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Partito Radicale Olivier - 10 agosto 1994
EN LA UNION EUROPEA, AHORA LA POLITICA

El Pais, martes 9 de agosto de 1994

Hace ahora un ano, los Doce acordaron ampliar las bandas de fluctuacion de las divisas europeas en el seno del Sistema Monetario Europeo (SME), dejando atras el rigor y la disciplina que habian propiciado las tormentas monetarias que en pocas semanas habian acabado con el mecanismo de cambios vigente. Aquella decision se interpreto entonces como una claudicacion de Europa ante la especulacion internacional y como un paso atras en el proceso de integracion y en el camino hacia la moneda unica.

El objetivo fue acabar con los movimientos especulativos que se habian cebado con las divisas europeas en un momento de 'europesimismo' desatado por el 'no' danés al Tratado de Maastricht y la cortisima victoria del 'si' en el referéndum francés. La inestabilitad generada por estas consultas, que pusieron en duda el proceso de integracion, se combino con problemas derivados de la rigidez del mecanismo de cambios del SME. Ideado para mantener dentro de unos margenes muy estrechos la cotizacion de cada divisa, choco con la libre circulacion de capitales al aumentar geométricamente los efectos de ésta gracias a los avances de la informatica, que permiten operar al segundo desde cualquier punto del globo.

El Mecanismo implicaba la obligacion de intervenir inmediatamente para evitar que los gigantescos movimientos especulativos, con 150 billones de pesetas circulando constantemente, expulsaran a una divisa de los margenes tolerados por el SME. La ampliacion de estos margenes basto para acabar con la especulacion, ante la evidencia de que sus movimientos no siempre obtendrian la respuesta que le era imprescindible para convertir su inversion en beneficio.

Pero la ampliacion de bandas conllevaba el riesgo de que cada moneda evolucionara con excesiva flexibilidad, con lo que ello suponia de desintegracion del proceso hacia la moneda unica. Un ano después, el final de los movimientos especulativos ha permitido la bajada de tipos de intéres en toda Europa, facilitando el retorno al crecimiento economico y logrando algo entonces imprevisto: las economias europeas no han divergido mas. Por el contrario, la inflacion ha bajado en todos los Estados miembros, los tipos de interés se han reducido, los déficit publicos han quebrado su tendencia alcista y, sobre todo en los ultimos seis meses, las divisas parecen haber encontrado la senda de la estabilidad. Solo los salvos vivos de deuda publica siguen de alza, pero éste es el menos fundamental de los cinquos factores de convergencia acordados en el Tratado de Maastricht.

Si la recuperacion economica se confirma en toda Europa y el crecimiento economico permite mantener la tendencia reductora de los déficit publicos, hasta 11 Estados miembros de los 16 de la Union ampliada parecen claramente en condiciones de poder cumplir con la manga mas o menos ancha los criterios de convergencia. Solo Grecia parece tener imposible el acceso al tren de la primera velocidad, mientras que Portugal, Espana, Italia y Suecia deben hacer enormes esfuerzos para reducir sus déficit publicos y no quedarse en la segunda velocidad.

Pero las condiciones macroeconomicas no bastan para poner en marcha la tercera fase de la Union Economica y Monetaria (UEM). El Tratado de Maastricht exige que siete de los actuales 12 Estados miembros cumplan las condiciones de convergencia el 1 de enero de 1997 y que basta con que las cumplan tres el 1 de enero de 1999. Pero anade en el texto un fundamental "si quieren". Es la ausencia de voluntad politica el mayor freno que debe superar el proceso de integracion europea. Esa voluntad puede renacer cuando la recesion quede atras, incluso a costa de mantener en Europa enormes legiones de parados que ni siquiera con crecimiento economico podran encontrar empleo. Una voluntad politica que no existira si Francia no recupera la senda del europeismo y vuelve a reconstruir con Alemania un eje fundamental para la Union Europea. Una voluntad politica que obligara al Reino Unido a decidir, quiza de una vez por todas, si su apuesta de futuro es Europa.

 
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