En el Foro sobre legalización de la droga, realizado la sèmana pasada en la Universidad de los Andes se demostró que ya es parte de la sociedad de consumo. Dos opiniones.
por Carlos Enrique Cavelier
"Il Tiempo" Domingo 17 de octubre 1993
Si algo quedó claro en el foro sobre legalización de drogas, promovido por la Universidad de los Andes y el MIB-Harvard Club de Colombia la semana pasada es el total fracaso de la guerra contra las drogas.
La historia reciente nos ensena que entre más recursos, atencion pùblica y disposición politica se le dedique a la guerra contra las drogas, hay más narcotraficantes capturados y más droga incautada. Y sin embargo, hay vada vez más drogas en las calles de los paises consumides, esta es cada vez más barata y cada vez son más ricos y poderesos los narcotraficantes.
Esa paradoja refuerza ademas el hecho de que la guerra que emprendimos hace ya cas una década tenga todas las caracteristicas de una guerra santa impropria aun más para un problema cuyas dimensiones económicas sobrepasan muchas veces la capacidad de intervención de un Estado, incluido el norteamericano. La guerra contra las drogas es, desde esa óptica, el nuevo comunismo, no solo por la diversión que ha generado para los ejércitos después de la caida del viejo comunismo, sino porque constituye un absurdo económico tratar de violar las leyes de la oferta y la demanda de una manera tan flagrante. En ello siempre ha sido contundente el Nobel de Economia, Milton Friedman.
Como bien lo dijo el Fiscal ese dia, el dar pasos hacia la legalización de la droga no significa en ningun momento pensar siquiera en legalizar a los narcotraficantes, al narcoconsumismo o a la corrupción. Y si de algo ha valido la guerra es que mal que bien al narcotrafico se le ha demostrado la supremacia del Estado, aunque desde ese punto de vista la guerra empezó tarde.
Algo más quede claro que al debate no se puede polarizar en los extremos de prohibir totalmente o de legalizar abiertamente. Es preciso encontrar justos mesios, sobre todo para salvaguardar la salud de la población. puesto que no podemos dar el mismo tratamiento en el consumo a la marihuana, a la cocaína o a la heroína.
Un costo muy alto
Una de las principales conclusiones del seminario en Uniandes es que si bien es cierto que los colombianos hemos demostrado una voluntad férrea para afrontar la guerra contra la droga, la evaluación de costos y beneficios nos es ampliamente desfavorable.
Aunque los narcotraficantes indudablemente han perdido influencia en la vida nacional en los últimos anos, en terminos de la violencia que generan, de su poderio económico o de los prospectos de solucionar el problema algún día, los resultados no son halgadores.
El costo para el pais ha sido demasiado alto. O hay alguien en Colombia que piense que los asesinatos de Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Carlos Mauro Hoyos, Guillermo Cano, de tantos otros ciudadanos ilustres, de clentos de policias y de miles de colombianos inocentes hayan valido la pena para continuar con una guerra que como todos sabemos, ni siquiera es nuestra?
El país tiene la obligación de empezar a buscar alternativas a la guerra contra la droga. La legalización de la producción y el tráfico - pero no necesariamente del consumo - aparece como una de las unicas salidas posibles. Afortunadamente para ello, el presidente Clinton ha empezado también a buscar alternativas al énfasis desmedido del presidente Bush por atacar la oferta de la droga. Asi mismo, Colombia debe empezar a buscar acuerdos con paises como México, Perú y Bolivia, que enfrentan retos similares y a pesar de no haber pagado tan alto costo, han entendido más rápido que nosotros que la guerra contra la droga no tiene sentido alguno.