndrangheta y camorra exportan mucha droga, especialmente en Europa, es lógico suponer que las organizaciones criminales de los mercados de llegada desempeñarán algún que otro papel. Papel que remodela los márgenes de beneficio. Un inciso: el volumen de facturado italiano en cualquier caso calculado no puede traducirse tal cual en beneficio para las empresas criminales: de la misma manera que en cualquier otra industria sería menester deducir los costes de producción, como la compra de la materia prima, y los costes de los intermediarios. En este caso parece poder decir, simplemente que, con respecto a otras actividades legales, los primeros parecen ser muy bajos, mientras los segundos (pensemos sólo en la corrupción y el blanq
ueo de dinero) deberían ser considerables.
(96) Cfr. Il peso dell'illecito in Italia, Milano, Franco Angeli, 1988. En el mismo trabajo (cfr. págs. 143-4) se suponía, con bases que calificar de frágiles es poco, que el volumen de negocios del comercio clandestino de armas se establecía en una proporción de 1:1 con el legal (este último a su vez excesivamente valorado). Se llegaba de esta manera a un resultado realmente paradójico, de 4 trillones anuales.
(97) Cfr. Lorenza Moz, "Il business della criminalitá 'fattura' 200mila miliardi" y "Dal produttore al consumatore la 'coca' si ricarica del 2.300%", Il Sole-24 Ore, 4 de septiembre de 1989. Según estas cifras, por lo tanto, más del 10% del consumo privado es superior al 6% del PNB estarían destinados a la compra de droga.
(98) Cfr. "Organized crime seeks to profit from Europe's single market", The Wall Street Journal Europe, 22 de julio de 1992.
(99) "Der Drogenkrieg ist verloren", Der Spiegel, 30 de marzo de 1992.